escritoporisabellad Isabella Sambuceti

Se dice que las casas tienen vida propia y que cuando uno llega a habitarla por primera vez, se mezclan con las energías de las personas que vivían y vivirán. Puedes ser bien recibida por la casa o rechazada por la misma y te lo hará saber de la peor manera alimentándose de tus miedos. Pero, ¿qué pasaría si en realidad no es la casa que está viva, sino un espíritu que le molesta tu alma sattvica?



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Prólogo

Llamada entrante

—Ho...oo...la...laaa. ¿Me ... bien? —Comenzaba a entrecortarse la llamada, esto pasaba seguido cuando Juan me llamaba desde Argentina.
—No, no se escucha bien —respondí irritable, no podía hablar de manera correcta con mi mejor amigo.
—Yo te escucho bien, espera, voy a correrme para ver como me oyes.

Sabía que estaba caminando por la casa porque mediante hablaba podía escucharlo mejor.

—Ya te escucho correctamente, ¿qué me cuentas de bueno? —pregunté emocionada, siempre tenía excelentes historias sobre Buenos Aires.
—Ahora no hay nada para contar, es una propuesta.
—¿Una propuesta? ¿Sobre qué? —Había despertado la curiosidad en mí, aunque las propuestas de él no siempre salían bien, me gustaba saber sobre qué trataban.
—Y si en vez de oír tantas historias, ¿las vives conmigo? —preguntó entusiasmado.
—¿¡Qué!? ¿Acaso estás loco? —grité—. Mis padres no lo permitirían.
—Es por eso que tus tíos irán a convencerlos, tienen que llegar en unos segundos.
—Estás muy loco, pero te amo.
—Luego me agradeces —Soltó una risita y cortó la llamada.

Luego de que cortara Juan, sonó el timbre, fui a abrirles a mis tíos; llegaron rápido porque vivíamos en el mismo vecindario.

—¡Hola, tíos! —Saludé a cada uno—. ¿El loco de Juan los obligó?
—Mi tía soltó una risita—. Todo saldrá bien, Bequis. No te preocupes. —Depositó un beso en mi frente.

Ayudé a mi tío con las tartas que había preparado mi tía, en cualquier momento se le caerían.

—Ahhh, ya sabemos de quien sacó la inutilidad Juan —comentó mi padre riendo.
—Que chistosos nos encontramos en estos momentos… —respondió mi tío ofendido.
—Que raro que estén aquí y vengan con tartas, ¿qué noticias nos darán? ¿Nuevo hijo? —preguntó mi madre curiosa.
—Ay, nooo. Es algo mejor —respondió mi tía feliz.

Nos dirigimos al comedor, mi padre hizo una barbacoa de último momento, comimos mientras manteníamos una charla agradable.

En el postre habló mi tío:

—Si Becca se tuviera que ir a Argentina con Juan, ¿la dejarían?
—¡No! ¡Ni loco! —respondió mi padre alterado.
—¿Y por qué no? —Mi tía intentó calmarlo.
—Nos tuvimos que ir de ahí en las épocas oscuras —contestó mi madre.
—Épocas oscuras, tú lo dijiste, ahora son otras. Todo cambió y si Juan se encuentra bien, ella también lo estaría. —Terminó la charla mi tío y dejó pensando a mis padres.

Transcurrió la noche como si nada hubiera pasado y cuando se fueron mis tíos, me fui a dormir un poco molesta.

Sabía que mis padres no la habían pasado bien en el país, pero eran otras épocas.

Además, ellos siempre me decían que era una jovencita muy inteligente y madura para la edad que tenía, ¿acaso no era lo suficientemente madura como para irme a otro país y teniendo de vecino a mi mejor amigo?

A la mañana siguiente, me desperté con diez mensajes por parte de Juan.

