mazzaro Gabriel Mazzaro

Al final, Ismael ya no sabía con precisión quién persiguía a quién. Era como la historia de la luna y el sol, como la víctima y el victimario. Al final, cazar a esas bestias era un camino circular que lo empujaba de vuelta a sí mismo. Ese, sin lugar a dudas, era el verdadero terror.


Фэнтези Темная фантазия 13+.

#werewolf #fantasía #hombre-lobo #theauthorscup #TheFantasyWriter
6
1.5k ПРОСМОТРОВ
Завершено
reading time
AA Поделиться

Ismael Benítez: el cazador

Las Memorias de Ismael Benítez tienen una cronología casi lineal. Aunque en algunas secciones resulte un tanto difícil su lectura debido a la redacción a mano y el marcado maltrato de los elementos sobre el cuaderno que figuraba como confidente de sus recuerdos.

Ismael las escribió entre sus 40 años y 45 años de edad, y va desde sus primeros recuerdos vinculados a la cacería hasta la última de sus batallas.

Según se considera, Ismael Benítez esperó por medio de las letras expiar cada uno de los pecados cometidos por el fiel desarrollo de su oficio. Jamás borraría una sola oración de los párrafos que compusieron su vida, después de todo, tuvo la bendición de ser consciente en cada una de sus luchas. Pero si es seguro una cosa, el más grande de los agentes del Ministerio de Caza, no conocía en lo más mínimo la tranquilidad.

En la vida de los cazadores, solo había ruta hacia adelante, pues el único momento en el que se retrocedía era cuando su cuerpo yacía sin vida en el campo.

El primer recuerdo que lo vinculó a la cacería, fue el de su padre cortando el césped del patio una mañana de domingo. Ismael vivía en una casa en el Barrio Galván, en Corrientes, provincia al nordeste de Argentina. Residía junto a su padre y a su madre en un dúplex de varios dormitorios, casi a la mitad de la cuadra. De adulto, el olor del pasto mojado y el sonido de los insectos voladores lo transportaban de nuevo a aquella casa, sin importar dónde se encontrase. Podría decirse que Ismael Benítez tuvo muchas moradas, pero solo a una de ellas se atrevió a llamarla su hogar.

Para cuando comenzó a ejercer, Ismael ya había perdido a sus dos padres en uno de los ataques más feroces que había sufrido la provincia. La arremetida -que duró alrededor de dos semanas enteras-, fue una de las más mortales de la historia, incluso mundial.

Argentina era uno de los pocos países que aún se le dificultaba manejar el asunto de los licántropos; entre guerras internas, cruzadas de disputas políticas y económicas, los ciudadanos de toda la provincia caían a montones por la ferocidad de los ataques.

Durante el tiempo de Ismael, en Corrientes los licántropos se dividían en cuatro poderosas familias:


Uno. La familia Pérez - García: Eustaquio, el primero de los Pérez - García en adquirir el virus en 1983, era oriundo de la ciudad de Curuzú Cuatiá, departamento al sur de la provincia. Su familia estaba particularmente constituida por licántropos del género Titánides, la especie de ostentaba la mayor fuerza física y la más prolongada resistencia.


Dos. La familia Gómez: la familia Goméz tenía su punto de origen en Empedrado, Corrientes. También llamada la "La Perla del Paraná", Empedrado era un departamento mayormente poblando por licántropos de toda clase. Sin embargo, los Gómez, una de las familias más poderosas a nivel económico dentro del lugar, había logrado terminar con la competencia en los primeros años de los 90´. Solo los más jóvenes del clan tenían su lugar de residencia en la capital. Los demás, aun controlaban gran parte de Empedrado, en especial los tambos y los aserraderos.


