angelazuaje22 Angel Azuaje

Despierta atado, prisionero en un lugar desconocido. Desconoce el por qué y el cómo de su cautiverio. A medida que lucha por su escape se va revelando las razones.


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#suspenso #Relato
Короткий рассказ
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Realidad

La cinta en el reproductor daba vueltas. Desde las bocinas surgía una voz calmada, gruesa y afónica por el consumo de cigarrillos. Narraba los hechos del día anterior.


—Estaba atado. Las correas se hundían en mis muñecas. Por encima de mis muslos frontales otra hacía presión y en mis empeines una tira de cuero no daba la libertad que merecían mis pies. Una mordaza acallaba mis suplicas. Era prisionero, no recuerdo como había sucedido. Desperté y lo primero que vi fue el techo oscuro, una luz que penetraba por la rendija debajo de la puerta iluminaba tenuemente. Era difícil levantar mi torso, porque no podía flexionar mis codos y también porque otra correa por encima de mis pectorales inmovilizaba mi tronco superior. Forcejé hasta que sentí mi frente húmeda de sudor. El calor empezó a extenuarme, era exasperante. Estaba débil, como si fuera envejecido ochenta años. No estaba dopado, pero mis fuerzas de juventud eran escasas. Sin embargo reanudé la lucha para desatarme, dejé de gritar porque ni yo mismo podía oír mis propios quejidos, además aquello me exigía una fuerza que no tenía.


»De tanto luchar mi frente y todo mi rostro era un paño de sudor, las telas blancas que me vestía se oscurecieron con el líquido que emanaba mis poros. Sentí que la muñeca derecha se aliviaba de la presión, cuanto fuera dado que hubiese sido mi mano contraria, puesto como veras todos mis dedos de la mano derecha están cortados. Fue un castigo que merecí hace años, por causa de saciar el hambre de mi estómago, había robado panes y frutas. Mis piernas me fallaron, cuando huía dos señores que no tuvieron piedad de mí me levantaron del suelo y me llevaron a las fuerzas por un callejón oscuro. El cuarto estaba lleno de moscas y de un olor putrefacto de carne descomponiéndose. Uno sostenía mi cuerpo y mi brazo izquierdo, el otro presionaba mi mano en una tabla y empuñaba un gran cuchillo carnicero. Mis gritos se podían escuchar a muchas cuadras, pero a ellos no le importó. Mis chillidos encubrieron el crujido de la carne y de los cuatro huesos, pero aún colgaban los dedos, el dolor era insoportable. Nuevamente alzó al cielo el metal afilado, y cayó con más furia sobre los colgantes huesos, terminando de desprenderlos, una punta del pulgar fue destrozada. Cuando vi el cuchillo suspendido en el techo para nuevamente descender y terminar la operación carnicera, me desmayé. Al despertar estaba tirado en un callejón sin salidaacompañándome los ruidos de las ratas ruñendo y de los gatos apareándose. Brillaba la mitad del cuerpo de la luna. Mi mano derecha estaba incompleta. Puedes ver, parece una mini pala. Ideal para castillos de arena. —Sonrió.


»Había zafado mi mano derecha, lo que sobraba de ella. Trataba de soltar las correas, la aguja de la hebilla, ese palillo de metal que atraviesa los orificios del cuero, se hundía en la piel de la palma de mi mano. Minutos más tarde, la punta de la correa se deslizaba por la trabilla, liberándose la opresión que no dejaba levantar la mitad de mi cuerpo.


»Aquella hazaña me hastió de nuevas energías, estaba eufórico, sintiendo cada vez más cerca el aroma de la libertad. Apoyando mi codo izquierdo, flexioné mi torso hacía adelante, con mi inútil mano trataba de zafar la correa que cautivaba a mi mano derecha, pero al ser más pequeña las ataduras que la anterior que liberé, la faena era casi imposible. Las fuerzas recobradas habían durado poco, dejé caer mi espalda nuevamente en el colchón, respiraba muy agitado, me sentí nuevamente un viejo de ochenta años. Mientras mis pulmones se llenaban de oxígeno, cavilaba las razones de mi cautiverio, pero nada apareció en mi mente turbada. Con terquedad y unas fuerzas endebles flexioné hacia adelante parte de mi cuerpo libre. Esta vez intenté acercar mi boca a la correa, pude lograrlo, el sabor del metal se confundió con el hierro de la sangre que delgadamente cubría mis labios, se habían cuarteados y de él emergía hilillos finos de sangre tibia. Liberada mi mano diestra entrenada desde que había perdido mi mano hábil, pude desatar las demás correas. Cansado como si fuera luchado un round en una pelea de boxeo, me zumbé por última vez en el colchón libre de ataduras. Sonreí, era libre y saboreaba la libertad. Pero ser prisionero es estar vigilado, pensé que posiblemente un guardia estaría custodiando la puerta, cerré los ojos para hilvanar una salida. Solo tenía correas y sabanas, la habitación estaba inerme. Me levanté, agarré una de las ataduras de cuero como si fuera un látigo, donde la punta era la fría hebilla de metal.


