alhajan Alhajan

Vind, un obstinado vago, se resguarda de su pasado en la aldea Oril ensimismado por rehuirle. Su soberbia le revive lo que buscaba olvidar al perder a su ser más querido. Las tres lunas se reúnen el día que la vinculadora de almas, Ariek Reviéd, motivada por la angustia de sus sueños, ve en él apoyo y compañía en su búsqueda por una reliquia familiar perdida entre las eras llamada el Lamento de las almas. Su camino será obstaculizado por las intrigas políticas de una Bana inestable, llena de ambiciones y crueldad.


Фэнтези средневековый 21+. © Alhajan

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Entre las sombras del lago.

La tarde empieza a caer, las nubes inician su descenso por las laderas del coloso Titan, el orgullo de la provincia de Turod. Los pajarillos entonan sus últimos cantares del día, y la temperatura baja conforme el sol termina su rutinaria labor.


La paz inunda el pequeño valle donde se asentaron ya hace mucho tiempo, las razas que conviven en todo el planeta; los varusmos, erguidos sin pelajes «en comparativa humanos», coliops, los insectos parlantes de poderosas armaduras de quitina, tempalies, los simios temperamentales, honorables e incansables y bastianos, los felinos en dos piernas, perspicaces y según su inclinación sumamente amables. Disponiendo aquí la aldea Oril. Protegida por las montañas y abrazada por el aire puro que generan los bosques que la arropan. Los ríos que nacen de las laderas del volcán Titan, desembocan en este pequeño valle, formando el lago Oril. Después, sus aguas continúan su camino recorriendo las laderas de la provincia de Turod, y desembocando en las costas del sur de la provincia de Marfif. Conocido esto como la Gran Rivera de Ecino.


Ubicada al medio de este hermoso lago, se encuentra una pequeña isleta donde descansa el monumento a los héroes caídos que lucharon para proteger la paz de la provincia de Turod en tiempos de antaño, durante la era de Vrahanon. Erigido en piedra, y carcomida su madera por el tiempo, este monumento es pasto del pasado para la memoria de muchos de sus habitantes, ruinoso e irreconocible por sus ancestros voluntarios en su fabricación. Las orillas del lago son embellecidas por un diminuto bosque de árboles aurora. Sus hojas, con colores verdes pálidos y otras rojizas casi cercanas al magenta, hacen juego con la hermosa flor de pétalos azulados que ofrecen dos veces al año. Formando un anillo que atrapa casi de forma exclusiva al lago.


Es este el estanco de agua dulce que prevalece en la zona y es el punto de reunión y saciedad de la mayor parte de la fauna de la provincia de Turod. Los ciervos luminosos, gatos alados, osos cornudos, serpientes lanudas, zorros sombríos y algunas otras especies que regocijan el ecosistema. Y dan vida a Bana. También por ello los varusmos medientes, como se nombran a los que residen en el continente medio oriental de Bana, de nombre Ecino, y demás razas realizan sus actividades de caza y pesca en cercanías de este hermoso lago.


Para otros, el lago Oril representa un lugar de misterios. Un lugar alejado del ajetreo del vivir, una atmosfera calma, se sentir taciturno con velo pasivo. Perfecto para reflexionar, buscar respuestas o inspirarse. Los más ancianos y supersticiosos hablan de bendiciones otorgadas hace cientos años por dioses que vieron en él un paraíso en todo el planeta Bana. Y otros más, de desgracias y maldición.


Para él estos temas no le incumben, solo el poder gastar su tiempo ahí, acompañado de las sombras de los árboles aurora y el cantar de los pajarillos, uno de los habitantes de la aldea Oril. Hacendoso, tranquilo, reservado, gruñón, amante de la paz y a pequeño rasgo el hurto.


Ya hace un tiempo que tomó este punto como su lugar favorito, y como se le conocía en el pueblo, muchos optaban por merodear las orillas del lago para encontrarle. De esta misma labor padecía esa tarde el anciano, Tedglar, un viejo varusmo mediente, mercader de antigüedades que cada tanto buscaba asistentes para encargarles sus diligencias a Turod u otros lugares del continente de Ecino.


Esta tarde, camina el anciano por las orillas del lago, se nota en su gesto impaciente, y redoblaba los esfuerzos conforme el tiempo transcurría.

Hace ya bastante que le encarga diligencias a Turod, la capital de la región este de Ecino. Busca a sabiendas que aquel trabaja según salen las oportunidades, era el mejor candidato. Su juventud y eficacia en los tiempos le dan de mensajero por turnos, raudo y confiable. El anciano, además, suma su objetivo en el amor que él le tiene a estas tierras.


