aresvy Alexis Guadalupe Valdovinos

Los meses pasan y los planes avanzan. Mientras Camila va aprendiendo de manera lenta pero constante sobre la Voluntad, Nectaro se encarga de construir a la perfección su próxima gran estafa pero este gran plan comienza a complicarse y el tiempo no apremia.


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#Serializado #cuento-corto #343 #328 #fantasía #341
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Del otro lado de la vitrina.

Cuando me pongo el atuendo, no me deja respirar; ¿a quién estas mirando? ¿Al caparazón o a la persona?

Usos y praxis del Brío: un faro de la Voluntad, eso era lo que rezaba la portada del libro, no obstante, Camila no lograr vislumbrar ni una sola palabra de lo que aquel texto deseaba enseñarle. Llevaba casi dos meses intentando descifrar las complejas palabrerías que de vez en cuando lanzaba:


[…] La energía presente en cada ser vivo tal como los animales, las plantas y los humanos tiene una llave en común la cual la hemos llamado Voluntad. La energía arraigada desde lo más primigenio de nuestro ser es en cierto modo, inagotable y carente de combustibles pues el simple hecho de estar con vida es lo hace que generemos Voluntad. […]


Esa era una de las pocas cosas que lograba entender Camila, todas las cosas vivas, incluyéndose a ella tenían Voluntad, aunque se preguntaba si esto era real, como era que solo unos pocos realmente usaban este poder para sus fines. Continúo hojeando el viejo libro:


[…] La Voluntad ha hecho al hombre en avanzar, para tanto descubrir, construir y destruir el mundo; para moldearlo a su capricho, con la certeza que el hombre como especie forje los caminos para una brillante civilización […]


El texto seguía y seguía mencionando las posibilidades de la Voluntad, pero sin llegar a ningún lugar en específico, como si estuviera escrito con el punto de aburrir al lector con chorradas de la hidalguía de la humanidad, Camila continúo pasando paginas hasta que por fin encontró lo que tanto estaba buscando.


[…] La evocación de la Voluntad requiere un estado de serenidad en cuerpo y mente para que la energía pueda fluir afuera de la piel, dejar a un lado los pensamientos que arrastran consigo la forma corpórea para así filtrar la energía de su receptáculo que es el Alma.


“Deidades… ¿Por qué no pueden usar palabras más sencillas?” murmuro para sí misma mientras ponía el libro en el suelo enfrente de ella.


Uno de los ejercicios más importantes para poder emanar la Voluntad fuera del cuerpo es por medio de la meditación, examinar adentro de uno mismo para poder desbordar la Voluntad es parte fundamental para convertirse en un maestro del Brío.


Camila cruzo las piernas y cerró los ojos para comenzar a meditar justo como decía el escrito por enésima vez en estos infructuosos dos meses. “Despeja la mente” se repetía una y otra vez en sus adentros “Desborda tu alma, deja que tu Voluntad fluya hacia los dedos.


Mientras rezaba su mantra dejo de tensar su cuerpo, la respiración se atenuó de manera lenta y continua, sentía por sus adentros algo que se agitaba suavemente, doblándose a sí mismo de manera repetida. Era algo que nunca se había percatado Camila que residía en sus adentros, la sensación era tan tangible que deseaba tocar ese fino ente en movimiento. Su piel comenzó a crisparse, en ese contado momento de estupor, noto como algo comenzó a moverse por debajo la nariz. La alucinación le hacía cosquillas, intento evitar lo más que pudo controlar esa extraña sensación, sin embargo, no pudo evitar que aquello la hiciera estornudar.

Cuando por fin abrió los ojos vio a Nectaro con una pluma en su mando mientras estaba sonriente cual bobo.


“¡¿Eres imbécil?!” Exacerbo enojada Camila. “He estado así de cerca de poder usar la Voluntad.”


“¡Ay! Lo siento muchísimo, Camila. No me pude contener en acerté una broma. Estabas tan ensimismada, ¡Ni si quiera escuchaste cuando te llame!” Contestó entrecortadamente Nectaro entre risa y risa.


“Parece que no te tomas en serio lo que estamos haciendo, Nectaro. Para ti no es más que otro desfalco de chiquillos.” Desbocó Camila con frustración.


“Anda, lo siento Camila. ¿Vale?” Respondió Nectaro haciendo muecas para evitar sonreír. “Necesitas relajarte un poco más, tu parte de ese trabajo es la más importante, tienes mucho tiempo para aprender a usar la Voluntad. En mi caso, ya he planeado el plan B por si todo sale mal.” Nectaro le tendió la mano a Camila para que se levantara. “Ven, tengo a alguien que quiero que conozcas.”


