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Ex Oriens Lux

El mundo eslavo oriental se extiende a través de la mayor parte del centro y este de Europa. La Europa central y después la occidental marcan sus límites hacia el oeste. De los polacos les separan algunos rasgos de idioma, la tradición católica y dos alfabetos, el latino romano para unos, el cirílico ortodoxo para los otros. Más hacia el norte, las pequeñas repúblicas bálticas han sido zona de transición hacia Escandinavia y punto de choque y litigio con otro yunque, el germánico. Más hacia el sur hay una cuña magyar en Transcarpatia, siguen las tierras de Rumanía y Moldavia, culturalmente hermanas. Finalmente como poderoso rival por el acceso al Mar Negro y desde éste al Mediterráneo está Turquía, con la que rusos y ucranianos han cruzado armas y donde se encuentra la ciudad en la que se generó uno de los sustratos religiosos y culturales esenciales de ésta civilización : Constantinopla, Bizancio, Estambul, Zarigrad. Todos los nombres aluden al mismo lugar.


Hacia el este está el mundo tártaro, mongol, los pueblos de lenguas turcas e iranias, China y en el extremo pacífico Japón. Este espacio euroasiático es donde se ha formado el alma rusa y en menor medida la ucrania. Bielorrusia, más europea geográficamente ha oscilado entre la influencia polaca y la de sus hermanos rusos y ucranianos.


La protohistoria de estos eslavos orientales, la no escrita, la encerrada en leyendas y en un bucle misterioso comienza en un entorno de bosques, de lagos, de frutas silvestres. Ésa conexión con el medio sigue vigente como sustrato profundo de esa cultura. Los hombres, las mujeres, se adaptaron a una naturaleza hermosa, pero también muy exigente por la dureza de su latitud. Forjados en la adversidad, en largos inviernos, en un frío helador, se forjó una simiente fuerte por las leyes implacables de la selección natural. La cabaña de madera, la mística del agua y de la nieve, la religión de la tierra y los ciclos de la naturaleza, las misteriosas "Rusalkas", ninfas del bosque son parte del folclore, de la memoria mítica de éstos pueblos.


Poco a poco se fueron formando comunidades más amplias. La primera polis decisiva, el faro en el que iba a empezar a cristalizar esta civilización es la ciudad de Kiev o Kyiv, su nombre ucranio. Estas comunidades van a ser encuadradas por comerciantes, guerreros y líderes llegados de Escandinavia: Los varegos. Nace la Rus' de Kiev, el nexo común en las narraciones nacionales de rusos, ucranianos y bielorrusos, la Madre de todas las ciudades rusas, una de sus apelativos más clásicos.


Los diferentes principados en los que estaban encuadradas las tribus eslavas orientales fueron adquiriendo un mayor grado de interconexión con centro en Kiev, aunque los niveles de subordinación oscilaban y siempre había tendencias centrífugas. El punto de atracción de de los príncipes varegos era la ciudad de Bizancio, el nodo que atraía mayor volumen de comercio y por lo tanto la ciudad más rica. De ésta manera quedó establecida una ruta económica desde el Báltico al Mar Negro. Este contacto expuso a los eslavos de la Rus' de Kiev a la influencia cultural del mundo griego y a su expresión religiosa, el cristianismo oriental ortodoxo. La conversión de Vladimir el Grande a ésta fé selló el ingreso de estas tierras en la esfera bizantina, aunque irían evolucionando durante siglos con características propias.