Los árboles resuenan en todo el bosque y el débil cantar de los pajarillos poco a poco aumenta su fuerza, negándose a claudicar al paso temporal, sigue caminando impoluto como todos los días. Tedglar se pasea por todos los senderos, mira y remira entre las bases de los árboles. Luego la atención se posa a los topes de estos, quizá podría encontrarle en una rama fuerte o buscando alguno de sus frutos dulces, pero fueron estériles esfuerzos.


Transcurre, quizá una hora. Su gesto, ahora combinado al sudor y la fatiga, terminan por frustrarlo, llevándolo a refunfuñar con la soledad.


— ¿Dónde demonios se encuentra ese vago? Si no fuese por la necesidad, nunca habría ayudado a semejante despreocupado.


El destino y la obstinación le guian hasta el costado sur del lago. En la orilla un pequeño armazón de madera se levanta a paupérrima verticalidad, sobre las escazas edificaciones reconocibles a las orbitas visuales. Postrado ahí hace mucho, astillado y mohoso por la madera podrida y la falta de cuido. Una tablilla de piedra ilegible descansa bajo ese techo ruinoso y que promete leyendas que ya fueron censuradas aquellos días.


—Quizá se encuentre en ese rancho, aprovechando la sombra de su maltratado techo. —Se pregunta a viva voz, esperando también la respuesta del que busca.


En el sitio no se encuentran más que los insectos que se alimentan de la madera, el moho y los deseos conversones de su visitante frustrado. Tedglar se desgasta mirando de nuevo los alrededores. Se detuvo. Ahí, acostado en la orilla, se encontraba postrado con sus brazos cruzados bajo su cabeza un varusmo. Es imperdible, su cabello negro largo y desarreglado, tez blancuzca, una destartalada barba, vestido con su chaleco de piel y pelajes, dagas enfundadas en el suelo, guantes de tela, botas del mismo material y cicatrices que cruza su ojo y la mejilla izquierda. Por fin lo ha encontrado.


—¡Vind! —exclama Tedglar—. Por fin te encuentro muchacho.

—Eres tú Tedglar— expresa despreocupadamente el varusmo reacomodándose la espalda al pasto.


Tedglar se acerca, observa al vago que cierra sus ojos a su apacible descanso. El anciano acomoda el pasto y se sienta junto.


—¿Cuánto tiempo gastas por día admirando el lago? —pregunta Tedglar, con apacible voz, mientras finaliza de acomodarse—. No crees que malgastas tú juventud buscando respuestas en el agua estancada.


El sujeto voltea su cabeza hacia otro lugar, dándole a entender al anciano que no gusta en ese momento de compañía.


—¿Deseas algo viejo? —pregunta Vind—. ¿No vendrás solo sermonearme verdad?

—Sigues siendo el muchacho maleducado de hace seis años—responde Tedglar—. Me tratas como a un desconocido pese que he cuidado de ti por tanto tiempo.

—Viejo, tengo treinta y un años—responde con fastidio el joven a ojos del viejo, y con un tono que roza ya la ira—. Hace seis tampoco era un niño… Me he valido por mí mismo desde hace ya mucho.


Tedglar, sonríe, cual escucha el refunfuño de un niño, se levanta con trabajo, dobla su espalda golpeando el lumbago con su puño. Da unos pasos adelante y cruzando sus brazos a su espalda, tratando de apaciguar al presente que descansa ya detrás suyo, continua su plática.


—Esa actitud es la que me hace tratarte como a un niño. ¿Crees que cazar, recoger frutos y buscar un lugar para dormir te hace un hombre?


El varusmo abre sus ojos, fastidio de ceño fruncido y ángulos bajos en las comisuras de su boca, se apoya y flexiona del abdomen, asomándole el cuello, listo para exclamarle.


—¡Yo no te pedí ayudarme! Además, he pagado con mucho trabajo todo lo que me has ayudado en estos años.


Tedglar se voltea a mirarlo, profundamente a sus ojos, Pero como quién no desea saber más del tema, el sujeto esquiva su mirada, siempre es lo mismo. El varusmo más joven no le dedica a casi nadie ni diez segundos de vista a sus ojos.


—Sigo viendo en ti esos ojos de niño perdido— precisa Tedglar—. No puedes ni sostenerle la mirada a las personas que desean ayudarte. Como un infante que recibe el regaño de su padre.

