nv_scuderi N.V. Scuderi

En las profundidades del bosque del Wendigo cruza un tren que traslada a aquellos humanos que no quieren volver. Un hombre lo tomará para encontrarse con la diosa de la cual está enamorado, pero el camino no será sencillo.


Paranormal Sadece 18 yaş üstü için.

#crimen #terror #HalloweenenelBosquedelWendigo
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El camino a Selene

Tras un largo tiempo viéndose a escondidas, una pareja finalmente decidió emprender la huida del mundo que conocía y que rechazaba su unión. Subieron al primer tren del alba hacia cualquier otro rincón del universo donde importara un comino los amoríos de los demás.

El tren atravesaba sin pudor en el medio mismo del bosque del Wendigo, un bosque extenso, de árboles centenarios y hojas perennes y multicolores en contra de las directrices de las estaciones, de cientos de senderos todavía inexplorados y cuya ubicación todos sabían, pero pocos se atrevían a recorrerlo hasta la salida, ya que vivían allí seres anormales, adivinadores, ermitaños, hechiceros y más.

Mientras la joven y feliz pareja, tomada de la mano, se encerró en una cabina del último compartimiento al fondo del vagón para entrelazar más que sus dedos inquietos, el vehículo a vapor hizo su primera parada. ¿Pero quiénes eran ellos? Pues...

¡Oh! Selene era una luz tan lejana pero persistente, que alumbraba mis días y mis noches, que mantenía viva mi voluntad quebrada incluso cuando la muerte me acechaba, lo que hacía con frecuencia últimamente. No tardé en rendirme ante el singular brillo de sus orbes claros, aun si me constaba que jamás sería digno de tal diosa. Algo en mi interior me impulsaba a no rendirme, a creer que sí podría ser especial para ella, si bien su mirada compasiva se la concedía al resto de los mortales.

Esa mañana fui en busca de su amor, mi único consuelo y mi única salvación. Por imbécil, me quedé dormido en mi bosque de concreto y ruidos artificiales, pero me precipité hacia la estación sin preparar ninguna maleta, vistiendo una camisa y pantalones sin alisar. ¡Por fortuna, el tren aún me esperaba!

Las manecillas del reloj se movieron casi a la misma velocidad que sus ruedas y ya fue media mañana cuando nos detuvimos en la primera estación dentro del bosque. Aunque los pasajeros no eran constantes por esos lares y, por ende, menos lo era la ocupación de los compartimientos y las cabinas, tres mujeres subieron y se sentaron frente a mí.

Escuché sobre ellas. Contrario a lo que decían los libros, las tres Moiras eran hermanas, tenían otros nombres y literalmente repartían hilos especiales para cada persona a un alto costo. Sus cabellos eran largos y castaños, sus rostros se curvaban en la forma de un corazón y una palidez sepulcral coloreaba tanto sus gruesos labios como sus pieles; vestían túnicas griegas femeninas de diferentes tonos violeta.

—¿Deseas un hilo? —me ofreció la primera Moira, llamada Ile.

—Antes de llevarlo, debo medir cuánto te corresponde —agregó la segunda, llamada Tan.

—¿O acaso prefieres que corte tu hilo? Vengo con mi tijera —supuso la tercera, llamada Naj.

Les aseguré con amabilidad que no estaba interesado, pero no hubo manera de que se largaran sin adquirir mi hilo. ¿El precio? ¿Algún objeto de valor? No, sino revelarles mi más grande secreto. Mantuve los ojos fijos en los suyos también marrones y mi respiración tranquila para que me creyeran.

—Perdí la lucha contra mí mismo —conté la verdad a medias.

Las Moiras eran adivinas, no necesitaban que yo confesara nada, pero temí que la idea fuera sacarme toda la información. Nuevamente tuve suerte. Ile me entregó mi hilo rojo carmesí con una sonrisa inteligente que auguraba más designios para mí, pero que no me los revelaría, y las tres hermanas se retiraron. Descendieron en la segunda estación, donde otros escasos pasajeros subieron.

