susy-buisson1603067048 Susana Buisson

Nueva York. Dos personas en sus 30. Darah Petterson en pleno replanteo de lo que quiere y no ha logrado, Alexander Payne atrapado en una vida que no desea pero sin motivos para salir de ella. Todo cambia la noche del cumpleaños de Darah cuando recibe a Alex como regalo. Historias del pasado, demonios personales y el deseo de ser amados convergen en esta historia en la que nada será fácil.


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Capitulo 1.


Era mi noche libre y me encontraba recostado en mi silla preferida, cerveza helada en mano y pasando distraídamente los canales en la televisión. Después de todo, ¿ qué más podría hacer hoy, miércoles, mitad de semana? Aunque Nueva York nunca duerme, no me agradaba demasiado pasear mi humanidad por lugares concurridos.

Además, mi noche libre se iría al diablo si lo hiciera. Lastimosamente ya lo había comprobado. Así que prefería mil veces la privacidad del ruinoso departamento en que vivía hacía más de cinco años con Adam, mi extraño compañero; un estudiante universitario de 25 años de edad, que dedicaba su tiempo libre a lo mismo que yo, con la diferencia que para él, ser un ESCORT (o "acompañante masculino a domicilio", o una "cita de alquiler", o un "hombre de alquiler", ) o "tu noche prepaga de placer" como solía autodenominarse, era algo divertido. Nunca fue así para mí.

Apagué el televisor con fastidio. Como siempre, de los más de cien canales que pagábamos, no había nada que captara mi atención por más de tres segundos. Quité la funda de cuero a la vieja guitarra y salí al mínimo balcón que tenía nuestro piso en busca de aire; y por qué no, tal vez de algo de inspiración.

La noche apenas comenzaba, y las ráfagas algo más frescas de la brisa del incipiente otoño se estaban comenzando a sentir en el quinto piso en que vivíamos. Aspiré con profundidad, disfrutando el momento, …y el maldito teléfono sonó.


Mi fastidio estaba casi rayando en lo violento. ¿Por qué rayos no lo dejé sobre la mesa? No lo hubiera oído de ser así... Lo saqué del bolsillo trasero de mi jeans y una mueca involuntaria se formó en mi cara al ver el nombre en la pantalla: Tanya.


—Hable. —dije secamente luego de oprimir el botón verde.

—¿Alex, cariño, no me tienes registrada? ¿Cómo me atiendes así tan antipático? —se quejó con un patético tono infantil.

—Es mi noche libre, y hasta donde sé, puedo atender el teléfono como me venga en gana cuando no estoy trabajando... — gruñí, fallando completamente en eso de no sonar tan agresivo.

—Pero se trata de mí, querido... —insistió, logrando que exhalara lo suficientemente fuerte como para que oyera.

—Ok, iré al grano...veo que no estás de humor...—dijo, cambiando el tono drásticamente al de perra-jefa-profesional,— la cuestión es que tengo este encargo especial, de última hora, la chica pidió por ti exclusivamente y...yo

—"no pude negarme" —me burlé interiormente remedando su tono de voz antes de que efectivamente dijera esas mismas palabras. Mi noche libre acababa de terminar.


—¿Dónde? —pregunté sin ninguna emoción y tomé nota mental de la dirección y de los detalles de cómo debía presentarme ante aquella mujer, que más vale engrosara mis ahorros ya que le estaba dando mi noche libre, de nuevo.

Colgué preguntándome seriamente qué sucedería si algún día simplemente decidía decir no. Pero la respuesta no estaba dentro del reino de lo posible en este momento, por lo que entré nuevamente a la pequeña sala del departamento y arrojé la guitarra sobre el sillón, arrepintiéndome inmediatamente al oír el ruido sordo de las cuerdas. Me quedaban escasos quince minutos para ducharme y llegar hasta el lugar.


Mientras marcaba la dirección en el GPS, repasé mentalmente la conversación que mantuve con Tanya:

"La chica quiere discreción, no tiene intenciones de que la acompañen a ningún sitio esa noche. Solamente necesita un poco de atención domiciliaria..."


Sonreí. Al menos esta noche no tendría que esforzarme delante de un montón de desconocidos también.


Luego de vestirme informalmente con un jeans, una camisa de tono marrón algo deslavado y una camiseta blanca debajo, tomé el "paquete" que solía usar como excusa de entrega para esas ocasiones, las llaves de mi viejo volvo gris, y salí rumbo a lo desconocido una vez más. Diez minutos mas tarde entraba a un edificio bastante céntrico aunque no demasiado lujoso cargando mi paquete envuelto en papel madera.


—¿Señor? —preguntó un muchacho rubio, de no más de veinticinco años y vestido con camisa y pantalón color beige, que deduje al instante era el conserje.

— Buenas noches, tengo una entrega para el 4to B. —dije, sin titubear y maldiciendo internamente a Tanya por no haberme dado siquiera el nombre de la mujer.

—¿A nombre de quién? —preguntó el tipo con suspicacia y repetí mecánicamente: —En el 4to.B.

—Bien, déjelo aquí que yo mismo lo subiré, —respondió con determinación y complicándome definitivamente la entrada.

