ozymandias Ozymandias

"Seiryu Asura a su corta edad entendió que el mundo no es un lugar bonito. A través de libros entendió que este mundo solo era un eterno siglo de guerras interminables. Cuando sus padres mueren, el poco equilibrio de poder en el mundo termina de romperse y la inestabilidad política entre las naciones se vuelve extrema. Finalmente las fuerzas de Goryeo en el este y las fuerzas de Taira en el oeste, invaden territorio neutral, declarando una nueva guerra. El Shougunato sabe que en su estado actual les es imposible ganar la guerra, no sin sacrificios. Por esa razón, usan todo lo que tiene a su alcance para que Sennan y el País de Shyrsen salga victoriosa. Asura y muchos más niños serán enviados a una guerra que no saben si podrán ganar. Morirán y sangraran por su patria. Verán cómo sus conceptos morales se van volviendo más inexactos y ambiguos, hasta el punto de no poder reconocerse a sí mismo. Se convertirán en verdaderos niños soldados. Al final de su recorrido, ¿Valió la pena todo lo que hizo y lo que perdió a cambio de este enorme vacío? ¿Incluso con sus habilidosos ojos, fue ciego?" © Todos los derechos reservados


Фэнтези Темная фантазия Всех возростов.

#drama #guerra #angustia #perdida #Romance-tragico
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Capitulo 1

Capítulo 1.


Las noches en Hainan siempre fueron agradables. El clima cálido, la brisa fresca de la noche, la luna grande en su ventana, las estrellas y el llamativo alarido de las personas que volvían a sus casas.

Tan solo respirar esta tranquilidad era suficiente para él.

Podía ver la luz de la luna entrando por su ventana.

Hoy había luna llena y lo inspiraba para seguir continuando con su lectura. Iluminado por la luz de su lámpara, sentado en su pequeña mesa de escritorio, pasó a la siguiente página.

Solo leer le podía hacer olvidar, aunque sea por unos segundos, del mundo donde había nacido. Si bien las fábulas que tanto admiraba, eran sobre mundos plagados por la guerra, devastados por la violencia humana. A través de ellos pudo sentir las emociones del autor. Que tristemente solo eran el reflejo del mundo donde vivían.

Niños soldados siendo entrenados para matar y morir por sus causas sin sentido. Familias destrozadas por las interminables guerras. Huérfanos perdiendo la inocencia, por un mundo que solo les escupió a la cara. El mundo en donde vivía, el mundo dominado por los Shougunato no era un lugar agradable. Construido sobre la sangre de los inocentes. Impulsada por la avaricia de los pueblos y sus gobernantes, detestando a las naciones menores y sindicatos de mercenarios privados. Cuando ellos eran un gran sindicato glorificado.

Si tan solo hubiese nacido siglos después, no tendría que soportar este mundo violento. La idea de entregarle tu vida a una bandera, por el resto de tu vida, le era desagradable. Era aún peor, cuando solo podías salir muriendo en batalla, o quedar tan mutilado para ser inservible para tu nación.

Viendo la página que no había comenzado a leer, se dio cuenta de que se había perdido nuevamente en sus pensamientos. A menudo le sucedía, ser tan consciente de uno mismo a veces lo deprimía.

Quería ser como los demás niños, alguien que no le importase lo que le rodeaba, jugando y corriendo con otros niños. Siendo ruidoso.

Pero no era como ellos y no sabía el porqué.

A pesar de estar sumido en esta depresión de no poder controlar su vida, de no poder romper los grilletes que lo ataban. Él era genuinamente feliz.

Dejó su libro sobre su escritorio, y se dirigió a la puerta de su habitación.

Bajó las escaleras y ahí los vio. Una mujer con una larga cabellera roja, su rostro adornado por sus hermosos rasgos.

Si, ella era su madre.

Quitando rápidamente la depresión de sus rasgos y colocando una sonrisa en su rostro. Se acercó a ella y se aferró a las faldas de su madre.

Era reconfortante y le daba una sensación de seguridad.

Si, él amaba a su madre. Se permitió soltar algunas lágrimas.

"Mi pequeño Shuu-chan sigue siendo tan adorable y apegado a mamá como siempre", la mujer pelirroja parecía bastante feliz con esto.

No podía creer que su bebé ya cumpliera 4 años. Era como si fuese ayer cuando lo llevaba en sus brazos a todos lados. Intentando hacer ver que su bebé era hermoso.

"¿Quieres que mamá te mime un poco más?", vio cómo su hijo la veía tímidamente con sus ojos violetas y asentía con su cabeza.

Sus ojos la fascinaron desde el primer momento que lo vio. El extraño patrón en su iris era como si un sol oscuro estuviese moviéndose tenuemente, pero el centro era tan claro como un día soleado. Un poco de verde jade también podía verse dispersos en algunas partes.

Ojos hermosos para ella.

Pasó sus manos sobre los cabellos rojos de su hijo. Se parecía tanto a ella. Sentía orgullo de solo verlo.

Porque él era su hijo.

Asura no negaría a nadie que la persona que más amaba en este mundo era su madre, y tampoco negaría que es un niño de mami. Quería ser un niño y quería ser mimado por su madre todo el tiempo que fuese posible.

La guerra había acabado, las naciones involucradas estaban en una tregua por el momento. Y no tenía duda de que algún día tendría que enfrentar los horrores de la guerra con sus propios ojos. Porque se esperaba eso de él. Porque era hijo del actual Shougun, Eisaku Gyalse. Además porque era uno de los pocos vivos de la Casa Seiryu, clan que dominó por completo el País de Geon en los mares del este. Y por sobre todo, porque tenía unos malditos ojos, los Rinnegan.

Él no quería ser un Shinobi. Solo quería ser alguien normal, tener una vida normal, una infancia normal. Tal vez estudiaría historia en un futuro. O economía. Pero su sangre ya había dictado su destino y este mundo lo había sentenciado.

No importaría cuánto lo intentase en el futuro, no podría elegir otro camino más que el de un ninja.

Lo único que esperaba era que pasaran años o décadas para eso.

"¿Qué hay de papá?, ¿No piensas darme un abrazo también a mí?", preguntó su padre. Su hijo solo se aferró más a la pierna de su madre.

"Esto es imposible" pensó. Su hijo solo era cercano a su esposa.

Si bien le había enseñado a leer y se sorprendió con lo rápido que aprendió. Eso solo hizo que se distanciase aún más de él.

A menudo lo observaba leyendo libros avanzados, con contenido oscuro sobre su mundo.

