unaanonimamas Carolina P.

—En el universo coexisten tres dimensiones: terrenal, espiritual y eterna. Al nacer, se le asigna a cada humano un ángel y un demonio. Pocos mortales, ángeles y demonios son seleccionados para ingresar a la eternidad —reveló. —¿Dónde está mi demonio? —Entre ángeles y demonios rige una única regla: se prohíbe cualquier clase de vínculo. El castigo es la mortalidad y la espiritualidad solitaria e infinita. Ambos deben acordar. —¿Se enamoraron? —Sí. —¿Y dónde se encuentra? —Frente a mí.


#59 in Короткий рассказ 13+. © Todos los derechos reservados.

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Desgracia


Me volví sobre mi costado. Boca arriba, dormía a mi lado. Corrección, simulaba, no precisaba dormir o comer. Jamás vi algo tan precioso, tan hermoso, tan bello como él. Me resulta imposible describirlo y tampoco existe palabra que pueda hacerlo. Quisiera que el resto lo contemplara, los deslumbraría. Lamentablemente, solo yo me deleito. A veces, pienso que estoy loca. Si le contara a alguien, no lo dudaría.


Me escolta a todos lados. Me acostumbré a su presencia. En buenas y malas situaciones, tan atento, tan comprensivo, tan consejero, tan altruista. No entendía el motivo del exceso, hasta hace un mes...


Regresábamos de la facultad caminando y riendo por aquel vergonzoso incidente. El silencio llegó poco a poco. Lo miré y me imitó. Nos detuvimos. Los interrogantes que postergaba desde los cinco años, me invadieron. Su mirada fue distinta, más indescifrable que nunca. Me pregunté si podía leer mi mente, si lo estaba haciendo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, más por las posibles respuestas, que por las inquietudes.


—En el universo coexisten tres dimensiones: terrenal, espiritual y eterna. Al nacer, se le asigna a cada humano un ángel y un demonio. Pocos mortales, ángeles y demonios son seleccionados para ingresar a la eternidad —reveló.


—¿Dónde está mi demonio?


—Entre ángeles y demonios rige una única regla: se prohíbe cualquier clase de vínculo. El castigo es la mortalidad y la espiritualidad solitaria e infinita. Ambos deben acordar.


—¿Se enamoraron?


—Sí.


—¿Y dónde se encuentra?


—Frente a mí.


Una parálisis me tomó de rehén. Una avalancha de pensamientos arrasó mi cerebro. Una oscuridad me desconectó.


El médico explicó que se trató de un pico estrés y me recomendó un estilo de vida perruno o gatuno. Mi familia y amigos se sobrepreocuparon. Efectué cambios en mi rutina para complacerlos. Los amo. Confesarles la verdad, no era una opción. Cargarían con una cruz.


Lo observé, nuevamente. Había tanta paz en él, ¿cómo se fijó en su opuesto? ¿qué le habría brindado en la otra vida? Aunque no recordara, la culpa me consumía. Mi maldad lo condujo por el camino de la tentación y perdición. Eso demostró el relato, que continuó hace dos semanas:


—Abandonamos a nuestro humano a sus cuarenta años. Nos ocultamos, más no disimulamos nuestros sentimientos. Atesoro esos momentos con una ternura y adoración feroz. La condena nos pesa, no más que el peso de nuestro amor. Cuando tu día llegue, habré atesorado también estos y no sentiré soledad al vagar.


Deslicé mis dedos sobre su sedoso cabello, mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas.


—No llores —la suavidad en su voz acarició mi alma. Abrió los ojos y me miró.


—¿Leés mi mente?


Sonrió y mi corazón se estrujó. Detuve mis lágrimas y mano.


—¿Cómo podría realizar tal aberración?


—Claro, es una típica pregunta humana o, mejor dicho, demoníaca...


Me tomó la mano y me estremecí.


—Por favor, no reniegues de tu pasado. No leo tu mente. Te conozco demasiado.


—No soy la demonia que conociste.


—Sos a quien amé, amo y amaré. Te elegí, elijo y elegiré.


—Tus palabras me hieren y reconfortan en partes iguales.


Entrelazó sus dedos con los míos. Cerré los ojos. Su mano libre viajó por mi lado izquierdo: frente, párpado, mejilla, labios, mentón, cuello, clavícula y corazón. Respiré hondo. Mis tormentos encontraron calma. Abrí los ojos.