—No es posible, es una entrega en mano y tengo órdenes …—insistí, mientras leía su nombre en el pecho de la camisa. M. Nagel.

—No se altere—dijo alzando las manos intimidado por mi tono de voz. —déjeme que le avise a la señorita que Ud. esta aquí.


Le respondí con una sonrisa condescendiente. El tipo resultó ser bastante imbécil … o un guardián personal de la mujer que tenía que ver, porque le dio mil excusas y razones por las cuales pensaba que yo no debía subir. Hasta que escuché claramente a través del auricular la voz exasperada de la chica diciendo "¡He dicho que suba que lo estoy esperando ¡Mark! ", a lo que con los colores subidos, Mark no tuvo mas remedio que señalarme el pasillo que iba hacia los ascensores.

Mientras marcaba el #4 en el ascensor, todavía riendo de lo absurdo del reciente intercambio, me pregunté con qué clase de mujer me iba a encontrar. Por lo poco que pude deducir del breve intercambio telefónico que tuvo con el conserje era una mujer de carácter...


Aunque cualquiera sería "de carácter" teniendo que lidiar con aquel imbécil todos los días.


También era obvio que se trataba de alguien que no recibía visitas masculinas con frecuencia. Podía estar seguro de que esa era una de las razones por las que Mark actuaba como si tuviera cierto derecho sobre ella. O tal vez solo era por un sentimiento de deber... —¿O de protección?— Como sea, el ascensor se abrió antes de que pudiera formarme alguna idea clara y me vi frente a un corto y bastante amplio pasillo de mármol, iluminado con elegancia, en el que había dos puertas solamente.

Me dirigí a la que rezaba "B", y luego de tocar levemente con los nudillos, esta se abrió, y una mujer joven y muy nerviosa me sonrió desde la entrada. No sabía lo que estaba esperando encontrar, pero definitivamente no era esto.

En general, yo nunca esperaba encontrar nada en especial cuando iba a la casa de alguna mujer. No tener expectativas de ningún tipo ayudaba a no condicionar mi mente a lo que pudiera encontrar... —O lo que me pudieran pedir...— Y salvo muy raras excepciones, las mujeres que pedían mi visita exclusivamente en sus domicilios, o eran mujeres casadas, y muy frustradas, con sus maridos en eternos viajes de negocios, o eran mujeres algo mayores y divorciadas, ávidas de una noche de pasión anónima y sin compromiso.

También había en la nómina regular algunas mujeres poco atractivas que no podían conseguir una cita por si mismas... y desde luego, estaban las atractivas, jóvenes, ricas e insistentes mujeres que podían pagar por el servicio VIP de Heaven, el club que manejaba Tanya además de la agencia de acompañantes, y que me habían visto en el show que solía hacer allí … o en el catálogo que Tanya reservaba para clientes exclusivos. Esas eran siempre las más difíciles de manejar, me trataban como una posesión. Pero mujeres como la que tenía en ese momento frente a mí, con esa expresión casi de terror en los ojos, sonrojadas, tímidas y a la vez con claros indicios de que les gustaba lo que estaban viendo... no eran algo frecuente.


—Hola...-carraspeé. —soy de la agenc...

—Sí, sí pasa...te estaba esperando, —casi susurró la chica, interrumpiéndome y mirando a los lados en el pasillo, abriendo la puerta completamente para darme lugar a pasar.


Un agradable y tenue aroma floral me recibió al cruzar el umbral. Caminé unos pasos hasta quedar frente a un sillón blanco, situado sobre una mullida alfombra de color hueso frente a un plasma que estaba encendido. La chica parecía estar viendo alguna película. Me asomé con curiosidad...


¿Leyendas de pasión?


—Lo siento, —dijo ella, atrayendo mi atención y haciendo un ademán hacia la puerta.—mi nombre es Darah.


La chica extendió su mano hacia mí, y ante ese gesto formal algo inesperado sonreí y me rasqué el cuello con cierta inquietud. ¿Ella me estaba dando la mano cuando el 99, 9 % de las mujeres que me contrataba simplemente se arrojaba sobre mí ni bien cerrada la puerta?


—¿Darah? —inquirí, repitiendo su nombre y tomando la pequeña mano con la mía.


Acerqué mi boca a sus delgados dedos sin dejar de mirarla besando justo entre sus nudillos. Ella respiró profundamente, casi en un jadeo y asintió, mordiéndose el labio. Seguí mirándola, esperando por su respuesta.

—Aja, solo Darah.—carraspeó . —¿Quieres tomar algo?

— Lo que tu quieras. —dije sintiéndome como un completo idiota de repente, sin saber muy bien qué hacer siquiera con el paquete que todavía tenia en mis manos.


—Bien... ¿En qué me metiste Tanya?— Era obvio que esta mujer no estaba acostumbrada a este tipo de cosas...


Darah volteó con evidente entusiasmo y se alejó camino a la cocina, que estaba separada del lugar donde estábamos solo por una barra de madera y mármol. La observé. Era una mujer linda, delgada pero con las curvas suficientes. Su cabello, castaño oscuro y ondeado desde los hombros caía con gracia hasta mitad de su espalda. De hombros pequeños, y bastante más baja que yo. Hice ademán de seguirla pero ella dijo sin volverse.