Estaba seguro de que eso le estaba afectando. Nadie a su edad tendría que saber la oscura realidad de este mundo. Esperaba que cuando su siguiente hijo o hija naciese, él cambiase un poco. Pero no lo sabría en estos momentos.

Se decía que los Seiryu sentían un inmenso amor por su sangre y por los suyos. Que siempre encontraban el camino a su hogar sin importar lo que sucediese. Tal vez esa era la razón por la que su hijo era más apegado a su esposa. Después de todo, la sangre de la casa Seiryu corría fuerte en sus venas.

Dejando a un lado sus pensamientos, miró a su esposa una vez más. Ya había hecho los preparativos para el parto de su segundo hijo.

Esperaba que no hubiese problemas, como lo hizo con el parto de Asura.

"Los preparativos fueron hechos. Ya tendría que acercarse la fecha", Gyalse comentó.

Era feliz, y sabía que a pesar de todo ella era feliz.

Dos huérfanos, unidos por el destino, compartiendo su tristeza y su soledad hasta convertirlo en un lindo romance.

"Shuu chan, ¿lo escuchaste? Tendrás a tu hermanita muy pronto aquí", la pelirroja vio cómo la emoción se encendía en los rasgos de su hijo.

Asura estaba feliz y triste. Feliz porque tendría una hermana a quien poder mimar y poder educar, y triste porque no quería el destino de un Ninja para ella.

El no era optimista y era realista con lo que pensaba. No sería un idealista como el ingenuo y bondadoso de su padre. Era posible que su hermana muriera joven si se convertía en un ninja. Y eso le dolía.

¿Cuál fue la razón de nacer si ese era tu destino?

Una mejor pregunta.

¿Por qué había nacido en este mundo?

Su padre estaba en el trabajo y él había salido a caminar con su madre por el mercado. Era algo que siempre hacían por las mañanas. En especial le gusta este mercado, sus puestos llenos de mercancías, los vendedores eufóricos en la hora de mayores ventas, la gente y sus amables sonrisas. Lo hacían sentir como alguien normal.

Hoy especialmente era una mañana más fría de lo habitual, era octubre después de todo. Tenía los dedos congelados, y le dolían por tener que llevar las compras de su madre. Pero no se quejaría, tenía que ser buena con ella. Su madre en su condición actual no tenía que esforzarse de más.

Miró a su madre que hablaba con la vendedora del puesto de frutas. Era una mujer de alrededor de 30 años. Se podría decir que ella era una mujer linda. Pero tampoco le sorprendió, después de todo, todos los días veía a su hermosa madre.

La sonrisa de su madre y sus expresiones alegres cuando hablaba con esta mujer le sorprendía. Hasta donde sabían no eran amigas, sino sólo eran conocidas.

Nuevamente se había perdido en sus pensamientos.

Fue sacado de ellos al escuchar su nombre. Ambas mujeres estaban hablando de él.

Por sus expresiones divertidas, se estaban burlando de él, eso era seguro.

Miró detrás de la vendedora, ahí estaba esa niña nuevamente. Ella siempre estuvo ahí.

Su cabello oscuro estaba un poco despeinado. Su ropa era prolija y limpia. Sus gruesos lentes siempre mirando hacia su libro. Su contextura era un poco gorda, pero la palabra gorda no era una que le gustaba para referirse a ella, o para detallar una parte de ella.

Miró a su madre nuevamente y le hizo un gesto para poder descansar. Su madre lo captó y asintió con la cabeza confirmándolo. Luego continuó con su charla animada con la vendedora.

No había mucho lugar donde elegir para descansar, así que solo se sentó en un taburete al lado de la niña. Ella tendría alrededor de su edad. Cada vez que la veía tenía un libro diferente en sus manos.

No se dio cuenta que la estaba mirando tan fijamente hasta que las regordetas mejillas de la niña se colorearon de rosa. Dirigió su mirada hacia su libro en consecuencia. Era un libro sobre la época feudal, la era del séptimo reinado de este país. Cuando los ninja no eran muy conocidos. Y donde los registros históricos aún son confusos.

A menudo se preguntaba qué había antes de ellos. Antes de los humanos. Los registros del mundo ninja no iban más atrás en el tiempo que de la época de los feudales. Pero eso era hace poco menos de un milenio. Tenía que haber algo antes, mucho antes. Una historia que este mundo lleno de guerra no conocía y no se dignaba a conocer.

Miró el libro por lo que parecieron segundos.

Nuevamente se perdió en sus divagaciones.

Asura se dio cuenta que la niña había dejado de leer para verlo. No a él sino a sus ojos. Ella posiblemente tenía curiosidad por sus extraños ojos.

Era normal, la población no Shinobi no sabía sobre la leyenda de los Rinnegan. Hasta para los Shinobi, la información sobre sus ojos era escasa. Lo que sabían sus padres sobre sus ojos, fueron gracias a las leyendas Taoista y budistas, y por los registros históricos dejados por los escribas de la casa Seiryu a lo largo del tiempo.

Leyendas sobre el hijo de Tsukuyomi.

Asura la vio fijamente. Sus ojos se encontraron con los de ella directamente. Él no sabía el nombre de ella, y ella no sabía el nombre de él. Pero así era mejor, su relación solo se basaba en la lectura. Nunca hablaron tampoco. Solo compartieron el tiempo mientras sus madres hacían lo suyo.

Fue relajante.

"Es hora de irnos, Shuu Chan", su madre llamó. El se levantó del taburete y tomó las bolsas de las compras. Miró a la niña y le hizo un gesto de despedida.

Ella lo vio y asintió con la cabeza, para luego volver a su libro.

Caminó al lado de su madre nuevamente. Tenían que regresar a casa para hacer la cena.

Días normales como estos, estarían siempre en su corazón. Para cuando quisiese recordarlos, los desenterrase y volviese a estos agradables días. Recordaría la muchedumbre que hacían sus compras, las sonrisas de su madre y la compañía que le hacía su silenciosa amiga.

De regreso a su casa, Asura vio algo que le llamó la atención. Nada inusual, solo un libro de un país extinto.

El país de Danzeng.

Lo inusual no era el libro en sí, sino su contenido.

En otros libros había leído que Danzeng fue un país que apareció de la noche a la mañana y su inusual tecnología los volvió una amenaza para todos en el mundo. Inventos que parecen ser sacados de una historia ficticia.

Su madre jamás le negó nada, y esta vez no fue la excepción.

Fue feliz mientras regresaba a casa con un libro nuevo.

Tres operativos Anzen estaban parados frente al joven Shougun. Sus máscaras blancas no dejaban ver ninguna expresión.