Kiev/Kyiv es una hermosa ciudad a orillas del Dnipró. La anchura del río es majestuosa y alimenta una poderosa flora que penetra la ciudad. Las cúpulas doradas de las iglesias, Catedrales y del Monasterio de Pechersk, Pecherska Lavra. Ciudad vieja, varias veces destruida y vuelta a reconstruir, tiene el poso de las urbess en las que se lleva mucho tiempo escribiendo y guardandando libros y almanaques. A los kievitas les gusta pensar que allí había ya el embrión de una universidad cuando en Moscú ni siquiera sabían lo que es una bañera. Síntesis de todas las expresiones de Ucrania, de sus fuerzas opuestas y de sus contradicciones en sus calles se escucha indistintamente el ruso y el ucraniano, junto a las notas moteadas de las lenguas de los turistas. Pese a los habituales problemas de contaminación y las dificultades que ha atravesado desde la independencia de Ucrania, merece sin duda la pena perderse por sus calles, por el distrito de Podil, por el río y sus islas, por la colina en la que se encuentra la estatua de San Wladimir, disfrutar de sus castaños y arboledas y de la sabrosa cocina del país.



Una segunda función de la Rus' de Kiev fué defensiva. Actuó como muro de contención de los ataques y el pillaje de los pueblos de las estepas, el salvaje flanco este. Estos pueblos guerreros y nómadas aparecen y desaparecen de la historia como estrellas fugaces. Escitas, pechenegos, jázaros entran a caballo en estas tierras como relámpagos buscando botín en ellas o en el rico perímetro del mundo griego. No dejan apenas nada escrito, su tránsito es materia de trabajo y especulación para arqueólogos e historiadores.



El mundo emergente de la Rus' de Kiev se desmoronará con otro ataque desde el este, devastador y decisivo. Cuando los mongoles de Batu Khan, nieto de Gengis Khan arrasan la ciudad en 1240 y someten a la región a vasallaje y tributo termina el primer episodio de embrionaria estatalidad y organización política de los eslavos orientales.


Esta función de contención del invasor que viene de Oriente es una constante en la historia de los pueblos de la frontera este de Europa. Grecia conteniendo a los persas para sucumbir finalmente ante los turcos otomanos, el territorio que hoy conocemos como Ucrania (que literalmente significa "Frontera") como escenario de las incursiones de los pueblos de jinetes nómadas o el choque a muerte entre grandes tribus guerreras, como los Hunos de Atila y los Godos germánicos. Hay muchos ejemplos de esté tránsito en sentido este-oeste.


La invasión de los mongoles tuvo un gran efecto psicológico sobre los eslavos orientales. La desaparición de Kiev como centro político los dispersó en diferentes unidades, de nuevo pequeños principados que además de estar sometidos a tributo de la Horda persiguieron fines económicos y políticos diferentes. El mundo eslavo oriental entra en entropía, se atomiza. Uno de estos principados, Moscovia, empezaría gradualmente a ganar peso. Situado hacia el norte, en tierras de espesos bosques, la taiga, con tierras poco fértiles por la intensidad del frío y la dureza de la tierra, este principado comenzó a ganar músculo económico y con él político ejerciendo como cobrador del impuesto mongol y arañando una cuota de lo obtenido.


Moscú comenzó su existencia como un puesto avanzado de cazadores y comerciantes de pieles a orillas del río Moscova. Durante los siglos de dominación mongola, Moscovia iría asimilando rasgos de la mentalidad de sus Señores, de su forma de gobierno y de su estructura como civilización y estado, como el sistema de postas a caballo para mantener las comunicaciones: el correo. Con sagacidad y paciencia, los príncipes moscovitas fueron construyendo poco a poco las bases de su estado, el Gran Ducado de Moscovia. Cuando finalmente se liberaron del yugo mongol revertieron la tendencia. Comenzaron su proceso de expansión hacia el el este, a través de la taiga y de la estepa, siguiendo el curso del río Volga, absorbiendo a los pequeños pueblos de esta tierra inmensa y poco poblada. La Catedral de San Basilio en la Plaza Roja de Moscú, con sus cúpulas de cebolla representando los turbantes musulmanes de tártaros y mongoles conmemora la conquista de Iván IV de Moscovia, conocido para la posteridad como Iván el Terrible de los Khanatos tártaros de Kazán y Astrakhán. Había comenzado la era de conquista y dominio de lo que sólo más tarde se conocería como "Rusia".