Mientras la joven y feliz pareja, aún tomada de la mano y dedicándose miles de promesas, continuaba en su cabina a la espera...

Volví a caer en las garras del sueño al mediodía, aferrándome a mi hilo como si fuera lo más preciado de mi existencia, pese a que lo más preciado estuviera más allá del cielo. De un instante a otro, desperté muy agitado y me encontré custodiado por dos hombres que, por su postura ahí sentados, calculé que debían ser muy altos (de hecho, cualquiera podía ser alto para mí, el petiso), de cabellos cortos y negros como sus ojos, de pieles más tostadas que las Moiras, pero igual de macilentas, y de una mirada escrutadora en sus rostros ovalados también como ellas; vestían túnicas griegas masculinas, pero de tonos azules. Si no me equivocaba, eran Asclepio y Poseidón, y así los nombré en voz alta para confirmarlo.

—No, Acul y Serdna —me corrigió quien era el dios de los mares, señalando a su camarada, dios de la medicina; ambos presagiadores—. Son nuestros apodos en este bosque.

—Discúlpenme, señores, pero no los veo con apodos bastante... —dudé.

—¿Bastante qué?

—Bastante raros.

—Es para pasar desapercibidos —justificó Serdna solamente.

—Necesitas un consejo. ¿Cómo te llamas, hombre? —me preguntó Acul.

—No creo necesitarlo —denegué.

—¿Cómo te llamas? —insistió su amigo.

Fruncí el ceño e involuntariamente crispé los puños. Me pedían algo que, tal cual las Moiras, me era imposible brindarles.

—Derf.

—Un nombre también raro —sonrió Acul.

—De acuerdo, Derf —recapituló Serdna poniendo énfasis en mi alias—. Por lo que fuimos capaces de vislumbrar y hasta donde el cosmos nos permite revelarte, nuestro consejo es que sigas enfocándote en tu meta si es lo que desea lo que sobra de ti, porque los humanos que migran en este tren ya no son aquello que eran, pero deberás encarar un gran obstáculo.

Apenas fueron pronunciadas estas palabras, tuve la sensación de caer al vacío y desperté una vez más. Ya no hubo nadie delante de mí.

Mientras la joven y feliz pareja, aún tomada de la mano, dedicándose miles promesas y acariciándose los labios con gran pasión, continuaba en su cabina a la espera de alguna...

Contemplé el paisaje de la siesta en el bosque, las copas de los árboles recuperaron su figura estática cuando el tren paró en la tercera estación. Los pies de más pasajeros resonaron en el suelo metálico.

Se acercó una mujer de piel tan blanquecina como la de mis anteriores acompañantes, de cabellos ondulados, de rostro triangular y labios carnosos; lucía un vestido hindú con dibujos abstractos dorados sobre un fondo magenta. Me consultó, con timidez y con el rubor tiñendo sus mejillas marchitas, si podía sentarse conmigo. Fiel a Selene, accedí, pero con una expresión dura que indicaba que no ocurriría nada entre nosotros.

—Me gustaría ver tu mano —solicitó al reanudar el tren su marcha.

—¿Por qué...?

—Anewor. Me llamo Anewor —me interrumpió.

—Un placer. ¿Pero por qué? ¿Eres quiromante?

Antes de darme cuenta, ella ya sostuvo la palma de mi mano izquierda para leer las líneas de cual fuera mi ventura. ¡Qué extraño! Yo era diestro y entendía que debía leerse la mano dominante.

—La línea del corazón es más larga que la de la vida —comentó.

—¿Eso es bueno o malo?

—Lo que interesa es que el final no es distante. ¿A qué le temes? No lo pienses, sólo dime lo que sientes y lo que sabes, por favor.

Estuve por contestarle que se metiera en sus propios asuntos y echarla de la cabina, pero sus místicos ojos verdes oscuros me impidieron ser grosero.

—Todo lo que sé y siento es que debo llegar a donde está alguien. Temo no lograrlo y caer aún más en la locura.

Me sonrió sin emoción, soltó mi mano como rechazándome o rechazando una idea en su fuero interno y se retiró con la excusa de que había más clientes en el tren, abandonándome con mis demonios.