—En tu forma espiritual mis palabras te generaban risas, risas burlonas, tontas, nerviosas, falsas y sinceras. Eras auténtica, fresca, curiosa, osada, irreverente, desvergonzada. Por favor, no reniegues de tu mortalidad...


Noté la tristeza asomarse en su mirada. Quitó su mano de mi pecho y cerró los ojos, pretendiendo esconderla. La razón era suya. Ayer fui un ser sobrenatural. Hoy, un ser humano. Mi cabeza requería orden. Tras unos minutos de meditación, el cosquilleo misterioso, pero habitual en mi oreja y un impulso desconocido, vi el vaso medio lleno. La ilusión florecía tímida a través de cada poro de mi piel. Desuní nuestras manos.


—¿Puedo saberlo todo?


Escudriñó mi rostro con intensidad.


—Quiero entender.


—Con una condición.


—¿Cuál?


—Cada noche, antes de dormir.


—¡Es poco!


—Me baso en tu rutina, tus tiempos, objetivos y metas —dijo con serenidad.


—Antes de dormir y al despertar —propuse esperanzada.


—Cada noche, antes de dormir.


Hice puchero.


—Cada noche, antes de dormir. Sábados y domingos, al despertar.


—¡Sí! —Me abalancé y abracé con fuerza. Me separé.


—¡¿Ahora?!


—Necesitás descansar —sugirió.


La realidad en dos palabras, fue una semana ajetreada.


—Mañana a la mañana —confirmé.


Sonrió.



Abrí los ojos antes de que sonara el despertador. Permanecía de costado con la cabeza apoyada en una mano, mirándome. La tenue luz solar multiplicaba el brillo de su figura. Otra persona sentiría temor. Yo, una paz profunda.


—Inicio con una de las dos preguntas que jamás respondiste, ¿cómo te llamás?


—¿No vas a ir al baño?


—Te escucho.


—Los ángeles y demonios llegamos sin nombre. Nosotros lo adoptamos. La naturaleza es la fuente de inspiración. Mi nombre es Citrino.


—¿Qué? Es... raro... —No hallaba esa palabra en mi diccionario.


—Se trata de una piedra preciosa. Específicamente, un tipo de cuarzo y vos lo elegiste.


—¿Cómo se llamaba ella?


La duda se exteriorizó en su ceño.


—¿Ella?


—Mi yo espiritual. —Me costaba asimilar que otrora fui una criatura distinta.


—Rubí. Escogiste tu nombre cuando nació nuestro humano. Transcurrió un año y todavía no decidía el mío. En tus palabras, pensaste en una piedra de menor valor, cuyo color te desagradara y su nombre fuera desconocido y gracioso.


—¡Qué mala! —sonreí, imaginando el escenario.


—No me opuse. El amor y sus incipientes estragos.


Me sorprendí.


—¡¿Fue a primera vista?!


—A primera misión.


Reí. Sonrió. La alarma retumbó en la habitación. Inmediatamente, tomé el celular de la mesa de luz y la apagué. Decía que lo perturbaba. Mi vejiga presionaba.


—Vuelvo en un instante. —Salí eyectada del dormitorio. Volví corriendo y salté sobre la cama.


—¿Qué, quién o quiénes les asigna el ser humano?


—A la noche —contestó en idéntica posición y normal expresión apacible.



Me senté en la cama con la espalda apoyada en la cabecera, las rodillas flexionadas y cubiertas por el edredón. Citri ingresó y arrimó la puerta. Rogaba el avance rápido de los días para, en mi cumpleaños, admirar sus alas extendidas. Eran de una belleza excelsa. Salvo en la víspera de año nuevo, que desaparecía, caminaba. Consideraba inapropiado indagar al no mencionar él nada. Se sentó de mi lado, al final de la cama.


—Dios y el Diablo —informó sin titubear.


—¡¿Cómo son?!


—Nadie lo sabe.


Lo miré extrañada.