Camila suspiró y acepto la ayuda de Nectaro. Los dos salieron del almacén abandonado que usaban como guarida que se encontraba hasta el final de los muelles. Desde pequeños lo usaban para jugar adentro pues había cientos de cajas vacías y creaban laberintos, fortalezas o cualquier otra cosa que se ocurrieran, pero ahora les servía para escaparse de la mirada de los fisgones.


Un joven estaba esperándolos a un lado de la puerta del almacén. De melena dorada, ojos claros y tez pálida los observo a Camila y Nectaro trazando una sonrisa en su rostro.


“¿Quién es este?” Pregunto Camila con un aire de escepticismo.


“Mi nombre es Dolfos, para servirte a ti y a las Deidades.” El muchacho contesto antes que Nectaro pudiera presentarlo apropiadamente. “Soy amigo de Nectaro y su nuevo socio.” Su acento era muy notable cuando hablaba, pero cuando menciono la palabra socio, Camila entendió la entonación.


“Antes que te enojes más de lo que ya estas, déjame te explico.” Dijo Nectaro intentando calmar a Camila, podía sentir su mirada penetrando profundamente en él. “Dolfos aquí presente lo conocí mientras venia de camino a Eteos. Estaba en muy mal estado cuando lo encontré a fuera de los caminos hacia aquí, así que lo ayude: lo lleve a un médico, le deje que se quedara en el almacén hasta que se encontrara mejor. En el intermedio nos hicimos buenos amigos y le conté nuestro plan.”


“Por todo lo que es sacro… ¿Por qué le contaste a un desconocido nuestro plan?” Masculló Camila sintiendo como se hacían ulceras en el estómago.


“Bueno, para empezar ya no soy un desconocido para Nectaro. Y segundo, puedo ser de gran utilidad para lo que desean hacer.” Respondió Dolfos intentando colarse a la conversación. “Como abras notado por mi obvio color de piel y cabello no soy de por aquí, y te doy toda la razón, soy de Coronelía.”


“Deidades… ya llévenme consigo…” Ella murmuro mientras ponía las manos en la sien. “Un Corónelo. Te hiciste amigo de un Corónelo. Esta vez te has lucido Nectaro, de verdad…”


“¿Qué quería que hiciera? ¿Ser un buen patriota y matarlo? Los reinos de Cunha y Coronelía no les importa las personas que las pelean sus guerras, no iba a dejarlo tampoco que muriera de inanición en la intemperie. Podría ser muchas cosas Camila, pero no un monstruo.”


“Y estoy en deuda contigo Nectaro.” Dijo Dolfos poniéndole la mano en el hombro a Nectaro. “Te doy mi palabra Camila, que no traicionare su confianza, no diré nada a nadie sobre esta oportunidad de negocio que tenemos de nuestras manos.”


Camila lo miro de pies a cabeza de manera detenida, no parecía que mentía, pero eso no significaba que sus intenciones eran buenas, al final a cabo era un proscrito de otro reino.


“Vale, confió en tu palabra Nectaro, pero te tendré pegado el ojo. Si intentas hacer algo lo mínimo de sospechoso...”


“Entiendo perfectamente tu recelo.” Respondió Dolfos. “Y no te preocupes, puedes pegarme el ojo todo el tiempo que quieras.” El muchacho sonrió pícaramente. Camila solo pudo sentir aversión ante esa lamentable tentativa de coqueteo.

“Dolfos nos va a ayudar con una parte crucial del plan que quizás hemos pasado por alto, vamos, tenemos que mostrarte para que entiendas la idea.”


Los tres se adentraron a los callejones de la ciudad, en la zona en donde se encontraban no había tanta actividad como en el centro, este lugar estaba destinado para los vagabundos y los borrachos así que no había nadie quien los molestara. El grupo liderado por Dolfos comenzó a dar esquinazos en las calles sin una aparente dirección hasta que en la última vuelta a la derecha dieron con un callejón sin salida.


“Quiero que se imaginen esto. Somos tres chiquillos robando carteras de damas desprevenidas y caballeros despistados; vamos por nuestras vidas felices como perdices tomando lo que no es nuestro hasta que, ¡Sorpresa! Nos descubre en la jugada un Recolector. Lo más sensato es correr por nuestras vidas.” Planteo Dolfos haciendo pantomimas para darle dramatismo a su explicación. “Corremos de un lado a otro, intentando sacarnos de encima a esos bellacos y nos encontramos con un lugar como este, un callejón sin salida.”


“Es probable que te pase a ti. Nectaro y yo conocemos las calles de esta ciudad como la palma de nuestras manos.” Confirmo Camila mostrándose escéptica.