El bosque del Wendigo era el más grande que existía, por lo que el trayecto duraba un día entero. Nadie más irrumpió en mi soledad ni en la de la joven y feliz pareja al fondo del vagón cuyas risitas se escuchaban hasta mi asiento. ¡Qué envidia! Hablando de estos dos tórtolos...

La energía eléctrica se cortó repentinamente, el tren frenó al cabo de unos minutos. Atardecía y con mayor celeridad en el margen del mundo, con mayor razón en este bosque, ya que la cálida luz de Helios se resistía a compaginar por completo con su frío y misterioso terreno, por no decir siniestro, característica que se acrecentaba al toque absoluto de la noche.

Traté de permanecer quieto evocando la imagen de mi Selene, pero la oscuridad fue más influyente y fui por algún empleado al pasillo del vagón. Escuchando los murmullos de los demás pasajeros en sus compartimientos, que me pusieron más nervioso ante la sospecha de que el tema de conversación no era el tren, sino yo, me encaminé hacia la sala de máquinas.

Dos hombres salieron de allí alumbrados por lámparas de queroseno, del mismo siglo que el vehículo.

—¡Namreg, Nitram! —exclamé contento de reunirme con mis viejos amigos. Por supuesto que no eran sus nombres reales, nadie los tiene tan extravagantes, ni siquiera para esta historia. Vestían el mismo uniforme que combinaba con sus cabellos castaños y cobrizos respectivamente, sus ojos marrones y sus rostros cuadrados—. ¿Trabajan aquí?

—Sí, estamos en la época de las vacas flacas —se excusó Namreg rascándose la nuca con pena.

—¿Qué pasó con su anterior trabajo?

—Seguimos en la granja. En serio, las vacas están tan flacas que apenas podemos sacarle provecho, entonces hacemos este segundo empleo hasta que ellas vuelvan a engordar —aclaró Nitram—. ¿Qué haces tú aquí?

Abrí la boca, pero la cerré enseguida. Quizás no lograría mi cometido si se los narraba.

—¿No es obvio? Tomé específicamente este tren, me largo... Por cierto, ¿por qué paró?

—Tampoco lo sabemos, el maquinista está averiguándolo —respondió Nitram de mala gana y me tendió su lámpara—. Mira, la última estación no está lejos, puedes ir caminando si eso quieres.

Mientras la joven y feliz pareja, todavía riendo como chiquillos, pero disfrutando de la ceguera general como los adultos que eran, continuaba en su cabina...

El aire fresco del exterior despejó mi cabeza abrumada. Estaba impaciente por llegar a donde Selene, además de que su recuerdo se materializó en mis pupilas para distinguir mejor el recorrido de los rieles y deambular, armado de valor y resguardado por la luz anaranjada de la lámpara, por el bosque del Wendigo.

Las hojas y ramas secas gritaban bajo mis pisadas, los murciélagos (los dueños del firmamento, ya que las aves eran muy nobles para asentarse allí) le hacían el coro a mi alrededor, el mar de estrellas fisgoneaba con menor disimulo que en el bosque de concreto y ruidos artificiales, y el tren se encogió al tamaño de una hormiga hasta fusionarse con la nada misma. Para distraerme del ambiente pesado y húmedo que mi piel reflejaba con gotas de sudor, planeé cómo expresarme y declararle mi amor a mi bella Selene, imaginaba la reacción de su rostro lagrimeando y aceptándome con un abrazo del cual jamás nos soltaríamos.

La cuarta y última estación sí tenía un nombre, no como las otras discriminadas: Leb. Estaba deshabitada, tampoco funcionaba la electricidad ni había lámparas de queroseno, pero la densa atmósfera del bosque disminuía a medida que me dirigía a la puerta principal. Ésta se hallaba abierta, entreví unos escalones que ascendían seguramente a mi futuro hogar y con todo su esplendor, con toda la gloria de su astro y su sonrisa divina que iluminaba mi triste existencia, Selene aguardaba por mí al otro extremo. El espacio, con todos sus planetas y sus soles, se presentó como testigo. Las lágrimas empañaron mi visión, reía victorioso y a cada paso clamaba su nombre como en la oración más pura y devota.