—¡Tú no eres mi padre! — reclama Vind—. Y no pretendo tener uno de remache.


Tedglar se ríe con fuerza y replica al bochornoso berrinche.


—Por supuesto que no lo soy. Mira niño, necesito que me lleves unas cosas a Turod.

—¿Qué clase de cosas? —pregunta Vind—. Espero que no sea contrabando, los guardias ya me conocen y en las últimas ocasiones ya no han sido tan amables.

—No te preocupes, es todo legal— afirma el varusmo anciano—. Se trata de una antigüedad que había conseguido en Linme. Y que ahora será transportada en barco, por tanto, tengo los documentos al día. Mañana temprano te daré las instrucciones, por favor no llegues tarde. O bien puedes pasearte más noche, como tú decidas hijo… El cliente quiere que esto salgan en el barco que militar en tres días, repito, sin-fal-ta.

—Entiendo, entonces mañana estaré temprano en la tienda sin fal-ta- —Arremeda el más joven.

—Eso espero ya que la paga es buena— dice Tedglar mientras inicia su caminata de vuelta a la aldea—. Nos vemos en la aldea.

—Ahí nos veremos…


Cuando el anciano se pierde de vista, Vind por fin se levanta, con cara de que su tardecita ha sido completamente arruinada. Despolvorea sus ropas, toma sus dagas del suelo y el bolsillo que acostumbraba a cargar.


«Ese viejo, cada vez estoy en el lago me trata como a un niñato. Debería irme de esta aldea... Pero, por alguna razón, este lugar me trae mucha paz», con rabieta en mente termina su descanso.


—Tomaré el camino largo a la aldea—musita el varusmo, que acaba por montar el cinturón de sus dagas a su cintura.


Toma rumbo entonces, por el sendero que rodea la zona sureste del lago para así finiquitar lo que resta de la tarde. Labrando en su mente en tiempo, para al fin llegar al lado opuesto, noroeste, donde se ubica la aldea Oril. Con paso tranquilo acomoda su equipo y camina por aquel sendero. Su mirada se pierde por ratos en el lago y en otras tímidamente se fija en el camino, esperando a alguna victima a la que le pudiera sustraer algo de valor.


El paso inquebrantable del tiempo, que ahora asoma su frío atardecer, hace recaer en rutina general la niebla sobre el valle de Oril, que se desliza de las laderas montañosas de Titan, tal como sedas espectrales, lo que resulta en una paupérrima visión. Para Vind esto no es ningún problema, conoce de memoria el camino, y además le propina oportunidad en su labor secundaria.


Su tranquila caminata es perturbada, al divisar la silueta de una femenina entre la espesa capucha niebla.


«Mira tú que suerte», piensa con picardía el varusmo. «Hora de trabajar».


Como es ya su costumbre, ralentiza su paso para poder observar bien a aquella mujer. No es bueno para el negocio darse el tiempo de a observar a sus «clientes» mientras este les hablase, es terrible levantar sospecha de esa manera, que acaba con gresca involuntaria. Se acerca y analiza. Una jovencita, varusma mediente, de cabello corto rojizo, su piel morena clara, de buen físico, se ve en su cara preocupada que se encuentra extraviada. Viste ropas de pelaje, con guantes y botas de tela cubiertas por cuero.


«Esos ropajes, una armadura ligera de los habitantes de Bosque Vital. Pero no es la habitual, es definitivamente proveniente de alguna familia adinerada de esa zona», Cauto en su análisis el atrevido, mientras observa a la mujer de pies a cabeza y se acerca con cautela. «No veo nada de valor… o sí»


La jovencita lleva un colgante de joyas preciosas en su cadera, de hecho, lo porta colgando, rozando su nalga izquierda.


«No es mi estilo quedar como un pervertido. Tendré que poner todo de mí para evitar que se dé cuenta del hurto», planea el varusmo.


Así que despreocupadamente saluda.


—Buenas tardes, señorita—saluda amablemente Vind a la extraña.

—¡Gracias al cielo! — exclama de alivio la jovencita—. ¿Podría ayudarme caballero?

—¡Por supuesto! ¿Qué necesita? — pregunta mientras se le acerca con confianza y haciéndose el amable.

—Verá, necesito encontrar la aldea Oril—explica la joven—. Pero al bajar la niebla me desoriente del todo y ahora no sé hacia donde caminar.

—Mi nombre es Vind señorita y será un gusto ayudarle.

