u15732531121573253112 Felipe Díaz

"¿Dónde estás? Solo deseo volver a verte... Dame una señal que me indique el camino y llegaré a ti donde sea que estés". Cuatro meses habían pasado tras la desaparición de su amada. Alex, a casi un año de convertirse en Cazador Espiritual y defender a la ciudad de Lyon de la amenaza de los Invasores, la busca sin descanso. Comienza a recordar todo lo que sucedió durante ese año. Cómo cambió su vida completamente, cómo adquirió sus poderes, cómo la conoció a ella y se enamoró perdidamente... y cómo fue su extraña desaparición... ¿Seguirá su amada con vida en algún lugar?


Фэнтези Всех возростов.

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Prólogo

―Me gustas...

Al fin era capaz de decirlo. Aquellos cinco minutos tratando de confesarse le parecieron eternos. A pesar de la agitación de su corazón y de morderse constantemente los labios, las palabras salieron solas.

La cara de sorpresa de ella fue evidente, estaba sonrojada. Y él también lo estaba. Quería esconderse o salir corriendo, pero hacer algo así solo demostraría su cobardía. Tenía miedo, ¡pero ya no podía dar marcha atrás! ¡Necesitaba saber cuáles eran los sentimientos de ella!

Hubo un incómodo silencio en que Alex no supo qué hacer. Aquellos segundos le parecían perpetuos. Se sintió como si estuviera naufragando en un mar desconocido. No sabía para donde debía nadar, si zambullirse o si dejar que la corriente se lo llevara. Pero había que ser sincero con su situación: ya estaba completamente sumergido e iba ser muy difícil volver a la superficie.

Se dio cuenta que aquel silencio no lo beneficiaba en nada. Mientras más tiempo estuviera sin decir palabra alguna, más incómoda resultaría la situación. Tenía que decir algo.

―Siempre he querido decírtelo ―sintió cómo la saliva transitaba lentamente la garganta, causándole mayor nerviosismo―. Desde que te conocí... desde la primera vez que te vi.

Ella se mordió el labio inferior sin saber qué palabras elegir. Tras unos segundos de incomodidad, su rostro había recuperado el color habitual. Comenzó a hablar y al momento de hacerlo el corazón de él volvió a enloquecer tan intensamente que sentía que el pecho le iba a estallar. ¿Acaso era eso posible? No lo sabía. Solo bastaba con imaginar qué palabras saldrían de esos hermosos labios para ponerse nervioso

―Yo...

La puerta de su habitación se abrió de golpe. Alex despertó sobresaltado.

―¿Tú qué? ―preguntó sin distinguir con claridad que estaba frente a él―. ¿Qué piensas de lo que te dije? ¿Podremos estar juntos?

―¿Con quién hablas?

―¿Eh?

Poco a poco, observando su alrededor, se dio cuenta de la cruel realidad. No estaba frente a la mujer que le gusta, declarándose. No. Se hallaba acostado en su cama y su hermano estaba de pie en la puerta de su habitación. Todo había sido un sueño.

"¡Rayos!"

―¿Qué te pasa? ―preguntó su hermano, que lo miraba emitiendo sonoras carcajadas burlescas desde su posición.

―Nada, un sueño.

―¡Qué fantasías más raras tienes! Apuesto que con todos los sueños que has tenido, podrías fácilmente hacerte un escritor de novelas románticas ―dijo sin parar de burlarse de su hermano mayor.

―Bueno, ¿qué quieres? Si viniste a despertarme así debe ser algo importante.

―Pásame el juego que te presté hace unos días. Lo necesito urgente.

―¿Era solo eso? ¡Diablos! Podrías haber venido más tarde. Estaba ocupado ―respondió muy enojado con su hermano.

―Sí, ya veo. Muy ocupado ―exclamó con ironía―. Quizás con quien estabas soñando. Ya, dame lo que te presté y sigue en lo tuyo.

―Está ahí, en el escritorio ―apuntó con el dedo hacia el mueble que se encontraba al costado derecho de la cama―. Sácalo y vete.