Los escalones flotantes fueron separándose entre sí por unos centímetros para prolongar el puente. Corría desesperado y, aun así, seguía a mitad de él, a tan corta distancia de mi amada luna que no se mostraba preocupada por mi inconveniente. Arrojé hacia ella mi hilo rojo que debía ser el de nuestro destino, ansiando que ella lo sujetara o que se anclara en alguna parte, pero tampoco sirvió.

—¡Selene! —aullé como un lunático y con todo el aire remanente en mis pulmones fuera de la órbita terrestre—. ¡Selene, ayúdame! ¡Por favor! ¡Ven, Selene!

La sonrisa de la luna se ensanchó y me tendió su delicada mano, pero no la alcanzaba. El sueño hecho realidad se tornó en una pesadilla... No, la pesadilla era la realidad y el auténtico obstáculo anunciado por Acul y Serdna.

El rostro redondo y blanco de la luna fue opacado por una nube gris que en su interior albergaba una serie de memorias a las que ya no pude eludir.

—Lo reconozco. Fui yo —susurré sollozando.

***

—Sí, sabemos que fuiste tú, Fred —me dijo la doctora Bel posando su mano sobre la mía, sentada frente a mí en una habitación sombría—, lo que necesitamos saber es cómo lo hiciste. Mira, ya estamos progresando, la hipnosis por sugestión funcionó. Alterar nombres, mitología griega... Eso ya fue cosa tuya, ¡qué imaginación tienes!

La escuchaba, divisaba su silueta, aunque mi vista seguía desenfocada y una bombilla encima de nosotros me estorbaba, pero mi mente permanecía estancada en mi viaje frustrado y mi cuerpo sometido a las esposas que oprimían mis manos. Me limité a ojear la madera de la que estaba hecha la mesa que me separaba de mi interlocutora.

—¿Qué sucedió en el bosque del Wendigo? —inquirió la doctora elevando el tono de su voz profesional para espabilarme.

—Fui a acampar con mis amigos, hubo mucho alcohol y una droga nueva que compré de un traficante al que suelo acudir. Nos excedimos —admití, mis cuerdas vocales parecían oxidadas.

—Detállalo, por favor.

—Y-Yo sólo quería acostarme con Selene, estaba... todavía estoy loco por ella, doctora Bel.

Cerré los ojos y aspiré hondo.

Más sensual que Afrodita, cabellos plateados y sedosos, iris gris como la diosa que lleva su nombre y una tersa piel y unos finos labios que se me antojaba saborear de principio a fin. Iba a drogarla como último recurso; sin embargo, entre una cosa y otra, con los demás nos sumergimos primeramente en la embriaguez. Distribuí la droga en las botellas de cerveza, vino y vodka que aún no fueron arrasadas por nuestras bocas sedientas de descontrol.

Luego de innumerables carcajadas, cantos y gritos de entusiasmo en adoración y agradecimiento a Dionisio (y no éramos griegos, así de trastornados estábamos) por sus bondades espirituosas frente a la fogata del campamento, el grupo se disolvió, cada uno guiado por el azar. Yo me quedé admirando las llamas junto a las hermanas Eli, Nat y Jan, quienes seguían riendo desaforadamente y tocándose entre ellas sus largas melenas castañas, pretendiendo recortárselas a jalones.

Ellas eran simpáticas, pero entrometidas y no paraban de cotorrear; así que, para que cerraran el pico, me ofrecí a ayudarlas con una navaja que saqué del bolsillo de mis vaqueros. Me tambaleé al ponerme de pie, pero mis músculos ya no vacilaron durante el resto de la noche. Lo que acabé peluqueando de mis amigas fueron sus cuellos; ni la sangre salpicando como una fuente y sirviendo de alimento al fuego de Hefesto me liberó de la posesión.