“Uh-huh… Eso me confirma que nunca has robado anteriormente. Porque si has arriesgado tu pellejo de maneras contadas te darías cuenta que no importa que tan bien las calles de una ciudad, el temor y el fulgor de la persecución hace que se te olvide las cosas, lo más que deseas es no estar ahí.” Afirma Dolfos poniendo su mano en su barbilla como si estuviera pensando.


“¡Hemos arriesgado nuestros pellejos! Hemos hecho incontables desfalcos, pero cuando los tontos se dan cuenta nosotros ya nos fuimos.”


“No les voy a negar que no se arriesguen, pero si queremos hacer algo grande, necesitaremos un plan de escapatoria. ¿Qué tan bien se les da escalar?”


“Pues no soy malo en ello.” Respondió Nectaro encogiendo los hombros.


“Se me da pésimo.” Dijo Camila mostrándose cansada de la conversación.


Dolfos sonrió para si mismo, y como si hubiera coreografiado la acción, el muchacho se dio media vuelta hacia el muro y comenzó a escalar por la pared que en un principio parecía imposible de trepar, se apoyo de un pequeño hueco que había, después salto hacia otra saliente y por último se apoyó del balcón de una casa, y con salto llego a subirse arriba de la muralla. Los dos muchachos que se encontraban en el suelo tenían emociones distintas: Nectaro estaba emocionado por aprender a hacer eso con la velocidad de Dolfos mientras que Camila intentaba mostrarse indiferente antes las piruetas del chico.


“A unas dos calles abajo hice unas escaleras improvisadas, en un momento estoy con ustedes.” Grito Dolfos a los dos mientras se encaminaba a su punto de encuentro. Cuando Camila y Nectaro subieron, los dos tomaron un momento de ver con una nueva perspectiva lo que había allá arriba; a diferencia que las bulliciosas calles del puerto, en los tejados existía una tranquilidad insospechada, un campo vacío en donde podían hacer lo que desearan.


“Cuando llegue aquí me sorprendió mucho que los tejados estuvieran así de vacíos.” Comento Dolfos mientras miraba todo el espacio que tenia enfrente. “En la Coronelía puedes ver a cientos de personas usar los techos como un segundo camino para recorrer la ciudad, y además que es mucho más fácil, no por nada la llaman la ciudad-laberinto, abajo es todo un desastre.”


“¿Entonces todos van por arriba de las casas allá? Qué raro…” Dijo Nectaro un tanto confuso.


“Oh, claro que no. La gente común usa las avenidas y calles para moverse, los ladrones como yo usamos los pasajes, somos tantos dentro de este oficio que tenemos un gremio en lo más profundo de la ciudad, en donde las autoridades no llegan.”


“Bueno… me has convencido, este es un buen plan de escape.” Admitió Camila dando un ligero suspiro. “Sin embargo hay un problema. Como demonios vamos a dar saltos entre calle y calle. ¡Son casi tres metros de distancia y ocho de caída!”


“Bueno, dado que ustedes no son expertos como yo lo ideal es hacer puentes para que puedan correr sin problemas, pero me llevara tiempo trazar las rutas de escape.”


“No te preocupes Dolfos, tiempo tenemos. Tu y yo nos encargamos de eso mientras Camila se dedica al Brío.” Expresó felizmente Nectaro colocando las manos en los hombros en cada uno de sus compañeros.


Paso exactamente un mes y medio desde que subieron a los tejados de la ciudad, Camila seguía intentado evocar la Voluntad en su mano, ella creía que tenía ciertos progresos, aunque a veces ella misma sentía que no lograba ver más avances. Mientras, los dos muchachos en la noche se subían a los techos y construían de manera improvisada escaleras en callejones y puentes en puntos cruciales para que Camila pudiera cruzar sin problemas pues de los tres era la menos atlética. Un buen día, mientras salía del orfanato con la excusa de necesitar unas cosas para su nuevo trabajo se encontró con Nectaro y Dolfos en la entrada con unas sonrisas de lado a lado.


“¿Y a ustedes que les pasa?” Cuestiono a los dos extrañada.


“Localizamos la madriguera de los Recolectores.” Dijo Nectaro, inclinándose para ver a Camila directamente a los ojos, él sabia que ella odiaba que le hiciera eso, pero la emoción lo hizo olvidarse de aquel detalle.


El corazón de Camila dio un vuelco y su estómago se encogió en una fracción de segundo. “Denme los detalles.” Expreso la muchacha mientras apresuraba el paso.