"Towa, Tora, Sei, ¿Cuál es el informe de su misión?", la voz de Gyalse era autoritaria.

"Las fronteras con el País de Behera han sido vulneradas, nos enfrentamos con las operaciones negras de Zeya. Perdimos a Gazeru y Kage en un ataque Kamikaze. Pero logramos expulsarlos de nuestras fronteras”.

“También recibimos información de los demás escuadrones, Anzen de Azhuan y Anzen de Zeya han tenido una feroz batalla en los desiertos de Kaitan, en su costa sur”.

“El Shougun, Sabaku Kougyu los diezmó a todos".

Gyalse suspiró con cansancio. Era la quinta incursión en su territorio este mes. El mundo se estaba volviendo inestable nuevamente. Que operativos de Azhuan hayan incursionado en el desierto de Kaitan, eran malas noticias. Su alianza con ellos era débil y esto lo haría aún más.

"Pueden retirarse", Gyalse los despidió con un movimiento de muñeca. Los operativos desaparecieron en un parpadeo.

"¿Qué opinas sobre esto, Yuan?", "¿Crees que se aproxime otra guerra?", preguntó el rubio líder.

Sus ojos se posaron sobre su predecesor, el viejo Shougun.

"Solo han pasado 4 años desde que la última guerra acabó. El ejército de Azhuan es un desconcierto. Además El País de Goryeo se ha aislado por completo. No sabemos qué pasa en ese lugar”.

“Las fuerzas de Zeya no son suficientes para iniciar una guerra en estos momentos. Así que El País de Taira no hará nada estúpido”.

“Además, el Shogun Sabaku Kougyu devastó la mitad de las tropas de Nanzen. El País de Kaitan y las tropas de Seik no tienen los recursos ni el poder para invadir otra nación, pelear dos frentes en la última guerra los dejó muy debilitados".

"Hainan es la única aldea que tiene el poder para frenar una guerra en el futuro próximo", después de todo habían sido los vencedores de la última guerra.

Gyalse niega con la cabeza.

"Esto ya es una guerra, solo que no la han declarado aun". Conocía bien el precio de declarar la guerra en estos momentos. "Si declaran una guerra en estos momentos, las economías se vendrían abajo, los precios de los alimentos se dispararían, el precio del Hierro estaría por las nubes de nuevo y el valor del dinero perdería contra sus reservas en oro que los distintos Daimio tienen en sus bóvedas. Haciendo que el poder de adquisición del dinero bajase drásticamente. Aumentando la pobreza en el mundo.", esa era la única razón por la cual aún no había declaración de guerra oficial.

Se destruirían a sí mismos. El precio a pagar fue alto para todos. Incluso para ellos.

Gyalse, cuando aceptó el cargo de Shougun, jamás imaginó lo difícil que era el trabajo. En esos días tenía la cabeza llena de idealismo y sueños de paz. Aún tenía sus sueños de paz, pero ahora sabía que este mundo no solo puede ser cambiado por palabras lindas.

En estos momentos solo quería regresar a casa, ver a su familia y olvidarse de los problemas del mundo.

"Le ordenaré a Shuang que envíe a algunos de sus agentes privados a patrullar y encargarse de cualquier problema que pueda suceder en la frontera con el País de Behera ", Yuan dijo.

Parecía más viejo estos días. Ciertamente no se estaba volviendo más joven, pero años de conflicto le estaban pasando factura.

No le gustaba Shinran Shuang, ni tampoco como entrenaba a sus agentes privados. Era inhumano ante sus ojos, lo que hacían y lo que les hicieron.

Frunció el ceño.

Shirgen Yuan tiró un poco del humo de su pipa. Sabía que Shuang estaba mal. Había pensado en desmantelar a sus operaciones clandestinas, pero con este mundo caótico era mejor tenerlo de aliado a enemigo.

No quería discutir nuevamente de esto con Gyalse, así que solo cambió de tema a uno más placentero.

"¿Como a estado el pequeño Shuu Chan?" preguntó el antiguo Shougun.

El Rubio suspiró mentalmente. Ese también era un tema delicado para él.

"Asura está bien, pero ciertamente algo está mal en él", como su padre fue difícil admitir eso en voz alta.

"Su depresión ha crecido. Es muy consciente de lo que lo rodea, y creo que ha sacado sus propias conclusiones de este mundo", suspira una vez más, esta vez de forma audible.

"Creo que no le encuentra sentido vivir en este mundo, y creo que por eso siempre se sumerge tanto en sus libros".

”Ciertamente él no ha nacido para ser un Shinobi, creo que él estaría mejor como un académico o un erudito".

El Viejo Yuan sonrió amablemente, pero sus ojos reflejaban tristeza.

Era irónico. El niño había nacido con un Chi muy fuerte, y los Chakras en su cuerpo parecían haberle dado el poder de controlar varias de las naturalezas elementales. Además sus niveles de Chi eran muy altas para su corta edad, casi como la de un Shinobi de grado medio. Su nivel de aprendizaje era muy alto. Además por sus venas corría la sangre de uno de las casas Shinobi más antiguas que el mundo podía recordar. Y por sobre todo las cosas, había nacido con los malditos Rinnegan.

Las leyendas en el budismo y el taoísmo contaban que el hijo de Tsukuyomi fue el único en poseer esos ojos ancestrales. Con los que se contaba que le dio forma a este mundo, cuando era solo caos.

Especular sobre esto era solo los delirios de un viejo señor de la guerra como lo era él. Pero aunque sea esta vez, realmente quería creer que los cuentos sobre los legendarios ojos eran ciertos.

Tal vez el niño le traería una nueva era a este maltrecho mundo y le daría un poco de luz.

Amaba al niño como si fuese su propia familia. Hablar con él era tan reconfortante pero a su vez, tan descorazonador.

Ningún niño tendría que tener ese grado de entendimiento sobre este mundo.

"No te preocupes, Gyalse. Cuando tenga a su nuevo hermano las cosas cambiarán, él será más feliz", esperó que sus palabras se cumpliesen.

"Por supuesto que lo será. El la malcriara tanto como yo", el joven Shougun espetó con fuerza, su voz mezclada con alegría.

Una sonrisa brillante en su rostro bronceado y el fuego inextinguible en sus ojos celestes. Ahí estaba de nuevo su idealismo y su alma ingenua.

Otro día más con su madre. Asura estaba en una tienda de ropa, ropas de bebé. No era aburrido, pero se estaba impacientando un poco. Este lugar era muy ruidoso para su gusto. A veces deseaba que su madre tuviera más amigas. Sus antiguas amigas estaban muy ocupadas con sus asuntos familiares.