El nacimiento de esta vocación de poder y dominio en Moscú tuvo razones económicas y políticas, pero fué también una construcción ideológica y religiosa. La caída de Constantinopla y su conquista por los turcos otomanos tuvo una profunda repercusión en el mundo ortodoxo. La ciudad era (nominalmente sigue siendo) el centro espiritual de esta rama del Cristianismo. A partir de éste hecho se construiría la idea de Moscú como Tercera Roma. La primera cayó con la división del mundo cristiano en latino y católico, con base en Roma por un lado, oriental, ortodoxo, con raíz griega por el otro. Moscú estaba llamada a tomar el relevo de Constantinopla/Bizancio en el mundo del cristianismo oriental ortodoxo con su fuerza emergente de nueva potencia.


Hacia el sur, Bielorrusia y una parte de Ucrania, la que queda en la orilla occidental del río Dnieper (ucraniano: Dnipró) quedaron durante cuatro siglos formando parte de la Conferación polaco-lituana, Rcezchpospolita, uno de los estados más poderosos de la Europa Medieval . Conviene deternerse en éste punto porque explica en parte la complejidad, las tensiones y la división del Estado que hoy conocemos como Ucrania.


Ucrania es en su mayor parte una inmensa llanura dividida por el río Dnieper. Es, por extensión, el segundo país más grande de Europa tras la parte europea de Rusia. Si su mitad occidental estuvo durante siglos expuesta a la influencia de Polonia, y tras la partición de esta a la del Imperio Austriaco, sobre todo en el tercio más cercano al oeste, el otro lado del río, el sur y el este del país tuvieron una experiencia diferente. Durante mucho tiempo fué una tierra de nadie, un campo salvaje ("Dikoe Pole"), como siempre una zona de paso con incursiones tártaras, la creciente influencia expansiva turca y la zona de asentamiento de grupos de hombres libres, los cosacos, que huían de la servidumbre de la tierra a manos de los nobles y magnates polacos. Esta zona se fué rusificando progresivamente. La escisión entre las dos mitades del país explica la compleja realidad política ucrania de hoy.



Desde Iván El Terrible en adelante la vocación de poder del Principado moscovita sería ya imparable y la proyectaría en todas las direcciones. Hacia su oriente, comenzaría la exploración, conquista y colonización de Siberia. En el mundo eslavo, la aspiración era la reunificación de todos los eslavos orientales (rusos, ucranianos y bielorrusos) en una única entidad política. Desde Iván, el Estado ruso con centro en Moscú adoptará el nombre oficial de "Zarato ruso". No será hasta Pedro I el Grande, en 1721 cuando adopte el nombre de Rusia. Y ello con una vocación abiertamente imperial. Con el Tratado de Andrúsovo de 1654 empezará a cristalizar la idea de la unión de los eslavos orientales, un regreso al concepto de la vieja Rus' de Kiev, ampliado y reforzado. En éste Tratado se definieron las áreas de influencia de Polonia y Moscú. Se reconocía la soberanía del Zarato ruso al este del Dnieper. Polonia seguiría controlando Bielorrusia y la otra mitad de Ucrania. Como enemigo común quedaban los Turcos Otomanos y sus aliados tártaros. Los Jefes Cosacos intentaron una alianza con Turquía para preservar aunque fuera de manera embrionaria alguna forma de estatalidad propiamente ucrania. La alianza no funcionó por diferencias de etnicidad, religión y por siglos de lucha y desconfianza mutua. Ucrania no obtendría el status de nación soberana e independiente hasta la implosión de la URRS en 1991.


El periodo peterburgués de la historia de Rusia comienza con la fundación de San Petersburgo y durará hasta el triunfo de Lenin y los Bolcheviques en 1917. Cuando el Zar Pedro I decide crear una capital desde la nada en el Báltico, justo en una esquina de un territorio ya enorme comienza el ensayo general de una renovación, en realidad una Revolución del Estado y del alma rusa.