—Gracias, el mío es Ariek Reviéd y provengo de la aldea Bosque Vital. Me apena tener que molestar a alguien, pero es la primera vez que me aventuro por Turod sola.


«Una novata, es una suerte», piensa el sujeto.


—No se preocupe, yo vivo cerca de este lugar conozco bien como llegar a la aldea. —Añade información el varusmo para ganar confianza.

—Le agradezco mucho, caballero—replica la pelirroja.


Con sus intenciones claras, el pillo toma del hombro izquierdo a la señorita y la orienta hacia el este. Luego apuntando con su dedo señala al camino, mientras su mano izquierda se escabulle hacia el colgante de la joven.


—La aldea Oril se encuentra caminando hacia el est…—Es interrumpido el pillo.


Abrupto y desmedido. Otra mano le toma presa a la del varusmo por la muñeca. Su visión pronto se torna hacia el cielo, su cuerpo levantado como marioneta, para inmediatamente ser postrado al suelo por una violenta sacudida. La acción fue tan rápida que apenas y se da cuenta que pposa su mirada al cielo. Otra silueta se acerca a la señorita Reviéd.


—¿Se encuentra bien señorita? — pregunta un varón de cabello rubio que aparece de repente—. ¿No le hiso nada este patán?


Ariek que no entiende nada del suceso acabado de acontecer, solo responde en atención al caballero.


—¿Eh? no, supongo.

—Me alegra mucho— dice aquel extraño—. Estuvo cerca de ser ultrajada por ese tipejo.

El varusmo en cuestión, vestido completamente de armadura de metal, rubio con flequillo en su ojo derecho, sus ojos carmesíes penetrantes que muestra poder y convencimiento. Claramente por sus característicos carmesíes, se trata de un planior, los varusmos que nombran a los oriundos de Hifend, continente este de Bana. Llega a la ayuda de Ariek, ante las malas intenciones de Vind.


Este último que sigue en el suelo aturdido, sotiene su cabeza unos instantes concentrándose un poco para lograr reponer su nublada visión. Instintivamente levanta la mirada. Primero ve unos botines de metal, para luego proseguir por esas extrañas piernas vestidas de armaduras metálicas. La falda, acorazada de metal y telas dieron aviso, fue inevitable no mirar las bragas violetas de quien pertenecía la armadura. Como patán viciado, el varón se detuvo unos segundos en la entrepierna para luego proseguir hacia la cara de esa mujer.


La joven. una varusma planior lo mira fijamente, fría sin gesto propicio para lo acontecido en su entrepierna, sus ojos plateados se profundizan en su ser dejándole incapaz de voltear la mirada, como si lo estuviese hipnotizando. Los mismos hacen gala de sus cabellos también plateados, adornados con coletas. Y su piel blanca la hace ver como una mujer de otro mundo.


—¡Que hermosa! —susurro Vind. Mientras trata de entender lo que pasaba.


Al instante, un brazo más fornido lo toma del cuello, le levanta con abrupta rapidez. Esta vez se trata de un bastiano, conocidos por sus pelajes, rasgos felinos y extraordinaria musculatura entre sus varones. Este en cuestión, de pelaje amarillo, manchas marrones oscuras y predominante musculatura. Sus azules observan con desprecio al varusmo, llenos de ira.


—¿Te debo algo gatito? —pregunta desafiante el varusmo amenazado.

—Sucio roedor de pantano. —Le responde furioso—. Como te atreves a ofender a mi señora mirando su entrepierna. No eres más que basura.


El bastiano aprieta aún más el cuello de patán. Primero le abofetea, para después sacudirlo y propinar un poderoso golpe a la boca del estómago.


—¡Buagh! — exclama de dolor el afectado.


Repetidos golpes azotan el abdomen del sujeto, la sangre arrima en caminata de su boca. Pierde el conocimiento el varusmo. Mientras que el castigo continuo. La varusma mediente, observa horrorizada y confundida lo que sucede en esos instantes, donde lo que avisa un ligero castigo, comienza a transformarse en tortura.


—¡Detente! —exclama Ariek, con desesperación—. Lo vas a matar.

—Disculpe señorita— comenta el primer extraño—. Pero como soldados de Hifend, es nuestro deber propinar el correctivo a este tipo de basuras.

—¿Soldados, correctivos? —expone la varusma—. Desde mi punto de vista solo desean asesinarlo sin razón aparente.


El primer extraño se acerca a su compañero, acomoda su cabello y levanta su mano. Con esto inmediatamente el bastiano detiene la tortura.