Vio a los alrededores de esta tienda, todo era muy lujoso. Todo aquí era muy caro. Pero a su madre no parecía importarle eso. Ella compraba todo tipo de ropa para ella y para él. Y ahora para su futura hermanita.

Algo que lo agotaba también era el hecho de que los empleados de esta tienda lo adulaban al extremo, al punto de ser insoportable. Era molesto y desagradable.

"¿Te gusta esta prenda, Shuu Chan?", su madre sostenía un pijama entero con forma de tanuki.

Él no tenía gusto por la ropa y esa era la razón por la cual su madre siempre elegía por él. La ropa solo tenía que cumplir una función de todos modos.

Colocó una sonrisa en sus labios y respondió.

"Eso le quedará muy bien a Mito Chan, madre".

Ella le sonrió y le guiño un ojo.

"Lo sé, llevaré una docena o más de estos", la pelirroja advirtió. El vendedor de la tienda se apresuró a tomar la ropa y acomodarla en bolsas.

"Muy buena elección, Kayseri Hime. Sin duda que quedara muy bien a su hija", comentó el dependiente antes de que su mirada se dirigiese a él.

"Joven maestro, hemos recibido una variedad de nuevas prendas de entrenamiento. Quisiera que se los probase. Sin duda les serán útiles para su entrenamiento".

¿Quién era él para decirle que tenía que usar?

Asura no apartó la mirada del dependiente. Quería gritarle tantas cosas, pero su educación lo prohibía. No era adecuado utilizar ese lenguaje en esta ocasión.

Simplemente apartó la mirada para ver a su madre. Ella también lo miraba con cautela, sabía que quería decirle.

"Joven Asura, también recibimos armamento Shinobi de muy buena calidad, con su talento de seguro le serán de mucha utilidad", el dependiente nuevamente presionó.

"Es suficiente", la voz de su madre hizo que el ambiente se congelase y apareciese un clima de tensión. Un quiebre total en su brillante sonrisa.

Su madre era aterradora cuando estaba enojada.

"Esto es todo por hoy, ¿Podría recibir una factura por mis compras?"

"Por supuesto, Kayseri Hime", la voz del dependiente fue temblorosa por un momento. El cajero se apresuró a cobrar y entregar la factura.

El dependiente lo vio nuevamente, podía ver el resentimiento en sus ojos.

El solo le dio una mirada indiferente antes de dejar de verlo.

Lo que este sujeto pensase de él, lo tenía sin cuidado. Tal vez su actitud podía ser confundida con arrogancia, pero nuevamente no le importó.

Al retirarse del lugar, cuatro de esos enmascarados aparecieron y se llevaron las bolsas de compras.

Los operativos Anzen, su padre los usaba para todo. Incluso para mimar a su esposa. Reconoció a uno de ellos, su flujo de Chi y sus Chakra era inconfundible. Era Seiwa, uno de los subordinados más leales que tenía su padre.

Seiwa lo vio, y él a cambio mantuvo su mirada. Sin inmutarse o retroceder.

Ciertamente había algo muy malo dentro del niño, como lo había dicho el viejo Shougun.

Hoy había sido un día como cualquier otro, la mañana comenzó con el caminando con su madre al mercado, comprando frutas y algunas verduras.

Regresaron y su madre se colocó a hacer la cena, y él se sentó a leer un poco en una pequeña mesa en la cocina.

La tarde había transcurrido sin problemas. Se había sumergido tanto en su lectura que no se dio cuenta que el sol ya se estaba ocultando.

Tuvo que dejar su lectura cuando su madre comenzó a sentirse mal.

Era posible que él estuviese más asustado que ella. Parecía dolerle mucho.

Su madre le decía que se tranquilizase, pero no podía. Estaba tan asustado.

Era la primera vez que veía a su madre de este modo. Esa mujer inquebrantable de carácter de acero, ahora parecía tan vulnerable.

Tomó su mano para tranquilizarla, pero su madre fue la que terminó tranquilizándolo.

Asura temblaba de miedo.

Era inútil.

Para su alivio, en un abrir y cerrar los ojos, su padre había aparecido. Y con el 8 operativos de Anzen.

“Tranquilo mi pequeño Shuu Chan. No llores", la voz reconfortante de su madre lo tranquilizó parcialmente. Tanto como lo podía hacer con su rostro fruncido de dolor.

Él solo asintió en silencio.

Su padre tomó a su madre entre sus brazos.

“Volveré pronto mi pequeño tomatito", esas fueron las últimas palabras que escuchó antes que desapareciese con su padre.

Todo se quedó en silencio, el sonido del reloj era su única compañía en esta enorme casa. Y en medio de ese silencio, estaba él.

Por alguna razón se sintió inquieto. Pero no fue diferente a otros días.

Habían pasado unas horas y la ansiedad no lo dejaba dormir, aquellos extraños sueños volvían de vez en cuando y lo atormentaban.

Eran las 8 de la noche.

Intentó dormir nuevamente y lo logró esta vez.

La tierra tembló, el viento se volvió loco y los gritos de las multitudes se escucharon con fuerza esa noche. Shinobi se movía de un lado a otro. Civiles corrían, intentando escapar de la gigantesca criatura que estaba destruyendo su pueblo.

El olor a sangre se esparció en cada rincón del pueblo.

Cuando Asura abrió los ojos, sintió dolor y no sabía que le había pasado. Recordaba haber ido a dormir y luego despertar dolorido.

A pesar de tener los ojos abiertos, no podía ver nada. Tampoco pudo moverse. Tal vez estaba muerto.

Esta sensación le pareció tan familiar, pero no recordaba donde había sido.

Sentía algo cálido en su estómago y quería investigar qué era, pero no podía moverse. La inconsciencia lo llamó y quedó tieso bajo los escombros de su casa.

Cuando sus ojos se volvieron a abrir, estaba de pie nuevamente. De pie sobre nada, parado sobre el inmenso e infinito vacío.

Al mismo tiempo tampoco podía saber si estaba aquí o no, sólo había tinieblas y oscuridad. Nada más que vacío podía verse.

Era extraño, pero recordaba este lugar. Recordaba el vacío. Recordaba que le daba miedo este sitio. No sabía dónde estaba, pero recordaba esta infinita soledad.

Se sintió en casa.

Inclinó la cabeza hacia arriba y observó algo que era completamente antinatural.

Había una grieta en el vacío. También recordó la grieta y como solía observarlo mucho tiempo atrás. Contrastaba con lo oscuro de este lugar, su luminosidad y resplandor, lo había obsesionado desde siempre.

¿Hace cuanto había sido eso?