Luca y Andrés se apartaron hasta la orilla de un río a fumar marihuana combinada con la otra droga, pero el instinto asesino no se manifestó en esos dos sabelotodo, sino también el charlatán que los hizo ajenos a mis pasos y al balanceo de un machete que habíamos traído para las malezas del bosque y que no supe en qué momento lo agarré. Una y otra vez, con una violencia innata, desfiguré sus entrañas desde sus espaldas. Apenas pudieron reaccionar de tan desconectados que estaban como yo, sólo sus chillidos de dolor, de espanto y de sorpresa escaparon de sus bocas ahumadas.

Cinco asesinatos ya debían bastar inclusive para alguien altamente drogado, pero no, no había la menor pizca de satisfacción ni de arrepentimiento. En mi retorno al campamento me topé con Rowena, quien pronto captó el suceso macabro que se desarrollaba en nuestra simple escapada de fin de semana. Antes me había asegurado de que el polvo fuese menos para ella, me inspiraba compasión por su ingenuidad y porque me constaba lo que sentía por mí, aun si nunca la correspondiese. Muy en el fondo, este cariño inútil de telenovela me enervaba. Yo pertenecía a Selene en cuerpo y alma, y ella me pertenecería a mí. Nadie más.

Se aproximó con cautela, intentando entrar en razón conmigo y cometió un error. No había ningún Fred compasivo entonces. La empujé contra un árbol y la apuñalé en el lugar preciso de su corazón. Murió sin despegar sus ojos de mí, apagándose y ahogándose en sus lágrimas, sus labios pronunciando mi nombre por última vez sin emitir sonido.

Escuché venir corriendo como si el diablo los persiguiera a Germán y Martín, los calladitos y pobretones del grupo; siempre se colgaban de nosotros como sanguijuelas. Sus rostros estaban desencajados y balbuceaban incoherencias, creo que respecto a los cadáveres de las hermanas o de los marihuaneros, pero su horror aumentó al descubrirme infraganti delante de Rowena. Me moví más rápido que ellos y les cercené las cabezas con todo el brío de mis brazos y con toda mi voluntad volátil. Rodaron varios metros contaminando la hierba con su sangre que formó sendas entre ésta y sus cuerpos convulsionándose.

El camino ya estaba limpio. En el campamento, donde la hermosa Selene había vuelto también, lloraba por sus amigas muertas y pedía socorro a los cuatro vientos. Yo apestaba a crimen, mi machete empuñado y mi semblante amenazador lo corroboraban. El asco y la indignación con los que ella me observó arrodillada al otro lado de la fogata me revolvió el estómago, pero también la entrepierna. Nuestras miradas se cruzaron; ella se percató de que, antes del homicidio, sería víctima de otra atrocidad.

—¿La violaste? —preguntó la doctora Bel.

—No.

—¿La mataste? ¿Huyó?

—Huyó. Para ganar tiempo, me arrojó las ramas incendiadas de la fogata y mi navaja que había dejado allí después de matar a las hermanas. No supe qué fue de ella.

—Desde entonces, deambulaste tú solo por el bosque del Wendigo por unos días. Claro, no querías que te atrapen.

—Pero al final me atraparon, supongo que Selene me delató.

—Bien, costó mucho, pero ya tengo tu confesión para la policía. Todo aquí quedó grabado.

Asentí aún con los ojos en la madera y el cerebro lejos de la estación de policía o del hospital psiquiátrico, ya no me acordaba de nada más.

—Prefiero regresar a mi sueño —opiné.

—Estabas en un trance, no en un sueño.

—Lo que sea. Regréseme.

—¿Para unirte con la luna?

—Con Selene... Sí, por favor. Prefiero eso que pudrirme consciente en la cárcel o en un manicomio.

—Como gustes. Aunque debo advertirte que hay nuevas técnicas de hipnosis como la droga que consumiste y que gracias a ella, la sugestión no requirió demasiado esfuerzo para llevarte fuera de la realidad. Te lo dije, contribuiste bastante con el escenario. Teniendo esa sustancia peligrosa todavía en tu sistema y una hipnosis más intensa... ¿Estás seguro, Fred?