Tres. La familia González: los González eran, más que nada, una casta de nobles extranjeros que llegaron al país como polizontes y se enriquecieron a base de los conocimientos gastronómicos que traían consigo. Se creía que eran originarios de algún paraje perdido en Egipto, principal lugar geográfico vinculado con el virus licántrope. Quedaban pocos González, aunque no se sabía cuántos con exactitud. Los González eran eruditos que en contadas ocasiones buscaban transformarse, y ni siquiera participaban del comercio de carne humana. No obstante, su sola condición de licántropos los colocaba en la lista principal del Ministerio de Caza. Sin excepción, toda su estirpe era de la clase Mentaloide.


Cuatro. La familia Torres: los Torres estaban prácticamente extintos. En sus últimos años, el consagrado Ismaél Benítez había liderado uno de los equipos más grandes jamás vistos de oficiales y suboficiales del Ministerio de Caza. Los pocos Torres que habían quedando en aquella oportunidad, huyeron al norte de Brasil, donde fueron ejecutados apenas cruzaron la aduana. Aunque muchos años más tarde, Latinoamérica también se había provisto de los escáneres que detectaban la pequeña radiación emanada por las transformaciones. Lamentablemente, el clan Torres concentraba la mayor cantidad de radiación vista en las distintas cepas del virus, lo que los hacía presas fáciles para los agentes. En especial para Ismael Benítez, que se decía podía incluso olerlos a la distancia. No se sabía con exactitud qué razas o tipos componían la mayor parte de los Torres, pero se cree que en su mayoría eran Roladores.


Cinco. La familia Méndez - Orca: los Méndez - Orca eran la familia mejor organizada de todas, y se ubicaban específicamente en la capital correntina. La mayor parte de sus miembros estaban implicados en el poder. Rara vez se había visto a alguno de ellos en etapa de criatura. Además, no se encontraron registros históricos de detenciones ni ejecuciones. Según se sabe por los comunicadores informales, uno de los Méndez Orca, un titánide clase cuatro, fue el responsable de dejar al borde de la muerte a Ismael Benítez.


Las familias eran agrupaciones consanguíneas de infectados que compartían las mismas cepas del virus. Mientras menos cantidad de mutaciones poseía cada cepa, más fuerza tenía la clase que definía a la familia. Rara vez las familias se mezclaban, pero no era raro encontrar mestizos extraviados entre los límites de una u otra ciudad. Para aquel entonces, mucho antes de la Gran Aniquilación, los licántropos no portaban la cualidad de ser consideradas personas. Incluso llamarlos "hombres lobo" o "mujeres lobo" e incluso "niños lobo" era visto como algo reprochable, ya que la sociedad condenaba a los infectados y los despojaba de toda humanidad. Sin embargo, cuando no estaban convertidos, cuando el virus no generaba su peculiar radiación metamórfica, podían pasar tranquilamente desapercibidos a no ser que un escáner especial estuviese cerca.

Estos escáneres jamás llegaron a sus versiones portátiles, cuando los planos estaban a punto de ser llevados al punto de desarrollo fabril, la Gran Aniquilación acabó por completo con la amenaza, volviendo al mundo un lugar mucho más tranquilo y pacífico de lo que era.

Las memorias de Ismael, encontradas debajo de su litera en uno de los cuarteles generales del Ministerio de Caza en Corrientes capital, expresaba cada pensamiento, estrategia, idea y aprendizaje que el eximio cazador poseía sobre los principales años de su vida en los que estuvo activo durante su noble oficio.

Esas memorias forman parte de un archivo exclusivo que se abre una vez al año al público para su conocimiento. Son consideradas patrimonio de la licantropidad y se resguardan bajo la más estricta de las seguridades nacionales.

Ismael nunca creyó que se dedicaría a la cacería. Cuando era niño, los cazadores eran figuras públicas casi deidificadas. Los suboficiales y oficiales, que con edades que iban desde los dieciocho hasta los cincuenta años, tenían pase libre a cualquier servicio de los organismos públicos del Estado, incluso a algunos privados como los cines, algunos restaurantes y grandes descuentos en centros comerciales. Después de todo, eran herramientas del orden público que, a diferencia de las demás fuerzas, los seres que debían combatir estaban claramente superdotados de grandes e inesperados dones creados para aniquilar.