—Enseguida regreso. —y desapareció brevemente por un pasillo en uno de los extremos de la cocina.


—..Alex...enfócate...


Observé con detenimiento alrededor mientras calmaba mi respiración y apoyé la caja que traía en el extremo del sillón. No había fotos personales en la sala, y los pocos adornos eran cálidos, con estilo, sencillos. No atiborraban el lugar sino que le daban al ambiente un equilibrio entre funcionalidad y decoración. Solo cuando la vi caminar de nuevo hacia mí con dos vasos en las manos me di cuenta de que la bata que llevaba puesta desde que abrió la puerta era de algodón blanco, liso. y que usaba unas sandalias bajas, estilo pantuflas, también blancas en los pies. A diferencia del 99,9 por ciento de mujeres que estaba acostumbrado a ver, ella no llevaba nada de raso ni brillante encima. Incluso pude notar que no llevaba maquillaje. Eso me llamó la atención.


—¿Y bien Darah, qué puedo hacer por ti? — pregunté con voz sugerente, una vez que estábamos ambos sentados en el sillón, disfrutando de nuestras bebidas en silencio, notando con satisfacción como su mano temblaba y dejaba el vaso rápidamente en la mesita de tapa de cristal que estaba frente a nosotros. La chica me miró con cierta aprensión ahora, y a la vez que sus ojos me evaluaban con un rastro de deseo, no pude dejar de vislumbrar el temor en ellos.


—Tranquila, no haré nada que tu no me pidas— Asintió y tomé su mano con delicadeza; volví a besar sus nudillos, a lo que ella suspiró profundamente, y clavó sus ojos en mí. Unos profundos y delicados ojos marrones.


—Bésame, —dijo, casi en un susurro.


Me acerqué con cuidado, tomando su rostro entre mis dedos, y comencé a rozar mis labios sobre los suyos hasta que ella comenzó a devorar los míos con avidez. Me sonreí internamente al comprobar mi teoría: Darah estaba asustada por alguna razón, pero quería esto, y mucho más... Animado por mi descubrimiento, comencé a juguetear con mi lengua bajando por su mandíbula hasta su cuello y clavícula, succionando con delicadeza el lóbulo de su oreja, hasta que ella se retiró, jadeando, y esperé sin moverme por su reacción.


—Quiero... yo quiero... sentir tu lengua...—jadeó de pronto y algo estalló dentro de mí al oír aquel tono. Me incliné sobre sus labios nuevamente pero me detuvo. La miré contrariado.—Aquí, -dijo entonces, separando las piernas— Tragué saliva pesadamente. Esto se iba poniendo interesante. Con lentitud abrió la parte baja de su bata, descubriendo totalmente sus muslos, y revelándome que no llevaba ropa interior.

Me sentí extrañamente excitado ante aquello. Mis dedos rozaron sus piernas hasta llegar a sus caderas mientras con mis pulgares jugueteaba con la prolija línea oscura de su bello pubiano. La miré, su respiración estaba muy agitada y ella cerró los ojos, tensándose.


—No, no... solo relájate. Tranquila,— la insté dando breves besos en la zona, mientras mis dedos exploraban preparando el lugar para mi lengua. —Mírame.


Mi boca descendía sobre su intimidad y exploraba con calma donde habían estado antes mis dedos. Su respiración se hizo errática, y se mordió el labio inferior en una mueca que me arrancó una especie de gruñido. Ella se estremeció, pero seguí acariciando sus piernas con suavidad, y comprendió el mensaje y se relajó. Apenas unos minutos y sus gritos y gemidos llenaban la habitación, hasta que su cuerpo se arqueó y cayo desmadejada hacia atrás en el sillón.


—…Mi nombre es Alexander, por cierto.-dije, sonriendo casi con burla de su expresión.

— Eso fue...uff... grandioso... mmm...Alex— susurró momentos después, haciéndome reír suavemente.

—Gracias—dije, sentándome a su lado mientras ella recuperaba la respiración. Me di cuenta que estaba demasiado excitado y me sentí sutilmente descontrolado también. No era lo habitual, pero ¿Qué diablos? nada de esto era lo habitual desde que crucé la puerta, y ella era de alguna forma impresionante con esa belleza natural que contemplaba ahora mismo... Desde la blancura de su piel, tan tersa, hasta su olor corporal. Entonces abrió los ojos. y mirándome a lo profundo de los míos me dijo con lentitud.


—Quiero que me hagas el amor.

30 декабря 2020 г. 20:10:48 2 Отчет Добавить Подписаться
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Rocío Schnettler Rocío Schnettler
Me encanta Alex!! Él tiene ese aire de que no suele sorprendido, sin embargo, siempre hay una primera vez. Imagino dónde va la historia, pero sé que me sorprenderás jajaja sigo leyendo!!

  • Susana Buisson Susana Buisson
    Hola! Gracias por leer! que bueno que te encante Alex! veremos si te sorprendo! nos vemos! January 21, 2021, 00:14
~

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