—Sólo hágalo, doctora —supliqué. No quería excusas.

En un abrir y cerrar de ojos, fui transportado a las escaleras que hacían de puente entre el horrible mundo y mi diosa Selene. Allí estaba ella, esperándome con los brazos abiertos y una sonrisa enternecedora, con su esbelto cuerpo superpuesto por el satélite y que a cada pestañeo los confundía hasta terminar siendo un solo dibujo.

El último escalón se esfumó y me hundí en otro abismo, pero uno eterno y perturbador que quemó mis extremidades como si me bañara en lava, a pesar de no existir ninguna materia en torno, salvo Selene. Ella, aún sonriente, me contempló desde las alturas.

—¡SELENE! —bramé y mi voz se desprendió de mi garganta como definitivamente lo hizo mi alma en el mundo real.

Mientras tanto, la joven y feliz pareja que había escapado y subido al tren al inicio de esta historia llegó a la estación de Leb, atravesó la frontera sin ningún problema hacia cualquier otro rincón del universo con la dicha y la esperanza por delante. ¿Pero quiénes eran ellos y qué fue de sus vidas? Pues ya era hora de mencionarlos. Lo que ocurrió fue que...

***

Esa droga era demasiado potente. El cabrón hasta se olvidó de que no me llamo Selene, sino Bel, y de cómo me gano verdaderamente la vida. Doctora Bel, nuevas técnicas de hipnosis... ¡Ja! ¡Qué fácil es engañar a idiotas como él! Ni siquiera recordó que no hubo ningún policía, que lo obligué a consumir más del polvo que guardaba conmigo y que unos simples alambres ataban sus muñecas.

Pensé en esto luego de cerrar la puerta de una choza abandonada. Los dioses estuvieron a mi favor. Yo sólo fingí estar bajo los efectos del estimulante, Fred se había desmayado justo antes de abalanzarse sobre mí la noche pasada y siguió inconsciente hasta que despertó totalmente desorientado, ya sin su inclinación asesina.

—¿Qué tenía que ver yo con la diosa de la luna? Soy rubia, no platinada, y de ojos marrones —me dije sosteniendo un fósforo—. ¡Grandísimo chiflado!

Pero lo que más me fastidiaba era volver a buscar amigos para mis experimentos. En fin, al menos me deshice de él con una última y perfecta sobredosis. Faltaba contactar con mi gente y ordenarle refinar la droga, no podíamos seguir distribuyéndola tal como estaba. Si no, habría más casos así y yo no estaría siempre cerca para solucionarlo.

Encendí mi cigarrillo, uno corriente, lancé el fósforo a la choza empapada en combustible y me marché del bosque del Wendigo dejando que Hefesto y Hades culminaran el trabajo, como quizás concluiría el apasionado de la mitología griega allí dentro.

Pero ahora que repaso este cuento y todas las sandeces que relató, aún me pregunto sobre esa joven y feliz pareja que tampoco tenía nada que ver.

01 Kasım 2020 02:04:28 20 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Son

Yazarla tanışın

N.V. Scuderi Licenciada en Comunicación Audiovisual, pero el amor a las historias a través de la literatura es más fuerte.

Yorum yap

İleti!
ᴍɪᴜ ♡ ᴍɪᴜ ♡
Emocionante, impredecible, cautivante; me encanto mucho, es esa clase de relatos que quedan en tu mente y no solo por un rato de entretenimiento.
June 28, 2021, 01:26

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    Muchísimas gracias por pasar a leer, Miu!! Encantada de que te haya gustado! :D 1 week ago
Manuele Rod Manuele Rod
Tu historia casi me hace recaer jajaja. Sabes mientras leía la historia en mi mente se desarrollaba una película serie b dirigida por el odioso Nolan, pero en un buen sentido.
December 29, 2020, 21:22