Ya no lo recordaba.

¿Qué era este lugar?

Ya no era de importancia.

¿Qué era él?

No lo sabía.

Y no podía recordarlo de todas formas. Pero había algo que recordaba.

No era nada, como este lugar.

Solo recordaba una palabra que sentía que era importante. "Uts Zi Un Me Ar Ko Is".

Cuando Asura volvió a abrir los ojos, estaba rodeado por cadenas etéreas color celeste. Aún sentía dolor en su vientre. Quería salir de este lugar.

Lo deseaba.

Cuando operativos Anzen llegaron a la propiedad de su Shougun, solo encontraron escombro de una residencia en ruinas. Una de las enormes patas de Byakko lo había destruido en un segundo.

Era imposible que hubiese sobrevivientes.

"Gyalse Shougun va a asesinarnos", dijo uno de los enmascarados. Sus ojos negros esta noche habían visto mucha miseria.

Estaba cansado.

Estaba frustrado.

"Mozai, cierra la boca. Vamos a buscarlo. Tenemos que encontrarlo. Gyalse Shougun va a matarme de otro modo ", dijo el otro enmascarado. Su cabello gris sobresalía de su máscara.

No quería admitirlo, pero era imposible para un niño de 4 años sobrevivir a esto.

Numerosas cadenas etéreas color celeste empezaron a salir de los escombros. A cada segundo que pasaba su número aumentaba. Entonces los escombros fueron expulsados por las cadenas, lanzándolos en todas direcciones. Y ahí estaba Asura. De pie, tapando con su mano derecha una herida en su vientre. La parte inferior de su ropa estaba completamente empapada de sangre.

Seiwa y Mozai corrieron a socorrerlo y llevarlo a alguno de los lugares de evacuación. Era sorprendente como un pequeño niño pudiese dar tal espectáculo de poder en bruto.

"¿Te encuentras bien, Asura?", preguntó Seiwa. Era obvio que no lo estaba. Pero no sabía cómo hablar con el niño.

El pequeño pelirrojo solo asintió con la cabeza.

"Solo tengo un corte en el estómago", de hecho recordaba que era más grande la herida. Pero ahora no lo parecía tanto.

"¿Dónde está mi padre?", sabía que todo había salido mal. El espíritu de Byakko, el guardián del oeste, se había desatado sobre todos ellos.

Temía por el bienestar de su familia.

"No lo sabemos, Byakko apareció hace 15 minutos. Nuestras fuerzas intentan frenarlo. Pero solo es una pérdida de tiempo. Vimos al viejo Shougun y a su invocación intentando sacarlo de la aldea. Pero al parecer no lo logró".

Tenía que irse de este lugar, Byakko se acercaba a su ubicación, ya no quedaba nadie en la zona.

Un fuerte rugido llamó la atención de los tres. Byakko se acercaba a su dirección con rapidez y su energía demoníaca los dejó paralizados.

No era seguro para ningún humano estar cerca de aquí en este momento.

Asura se quedó paralizado, esta sofocante presencia lo estaba abrumando.

Lo primero que pasó por su mente fue la seguridad de su madre y su hermana.

No pudo evitar que sus ojos se humedecieran. Si Byakko estaba aquí, significaba que su madre estaba muerta, que la pequeña Mito también.

El hecho de que su padre no apareciera por ningún lado, significaba que también estaba muerto.

Un sollozo ahogado escapó de sus labios.

Quería gritar, gritarle a esta bestia irracional por haberle arrebatado a su familia. Pero no encontraba su voz.

Perderlos había sido más fácil de lo que había pensado.

Sus lágrimas brotaron con intensidad.

Sentía que ya no podía seguir avanzando, jamás quiso hacerlo de todos modos.

Era como si le hubieran quitado sus pierdas. Como si ya no pudiese ver el futuro.

Acabar aquí con todo sería más fácil, no había razón para seguir esforzándose de todos modos.

Necesitaba que su madre lo tomase de la mano y le dijese, "Vamos, anda, date prisa", como siempre lo hacía.

¿Por qué morían las personas?

No podía entenderlo.

Caminó hacia adelante, sus ojos fijos en el suelo. Ya no importaba, ya no le importaba este lugar.

La sangre de su vientre goteaba sobre sus pies.

El dolor era fantasmal, pero había decidió que este sería su final.

"¿Los volveré a ver si sigo caminando de esta manera?"

Jamás había sido bueno con las palabras, o para expresarse a través de ellas. Necesitaba poder expresarlo y decirlo claramente. Estos sentimientos que estaban atrapados en su pecho.

"Lo lamento y gracias".

Su corazón se había vaciado en ese momento.

Sus dientes aprietan y solo la rabia queda en ese momento.

Nada más que rabia ciega por la enorme bestia descontrolada que destruía todo a su paso.

Levantó su cabeza y sus Rinnegan se encontraron con el fuego gélido en los ojos de Byakko.

Ojos con fuego gélido con el patrón característico del remolino sagrado.

Sus miradas no se separan. Inconscientemente Asura manda una inmensurable cantidad de Chi atreves de sus Chakra, hasta el último Chakra en su cabeza, al punto del Sahasara en sus córneas.

El poder liberado de sus ojos es tanto que detiene el avance de Byakko, un pulso de energía es liberado en todas direcciones.

Byakko parece aturdido por un segundo, su cabeza se mueve en todas direcciones. Luego baja la mirada y ve al pequeño niño en medio de toda esa destrucción. Sus ojos morados lo veían con intensidad. Brillaban de una púrpura amenazante en esa oscura noche.

Seiwa pudo recuperarse y vio como el demonio del Oeste se encontraba estático, a menos de 100 metros de ellos. Su cabeza inclinada hacia abajo, observando fijamente a Asura. Cuándo iba a tomar acción para rescatarlo, el ambiente se volvió pesado y sofocante. Y escuchó un grito lleno de furia.

Asura estaba gritando desde el fondo de su corazón, podía sentir su ira no reprimida y sus ojos parecían más aterradores que nunca.

De repente, una onda de choque muy poderosa destruyó todo lo que estaba en frente del niño. Byakko fue expulsado por la onda de choque, chocando contra las fortificaciones de la ciudad.

Nada quedó de pie frente al niño pelirrojo.

Seiwa tuvo que fortificar su cuerpo con Chi y concentrarlo en sus pies para evitar salir disparado. Mozai no tuvo la misma suerte y vio como se estallaba contra los escombros de una casa en ruinas. Vio el destrozo que había causado el niño.

El poder del Rinnegan era aterrador.