“No ha sido sencillo” Expresó Nectaro. “Mientras mapeábamos los tejados teníamos la idea seguir a los Recolectores a donde ellos fueran a organizarse, pero eso fue una perdida de tiempo. Cada vez que los seguíamos estos entraban a una casa, un edificio, un almacén o una posada, pero una vez que entraban nunca salían.” Explico mientras se adelantaba para dirigir la caminata.


“Entonces eso quiere decir…”


“Que tienen túneles.” Respondió Dolfos mientras se nivelaba con Nectaro. “Que conveniente que este con ustedes, ¿Verdad?”


“Pues la verdad si…” admitió Camila sopesando la información. “Deidades, como es así que se mueven de un lado a otro. Ya se me hacía raro que pocas veces los ves en las calles, solo cuando van a cobrar una deuda. Continúen, continúen.”


“Pues bueno.” Siguió Dolfos. “Gracias a Nectaro y sus contactos conseguimos información sobre los divertidos pasatiempos de los Recolectores y como ser partícipes de ellos. Tienen un club apuestas de lo más exclusivo, así que con mi astucia con las apuestas hemos usado los ahorros de Nectaro para comenzar un renombre entre los apostadores.”


“Espera. ¿Qué ahorros? Nectaro no ahorra.”


“Eh… si… tome prestado el dinero que tenías guardado en el almacén, perdón.” Murmuro Nectaro, miro el rostro de Camila, rojo del enojo, pero de un momento se tranquilizó, pero el muchacho sabía que la furia callada de Camila era algo de mucho más temer que uno que se hace anunciar.


“Vale… Tomare esa pérdida como una inversión.” Dijo discretamente Camila.


“No te preocupes, pronto tendrás más del doble de tu inversión” Aseguro Dolfos. “Entre juego y juego me hice amigos de unos ludópatas bien posicionados y me han invitado al club exclusivo aun evento especial esta noche.”


De un momento a otro, los dos mozalbetes se dieron cuenta que Camila se había quedado atrás. Ella se dio cuenta a donde se estaban dirigiendo y como si le hubieran crecido raíces en los pies se quedo plantada a unos pasos de ellos.


“No voy a ese lugar…” Susurró Camila con una voz que casi se rompía. “Nectaro. No voy a dar otro paso.”


“Camila, entiendo tu sentir.” Respondió el muchacho que se acerco a ella y le puso su mano sobre la suya. “Siendo sincero, a mi tampoco me gusta este lugar, hay… muchas caras conocidas. Pero necesitamos que entrar a los Faroles, es en donde se encuentra la casa de apuestas.”


Los Faroles era la parte más transitada por los marineros y capitanes recién llegados, ubicada en la parte sureste de la ciudad esta era la zona hedonista de Eteos. Los locales les llamaban Los Faroles pues cuando comienza a caer la noche, estas calles son las primeras en ser encendidas los postes que tenían cristales de color carmesí.


“Anda Camila, estoy contigo. Te juro que no te voy a dejar en ningún momento en lo que estemos ahí adentro.” Aseguro Nectaro mientras apretaba la mano a Camila. Ella, con la mirada hacia abajo apretó con fuerza la mano de Nectaro y comenzó a caminar con él.


Nectaro y Dolfos disminuyeron el paso para Camila, mientras iban transitando por las adoquinadas calles de los Faroles se podía escuchar las palmas de los cientos y cientos de clientes que venían a emborracharse y pasársela bien en los bares que había en el lugar, algunos de los transeúntes tomaban en plena calle hasta caer inconsciente; las risas y los gritos eran ensordecedores y el olor que emanaba en cada rincón era algo que era mejor dejarlo sin una explicación.


Mientras iban caminando Camila se detuvo de lleno enfrente de una las tiendas. Esta tenia un ventanal enorme en donde se exhibía lo que ella misma les llamaba Encantadoras Muñecas. De piel porcelana, labios rojos fuego, ojos grandes, cabello liso casi perfecto y ligeramente ruborizadas; iban vestidas con ropas delicadas y finas que acentuaban la figura de aquellas pobres criaturas. Camila sabia quien era ella muchacha la cual posaba coquetamente: era una vieja amiga la cual siempre jugaba con ella con sus juguetes cada vez que sus padres se ausentaban, lo cual era muy común; las dos eran unidas, pero mientras fueron creciendo las dos comenzaron a desconocerse poco a poco, pero Camila siempre pensaba que había sido de ella. Camila dejo de ver la Muñeca que tenía enfrente de ella y comenzó a ver su propio reflejo, cuestionándose, ¿Cuándo tiempo le quedaba para evitar estar del otro lado de la vitrina?

08 Mayıs 2021 08:50:46 0 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Son

Yazarla tanışın

Alexis Guadalupe Valdovinos Hola me llamo Alexis, soy escritor amateur, espero que te guste mis historias :)

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