»Con mucha cautela abrí la puerta, me pareció extraño que no estuviese trancada con llave, tampoco había guardias, ni uno solo en el pasillo. Yo estaba en la última habitación de ese largo corredizo, que se franqueaba con más habitaciones a todo lo largo. Estaba alumbrado por pocos bombillos. Era de noche, no sabía que tan de noche, pero por la soledad del ruido, seguro era de madrugada. Caminé con parsimonia, al llegar al comienzo del pasillo sentí que el corazón me estallaría, el cansancio era absurdo, yo estando en los mejores años de mi juventud tenía las fuerzas de un esmirriado anciano de más de cien años. A mi derecha estaban unas escaleras que ascendían y también descendían. Bajé cada peldaño despacio, no solamente para no alertar a los guardias que seguro estaban atentos en algún lugar, sino que mis piernas temblaban, pero yo no estaba tan aterrado para que mi cuerpo reaccionara de esa manera. Al fin había bajado cada peldaño. Todavía ningún guardia asomaba su figura. Seguí a mi instinto conduciéndome hacía donde creía era la salida de ese lugar, pero llegué hacía una cocina, allí pensé armarme mejor, un gran cuchillo afilado es lo que pude encontrar, era mejor que mi látigo improvisado. Regresé por donde había llegado, si las escaleras hacía abajo no me condujeron a la salida, entonces escaleras arriba sería el camino para salir, pensé que era lo lógico. Subí las escaleras con letargo, no entendía porque mi cuerpo pesaba más, no sentía la ligereza de la juventud, sino todo lo contrario la carga de la vejez.


»Subí al tercer y último piso del edificio. Frente a mí un largo pasillo, idéntico al cual me encontraba prisionero, sin guardias, sin nadie que custodiara la salida. Al final del corredizo estaba una escalera que llevaba a un piso superior, la azotea, deduje, mi única salida. «¿Y si hay más prisioneros como yo, esperando que alguien los ayude?», pensé. Así que me asomé en la primera puerta, pero no pude ver nada, estaba oscuro adentro en la habitación y la poca luz del pasillo no alcanzaba a alumbrarla. Accioné la palanca de la manilla y abrí la puerta, presioné el interruptor que estaba a lado del marco, la bombilla se encendió alumbrando una cara espantosa acostada en la cama. Aquello era horrible, con infinidades de arrugas, parecían grietas de la corteza de un árbol. Su rostro amorfo, es la palabra más atinada que puedo decirte para describir aquella cosa, sus ojos no estaban cerrados, eran totalmente negros, pero parecía que dormía, puesto que no había advertido mi presencia, no estaba muerto, lo supe porque su pecho y abdomen subía y bajaba al ritmo de su respiración. No tenía cabello, y estaba arropado con sábanas blancas desde los pies hasta su cuello. «Esto no es un prisionero», pensé. «Tiene que ser uno de los guardias que duerme en su descanso confiando en los turnos de sus compañeros». Así que apreté el cuchillo y me acerqué con cautela y de una sola tajada corté su cuello, un poco de sangre salpicó mi rostro, fue asqueroso, pero me importó un carajo. El asesinar aquello fue por un instinto de sobrevivencia. Te preguntarás porque no dejarlos y simplemente huir teniendo la oportunidad. Te puedo decir que como no sé cómo había llegado allí probablemente me tomarían como prisionero al salir, y la única forma de garantizar mi libertad plena era matándolos en ese instante. Recorrí cada habitación que se hallaba en ese piso, a todos los maté de la misma manera, el último tuve que clavarle un cuchillo en el corazón puesto que cuando fui a rebanarle la garganta advirtió mi presencia y se levantó para detenerme, pero yo tenía la delantera y aún más fuerza que ese monstruo, atravesé la punta del cuchillo en su pecho y luego repetidamente la clave en su corazón. Mi respiración era agitada producto de la adrenalina que sentía por la liberación de aquellas criaturas que no eran de este planeta. «Tengo que salvar a lo que están abajo», dije. Entonces en vez de ir por la salida, bajé nuevamente al piso donde horas atrás luchaba con correas sobre mi cuerpo.