Byakko estaba muy lejos de ellos en este momento. No perdería más tiempo. Tenía que llevarse a Asura de aquí y también al herido Mozai.

El niño estaba quedando inconsciente, su cuerpo cayó al suelo con un ruido sordo al siguiente instante.

Cuando tomó al Niño en sus brazos, una palabra salió de sus labios.

“Ukyou”.

Finalmente la mañana siguiente había llegado. Los primeros rayos del sol, iluminaban los escombros que cubrían un área muy amplia en Hainan. Shinobi buscaba sobrevivientes, los civiles buscaban entre las ruinas de sus propiedades sus pertenencias.

El hospital central de Hainan estaba desbordado. Su infraestructura y su mano de obra no eran suficientes para atender a los miles de heridos que había.

Muchos habían muerto esperando atención médica. Las morgues estaban llenas de cuerpos de civiles. La mayoría por envenenamiento de la energía demoníaca del guardián del oeste.

La otra minoría, eran restos de Shinobi que murieron de forma espantosa. Solo quedaron restos irreconocibles o pedazos de ellos.

Sus nombres eran solo conocidos por los dioses en este momento.

La cámara de reuniones estaba llena, los líderes de las respectivas casas Shinobi estaban discutiendo fuertemente en este momento.

Se podía escuchar las discusiones y los gritos dentro de la sala de guerra, en la central operativa.

Shirgen Yuan se sentía mucho más viejo en estos momentos. Había gobernado esta aldea por más de 50 años, se había retirado, y había colocado un sucesor. Pero él, ahora estaba muerto, junto con su esposa y otras miles de otras personas.

"No es posible que Byakko haya sido desatado en la aldea. Todos lo vimos, él solo apareció de la nada. No escapó de su anfitrión. Fue convocado en medio de la ciudad deliberadamente", el tono del líder de la casa Feiryun era duro. Quería que entendieran su punto.

"¿Qué estás insinuando, Feiryun?", la voz del líder de la casa Ukyou era osca y lleno de rabia.

Sabía lo que las palabras del jefe de la casa Feiryun insinuaban. Los estaba culpando. A ellos. A la casa Ukyou.

"La autopsia al cuerpo de la princesa Seiryu Kayseri, detalló que el espíritu de Byakko no escapó lentamente sino que le fue arrancado de forma estrepitosa. Sus caminos que conectan con el Chakra en su vientre habían sido completamente destrozados", el jefe de la casa Seiyang, líder de los cuarteles de interrogación dijo.

Él no quería estar aquí. Tenía que enterrar a sus muertos. Todos tenían que hacerlo. Buscar un culpable en estos momentos no era bueno para ellos, tampoco los llevaría a ningún lado más que enemistarse unos con los otros.

"¿Y eso que tiene que ver con mi casa?", fue nuevamente la voz furiosa del líder de la casa Ukyou la que resonó dominante.

"La casa Ukyou ha sido fiel a la ciudad de Hainan y al País de Shyrsen desde siempre. Jamás les dimos razones para desconfiar de nosotros. ¿Pero ahora nos van a culpar por este hecho?".

"Históricamente los únicos capaces de controlar el poder del espíritu del Oeste, es la casa Ukyuo. El mismo fundador Ukyou lo convocó para luchar contra el líder de la casa Gogyoku en su tiempo. ¿Cómo esperas que no lo pongamos en duda?, miles de personas murieron hoy. Muchos de nuestros familiares están desaparecidos. Los tuyos no tuvieron ni una sola baja. ¿Cómo explicas eso?”, la líder de la Casa Shiora hizo saber sus pensamientos.

“Este mismo consejo nos relegó a un puesto inferior al de cualquiera de las demás casas. Nos quitaron todo poder real dentro de la ciudad de Hainan, a nada más que una policía de orden civil que no puede inmiscuirse en asuntos militares. No es nuestra culpa, de otro modo perdónenos por no morir como los suyos”, sus palabras al final salieron cargadas de sarcasmo en vez de ira. Quizá no fueron el mejor ejemplo de disciplina, pero eran leales, jamás hicieron nada para merecer este trato, pero de igual forma lo recibieron.

Jamás planearía algo como esto.

Sus ojos negros no se despegaron de la líder de la Casa Shiora. Y como siempre, ella lucía como una total salvaje.

"Es suficiente", el viejo Shougun espetó, haciendo saber que él era el único con la autoridad de dictar juicios. Estaba harto de esto. Odiaba este cargo y quería dejarlo. Pero no había alguien lo suficientemente preparado para tomar el puesto.

Ninguno era confiable en este momento.

"Investigaremos este hecho más tarde. Lo que ahora tenemos que solucionar, es cómo frenar a los espías e informantes de las naciones extranjeras", eran bastante débiles y vulnerables en este momento. Muchos de sus soldados murieron durante el ataque y muchos más tardarían meses en recuperarse. Cualquier tipo de ventaja que tuvieron sobre los cuatro grandes países restantes, esta noche se había esfumado por completo.

La inestabilidad del mundo solo crecería si esto se filtraba a las naciones enemigas.

El incentivo para iniciar otra guerra ya había sido dado, sólo faltaba que alguna de las naciones la declarara.

"Dame la autorización para movilizar a mis unidades privadas, Yuan. Haré lo necesario para frenar la contra inteligencia del enemigo y eliminar a los espías extranjeros antes de que nuestra situación se filtre”, la voz áspera del viejo general, Shinran Shuang resonó en la cámara de consejo.

Esta era la mejor oportunidad que se le había presentado en años. Estaba a punto de ser relegado por el Shogunato, ya que sus operaciones clandestinas y la información sobre los crímenes cometidos en nombre de Hainan y el País de Shyrsen eran algo que no podía dejar en manos de alguien que pasó toda su vida haciendo su trabajo sucio.

Lo consideraban útil, pero a su vez peligroso por el poder que había acumulado con las décadas.

Lo necesitaban, más de lo que él los necesitaba de este consejo y el Shogunato.

Todos los líderes de las respectivas casa Shinobi dudaban que Shinran Shuang. No sabían las intenciones detrás del hombre y mucho menos creían en sus buenas acciones. Jamás movería un dedo si no le beneficiaba.

Era un antiguo general retirado que fue obligado a dejar su puesto por diversos crímenes contra la población del país, así como diversos países menores.

Pero aun así había seguido operando de forma clandestina. Pero jamás tomaron medidas contra él, porque lo que hacía era necesario en muchas formas.

Pero sabían que era leal a Hainan y al País de Shyrsen. Leal en su sentido más retorcido.

Nadie se opuso.