Durante sus años de infancia, el Ministerio de Caza tenía un alcance nacional y se encontraba funcionando ya desde hacía décadas. Los jerarcas mayores sabían que difícilmente erradicarían el virus, pero estaban dispuestos a intentarlo.

El virus licántrope se transmitía de generación en generación, y podía, en algunos casos, podía ser adquirido mediante las relaciones sexuales entre individuos sanos y enfermos. Sin embargo, estas variaciones del virus no poseían gran carga genética y, a veces, ni siquiera llegaban a la etapa de manifestación. Básicamente, el inconvenientes principales con el virus eran las siguientes:


Uno. Era un virus que mutaba con suma velocidad. Se conocían alrededor de seis cepas principales, las cuales, a su vez, presentaban distintos niveles de concentración.

Dos. No era una virus mortal, pero llevaba a la muerte. Los infectados en estado de transformación se alimentaban casi con exclusividad de carne humana. Por otro lado, con el paso del tiempo, el virus generaba una especie de alteración en los patrones emocionales de los portadores, acercándose a lo que se conocía anteriormente como estructuras o trastornos psicopáticos de la personalidad.

Tres. No existía cura para el virus, ni vacuna ni tratamiento. El licántrope se fundía con el ADN del portador creando nuevas cadenas genéticas que reestructuraban el organismo infectado.

Cuatro. El virus, en su etapa de transformación, generaba una pequeña cantidad de radiación que podía alterar transitoriamente a los no contagiados.


En suma a los puntos anteriores, era sumamente difícil de hallar a los sujetos que no estaban en etapa plena de transformación. Esta etapa, dependiendo de la clase y nivel de desarrollo o carga del virus, era realizada en la mayoría de sus portadores a voluntad. Aunque su control requería práctica y constancia, por lo que no era inusual que los infectados con mayor autocontrol personal, fuesen los más complicados de cazar. Los niños y niñas, por su parte, difícilmente se transformaban hasta no llegar a la pubertad.

Durante la vida de Ismael Benítez, conocida como la etapa dorada del Ministerio de Caza, el mundo completo se encontraba envuelto en una guerra silenciosa. Los cuerpos de los infectados se acumulaban por montones en los crematorios de todas partes del mundo. La población civil -o mejor expresado los ciudadanos libres del contagio-, no clamaban por ningún tipo de piedad ni nada que se le pareciese. A la crisis licatrópica, debía sumársele los normales y habituales inconvenientes de las personas viviendo en sociedad, así como las enfermedades y tragedias que no dejaban de azotar a los pobres mortales.

Las personas de todos los países consideraban innecesarias las cárceles para licántropos, así como los intentos de tratamiento o de negociación con esas criaturas. Era una época dorada para la cacería, pero un momento sumamente negro para la historia de todos los tiempos de la tierra.





2 декабря 2020 г. 23:00:40 3 Отчет Добавить Подписаться
8
Прочтите следующую главу Los cotos de caza y el combate con Rosillo

Прокомментируйте

Отправить!
ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
¿Qué? como que Fin? yo quiero más de esta historia che, no puede ser. Tienes una gran historia entre manos. Felicitaciones y es increíble la forma en que está narrado me gusto muchísimo, espero que algún día hagas una historia con muchos capítulos con este tema que me dejo con muchas ganas de más. Gracias por publicarlo.

  • Gabriel Mazzaro Gabriel Mazzaro
    Gracias a vos por leerlo! Si, es parte de una historia más extensa que aún estoy haciendo, aunque no creo que llegue a publicarlo para la competencia. Ni bien tenga novedades, te aviso. Y nuevamente gracias! December 04, 2020, 21:18
~

Вы наслаждаетесь чтением?

У вас все ещё остались 2 главы в этой истории.
Чтобы продолжить, пожалуйста, зарегистрируйтесь или войдите. Бесплатно!

Войти через Facebook Войти через Twitter

или используйте обычную регистрационную форму