vampiredramaqueen Kenia De La Torre

Un abogado se ve forzado a rescatar al pequeño hijo de un amigo asesinado, en el que descubre con el paso del tiempo, peligrosas tendencias.


Драма Всех возростов.

#]
3
2.5k ПРОСМОТРОВ
В процессе - Новая глава Every week
reading time
AA Поделиться

Ráfaga

No había cosa más incómoda que visitar la hacienda de José Manuel Mendívil, así fuera su mejor amigo y cliente desde hacía varios años, pero ahí estaba. Aunque su visita cómo siempre, no se debía a un simple deseo de socializar. Deseo del que además, carecía su carácter.


Algo no andaba bien, eso lo sabía. Por algo lo había llamado.


—¿Entonces se van a ir? —preguntó Andrés Peters finalmente, para luego pasear la mirada a su alrededor disimuladamente en busca de una posible ruta de escape.


Y no es que él planeara algo, nada de eso solo le gustaba estar ubicado en tiempo y espacio por si cualquier cosa sucedía. Arriba, abajo, puertas, ventanas, muebles... Nunca se sabía.


—Es necesario —continuó y sonrió al observar las manías de su abogado, siempre tan aprehensivo—. Solo espero poder sacar a los niños al menos. ¿Crees que puedas ayudarme con eso? Yo no sé si lo logre. Tengo días sin dormir, están esperando que baje la guardia.


—Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. José, déjame llevarme a los niños de una vez. Yo no estoy tranquilo tampoco. Podrían irse los dos y cuando se sientan seguros, se los llevo, incluso personalmente.


—¿Harías eso?


—Por supuesto.


—¿Pero tú qué sabes de niños? Si eres el soltero más empedernido que conozco.


—Solo será un tiempo, no para siempre. Te prometo que estarán bien, contrataré a alguien que los atienda las veinticuatro horas. Te aseguro que conmigo estarán mejor qué con nadie.


Y tenía razón. Además, ya casi toda su familia estaba muerta y la de su esposa lo estaría muy pronto.


—¿Qué dices, Aurora? —le pregunto a su esposa, quién recién se había aproximado.


La mujer hizo un puchero ante la pregunta intentando contener las lágrimas, pero ante el panorama no lo consiguió y comenzó a llorar, por lo que, sin palabras, mostró que estaba de acuerdo y Juan Manuel se paró para abrazarla.


—Todo va a estar bien, solo serán unos días mientras nos ponemos a salvo —murmuró en su oído—. Traiga a los niños consuelo, por favor.


—Sí, señor.


Aurora presentía que esa sería la última vez que viera a sus pequeños; Nicolás de un año y Cassandra de cuatro, de ahí su reacción.


Ayudada de otra empleada, bajaron de prisa con los dos infantes.


Era imposible no sentir ternura por semejante par de niños. La mayor, Cassandrita era morena cómo su padre pero con una mirada pícara y vivaracha cómo la de su madre, una preciosa rubia natural de ojos verdes. Por otro lado, Nicolás se asemejaba a una de esas adorables representaciones de cupido con sus ricitos rubios y un par de enormes ojos redonditos de color indefinido todavía.


Andrés sonrió y enredó la punta del índice en uno de los dorados rizos del menor, quién descansaba la cabeza en el hombro de la nana.


La madre tomó al niño en brazos, lo estrecho y besó. Luego fue el turno de la pequeña y su padre.


Apenas Aurora le entregó el niño a Peters, varios disparos acabaron con la vida de ella, de su marido y de la niña que Juan Manuel sostenía en los brazos.



Horrorizado, Peters corrió logró ponerse a salvo detrás de una gruesa pared de ladrillo, protegiendo al aterrado bebé con su propio cuerpo. Una vez se detuvieron los disparos, revisó rápido al niño para correr al despacho en dónde había un librero falso que ocultaba una salida secreta.


Bajó al niño para cerrar la puerta camuflada y correr con Nicolás en brazos, tan rápido cómo pudo hasta la salida del túnel, dónde ya no había ni un solo vigilante, todos se habían marchado.