"Bien, Shuang. Utiliza tus operativos de la forma que crees más conveniente. Pero quiero un informe de cada operación que realices", amenazó el viejo Shougun. "Si alguna vez encuentro alguna irregularidad, disolveré a tu Anzen privada y te meteré en prisión como tendría que haberlo hecho hace tiempo", sus ojos lo decían todo. Estaba muerto si cometía cualquier desliz. "¿Está claro?”

La mirada de Shuang aun si era desdeñosa y oscura, no le quedaba más opción que acatar las reglas de su juego.

“Nada sucederá”, él responde. Él no tenía que enterarse de todos modos. Los muertos no hablan después de todo.

"¿Que se supone que haremos con los niños de la familia Seiryu?", el líder de la Casa Nara habló por primera vez en esta reunión.

"Ese es otro problema. La niña es una recién nacida y el niño solo tiene 4 años", el viejo Yuan sinceramente no sabía qué hacer con ellos. Esos niños eran muy valiosos por la nobleza de su apellido materno y por la sangre especial en ellos, además de otros factores que no quería pensar en este momento.

Seiwa le había informado todo lo que el pequeño Asura había hecho, el poder de sus sangre en conjunto con su fuerte energía Chi y sus ojos legendarios sin duda lo volvían en alguien que tenía que ser protegido a toda costa. Sin duda sería alguien muy fuerte en el futuro.

"Por ahora estarán bajo vigilancia de los operativos Anzen y tendrán algunos cuidadores. Luego me ocuparé de este tema", declaró Yuan.

Nadie se opuso a esa decisión.

Los días pasaron como si todo solo fuese un sueño lejano.

Asura se encontraba dolorido. Somnoliento y dolorido. Se había despertado en una cama que no era la suya. En una habitación que no podía reconocer y en un lugar que desconocía por completo.

Observó a través de la ventana y pudo ver un hermoso jardín con bellas flores.

Tal vez había soñado todo lo que había sucedido esa noche. Se rió de ese ingenuo pensamiento suyo, era imposible soñar una pesadilla tan vivida.

Se movió hacia la puerta, podía sentir los vendajes en su vientre, y debajo de ella, los puntos de sutura le dolían.

Deslizó la elegante puerta de papel y salió al pasillo. Pero fue detenido por dos mujeres. Llevaban Kimonos elegantes de seda con finos bordados. Sus hermosas facciones las hacían ver como ángeles. Una tenía el cabello castaño muy claro. Y la otra tenía el cabello tan oscuro como las noches sin luna. Sus ojos parecían tener una mota del cada color de arcoíris y en el centro un inmenso blanco gélido, solo resaltó su belleza.

Sus hermosas pupilas lo cautivaron en ese momento.

"Joven Maestro Seiryu, se nos ha ordenado cuidar de ti en todo momento. Si necesitas algo, solo ordénelo y haremos todo lo posible para cumplirlo", dijo la mujer de cabello castaño.

El pelirrojo solo asiente en confirmación.

"Gracias Feiryun San, agradezco su amabilidad", se inclinó un poco para demostrar la sinceridad de sus palabras.

Su madre siempre le había dicho, "no importa quien sea, si muestra cortesía ante ti, lo menos que puedes hacer, es devolverles esa misma cortesía.

La Feiryun de cabello negro lo vio con asombro, pero no dejo que ese asombro se mostrase en su estoico rostro. Nadie antes se había inclinado ante ella o ante cualquiera de la casta de la servidumbre.

Vio al niño, sus ojos ligeramente miraban al suelo, pero carecía de brillo o luz.

Su mirada parecía muerta.

"Sígueme, te llevaremos donde está tu hermana", la mujer de cabello oscuro dijo. Y el pelirrojo inmediatamente levanta la mirada para encontrarse con la mirada de ella.

Y ahí, el brillo en sus ojos había vuelto. El resplandor había regresado a él.

"¿Qué sucedió con el resto de mi familia?", Asura se apresura a preguntar. Pero posiblemente sabía la respuesta desde el primer momento que abrió los ojos esta mañana.

"Lo siento, Joven Seiryu. Solo sobrevivió tu hermana", tal vez fue un poco dura con sus palabras. Ella era un Feiryun, era elegante e impoluta, no se preocupaban en endulzar sus palabras o las verdades.

"Por favor, lléveme con ella", su voz salió pequeña y casi suplicante, pero lo contuvo al final. La vio fijamente. Sus ojos penetraron los suyos.

Ella solo asintió.

"Aiko, puedes retirarte. Yo me haré cargo del Joven Seiryu. Infórmale a Anou Sama que su huésped está despierto", ordenó la pelinegra.

La otra chica solo asintió y se retiró.

"La niña en estos momentos está durmiendo. Por favor, sígame en silencio".

El niño esta vez no respondió, sino solo asintió y la siguió.

Akane había sido designada como la cuidadora principal de los niños Seiryu. Había sido seleccionada porque tenía experiencia en lidiar con niños problema. Además era la educadora más joven que había dentro de la casa Feiryun que se encargaba de la educación y modales de la nobleza.

Vio de reojo al niño Seiryu, era raro ver ese color de cabello en Hainan. El color rojo de su cabello, en el mundo solo se le atribuía a los pelirrojos del Este, a la caída casa Seiryu. Tampoco era como si ella hubiese salido mucho de esta ciudad. O de los recintos del clan. Después de todo no era una Shinobi, sino sólo era una educadora.

Pensó que el niño Seiryu sería molesto y ruidoso, como cualquier otro niño de su edad. O que estuviese llorando y despotricando por la muerte de sus padres. Pero extrañamente estaba callado y en silencio.

No era como los otros niños.

Él parecía tan, ¿vacío?

Cuando la mujer delante suyo se detuvo, Asura supo que esta puerta era la que estaban buscando.

Abrió la puerta y vio una cuna sencilla. La cuna no era lo importante, sino quien estaba dentro de ella.

Se acercó y pudo verla en ese momento.

Ahí, durmiendo como un pequeño ángel, estaba su hermana. Sin duda era su hermana. Su piel era tersa y clara, era como la de su madre, y su cabello rubio era como el de su padre.

Maldición, se parecía tanto a él.

Ella era una combinación perfecta de ambos.

"Los dejaré solos. Estaré fuera si necesitas algo", la cuidadora dijo antes de salir de la habitación y cerrar la puerta detrás de ella suavemente y en silencio.

Asura contempló el rostro de su pequeña hermana mientras dormía. Era tan pequeña, se veía tan frágil, y delicada.

Parecía como si la brisa de la mañana pudiese romperla.

Se acercó tanto que podía tocar una de sus mejillas con la punta de su nariz. Ella tenía ese característico aroma a bebé.