Estaba molesto. Solo quería volver a su sueño. Volver a aquellos tiempos que tanto anhelaba. Volver... Volver... Volver... Pero ya no era posible. El pasado se había marchado dejando solo el recuerdo y el anhelo de un reencuentro.

Su hermano avanzó por la desordenada habitación y llegó al escritorio. Tomó el juego que buscaba y salió cerrando bruscamente la puerta.

Alex miró el reloj de pulsera. Eran las diez en punto, muy temprano para levantarse un miércoles de fines de febrero. Las vacaciones de verano aún no acababan. Volvió a acostarse, cubriendo su cuerpo por completo con la fina sábana blanca.

"Con que era un sueño. Parecía tan real. ¿Real? ¡Pero si eso sí sucedió! ¿Hace cuánto que pasó? ¿Hace seis o siete meses? Sí. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Y yo lo sigo recordando y soñando siempre. ¡Qué mal! Aunque, no me esfuerzo en olvidarla. Es algo que no puedo hacer. Debo seguir buscándola... "

―¡Alex, te llaman afuera! ―gritó, de pronto, su madre.

No escuchó ningún alarido. En ese momento se encontraba completamente sumido en sus pensamientos.

"La forma en cómo desapareció fue tan extraña..."

―¡Alex! ―siguió gritando su madre. Los chillidos retumbaban en toda la casa. Desde la habitación de él se escuchaba como sus hermanos le rogaban a la mujer que no gritara tan fuerte. Alex ni se inmutó en lo más mínimo.

"Y su familia no sabe nada. Ni la policía ha encontrado rastros de ella... Han buscado en otras ciudades y pueblo... y nada. Es como si se la hubiese tragado la tierra".

La puerta volvió abrirse bruscamente. Para la suerte de Alex, no era la molestia de su hermano, pero si era su madre.

―¡¿Y tú estás sordo?! ―vociferó la madre.

―¿Qué pasa ahora?

―Alguien te está buscando afuera ―dicho eso la madre salió de la habitación cerrando la puerta con la misma brusquedad con la que la abrió.

―¡Ten cuidado con la puerta! ¡Después no estaré comprando una si la rompes! ―gritó enojado.

"¡Mierda! ¿Por qué nadie en esta casa deja dormir en paz?"

Se colocó unas chancletas y salió rápidamente al encuentro de su visitante. ¿Quién podría ser? Hace un mes que no se juntaba con sus amigos.

―¡Hola Alex! ¡Lindas tus chancletas de perro!

Quién lo venía a ver era Max.

―¡Hola! ―lo saludó con un fuerte abrazo. Se sentía feliz de volver a verlo―. ¡No te burles! ¡Tienen estilo! ―después de tanto tiempo era capaz de volver a sonreír. ¡Cómo le hacía falta la compañía de él para alegrarse!―. Vamos a conversar a mi habitación.

―Está bien.

Max saludó a la madre y a los dos hermanos de su amigo. Luego se fueron a la pieza.

―¿Y a qué se debe tu visita? ―preguntó Alex cuando ya estaban sentados. Él en su cama y Max en una silla de escritorio.

―Nada interesante. Quería saber cómo has estado.

―Ya estoy bien ―dijo, encogiendo los hombros―. Y la verdad es que me he sentido muy aburrido. No he hecho muchas cosas que digamos.

―Me imagino. Has estado fuera de acción por un buen tiempo.

―Sí. Tenía que calmarme un poco y pensar las cosas. El Viejo me dio un mes de descanso para eso y no he matado a ningún Invasor en todo ese tiempo. ¿Y tú?

―Yo voy bastante bien, matando como loco ―sonrió.

Max miró la habitación de Alex. Era un caos, se notaba que no ordenaba desde hace mucho tiempo. El piso estaba repleto de papeles doblados y arrugados. También había ropa sucia y libros de Medicina. En la pared tenía un mapa enorme de toda la ciudad y sus alrededores. En este había equis marcadas en todos los lugares. Le sorprendió ver en el escritorio una foto de ella. Comprendía lo duro que había sido todo para Alex... y para el grupo.

