u15275566401527556640 Moisés Emanuel Salas Miranda

La historia de Yokoi Kenji, un joven inteligente que vive rodeado del ambiente de idolatría al imperio japonés en los años de la Segunda Guerra Mundial.


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Origami.

"No intentes curar el mal por medio del mal" (Heródoto de Halicarnaso).
- Despierto cada mañana preguntándome cómo sería el mundo si tan solo el hombre hubiese aprendido de esta frase hace muchísimos años, creo que la respuesta sólo puedo encontrarla en mis más hermosos sueños. Pero me temo, hijos míos, que la realidad es muy diferente y cruda en ciertas ocasiones. - dijo Yokoi Kenji, un hombre viejo de barba plateada en silla de ruedas y con cicatrices en la cara frente a tres adolescentes, sentados en la sala de estar de una casa en Kioto, Japón. La sala era reconfortable y cálida a comparación del clima frío del invierno.
- Nací un 17 de julio de 1926 en Hiroshima, Japón. Mi padre Akihiko Kenji y mi madre Chiasa Takeda me nombraron Yokoi en honor a mi tatara-tatara-tatara-tatara-tatara abuelo, que fue uno de los más grandes pechin de Okinawa. Mis padres solían trabajar mucho para poder tener una economía alta ya que vivíamos en una de las zonas más caras de la ciudad, así que muchas veces me encontraba bajo el cuidado de mi abuela y solía jugar solo, dentro de mi mundo imaginario. Desde pequeño me gustaban las matemáticas, la física y la geografía, recuerdo haber tenido no menos de 10 enciclopedias sobre estos campos. - dijo el hombre con un aire presumido - Cuando no leía dedicaba mi tiempo en hacer figuras de papel (origami) y en ocasiones salía a la calle para regalar estas figuras a la gente y alegrarles un poco la mañana. Recuerdo que tenía 6 años cuando comencé la escuela, claro, gracias a que desde pequeño ya leía mucho sobre diversas asignaturas, la escuela era muy sencilla para mí. Allí fue donde conocí a mi mejor amigo, Atsushi Honda, un niño muy amable y respetuoso. Se distinguía fácilmente gracias a su altura (él era más alto que la mayoría de nosotros) y por sus anteojos que le daban una apariencia de alguien muy inteligente; bien merecida apariencia, él y yo éramos los mejores de la clase. Nuestros días de estudiante eran los de cualquiera que haya pasado por la escuela, sin embargo, recuerdo el día en el que Atsushi y yo nos dimos cuenta que algo en el país estaba mal, muy mal. - Yokoi hizo una pausa, suspiró con tristeza y tomó un sorbo de té caliente que sus nietos le habían dado antes de comenzar a hablar - Japón ya llevaba en marcha su plan de expansión, se nos enseñaba a que debíamos sentirnos orgullosos de los grandes logros que nuestro imperio lograba gracias al emperador, al cual debíamos ver como a un Dios. Era un día despejado y hermoso de 1937:
- Atsushi ¿no crees que tanta violencia puede ser malo? Mi madre dice que el emperador solo busca poder y mi padre insiste que si algo malo pasa nos iremos de aquí porque no quiere vivir lo que europa vivió hace 20 años. Creo que se habla de la lucha que leímos hace tres días en la biblioteca. - dije a mis tan solo 10 años. Ese día Atsushi me pidió que le enseñe como hacer esas figuras de papel que tanto me gustaban, así que nos quedamos en el salón de clases durante el receso.
- ¿Podría ser? ¿Acaso esto puede volverse más grave aún - dijo él asustado. - Tu mismo leíste lo que pasó durante esos años, imagina que algo así pase aquí. Sería horrible para todos Yokoi... Y si pasara no me dejarás sólo ¿verdad?. - 
- Por supueto que no, tú eres mi muy mejor amigo Atsushi. Lo haces mal, ese doblez es justo a la mitad del papel - le dije, lo que supone sería un cisne parecía más bien una especie de perro con alas y cola de ave.
- Hola - dijo una voz muy dulce detrás nuestra - mi nombre es Jin Hoshi, eres muy bueno en el origami. Yo también sé algunas figuras pero no soy tan buena como tú ¿te importaría si te observo? - Era la niña más bonita que había visto, su cabello lacio y negro con olor a flores combinaban con sus ojos oscuros y su sonrisa resplandeciente emanaban calidez en mi ser.
- Ah... Hola Jin yo... Soy Yokoi y... Sí, puedes quedarte, si quieres... - Ella soltó una risita y se sentó delante de nosotros, tal vez notó mi nerviosismo, mis manos temblaban un poco mientras les enseñaba como hacer un cisne, caundo terminé se lo obsequié - ¡Vaya! Es muy bonito Yokoi, gracias me encantan los cisnes. Por cierto Atsushi... - me sentí extraño en ese momento, sentía cosquillas en el pecho y el estómago. Ella y Atsushi hablaban de algo pero no supe de qué, no podía dejar de verla era muy bella y muy amable, parecía un ángel.
De pronto la puerta del salón se abrió de golpe - ¡Niños nuestro emperador ha logrado llegar a Pekín, pronto China podría ser nuestra! - Una maestra había entrado y porfin, conciente de mi entorno, miré a mi mejor amigo que tenía la misma mirada que yo, de miedo.


29 мая 2018 г. 1:36:00 0 Отчет Добавить 0
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