“Su piel es tan suave”, él pensó.

Viéndola más de cerca, ella era mucho más parecida a su madre a cada segundo que la veía.

Ella se movió un poco y solo en ese instante se dio cuenta que solo tenía un pañal, no había ropa que la vistiese.

Algo le llamó la atención. En su vientre, ella tenía. Tenía el mismo sello que su madre, ese mismo tatuaje con forma estrella de muchas puntas con patrones y Kanji grabado dentro y fuera de ella. El patrón era muy complejo para que lo pudiese entender.

Las bestias demoníacas que alguna vez vagaron por el mundo, habían sido encerradas o selladas para que nunca más sean una amenaza para la prosperidad de las naciones, pero con el tiempo se convirtieron en armas útiles para la guerra, una vez que supieron que podían ser encerrados dentro de contenedores vivos.

Sofocó un grito de ira en ese momento. Habían convertido a su hermana en lo mismo que su madre.

¿Qué les dio el derecho de hacer algo así?

La respuesta también lo sabía. Porque podían y porque fue necesario para el bien mayor.

Como si le importase este lugar. Ellos tendrían que haber encontrado otro modo.

Odió la única persona que era capaz de hacer esto en este miserable lugar.

El Shougunato.

Vio con preocupación cómo el tatuaje parecía comenzar a titilar y desvanecerse por ratos. El punto de Chakra en su vientre parecía tener problemas para asimilarlo.

Maldijo a su padre en silencio otra vez.

Dejó que su ira se calmase y trato de pensar. Pero era inútil. Toda esta situación lo sobrepasaba. Era demasiado para un niño mimado como él.

No sabía qué hacer.

Quería llorar en las faldas de su madre nuevamente. Que ella lo consolase y le dijera que todo estaría bien. Pero nada estaría bien. Nada estaba bien. Su madre ya no estaba y su padre había muerto como un maldito héroe trágico.

No tenían familiares y los pocos que podrían interesarse por ellos, no estaban en este momento.

Ahora solo eran ellos dos contra el mundo.

Solo se tenían uno al otro. Y esto le dio ganas de llorar como solía hacerlo. Pero no lloraría. No ahora. No en este momento. No lloraría jamás delante de su hermana.

No delante de ella.

Se perdió en sus delirios.

Cuando volvió a la realidad, vio un par de ojos celestes mirándolo. Lo veía con interés y curiosidad.

Esos ojos se veían tan bien en ella, tanto que sus hermosos iris lo cautivaron en ese segundo.

Inmediatamente quitó su amarga expresión y le dio una sonrisa a su pequeña hermana.

"Hola, Mito chan. Seré tu hermano de ahora en adelante", esa afirmación estaba cargada de sentimientos.

Sabía que lo dicho era y había sonado estúpido. Pero el era un niño estúpido y además, quería sacar esos sentimientos de su pecho.

"Yo seré quien cuide de ti de ahora en adelante".

Mito solo lo vio con sus grandes ojos. Era obvio que no entendiera. Era solo un bebé. Pero estaba hablando más con él que con ella.

La pequeña llevó una de sus puños a su boca y comenzó a babear en él.

Su risita divertida iluminaba lo amargo y sombrío de su mundo.

Él sonrió y ella a cambio le dio una sonrisa estúpida, ingenua, inocente.

Tan pura.

Él mantendría esa sonrisa en ella.

Quería tomarla en sus brazos, pero parecía una mala idea. Estaba inseguro, no tenía experiencia y tenía miedo de poder lastimarla.

"Te ayudaré, Joven Seiryu", la voz de Akane resonó detrás suyo justo a tiempo.

El dio la vuelta y la vio directo a los ojos.

"Agradecería su ayuda, Feiryun San", Asura respondió genuinamente agradecido. Su cabeza se inclinó en agradecimiento.

"No tienes que inclinarte ante mí, Joven Seiryu", ella le indicó.

Era bien sabido que la última princesa del País isleño de Geon era una mujer orgullosa y digna, con un carácter fuerte y que no temía decir lo que pensaba.

Era bueno saber que le había enseñado modales al niño.

"Madre siempre dijo, lo mínimo que podemos darle a una persona que es cortés, es devolverle la misma cortesía", respondió el pelirrojo.

La mujer Feiryun sonrió ante esa respuesta y tomó a la niña.

Ella también era inusual, no solo por su apariencia. Todo en ella decía que sería muy alegre.

Bajó un poco y le indicó al niño como sostenerla.

"Sostén bien su cabeza, sino podría lastimarse".

Asura asintió en silencio. No negaría que estaba aterrado. La estaba sosteniendo y ella no era ligera. De hecho, pesaba tanto como una de las bolsas de compra de su madre.

La pequeña rubia tomó uno de sus mechones y tiró de ellos.

No dolió y era de esperarse. Luego intentó comerlo y tuvo que quitar su cabello de sus manos.

Ante su acción sus ojos azules se humedecieron y se vidriaron.

Iba a llorar.

Suspiró resignado y le volvió a dar su mechón de cabello.

Sus manos eran tan pequeñas, siempre apretando en un puño.

"Es hora de alimentarla", dijo su cuidadora. "Ya he indicado la preparación de la leche de fórmula para ella".

El pelirrojo solo asiente en confirmación.

"Agradezco todo esto”.

Una sonrisa genuina adornó su rostro y sus ojos violetas se llenaron de alegría.

Una verdaderamente alegre.

22 ноября 2021 г. 2:45:09 9 Отчет Добавить Подписаться
20
Прочтите следующую главу Capitulo 2

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Alejandro Asmodeuz Alejandro Asmodeuz
Podrías al menos decir quien es quien, es decir Danzo - shuang. Asi, porque me confundo xD

  • Ozymandias Ozymandias
    creare una pagina de instagram, lo colocaré ahoa, junto con el continente. O lo subiré a Yuotube. December 05, 2021, 00:46
Alex Antonio Alex Antonio
Bueno vengo tendré que esperar hasta el capitulo 43 para volver a interesarme

  • Ozymandias Ozymandias
    Hola, la adaptación está siendo más difícil de lo que pensé a medida que avanzo con la historia. Intentaré hacerlo lo más rápido posible. November 23, 2021, 19:45
St Samuel tlapechco
Me confundí mucho con los países y algunos clanes jajaja 😅

  • Ozymandias Ozymandias
    Subiré un mapa del mundo de forma detallada pronto. November 23, 2021, 01:36
Danilo Danilo
ta buena la adaptación
AR Angel Ramiro
Que buena jajajja
~

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