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Jajaja muchas gracias por pasar a leer, Manuel! 😁🙌🏻 December 30, 2020, 19:46
Is Bel Is Bel
Nat... esta historia es simplemente increíble. Me ha encantado de principio a fin, tanto que me apetece volver a leerla una tercera vez. La hermosa manera en la que está narrada hace que te enganche desde el primer momento y la historia en si... espectacular -y no lo digo porque me hayas comparado con la mismísima Afrodita jajajaja- . Es original y muy, muy interesante. La verdad, no tengo palabras para expresar lo mucho que me ha gustado, solo puedo decir que me encantaría leer una versión más extendida.
November 09, 2020, 19:44

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Bel! ¡Muchísimas gracias por tus palabras! 🥺💜 Me alegra mucho que te haya gustado (y sobre todo la parte de Afrodita porque ¿a quién no, de hecho? jajaja) ¡Claro que nos seguimos leyendo! 🤗 November 10, 2020, 17:43
Andrés D. Andrés D.
¡Wow! Es de lo mejor que he leído en Inskpired, Nat. Y tu trabajo aquí se ve super profesional. Me has sorprendido verdaderamente y disfruté muchísimo leer esta historia, desde las referencia a la mitología, el juego de los nombres, el último plot twist tan macabro y además lo liviano que fue seguir la historia. Además (punto extra), la forma de narrar actos tan crueles y sugerir ideas tan perversas se te da bastante bien jaja Aprendí mucho al conocer esta historia y eso se agradece. Un saludo inmenso y ¡felicitaciones por esta historia tan genial! ;)
November 05, 2020, 00:41

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    😭💜 ¡Muchísimas gracias, Andrés! Me alegra haberlo logrado con este cuento de Halloween, la verdad es que para mí también fue un poquito un desafío jajaja ¡Un abrazo y nos seguiremos leyendo! 😃 November 05, 2020, 01:15
Roxanne Lafaurie Roxanne Lafaurie
Amiga, no sé dónde lo conseguiste, pero comparte 😂 me encantó desde principio a fin y lo de los nombres... Que mujer tan cruel, todo por un experimento
November 04, 2020, 05:21

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    Awww ¡Muchas gracias por pasar a leer, Roxanne! Te pasaré al privado mi contacto (?) 😂🤗 November 04, 2020, 13:23
Luca Domina Luca Domina
Muy bueno, Nat! Me gustó lo de los nombres XD Y el doble giro del final fue genial! No me lo vi venir. Fred matando a todos... eso si lo veo jajajaja
November 04, 2020, 01:20

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    Ese Fred es otro loquillo 🤣 ¡Muchas gracias, Luca, qué bueno que les gustó! ✨ November 04, 2020, 13:21
German Martinez German Martinez
Esta historia es un viaje que no deja de sorprender al lector de principio a fin, me encanto la forma en la que describes los hechos y como describiste el mundo sub-realista. ¡Me encantó!
November 01, 2020, 14:16

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Muchas gracias, Germán! ¡Me alegra haberlo logrado y que les haya gustado! 🥺✨ November 01, 2020, 18:29
Rowena Draugr Rowena Draugr
Pero qué relato más interesante!! Cuanta emoción sentí al leernos en estos motivos roles, realmente no me esperé el desarrollo de este cuento ni mucho menos que nuestra hermosa Isa haya sido la mente detrás del desastre. Muy bueno!! ❤️
November 01, 2020, 13:22

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    Jajaja Isabella resultó toda una loquilla (?) Por quien más sentí fue por tu personaje 🥺 ¡Muchas gracias, Rowena! Esperaré atenta tu cuento de Halloween ✨ November 01, 2020, 18:27
Elizabeth Vázquez Elizabeth Vázquez
¡Impactada quedé! Increíble historia. No me esperaba el final. 😱
November 01, 2020, 03:38

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Muchas gracias, Eli-chan! Todo fue muy loco jajaja 🤭🔥 November 01, 2020, 18:25
Jancev Jancev
¡Diablos señorita! Sin duda no pude adivinar en ningún momento como es que se desarrollaría o terminaría la historia, fue simplemente genial!!
November 01, 2020, 02:35

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    Jajaja la mente del prota estaba demasiado jodida para adivinar 🤭 ¡Muchas gracias, Jan! 😍 November 01, 2020, 18:24
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