La primera piedra de la futura capital llega a la desembocadura del río Neva, una esplendorosa masa de agua dulce que brota del lago Ládoga, hacia el interior y los bosques, en 1703. Pedro perseguía la construcción de un estado nuevo y en éste sentido era coherente romper los nudos de poder e influencia del viejo estado moscovita y partir de cero, crear una élite nueva, un nuevo ideario, un nuevo proyecto nacional e imperial desde un suelo y una capital nuevos.


Moscovia, con gran mérito, en una latitud y en un espacio muy difíciles había construido un centro de poder, un estado y un imperio a partir de las cenizas del viejo mundo eslavo oriental de la Rus' de Kiev destruida tras el diluvio mongol y las sucesivas incursiones de la Horda de Oro y sus gemelos de jinetes de ojos rasgados. Asimilando con sabiduría varios de los rasgos de sus conquistadores, desde dentro de los muros del Kremlin (ruso: Fortaleza) moscovita se había forjado un gran espacio euroasiático. Pero Pedro perseguía una nueva idea, elevar las apuestas, las ambiciones. La vieja Moscovia y el Zarato ruso, culturalmente replegado sobre sí mismo, bizantino y ortodoxo en su esencia, recelosos de todo lo externo debían abrir paso a Rusia, la nueva denominación oficial y ésta seguir la estela del mundo en el que brotaban la civilización, la ciencia, el progreso: Occidente, Europa.


En Pedro y con Pedro empieza una vocación occidentalista y una huída del elemento asiático de la cultura rusa, que se considera atrasado, retrógrado, bárbaro. Por la verticalidad del poder y por la envergadura de la transformación que perseguía Pedro sería considerado por los Soviets el primer gran revolucionario.


Era el momento del conocimiento, de la ciencia y de la técnica, de construir una flota y acceder a los mares. En un duelo que marcó un cisma en el pueblo ruso, Pedro ordenó la reforma de la liturgia y de la doctrina religiosa. Los rusos quedaron divididos en nuevos y viejos creyentes, éstos últimos una minoría que mantendría su identidad y un notable dinamismo económico en los dos siglos siguientes.


Las reformas petrinas fueron concebidas como herramientas de construcción de poder. Se aspiraba a una monarquía universal, a una expansión sin límite. Desde la construcción de la idea de la Tercera Roma ha habido un elemento mesiánico, de pueblo elegido en la mentalidad oficial rusa. En clave religiosa, esre mesianismo fué descrito, codificado de forma nítida por el gran escritor Fyodor Dostoyevski en el Siglo XIX.


El relevo de Pedro lo tomaría Catalina la Grande. Asume los ideales de la Ilustración, invita a visitar Rusia a Diderot y Voltaire(el segundo no llegaría a pisar suelo ruso) , se cartea con ellos y continúa ejerciendo el poder como Déspota Ilustrada, por un lado admirando y apostando por la cultura y la ciencia, por otro gobernando con mano de hierro y con clara mentalidad de expansión y conquista, con un "ethos" imperial.


El comienzo de la era peterburguesa y la impronta de Pedro y Catalina dividió a la intelectualidad, a la 'inteligentsia" rusa en dos corrientes, occidentalistas y eslavófilos. Los primeros apostaron por el modelo europeo. Los segundos plantean un debate sobre cual es la esencia del Ser, del alma rusa, buscan un camino propio para su pueblo y con el tiempo, debido a los cataclismos en los que periódicamente entra su país se preguntan si la introducción de elementos foráneos y la desmesurada expansión territorial han diluído su esencia hasta anularla, confundirla o dispersarla.


En la pléyade de hombres y mujeres de letras y ciencia que emprendieron el camino a Europa para experimentar por sí mismos los modelos, valores y formas de vida de Occidente se dió con frecuencia un fenómeno de ida y vuelta. De la curiosidad y atracción iniciales se pasó a una forma de nostalgia por algo perdido. Las piezas no terminaban de encajar. La respuesta probable a este sentimiento es que Rusia y el mundo eslavo oriental son una Civilización en sí mismos (Samuel P. Huntington). Esta investigación sobre la propia identidad continúa hasta el día de hoy, y lo mismo ocurre con los otros pueblos eslavos orientales. Ucrania tiene dos mitades, una más occidentalizada, la otra apegada al modelo ancestral, eslavófilo y rusificado. En Bielorrusia, de la centenaria influencia polaca se ha pasado a una creciente rusificación y a la persistencia de varios de los rasgos del sistema de valores de la era soviética.


