masalinascebo Miguel Angel Salinas

¿Es usted un mentiroso? No responda, todos los sabemos. ¿Posee algún defecto reseñable? ¿Es usted irrespetuoso? Si a todo. Aceptar.


Kurgu Olmayanlar 13 yaşın altındaki çocuklar için değil.

#opinion #mentiras #respeto #defectos
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Mentiras, defectos y respeto

¿Se puede ser una cosa y la contraria? Buena pregunta, ¿verdad? Apostaría a que sí. Es más, me da que se puede ser muchas cosas y las contrarias. Abro el debate para que le den vueltas, pero, fiel a mi costumbre, les voy a ofrecer un ejemplo que a la vez que distorsionará su punto de vista, de buen seguro que lo condicionará. Así me conduzco, artero y tramposo hasta la médula.

Supongan que se consideran personas solidarias con el medio ambiente. Creen firmemente en su conservación. No tiran envoltorios de bocadillo en el monte, ni arrancan especies protegidas. No inician acción alguna que ponga en peligro el ecosistema e intentan contaminar lo menos posible. Es decir, su estrategia, pasiva, es la de no hacer, pero no la de prevenir de modo activo, eficiente y concienciado; no separan la basura en su casa en categorías, orgánica, plástica, vidriosa y cartónica; no contribuyen económicamente con asociaciones y ONG’S; no dejan de utilizar su coche (el hecho de tenerlo ya es un acto de terrorismo medioambiental) en favor del transporte público; adquieren productos de plástico (la mitad de lo que tenemos en casa), teniendo en cuenta la contaminación que conlleva su manufacturación; no apuestan por energías alternativas; desperdician agua potable en agradables, largos y placenteros baños. En resumidas cuentas, están en contra de que se destruya el planeta, pero no hacen nada para evitarlo ¿Es posible tal esquizofrenia en creencias y concienciación? Como ya he dejado caer, podría aportar ejemplos que lo corroboran, pero me morderé la lengua y me amputaré los dedos antes de soltar prenda.


¿Y qué me dicen de la mentira? ¿Son ustedes mentirosos? ¿Les parece bien mentir? Antes de que respondan y de que se cuestionen que opino al respecto, les confesaré que soy un gran mentiroso. Me encanta mentir. Disfruto con ello. Es un deporte tan saludable, que muy pocos placeres lo pueden sustituir con un efecto tan pleno de felicidad y goce. Soy consciente de que mucho se ha escrito sobre la mentira. Que existen decálogos de elogios a la mentira, pero no he querido dejar pasar la oportunidad de sumarme al carro. Sin conocer el dato, apostaría a que nueve de cada diez dentistas lo aconsejan, que los psiquiatras encuentran en la mentira la terapia perfecta para curar un sinfín de males, evitando, así, endosarnos la pastillita correspondiente, y que los que mienten todos los días poseen un porcentaje elevado de prolongar su vida hasta bien entrados los noventa. Algún que otro especialista ha osado ir más allá, aportando una soterrada amenaza, «Hay que mentir más, todos los días si es posible. Las consecuencias de no hacerlo pueden ser irremediables. Aténganse a las consecuencias». Ya ven, todo ventajas y cero inconvenientes. Desconfíen de los que aseguran que no mienten, huyan. Todos mentimos, todos. El que diga lo contrario miente. La mentira es lo que mueve el mundo. En un planeta sincero y sin falsedad, nos iríamos al garete en menos que canta un gallo. Palabrita del Niño Jesús.


Hace años que llegué a una asombrosa conclusión, basándome exclusivamente en datos fehacientes y contrastados (amén de consultas largas y penosas de informes estadísticos), que los defectos son una característica masculina y las virtudes una femenina. En vaya jardín me he metido, ¿verdad? En un inicio pretendía decir que los hombres poseemos más defectos que las mujeres y que las mujeres atesoran más virtudes que los hombres. Pero este planteamiento, además de sectario, no corresponde exactamente a la verdad. Lo sé, lo sé, tras lo expuesto en el párrafo anterior, ¿quién va a creerme? Inténtenlo, por favor. Sé que son capaces. Les considero una audiencia muy válida, de otra forma, no me dirigiría a ustedes con un discurso tan elevado. El caso es que, rematando mi tesis inicial, observé que el acaparar defectos es un logro en sí mismo. Uno puede padecer algunos de ellos, pero ha de mostrar alguna virtud para ser admitido en su entorno más próximo. Ocurre lo contrario con las virtudes; es positivo considerarse una persona que exhibe un ramillete florido de excelencias, pero sin pasarse. De lo contrario se corre el riesgo de caer en la perfección. Es lo peor que le puede ocurrir a cualquier de ustedes. El ser humano es (debe de ser) imperfecto. Desde mi punto de vista, muy imperfecto. Cuanto más abajo nos encontremos en el escalafón, más sentido cobrarán nuestras vidas. Una comparación adecuada nos arrastraría al campo de los medicamentos y de las drogas en general. No conviene abusar de las imperfecciones que la naturaleza y el transcurso de nuestra existencia nos han otorgado, ni de las bondades y parabienes con los que hemos sido premiados. Como todo en la vida, en el equilibrio se encuentra el punto ideal. El fiel de la balanza nos lo indica (no la del baño que ni tiene ni es fiel; nos engaña con el peso).


No sé si han entendido nada. Y eso que he escrito despacio y he usado vocabulario corriente.


Como colofón, les voy a dejar un pensamiento que me corroe desde que era adolescente,

«Es mala cosa esa de tener conciencia. Muy mala».

Medítenlo. Si me acuerdo, abordaré ese espinoso asunto en mi próximo artículo. Tampoco garantizo nada. Ante cualquier otra característica que me pueda definir, la de persona comprometida no es una de ellas. Compromisos cero. Es la única manera de no quedar mal con nadie, no involucrándose. Algo que no se promete, no hay porque cumplirlo.

¿O sí?


FIN


Relato perteneciente a la serie «Opiniones, pareceres y reflexiones»

28 Ocak 2023 07:47:37 0 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Son

Yazarla tanışın

Miguel Angel Salinas Una de cada y otra de arena

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