Juan: ¡Hola! ¿Ya te dieron permiso? 05:30 a.m
Dime que sí 05:31 a.m
¡Por favor! 05:40 a.m
Beccaaaa 05:41 a.m
Ay, cierto. Olvidé la diferencia de horario 05:45 a.m
Igual, te mostraré donde vivirás 05:50 a.m
Cuando te den permiso, obvio 05:51 a.m
Imagen 05:53 a.m
Audio 22:10 06:30 a.m

Lo primero que hice fue mirar la imagen, no pensaba escuchar un audio de veintidos minutos. La misma era grande y muy colonial, en la planta baja contaba con dos ventanas grandes y arriba eran cuatro ventanas grandes, una de ellas tenía una terraza y otra un balcón.

Sinceramente no sabía nada de arquitectura, pero esa casa era para una familia promedio tampoco entendía para qué necesitaba que sea tan grande sabiendo que estaría en casa de Juan.

Continuando con mi investigación algo llamó mi atención, en una ventana vi algo, mejor dicho, una figura; hice zoom a la imagen y era una niña con algo detrás de ella parecía una sombra, demasiado tenebrosa...

Le hice un círculo con el pincel de WhatsApp y se lo mandé acompañado del siguiente mensaje.

Becca: ¿Ves algo? 10:30 a.m

Al rato se conectó y me respondió que no y volvió a enviarme la foto.

Ahora yo tampoco lo veía, debía ser producto de mi imaginación porque recién me levantaba, a veces solía levantarme de mal humor o alucinando que algo me vigilaba producto de algunas fobias de mi infancia.

Bajé a desayunar y mis padres actuaban más raro de lo normal.

—¿Y a ustedes qué? —pregunté molesta, me estaban haciendo la ley del hielo, o sea, ignorándome y lanzando risitas casi en susurros.

Comenzaron a reír y se sentaron al frente de donde me encontraba.

—Tenemos algo que decirte —comentó mi padre —. Muy importante —recalcó.
—Los escucho —Estaba un tanto segura de que me darían permiso por su forma de actuar, eran tan evidentes, primero hacían que me salgan canas color arcoíris y después me daban permiso.
—Tienes permiso, pero... —Interrumpí—. ¿Cuál es su condición?
—Deja hablar a tu padre, jovencita —Me regañó mi madre.
—Tendrán que pasar las fiestas aquí.
—Está bien, trato hecho —Extendí mi mano con cada uno y luego de eso fui corriendo a buscar mi celular para avisarle a Juan de que me dieron permiso.

Llamada con Juan

—¡Holaaa! —hablé emocionada.
—Ni hace falta que me lo digas, ya recibirás el pasaje en el aeropuerto.
—¿Y cómo supiste que me darían permiso? En la cena parecían muy molestos, hasta pensé que iban a pelearse entre ellos.
—Hay algo que tienen mis padres, sentido arácnido.
—¿Sentido arácnido? ¿Y qué tiene que ver eso?

Juan comenzó a reír y continuó:

—Es broma, mis padres descubrieron el punto débil de mis tíos, las tartas, cuando ellos tienen algo importante que decirles y que puede generar conflicto mi mamá hace sus tartas.
—Ahhh, son muy inteligentes. Debo hacer lo mismo —Reí—. Todavía no puedo creerlo, nos volveremos a ver —Chillé emocionada—. Te adoro, loco.
—Y yo a ti. Ah, Bequis. Tengo una pregunta, ¿qué fue lo que marcaste en la foto?
—Emmmh, nada. Había visto algo, pero fue producto de mi imaginación. Ya sabes, cuando me levanto, lo hago de mal humor o alucinando —respondí nerviosa.
—Está bien... —respondió sin creerme—. Hablamos luego, te quiero —Cortó.

Me quedé feliz porque volvería a ver a mi mejor amigo, pero extrañada por lo que había visto en esa foto.

06 Ocak 2021 22:37:08 0 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Sonraki bölümü okuyun I - El viaje

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