Al final del pasadizo, se encontraba una casa vieja y abandonada, casi a la orilla de la carretera.


—Ya, ya bebé, ya pasó —consoló al niño que estaba a punto de llorar a causa de todo el estrés de los disparos y posterior huida—. Ya pasó chiquito, vas a estar bien


Lo abrazo, lo arrullo un poco y le dió un beso en la cabeza. Sabía que eso sucedería en cualquier momento, pero jamás imaginó que tan pronto y de esa forma.


Caminó largo rato por la orilla de la carretera, hasta encontrar a un buen samaritano que lo llevó hasta la ciudad donde residía. Ahí tomó un taxi a su casa que aunque no era una mansión, sí era lujosa y elegante.



Recostó al pequeño en su cama mientras se cambiaba de ropa en el baño. Salvo algunos golpes y raspones, no tenía más heridas.


Llegaron con lo puesto y seguramente Nicolás despertaría más tarde con hambre y necesitaría pañales, y ropa. Tenía que comprar muchas cosas, pero por el momento, se concentraría en lo más urgente


Llamo a Carmela, una de las empleadas y la dejó a cargo mientras iba a comprar lo necesario.


Andrés era entonces un treintañero sin compromisos sentimentales de ninguna clase, exitoso, un abogado penal que mantenía nexos con gente de dudosa reputación, pero que en un país corrupto, eso a nadie le importaba.


Habría sido muy fácil deshacerse del niño, dejarlo en la puerta de un orfanato y quitarse problemas que no le correspondían, pero no pudo. De sobra sabía cuan horribles podían resultar esos lugares. Además, le prometió a su amigo cuidar a sus hijos en su ausencia, aunque ahora dicha ausencia sería permanente y solo sería uno en lugar de dos.


Recordar qué él mismo fue adoptado a los diez años, cuando ya no tenía esperanzas de serlo, le ayudó a tomar la decisión. Además, Nicolás en ninguna otra parte estaría mejor qué con alguien que conocía más que a una familia que solo vio una vez en la Navidad, alguien cómo él, con quién había convivido desde que llegó al mundo.


De lo legal se encargaría después.


—¿Cómo está? —preguntó a Carmela, la señora de la limpieza.


—Ya se durmió. Pero va a necesitar pañales.


—Y comida. Pero, ¿Qué come un niño de esa edad?


—¿Cuál edad?


—Tiene un año —se acercó y acarició su cabecita con ternura. Había pasado por tanto en solo unas horas.


—Papilla y biberón todavía.


—No le diga a nadie que el niño está aquí. Voy a salir, Nicolás necesita cosas. De hecho, necesita todo.


—¿Así se llama?


—Sí. Está precioso... ¿No le parece?


—¿Y de dónde lo sacó?


—Larga historia, nos vemos más tarde.


La adrenalina aún corría por el cuerpo de Andrés. Estaba un poco paranoico y ansioso, pero recordó qué, previsor cómo era, nadie podría vincularlo con lo sucedido en el rancho de los Mendívil.


Entró al estacionamiento de un supermercado y entró para adquirir todas las cosas que un niño de esa edad pudiera necesitar.


Tuvo que hacer muchas preguntas y salió con un carrito hasta el tope, de todo lo que las coquetas empleadas, lo convencieron de que debía llevar.


Era un hombre alto, delgado, de abundante cabellera, ojos claros pero sin idea de lo que significaba criar a un bebé. Sin embargo, por alguna razón, la idea lo entusiasmaba mucho.


Cuando Carmela lo dejó listo, limpio y alimentado, Andrés se acercó y lo miro largo rato, dejándose conquistar por ese ser tan vulnerable que ahora tenía enfrente.


7 ноября 2022 г. 18:16:11 0 Отчет Добавить Подписаться
4
Прочтите следующую главу El deber

Прокомментируйте

Отправить!
Нет комментариев. Будьте первым!
~

Вы наслаждаетесь чтением?

У вас все ещё остались 8 главы в этой истории.
Чтобы продолжить, пожалуйста, зарегистрируйтесь или войдите. Бесплатно!

Войти через Facebook Войти через Twitter

или используйте обычную регистрационную форму