samsam Sam Hirsz ㅤ

❝Nos habíamos reparado, pero yo aún nos sentía rotos❞ Jung Kook sabe que las pequeñas mentiras que se cuentan por teléfono no pueden sostener una relación, pero tampoco puede hacer mucho cuando se desplaza a su alrededor como el más perfecto de los hombres. Kim Tae Hyung lo ha destrozado innumerables veces y no puede hacer más que rellenar las fisuras de oro, con la esperanza de que no lo haga de nuevo. ፧ ੈ Categoría: Drama | Romance | Angst ፧ ੈ Extensión: OneShot ፧ ੈ Pareja: TaeKook ⚘TH Top! ⚘JK Bttm! ፧ ੈ Edición: 27022022 (12:30am) ፧ ੈ Publicación: 27022022 (7:50pm) ፧ ੈ Gráficos: Yo merita. (En mi insta se puede apreciar mejor, búscame como @SamHirsz). © Samantha Hirszenberg, 2022


Фанфик Группы / Singers Всех возростов.

#OneShot #drama #Angst #bts #TaeKook
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NBLAH

𖥸 | PRETTY LIES



Habíamos callado, pero aún escuchaba nuestros reproches; nos habíamos perdonado, pero aún te guardaba rencor. Nos habíamos reparado, pero yo aún nos sentía rotos.

¿Cómo podía olvidar todo y empezar de cero?

Siempre fuiste todo lo que odiaba en un hombre. Irresponsable, altanero. Eras del tipo que cogía y al día siguiente se proclamaba casto; y no era como si me importaran tus mentiras, tú podías hacer de tu vida un cielo, un purgatorio o un infierno y yo no podría decir nada al respecto. ¿Pero era necesario venir y decirme que me amabas para desmentirlo al siguiente día?, ¿Decir “lo juro” en lunes, y “lo imaginaste” en martes?; Estoy cansado de tirar toda la responsabilidad sobre mis hombros, te creí porque no tenías razones para mentirme, ¿o sí?; Después de esa plática en la madrugada, a la entrada de tu departamento, cuando nos quedamos fuera porque estábamos más ocupados con otras cosas y el portero ya no quiso abrirnos pasadas las diez de la noche... justo después de eso debí darme cuenta de la magnitud del desastre que eras.

Reímos bastante. Y después nos seguimos besando, ¿lo recuerdas? En ese entonces dije que nunca había besado a nadie... Pero lo cierto es que los tuyos me hicieron olvidar los besos de los que habían llegado antes que tú. Eras todo lo que había soñado alguna vez. Y quizá era el miedo quien me orilló a apartarte con violencia de un segundo a otro, cuando el calor comenzaba a viajar por otras partes de nuestros cuerpos, porque si bien todo lo que estábamos viviendo parecía una idílica fantasía, también sabía perfectamente cómo solían terminar todos mis sueños.

Era demasiado. Eras demasiado.

Tenías que perdonarme.


—Sé quién eres, Tae —solté entre jadeos que me supieron vergonzosos e infantiles. Un mechón humedecido caía por tu frente, y tu boca era más roja de lo habitual, quizá por la presión de nuestra propia desesperación arremetiendo contra tus vasos sanguíneos. Tu rostro estupefacto me supo intimidante—. Pero, sobre todo, sé quién soy, por eso sé que las cosas no van a salir bien.

Una risotada irónica se dibujó en tu rostro fino. Maldita sea, ¿cómo podías lucir de las maneras más tiernas en un minuto, y al siguiente de las más intimidantes? Creí que estabas enojado. Me tomaste con fuerza de la cintura para arrastrarme y me resistí todo lo que pude. Y aunque siempre fui más fuerte que tú, mi naturaleza tímida no podía hacer mucho cuando me mirabas de esa forma.