—Déjalo— dice aquel petulante—. Creo que ya entendió que no debe ofender a las mujeres.


El bastiano reacomoda a Vind, posándolo en rodillas a medio levantar en el suelo, toma postura y le patea nuevamente el estómago. La desmedida patada hace volar varios metros a un sujeto que tambalea sus extremidades como muñeco de trapo, estrellándose con violencia sobre el lastre de pedregal. Mientras, el otro sujeto se acerca a Ariek, hace una reverencia y explica con tono confiado en mezcla con calidez y soberbia.


—Mi nombre es Mátio Hodvega, de la ilustrísima familia Hodvega de Gran Hifend. Mi ilustre compañera es Falmin Catrid, de la familia de nobles en el Bastión Oeste de Hifend. Y por último mi compañero bastiano, Tozgord, alférez del ejército del Bastión Oeste. Y dígame, hermosa señorita, ¿cuál es su nombre?


A pesar de la ilustre presentación, la mediente no concilia nada más que odio y frustración al escuchar tal cretino presentarse como a la realeza.


—Ariek, Ariek Reviéd—responde algo confusa.

—¿Reviéd? ¿De la ilustre familia Reviéd de Bosque Vital? —pregunta en ligero asombro el planior.

—Así es— responde la varusma con un tono molesto.

—¡Me siento verdaderamente halagado! — exclama Mátio, mientras toma la mano de Ariek—. No esperaba ser tan afortunado de conocer a una de las personas más importantes del continente de Ecino. Y menos ser testigo de la belleza sin igual de su linaje. Es usted verdaderamente hermosa.


Con asco, Ariek retira la mano.


—No podría decir lo mismo, con esta demostración salvaje de violencia hacia este hombre—molesta replica la pelirroja al cretino a sus ojos.

—Usted no lo entiende señorita Reviéd— dice Mátio—. Este sujeto trataba de aprovecharse de usted. Intentó tocarle su glúteo. Al ver esto, mi honor no me permitía actuar de otra forma. Y lo corroboré por la forma obscena en que ofendió a mí compañera.

—¡Vind no ha ofendido a nadie! Lo que sucedió con su amiga fue circunstancial. Usted mismo lo lanzó a los pies de su compañera, era inevitable que él mirase la despreocupada entrepierna de su ilustrísima amiguita. — Tono acusador por parte de la mediente, y enojo al indicar con su índice lo acontecido.

—Con que el nombre de esta basura es Vind— comenta Mátio, mientras se arregla su flequillo—. ¡Tozgord!

—¡Señor! — responde de inmediato el bastiano.

—Ve a preguntarle al señor Vind por cual dirección es más rápido llegar a la aldea Oril.

—¡Si, señor! De inmediato.


Tozgord se acerca a Vind, quién permanece pasmado en el suelo. Primero lo levanta de su camisa, para posteriormente sacudirlo y bofetearle para despabilarlo, un trato más, aferrarle las garras a la espalda y rasgar sus músculos, como cortesía a su desprecio.


—Oye tú, basura, despierta. ¿Cuál es la dirección correcta para llegar a la aldea Oril?

—¿Que la arena de gatos qué? —balbucea el varusmo.

—Contesta o te daré otra lección. Y esta vez no seré amable.

—Déjale… en paz—expone Falmin—. No deseo que lo mates.

—Pero mi señora. Esta basura le ha ofendido, además…

—¿Pretendes… desobedecerme… Tozgord? — pregunta con tono molesto la de cabellos plata.

—No, mi señora. Maldición, escuchaste basura, ten suerte de que mi señora no desea verte muerto.


Tozgord suelta al maltrecho al suelo.


—Oh, es muy raro en ti Falmin, interponerte ante una de mis ordenes— comenta Mátio—. No sé qué le has visto a este tipejo, pero lo dejaremos vivir por respeto a la señorita Reviéd, no deseo que esta primera impresión sea vulgarmente manchada por sangre.

—Oh, pero que cortesía su majestad, después qué vendrá, ¿una invitación a cenar a luz del candil en la alcoba del verdugo? —responde con sarcasmo Ariek.

—¿Olvidas… tú posición… Mátio? —amenaza Falmin.

—¿Yo?, más bien tú eres quién olvida por qué razón estamos aquí y quién lidera esta operación.

—No… me… importa—responde la dama de cabellos plata.

—Qué difícil es razonar contigo Falmin. Como sea, señorita Reviéd. Si desea podemos escoltarla hasta la próxima aldea.