—El Diablo es el único que ha visto y conoce a Dios —afirmó—. En el origen del tiempo, Dios creó a su mano derecha. Un ángel lo necesariamente semejante a él, en imagen y poder, como para constituirse en su nexo con los ángeles comunes. Ese ángel comenzó a desear el lugar de Dios. Se corrompió y corrompió a sus subordinados. Los humanos seguían en la lista, pero Dios lo impidió. Eliminó a los ángeles y, con él, libró una batalla espejo, acabando en empate. El Diablo se coronó con su rango. Desde entonces, existen ángeles y demonios, que influyen en el curso de la humanidad —guardó silencio durante unos segundos—. De alguna manera, sus voces resuenan en nuestros oídos con el nombre del mundano.


Anonadada quedé unos minutos.


—¿El purgatorio y el infierno…


—Inventos. Solo la eternidad, donde moran.


Fruncí el ceño sin creerlo.


—¿Y cuando muere o… lo abandonan?


—Somos reasignados.


Una lluvia de interrogantes inundó mi mente.


—¿Cómo influyen?


Se levantó y sentó más cerca mío.


—Nos manifestamos por medio de lo que ustedes denominan intuición, presentimiento, sexto sentido, corazonada, pálpito.


Mi cabeza jugaba conmigo. Una parte me advertía sobre posibles alucinaciones. La otra, ansiaba con escuchar más.


—Inverosímil es una definición insuficiente.


Agarró mi mano.


—Buenas noches.


Apreté la suya.


—¿A dónde emigrarás cuando fallezca?


La resignación se apoderó de sus ojos. Colocó su otra delicada mano encima.


—Al limbo —expresó, lacerando mi alma.



Desperté con la placentera sensación de haber dormido un mes. Nos encontrábamos de costado, él detrás de mí.


—¡¿Cómo pueden carecer de necesidades fisiológicas?! —Apostaba a que sonreía con los ojos cerrados.


—No olvides que poseemos necesidades sociales.


Sus notas vocales en mi nuca erizaban mis vellos.


—¿Quién impuso la regla y el castigo?


—Fue una resolución de mutuo acuerdo.


—Insólito. El bien y el mal comparten un punto.


—Se cuenta que brindaron.


—¿Algo más?


Rió.


—¿Los ángeles y demonios pueden formar pareja entre ellos mismos?


—Sí.


—¿Pueden cambiarse de bando?


—Sí. Las alas son cortadas.


—¿Me parezco físicamente a Rubí?


—No.


Se recostó sobre su espalda. Lo emulé.


—¿Hay más como nosotros?


Citri no respondía. Lo observé. Recorría el techo, abismado. Esperé.


—Excepciones. No obstante, muchos fingen no amarse.


Sus pensamientos lo abstraían.


—El sufrimiento es perpetuo en ambos casos.


Giró su esculpido rostro en mi dirección.


—Y, el amor, sempiterno —afirmé sin dudarlo.


Una sonrisa se dibujó. Me incorporé.


—A menudo, te siento como ella —musitó. A causa de un ignoto motivo, se formó un nudo en mi garganta. Miré hacia otro lado, procurando contener la sublevación acuosa. Una lágrima escapó furiosa. Lo miré. La sonrisa fue reemplazada por angustia.


—Desde que tengo conciencia percibo como un... un bloqueo en mi memoria... —Cerré los ojos y, en silencio, di por perdida la lucha contra ellas. El colchón, debajo de mí, se movió—. Desde hace algunos años, tus ojos, tu voz y tus manos descontrolan mi pulso. —Abrí los ojos. Sentado frente a mí, la tribulación lo dominaba.


—Nada de eso debería suceder. No de un modo tan evidente. Fuiste concebida por métodos mundanos y te criaron como a una.... ¿por qué no me lo contaste antes?


—Tenía miedo, miedo de saber.


Sus facciones, paulatinamente, se relajaron. Se inclinó hacia mí.


—Puedo alejarme —planteó en un dulce tono.


—¡No! —imploré con la voz entrecortada.


Esa noche reinó el silencio. Esa noche, en soledad, padecí de insomnio.



Entré al dormitorio. Citrino, apoyado sobre la ventana abierta, apreciaba la ciudad. El pronóstico indicaba una madrugada lluviosa. Me coloqué el pijama, me acosté y rasqué, con disimulo, el cosquilleo detrás de mi oreja.


—¿Cuántos años tenés?


Cerró la ventana. Tarde o temprano, correría el rumor sobre un departamento fantasma en el piso treinta y cinco. A ninguno le importaba. Se hundió en el gran puff.