―¿Hay muchos? ―preguntó Alex mirando fijamente a su amigo.

―No ―respondió un poco perturbado. Los recuerdos de los hechos ocurridos el año pasado lo habían asaltado causándole una profunda tristeza. Se sentía responsable, a pesar de que no había sido su culpa―. Pero están empezando a aparecer más. No sé qué está sucediendo. El promedio era entre diez a quince por día, pero ahora eso subió a veinticinco. Incluso ha habido días que yo solo he matado a treinta.

―¿En serio? ―Alex quedó sorprendido―. Es extraño.

―El Jefe nos dijo que algo los está generando y que es todo un jaleo. En fin, de tratar de averiguar eso se preocupa él. Yuuki y yo lo único que hacemos es matarlos, da igual cuántos sean. Pronto deberíamos contar con Naomi que se fue de vacaciones por casi dos meses.

"Yuuki. No he sabido nada de ella. Debe estar bien. La he extrañado, me encantaría verla... y que los cuatro estemos juntos otra vez... ¡Qué viejos tiempos! A Naomi igual la extraño mucho".

―¿Cómo ha estado Yuuki?

―Bien, está mejorando sus habilidades de Cazadora, no la reconocerías. Yo creo que hasta puede derrotarte.

Sonrieron.

―Hombre, esto de ser Cazador Espiritual me ha cambiado la vida ―dijo Max mientras se estiraba y volvía echar un vistazo a la foto de la joven que tan enamorado ha estado Alex.

―A mi igual ―exclamó dándose cuenta de lo que miraba Max. También observó aquel retrato en el escritorio. Aquella foto que todos los días le daba las fuerzas para seguir adelante. Un remolino de tristeza lo atacó, era inevitable sentirse así.

El silencio reinante no les incomodó en lo más mínimo. Tantos momentos compartidos los había convertidos en grandes amigos. Parecía que no tenían nada más que hablar, pero sí que lo había. Ambos pensaban en lo mismo, pero no eran capaces de decirlo.

Max suspiró. Tenía que romper el silencio. Tenía que hablar sobre eso... sobre ella.

―¿Has sabido algo de..., tú ya sabes ―titubeó, no quería hacer sentir mal a su amigo con la pregunta―, algo de ella?

―Nada ―la respuesta de Alex fue cortante y con frialdad. Cualquiera pensaría que el tema no le importaba, pero en el fondo solo quería llorar. Con sus manos temblorosas tocó la larga barba que llevaba, restregándose cada vez con más fuerza. Se sentía tan inútil...

―¿La has buscado?

―Por supuesto. Todo este mes me he dedicado solo a eso, pero no hay resultado ―Alex miró a Max buscando algún consuelo. Estaba agotado de no hallar respuestas―. También le he preguntado a todas las personas que la conocían y nada. Me fui de viaje a los poblados contiguos a Lyon, pero no conseguí nada. Es como si se la hubiera tragado la tierra.

―Me imaginé que estuviste haciendo todo eso en el mes en el que te ausentaste. Debes estar muy cansado. Nosotros también hemos tratado de encontrar su rastro, pero se nos ha hecho muy difícil. No podemos dejar a la ciudad de Lyon desprotegida. Lamentablemente ya han pasado cuatro meses... ¿Crees qué está muerta?

―¡No! ―respondió alterado. El solo pensar que podría haber fallecido lo perturbaba mucho―. Ella es fuerte. Alguna explicación debe tener su desaparición.

―Quizás se fue a vivir a otra ciudad. Nunca supimos mucho de ella. Probablemente tenía muchos problemas y decidió escapar de ellos.

―No. Su familia me lo habría dicho.

―No sé. A veces hay problemas que quedan solo dentro del grupo familiar y no se lo dicen a nadie. Por muy amigos que seas de sus padres hay cosas que no te contarán.