Rusia, prendada de sí misma, construida sobre un mito de fortaleza y un destino de conquistador, sacudida por un siglo XX de convulsiones, revolución, guerras y un declive demográfico abismal como consecuencia de todo ello se sigue preguntando cual es su lugar en el mundo.


San Petersburgo es una de las ciudades más bellas del mundo. Construida como una adaptación y réplica de todos los estilos arquitectónicos occidentales, en su inimitable paisaje urbano pueden encontrarse también edificios que son una síntesis de todas las Rusias, como las Catedrales Ortodoxas, la Fortaleza de San Pedro y San Pablo o la hermosa Mezquita Azul, sobre el modelo de las construídas en Asia Central, el antaño llamado Turkestán, otro de los espacios conquistados temporalmente por la voracidad de los Zares y las exigencias de la idea imperial. Si bello es el paisaje arquitectónico, no lo es menos el entorno sobre el que se levantó la ciudad. Construir la metrópolis del Neva, el capricho de Pedro, requirió un esfuerzo titánico. Construida en un terreno frío y húmedo, sobre el lecho inestable del río, en parte equipable a Venecia por sus canales y porque el corazón de la ciudad está literalmente sobre agua, "Píter", como la llaman sus habitantes está situada en una región de gran belleza natural. Muy cerca de Finlandia, pegada a Karelia, una región situada entre ambos países y en la que la frontera ha sido corregida varias veces por rusos y sóviets a su favor, bosques, el litoral del Golfo de Finlandia y la cercanía del gran norte le dan un gran atractivo y calidad medioambiental apenas se sale del núcleo urbano no histórico.


Tras la Revolución de Octubre de 1917 la capitalidad regresó a Moscú. La idea imperial rusa mutó en un nuevo proyecto, el Comunismo y la revolución mundial, un ideal a exportar como lo fué el proyecto republicano laicista y universal de Francia en 1789. Se pretendió cambiar todo. Una nueva sociedad, un "homo soviéticus"(ignoro cuál es la equivalencia en latín para las féminas) darían forma y contenido a un nuevo mundo . El experimento duró 74 años. En 1991 la Unión Soviética se desplomó. Había perdido primero el anillo de democraciss populares que convirtió a la causa tras su victoria en la Segunda Guerra Mundial, las democracias populares del centro y este de Europa. Se disolvió en las quince Repúblicas constituyentes según su Tratado fundacional de 1922. Ucrania y Bieelorrusia accedieron a la Independencia por primera vez en su historia como estados soberanos en el sentido juríco moderno.


Hay otra etnia eslava oriental, poco conocida. Los rusinos de subcarpatia son un pueblo de montañeses, con un dialecto propio, que en su momento adoptaron una identidad diferenciada de la ucraniana. La mayor parte de ellos vive dentro de las fronteras de éste estado, aunque también los hay en pequenas cantidades en los Montes Tatra, entre Polonia y Eslovaquia. De los rusinos que emigraron al Nuevo Mundo nació el mas famoso de todos ellos, el artista Andy Warhol (el apellido original es Warhola). Pero esta es otra historia y se contará, quizás, en otro momento.


13 Haziran 2020 00:01:39 3 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Son

Yazarla tanışın

José Antonio Chozas Inquieto, apasionado por las letras, escritor por impulsos, alma libre.

Yorum yap

İleti!
Jorge Peña Jorge Peña
¡Excelente trabajo, compañero!
December 05, 2020, 18:36

JS JUAN PABLO SUERO
Para algunos que estábamos buscando una aproximación didáctica a esa civilización, la hemos encontrado en este magnífico artículo. Muchas gracias, José Antonio.
June 13, 2020, 11:16
~