—Sesenta y cinco. Los dos. En el plano espiritual representan, lo que un bebé, en el terrenal.



El lecho nos refugiaba enfrentados. Tenerlo tan cerca me provocaba una hipnosis mayor.


—¿Ves a otros ángeles y demonios?


—Ya no. Ellos, a nosotros, sí. Somos parias.


Lentamente, estiré mi mano hasta tocar el borde del ala, que sobresalía por su hombro. El camino se interrumpió al extenderla con sutileza. Mis dedos navegaron por aquella blanca y aterciopelada inmensidad.


—¿Cómo eran las mías?


—¿Las tuyas? —sonrió incrédulo.


Asentí, sonriendo.


—Negras, lisas, finas, resistentes, dúctiles, con terminaciones angulares —dijo con añoranza—. Inmejorables.


Incapaz de evitarlo, cavilé.


—¿Pueden hacernos daño?


—Otro humano, a vos.



—¡Listo! —grité.


Citri ingresó. La almohada apapachó mi cabeza y mis párpados lo agradecieron. En la punta de la cama se acomodó con las piernas cruzadas. Sentía sus ojos clavados en mí.


—¿Vas a...


Lo detuve.


—¿Quién era nuestro objetivo? —Me urgía desenchufar.


—Una semana antes del nacimiento, recibimos su nombre: Leonardo González. Acompañamos a la joven y enamoradísima pareja. Su relación era fuerte, a pesar de la desaprobación de sus padres. A lo que ustedes definen clase alta, pertenecía ella y, a la baja, él —Se arregló el cabello—. Tres años después llegó una hija.

”La solidez que los caracterizaba fue víctima de sismos. Las grietas derivaron en un proceso de transformación. Se derritió y, luego, evaporó. Cuando Blanca cumplió dieciocho años, concluyeron su matrimonio. Tu fraternidad y la mía, con los propios, se disolvieron. Asimismo, fuimos los únicos que mantuvimos un diálogo, aunque ocasional y breve, claro.

”Leonardo permaneció al lado de su mamá. Posteriormente, cortó con su novia, se mudó y vivió solo un largo periodo. Trabajaba en el diseño de un puente, un sueño cumplido. En cuanto a nosotros, no nos rehusamos a forjar un vínculo más... estrecho —sonrió con picardía.

”El amor golpeó la puerta de Leo. Construyeron una encantadora familia con dos niños, un gran equipo —aseguró con nostalgia—. Tu esencia era cruzar límites. Mi esencia era protegerlos —guardó silencio—. Nos perdimos en ellos. Leo no merecía en absoluto la indiferencia. Dimitimos.


Una historia agridulce la de Leonardo, como la de todos. La nuestra, desenfrenada.


—¿Información actual de él?


—Ninguna. No nos permiten acercarnos.


—Bienaventurado sea su presente y el de sus seres queridos —Respiré hondo—. ¿Qué ocurrió con nosotros?


—El descanso primero.



—¡Pasá!


Me tumbé sobre la cama boca abajo. Él, arriba.


—Te enamoraste de mi luz inagotable y yo, de tu oscuridad insondable. Eso nos declaramos. Para mí fue poético; para vos, cursi.


Reímos. El silencio ganó terreno.


—Con cada beso, tus alas se aclaraban y las mías se oscurecían. El gris nos delató.


—¿Por qué ahora son blancas?


—Deduje que se trata de una consecuencia más, equivalente a tu bloqueo y corazón acelerado. Vestigios tortuosos para recordarnos la impura opción que preferimos —aseguró con un tono molesto infrecuente en él.


Puse mi mano en su hombro.


—En la dimensión espiritual era inviable escondernos. En la terrenal, casi —me miró—. Utilizamos como escudo el movimiento del día y la soledad de la noche. Cada fecha visitamos un continente diferente. Con la luz del sol, la ciudad más poblada y, a la luz de la luna, su bioma característico.

”Obligadamente, te amigaste con el día y yo, con la noche. En un frondoso bosque nevado, adoré una aureola austral. A regañadientes lo intentaste por lo aburrido que lo considerabas.


Sonreí.


—De dos tétricos monoambientes, optaste por el de la ventana más pequeña. Sonreíste ante la luz solar y la brisa matutina. Indignado acepté que descartaras el de la más grande.


—¡Exagerado! —reí.


—¡No fue gracioso!