De cualquier manera, doblé el brazo y puse mi codo en tu cuello como advertencia, no iba a dejar que me usaras a tu antojo, y lo sabías. No volverías a robarme otro beso por más que lo intentaras, no volverías a mentirme, descarado y malnacido. No volverías a herirme, no si yo no te daba la autorización primero. Entonces acariciaste mi cabello con tanta suavidad y sentí que la dignidad se me caía al piso, que la acarreaban las hormigas hasta sus madrigueras, y que me dejaban allí, sintiéndome humillado e impotente. Mi respiración pesada acompasaba con la tuya, eso también lo recuerdo... También recuerdo la emoción que me embargaba en la boca del estómago de tan solo sentir tu aliento cerca del mío. Y abriste la boca, como si me reprocharas, te hacías el indignado.

Tu toque era todo lo suave que no podían ser tus palabras.

—¿Quién soy, según tú? —me retaste a responder.

—Un maldito zorro de mierda —escupí, quizá con los ojos muy abiertos, en un intento de memorizarme tus formas en medio de la obscuridad. La luz que se reflejaba en tus mejillas me hacía soñar sobre tus sonrisas y tus carcajadas, a pesar de que todo lo maravilloso que podrías llegar a ser, se arruinaba con la realidad de tus circunstancias particulares. Porque yo te querría solo para mí y tú no querrías pertenecer a ningún lado. Porque tendría que compartirte con muchos y nunca fui bueno compartiendo con nadie—. Puto hasta la médula —recalqué, quizá amando la manera en la que tu alegría se ensanchaba más y más, a la par que tu presión aumentaba un poco sobre mi cuerpo, pero sin que nunca llegase a doler o lastimar (ya encontrarías otras formas de lastimarme después); alegría que no disminuía pese a mis insultos y reproches, pese al ambiente ácido que dejaban mis palabras en tus anhelos—. No puedes aguantar dos días sin cogerte a una persona diferente, no puedes soportar la quietud, la estaticidad... Y yo no puedo ser otra cosa que esto que soy. No te juzgo —aclaré antes de continuar—, solo te pido que no juegues conmigo porque yo no sé jugar como tú.

Llevaste la cabeza hacia atrás, como si buscaras algo en el cielo. Tu sonrisa nunca desapareció y te sentí suspirar. Tu pecho estaba caliente y mi brazo seguía haciéndola de división entre nosotros. Lo aparté como pude, a sabiendas de que no quería que me soltaras. Me hice el débil, solté un par de quejidos falsos, maldición, realmente actué como si no pudiera soltarme solo porque quería estar entre tus brazos tan siquiera un segundo más. Ni siquiera sé si lo notaste, pero si lo hiciste, agradezco a día de hoy que hayas fingido también, porque aún si no tengo muchos recuerdos agradables a los cuáles regresar, ese momento se volvió especial para mí e incluso ahora me hace sonreír como un idiota.

—Te enseño —soltaste, mientras levantabas una ceja de una manera tan pícara y descarada que no pude evitar abrir la boca a manera de indignación. Todo dentro de mi pecho se volvió loco y entonces ya no quise seguir fingiendo que no podía librarme de tus brazos, porque te darías cuenta que mi corazón estaba a punto de estallar debido a ti y ya no quería humillarme tantas veces en una misma noche.

—Vete al diablo, Tae Hyung —escupí a modo de defensa. Quería mantenerme lejos, pero... ¿Cómo podría rechazar tus dedos deslizándose a través de mis mejillas?

Esas fueron las mejores partes. En las que las peleas tontas llenaban nuestros días. Como un estúpido juego de tira y afloja, en el que sabíamos que ambos nos queríamos (de alguna manera rara, pero lo hacíamos). De pronto, nos encontraba bebiendo en el tejado del edificio al que me había mudado recién, hablando sobre cosas que me cuestan recordar con exactitud. Es que ni siquiera importaba. No importaba cuál era el tema, si era tu voz la que lo exponía. Quizá si hubiera puesto pausa allí, en esa noche, clamaría al mundo que aquel fue el último día de mi vida, que todo lo que vino después no existió; y que lo que nos aqueja ahora, no es más que el producto de una imaginación herida y ociosa, aburrida de la monotonía que solo puede dar la verdadera felicidad.