Alex guardó silencio. Se sentía tan cansado de hablar sobre el tema y no llegar nunca a algo concreto.

―A ti te gustó tanto... ―dijo Max.

―Sí ―agachó la mirada, buscando en su mente algún recuerdo. El cómo la conoció, la declaración, los ojos de ella, el cabello lacio que habría deseado acariciar... Luego miró la foto que tenía. Sonrió con tristeza―. Y aún me gusta.

―Alex, siento decirte esto, pero la próxima semana empezamos las clases en la universidad. Se nos está acabando el tiempo. No sé si lo tenías presente.

―Es verdad ―Alex suspiró. Lo había olvidado por completo.

―El Jefe me dijo qué es lo que le podría haber pasado ―dijo Max hablando más despacio, casi susurrando. No sabía si decirlo. Lo que menos quería era darle falsas ilusiones a su amigo. Pero ya había empezado a hablar―. Es solo una teoría.

―¿Qué?

―¿Recuerdas el rango cero con el que peleamos? Nuestro último combate juntos.

"Aquella pelea... cómo olvidarla... Ese puto Invasor".

―Sí, el que explotó al final.

―Ese mismo. El Jefe cree que el principal propósito de ese imbécil era secuestrarla. Cuando explotó, logró sobrevivir y la raptó. Ni idea de cómo lo hizo.

Alex arrugó la frente. Aquella opción la encontraba inverosímil.

―¿De dónde sacó el Viejo tal idea? Es imposible que haya seguido con vida tras el ataque que le dimos.

―Es mejor empezar buscando, siguiendo una pista que seguir buscando en la nada. Aunque también pienso que es imposible que viviera. Vimos claramente cómo murió.

Alex asintió.

"Iré a ver en unas horas más al Viejo. Quizás él pueda explicarme mejor las cosas".

En ese momento una alarma comenzó a sonar en la chaqueta de Max.

―Es la señal. Debo irme. Quizás que cosa será esta vez ―dijo, mirando el extraño dispositivo que hacía ruido―. No es tan lejos de aquí.

―Hasta luego. Si tienes problemas llámame, te puedo echar una mano. Y así vuelvo a la acción.

Alex miró el artefacto que Max tenía en sus manos. Un objeto que vio como algo muy lejano. ¡Cómo añoró volver a tenerlo, a pesar de que el ruido que emitía era tan molesto!

―No será necesario. He entrenado bastante. No hallo la hora de tener mi revancha y derrotarte. ¡Hasta la vista! ―se marchó de la habitación de Alex. Se había esfumado por completo en menos de un pestañeo.

―¡Ja! ¡Qué manera de irse, podría haberse largado como la gente normal! ¡Para eso están las puertas! ¡Ese Max y su técnica de teletransportación! ―expresó sin dejar de mirar el lugar dónde había estado su compañero y amigo. Aquella habilidad aun lo dejaba sorprendido―. Nunca seré capaz de superar aquella velocidad tan monstruosa que tiene.

Paseó en su habitación, pensativo. Las cosas que le había dicho Max lo inquietaron. Tenía que buscarla, pero no sabía por dónde. Miró el gran mapa que tenía. Ya había visitado muchos lugares. ¿Cuál faltaba?

¿Y si consideraba la idea del Jefe? No era tan descabellada, pero encontraba absurdo que el desgraciado hubiese sobrevivido. Además, el asunto de que estaban apareciendo más le preocupaba. Desde que empezó a ser Cazador nunca había sucedido algo así. Pero lo más importante era ella, lo otro podría esperar.

Estuvo todo ese día ―al igual que los días anteriores― visitando lugares en donde había estado con ella. Lugares que ya había visitado tantas veces, buscándola sin resultados. Pensaba y pensaba.

"¿Dónde estás?"

Sin darse cuenta había vuelto a la plaza donde había empezado todo... donde Naomi lo salvó y lo llevó donde el Jefe para convertirse en Cazador Espiritual. Un año había pasado desde entonces.

22 июля 2020 г. 15:01:27 0 Отчет Добавить Подписаться
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