—¡Fue por seguridad!


—¡Ojalá! —anheló suspicaz—. Prosigo. Disfrutabas del ruido urbanístico. Yo, de las partituras naturales. Aun en la situación de cuenta regresiva que nos afectaba, te divertían las discusiones de pareja, ansiabas las rupturas. Agazapada, alentabas como una porrista a tus colegas. Yo encontraba satisfacción en el entendimiento, el perdón y las reconciliaciones. Imploraba el éxito de mis compañeros —sonrió.


Sonreí por la felicidad que irradiaba.


—La estrella y el satélite fueron testigos de besos perennes, caricias inclaudicables y abrazos amalgamados… y de... la usurpación de un ángel y un demonio por parte de Dios y el Diablo. Al séptimo día, víspera de año nuevo. Eran la encarnación del ultimátum.



Una noche más. La vista extraviada en el techo.


—¿Cómo lo resolvimos?


Respiró hondo.


—Se lo concedimos al azar.


Me puse de costado con la cabeza apoyada en una mano.


—¿Te arrepentís?


Sus ojos penetraron los míos, de nuevo, con esa mirada críptica. La incertidumbre atravesó mi cuerpo.


—Hay otra pregunta que aguarda respuesta.


Asentí con ímpetu.


—Cuando el momento nos alcanzó, el desconsuelo me asedió. Caí de rodillas sin apartarte la vista. Llevaste tu cola puntiaguda detrás de tu oreja izquierda. Te inclinaste y me susurraste al oído “Atesoro esos momentos con una ternura y adoración feroz. La condena nos pesa, no más que el peso de nuestro amor”. Me rodeaste y dibujaste un símbolo de unión gemelo, detrás de mi oreja derecha.


Conteniendo la respiración, de nuevo, mi corazón se estrujó. Mis suposiciones acerca de su naturaleza y causas, eran muy ingenuas. No se trataba de una cicatriz ni un accidente. Deslizó su dedo pulgar por la parte posterior de mi oreja izquierda. El tiempo se ralentizó.


—Por eso, el cosquilleo inocultable.


El estupor me sometió, completamente. Mi último secreto había volado. El tiempo se detuvo.


—No reniegues de tu espiritualidad. No reniegues de tu presente —suplicó.


Negué con la cabeza.


—Ya no —susurré.


Nos nutrimos del justo silencio. La perfección existía y privilegiada era al poder apreciarla, tocarla y... sentirla. Sus labios me incitaban a probarlos.


—Con el rompecabezas armado, ¿que futuro nos deparará? Mis sentimientos no cambiarán. Sin embargo, reverenciados aguardan tu siempre respetable voluntad.


El tiempo se esfumó.


—Durmamos…


La transparencia habitaba en él. Su rostro iluminado y ensombrecido al narrar la historia de mi yo antigua con él, demostraba que los dos decidimos jugar con fuego y quemarnos. Todo cobraba sentido o, tal vez, no. Coloqué mi mano en su pecho.


—Te regalé mi última risa. Te regalaré cada latido, como si fuera el último. Te amo y elijo hoy y siempre.


Acorté la distancia... y vi más allá del vaso.



Junto a un ideograma inédito, finalizaba el diario íntimo de Florencia, convertido en reliquia por la familia. Los tataranietos de su hermano terminaron de leer y, la reacción de las generaciones precedentes se repitió, experimentaron fascinación y terror al mismo tiempo. Se cuestionaron la veracidad de lo escrito.


Sus padres detallaron, que se licenció en química y dedicó al área biológica. Recorrió el mundo. No entabló relación alguna ni engendró. Los colindantes comentaban su hablar y reír solitario. El óbito la visitó con calidez en su lúcido centenario. Los vecinos creyeron oír un inhumano grito desgarrador, que los petrificó.


Vivió una vida intensa, rodeada de una extraña aura bicromática: integridad, compasión, cuidado, magnanimidad, regocijo, placer, sufrimiento y dolor. Cerraron el diario y lo guardaron en un pequeño cofre con llave.


Se acostaron en sus camas. Esperaron expectantes, ya que, en palabras de sus progenitores:


—Por las madrugadas, del cofre brotan magníficas melodías armónicas, superlativas.


Efectivamente, escucharon una música mágica. Esta vez, respondieron con un rotundo "sí". Aquel sonido no era nada terrestre. Era el ángel, evocando sus tesoros.