Salíamos juntos todos los días. Cenábamos juntos, dormíamos juntos también. No necesité veintiún días para saber que estaba acostumbrado al calor de tu cuerpo, sin embargo, al pasar ese tiempo, comprobé que la costumbre no es dolorosa en sí. Así como tener una costra puede no doler, pero arrancarla antes de tiempo sí puede hacerte gritar y maldecir un par de veces al viento. ¿No sería que nos arrancamos mutuamente antes de tiempo?

Por supuesto tú no ibas a cambiar. Por eso había alguien más en nuestro departamento, ¿no?

Por supuesto yo no iba a cambiar. Por eso grité preso de la rabia que me ocasionaba tu engaño.

Pero es que, todo, absolutamente todo había sido mi culpa. No tenía derecho a sentirme como me sentía, me repetía mi propia mente. Pero mi cerebro tampoco se encargaba de hacer menguar a la rabia de saberte ajeno, de saber que la cama de la habitación no solo había visto a nuestras pieles desnudas, sino que había más piezas en ese rompecabezas que me negaba a unir por miedo a la imagen que se formaría a su costa. Una en la que tú no habías sido hecho para mí.

Ambos nos habíamos puesto una puta correa. Nos decíamos amar como a los dioses, pero nos tratábamos como demonios, incapaces de dominar sus impulsos. Tú el de la promiscuidad y yo el de los celos. Y me pedías perdón. Tomabas de mi muñeca mi frustración y me demostrabas cuán dulce podías ser justo después de herirme en sal. Besos de sal. Esos me dabas. Porque llorabas también, decías sentirlo, y a pesar de saber que tus palabras eran injurias a mi intelecto, no podía de nuevo separarme de ti, de tu corazón frenético bajo tu pecho, de tu calor o de tus mentiras, tus dulces mentiras sabor a Reese’s y tabaco. Sabor a traición y también devoción. Sabor a mal, y a bien, a caos y paciencia; sabor a un amor mal desarrollado, a un amor propio que nace muerto.

Y lloro. No puedo evitar llorar como si una tormenta se apoderara de la habitación, de donde ese chico intruso ha tomado sus ropas y ha salido corriendo, balbuceando disculpas que no me interesan; sin saber que ha tomado mi mundo y le ha clavado un cuchillo en una herida que yace abierta desde mucho antes de su llegada. Porque no es tu engaño el que me lastima, sino el saberlo latente desde el principio y no haber tenido la dignidad suficiente para apartarte de mi lado, a sabiendas del daño que me harías.

Pero, a diferencia de otras veces, esta vez tú también pareces herido. Tú también pareces profundamente quebrado. Y me estoy esforzando tanto, para no imaginar que te arrepientes, porque entonces no seré consciente de mis propias acciones y te tomaré en brazos y te diré, «olvidémoslo, empecemos de cero una vez más».

Una vez más.

Iniciaremos de nuevo. Lo hemos acordado, entre miradas frías y cuerpos calientes, entre silencios quebrados, entre tempestades y sollozos de vidrio. Y así es como hemos vivido desde entonces, iniciando de nuevo cada cuatro meses. Tiempos en los que me dices amar, pero en los que tampoco pierdes la oportunidad de romperme el corazón.

Y no importa lo que haga, ni cuánto quiera hacer honor a mi juicio. Si cuando vuelves y me llevas en la boca, cuando me besas intenso fuerte, dulce y demandante... me haces sentir que, pese al dolor que ocasionan, incluso las cosas rotas pueden seguir funcionando.

ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𖥸·᪥·𖥸


Nota de Autor:

Este es de mis os's favoritos, espero que también les haya gustado ♡


Love, Sam 🌷


15 июня 2022 г. 19:46:29 2 Отчет Добавить Подписаться
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Об авторе

Sam Hirsz ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ hi! this profile was written by samsam Escribo mucho, actualizo lento; pero amo hacer esto.

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AP Annie P.R.
Profundo y doloroso. Coodependencia emocional.

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