»Las habitaciones estaban vacías, no podía creerlo. ¿Dónde se habían metido los prisioneros? Entonces deduje que yo era el único y tal vez estaban buscando más para llenar cada una de las habitaciones. Inteligentemente pensé que no era el momento para huir, ¿por qué? Si salía del edificio podía encontrarme con ellos facilitándole mi captura. Entonces busqué un refugio, un lugar donde no me hallasen, pero desconocía el lugar. «¿Dónde podré estar a salvo?», me pregunté, busqué en cada uno de los pisos sin hallar un escondite y me desesperé, había cambiado de parecer y decidí marcharme, puesto que en la planta inferior encontré la salida del edificio. El cielo aclaraba y un hombre de mi talante vestido de azul me dijo «¿A dónde vas abuelo?», luego añadió: «¿Qué te ha ocurrido, por qué estás manchado de sangre?», yo le respondí: «Qué manera tan vulgar es esa de referirte hacía mí, yo no soy ningún anciano». Él se me quedó viendo incrédulo, sacó un artefacto de su bolsillo el cual se alumbró con una luz blanca, era la primera vez que veía esa especie de rectángulo luminoso, y se lo llevo a la oreja luego de hundir sus dedos en lo que parecía una pantalla. Comenzó a hablar, yo caí en cuenta que aquel era uno de esos monstruos disfrazado de humano, y lo que llevaba en sus manos debía ser algún artefacto de la gran tecnología de su planeta. Otros dos hombres, vestidos como él, llegaron desde mi espalda y me sujetaron, mis fuerzas me habían abandonado. Yo suplicaba que me soltaran y uno de ellos hundió una inyectadora en mi hombro, a los pocos segundos una gran pereza se apoderó de mis párpados y luego desperté acá, entre estas cuatro paredes. Tienes que ayudarme, no le creas, ellos son monstruos disfrazados de humanos. No le creas, por favor ayudame y sacame de este encierro.


La cinta había dejado de rodar y un clip culminó las palabras de la voz que reverberaron en la habitación. La inspectora miró con asombro al doctor que yacía de pie a su lado.


—¿Asesinó a todas esas personas creyendo que eran extraterrestres? —dijo ella.


—Así es —dijo el doctor—, Esquizofrenia, hasta ayer no había dado ningún síntoma. Es un caso extraordinario. Todos en la casa hogar lo queríamos, también las enfermeras y los demás abuelo, un hombre carismático y sano. Es absurdo todo. Una tragedia en su máxima expresión.


—¿Una repentina distorsión macabra de su realidad? —preguntó la inspectora.


—Así es. Pero una muy macabra realidad para nosotros.

19 июня 2021 г. 13:09:20 10 Отчет Добавить Подписаться
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la fantasma la fantasma
Me encanto

  • Angel Azuaje Angel Azuaje
    Me alegra que te haya gustado. Gracias por tu comentario 🤗 June 27, 2021, 00:31
Perla Teobal Perla Teobal
¡Me encantó!

  • Angel Azuaje Angel Azuaje
    Qué fino. Gracias por tu comentario. 🤗 June 26, 2021, 12:06
Luna Martinez Luna Martinez
Wow, esto si esta intenso. ¡Me encanta!

  • Angel Azuaje Angel Azuaje
    Qué fino que te gustó. Gracias por leerla. 🤗 June 25, 2021, 20:54
Manuele Rod Manuele Rod
Me gustó. Por un momento pensé que era fantasía, como visión de esquizofrenia :)

𝘾𝙞𝙚𝙡𝙤 ☁️ 𝘾𝙞𝙚𝙡𝙤 ☁️
Woah, por un momento creí en todo lo que decía.. hasta a mi se me distorsióno la realidad

  • Angel Azuaje Angel Azuaje
    😅 Esa era la idea. Gracias por tu comentario. 🤗 June 21, 2021, 21:18
~