11 мая 2023 г. 14:26 19 Отчет Добавить Подписаться
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Carolina P. Drama, romance y puede que algo más. Devoción por el chocolate. "Los puntos solo se conectan hacia atrás"

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María Alejandra  Amarilla María Alejandra Amarilla
Muy bello relato, comencé a leer y quedé atrapada hasta el punto final. Me encantó. Felicitaciones.

  • Carolina P. Carolina P.
    Qué bueno! Muchísimas gracias 😊 April 06, 2024, 16:35
SV Santiago Velazquez
Una narración sumamente elegante que resulta perfecta para desarrollar de gran manera un concepto que resulta cuanto menos interesante, la conexión directa entre lo espiritual y lo terrenal, en forma de un romance amnésico. No sabría que criticar al respecto. Buen trabajo.

  • Carolina P. Carolina P.
    Gracias por leer! Muchas gracias por tus palabras! 😊 January 21, 2024, 02:22
Apolo K. Apolo K.
El concepto está excelente. Amé la narración, felicidades está muy bien logrado.

  • Carolina P. Carolina P.
    Me alegra que te haya gustado! Muchas gracias! 🤗 January 20, 2024, 12:48
Francisco Rivera Francisco Rivera
Carolina P.: Un abordaje de la condición humana dividida entre el lado bueno y el lado malo del ser y del existir dan pie a que la autora ofrezca un manejo interesante del personaje femenino en esta historia. Muy interesante.

  • Carolina P. Carolina P.
    Me alegra saber que te gustó. Tomé en cuenta tu devolución y las del resto. Muchas gracias por el tiempo! 🙌🏼🌷 January 17, 2024, 16:54
Francisco Rivera Francisco Rivera
Una Anónima Más: Me gusta tu historia. Atrapa y seduce. Tienes una oportunidad para hacer más introspección que lleve la línea central entre bien y mal. Puede reportarte mayores historias encadenadas. Ignoro si, desde la vez muy anterior que comenté algo al respecto y este momento en que vuelvo a la escritura comentada ya hay algo al respecto. Saludos cordiales y más historias.

  • Carolina P. Carolina P.
    Muchas gracias por las observaciones 🤗. Las consideraré al momento de desarrollar la historia, ya que solo tengo ideas. December 12, 2023, 13:22
Miranda Lech Miranda Lech
Me encantó. Es muy bella la narración.

Anna V. Blair Anna V. Blair
¡Escribiste un relato maravilloso! Me encantaría leer una novela con esta misma idea. Ver cuándo el ángel se enamora de la demonia y todo lo que ocurra después. Me encantó 🥰🩷

  • Carolina P. Carolina P.
    Es una idea que vengo meditando jaja. Quizás, en un futuro, la escriba. Me alegro que te haya gustado. Muchas gracias por el comentario y la reseña! 🫂 December 05, 2023, 14:03
Rodrigo Armas Rodrigo Armas
Hola, me gusta la escritura porque es clara desde el punto de vista ortográfico, el cual miro mucho, porque si la ortografía no es correcta pierde el sentido el texto. Desde lo narrativo me parece interesante la propuesta aunque creo que se queda un poco corta, por ejemplo en la descripción de personajes y contextos. Pd: la palabra "concejo" se refiere a una junta institucional y creo que vos quisiste poner "consejo", o sea, hacer una recomendación a alguien.

  • Carolina P. Carolina P.
    Hola! En cuanto a lo narrativo es así, no salió bien jaja. No acostumbro a escribir cuentos, novelas o similares. Lo tomé como un exprimento o una forma de salir de mi zona de confort. Respecto a la palabra, se me pasó por alto. Muchas gracias por leer y comentar! 🙂 May 11, 2023, 17:55
  • Rodrigo Armas Rodrigo Armas
    Ah!, bueno está bien que te animes a escribir cosas nuevas, con el tiempo las cosas saldrán mejor, te irás perfeccionando. May 11, 2023, 18:46
Francisco Rivera Francisco Rivera
Una Anónima Más: Por ahora atiendo algo imprevisto, justo en este momento. Pero en el transcurso del día, lo hago. Me interesa tu temática.

  • Carolina P. Carolina P.
    Gracias, no hay problema 🙂 December 12, 2023, 11:08
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