—No es necesario, señor Hodvega—responde la pelirroja—. Yo puedo seguir sola.


Mátio se acerca a Vind, quién empieza a reponerse de aquella paliza. Levantándole del cuello lo increpa de cerca.


—Espero que con esto se te quite lo impúdico y vulgar. — El planior lo mira con atención en burla.

—Oblígame, majestad— responde el afectado.


Pese a su estado, Vind trata de golpearle el estómago, pero Mátio evade el golpe.


—Eres un inconsciente— dice Mátio—. Dales gracias a tus ancestros que Falmin no me permitirá matarte.


El planior apuntala al hígado de Vind, enganchándolo con violencia, libera su camisa, le patea con la punta de su botín y apartar al perjudicado en el suelo tosiendo sangre. Da la espalda y el soldado se dirige hacia sus compañeros. Se voltea hacia Ariek y con otra reverencia se despide.


—Hasta pronto hermosa señorita Reviéd, espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar en mejores circunstancias… Vámonos, alférez, teniente coronel.


Toma delantera Mátio, dirigiéndose al este, lo demás le siguen el paso difuminándose por entre el velo brumoso.


La pelirrojo observa la huida de los soldados, molesta e impotente ante la demostración sangrienta de semejante cretino. Más su concentración choca con la maciza realidad, ayudar al afectado. Toma en sus brazos a Vind, quien se encuentra malherido en el suelo.


—¿Señor Vind me escucha? — pregunta la mediente—. Dígame algo.

—He estado mejor— responde el varusmo.

—Que alivio, sigues consciente. Deme unos segundos y lo atenderé.


La joven lo recuesta al suelo con paciencia y cuidado, sus manos se manchan de la sangre que sin tregua vierten las heridas de rapones por piedras y las garras del bastiano. Busca desesperada en la mochila de viaje que la acompaña, extrae con desorden de su pequeño boticario varios objetos que posa en el suelo pedregoso. Muchos de ellos, son ramitas, ungüentos, líquidos extraños, vendas y pinzas.


—No se preocupe señor, soy doctora. En un momento estará mejor.


El varusmo trata de reincorporarse. Las molestias reflejadas en una cara de ceño fruncido, y el charquillo de sangre, hacen difícil trabajo para él tomar postura, más logra sostenerse para apuntalar hacia el oeste.


—El camino correcto es al oeste— expone el malherido—. Solo debes seguir por el sendero señorita Reviéd.


Acaba por dejarse llevar al suelo nuevamente, elevando el polvo y ensuciando aún más las heridas abiertas en el cuerpo.


—No trates de levantarte, o te harás más daño—comenta la chica.

—Esos soldados tienen razón, soy una basura. Por favor no gaste el tiempo y sus recursos en mí, señorita Reviéd. —Se trata de explicar Vind, por el fastidio a sí mismo.

—No puedo permitirme dejar un malherido en el camino. Además, ellos sacaron sus conclusiones por un inocente movimiento de su mano— dice Ariek.


Las palabras le chocan, siente en demasía la pena y vergüenza en su interior. Que su victima le consienta ahora con ayuda, solo produce un malestar que supera con creces el dolor físico que siente.


—¡Usted no entiende! —replica el varusmo—. Yo trate de robarle el colgante de su cadera.


Caso omiso, rebotan sus palabras en los oídos de la que le atiende. Ella se enfatiza más en poder encontrar algún medicamente apropiado para sanarle, que a la disposición de su paciente por revelarle sus planes. Y esto acrecentaba aún más la frustración del varusmo, que le obligó a reiterar.


—¡Es que no escuchaste, solo soy un ladronzuelo de caminos! No merezco la compasión de nadie. —Fresutrado, golpea al suelo por sentirse ignorado, en mezcolanza con una faz que desea que acabe el suplicio.


La joven lo mira a los ojos. Pero el varusmo le vuelve su mirada. La mediente analiza rápido que aquel hombre de verdad siente vergüenza de ser atendido por su víctima, así que trata de hacer amena su labor, con voz dulce.


—Resultas ser un ladronzuelo muy sincero. Para mí no existe diferencia entre un ladrón, un noble o un soldado. Solo procuro curar como médico a las personas malheridas—comenta mientras le miraba con una sonrisa sincera y amable, que solo empeora la situación de incomodidad del sujeto.


La joven finaliza en ese momento su acomodo, lista para iniciar su labor, con sus utensilios limpios y lo necesario para limpiar las heridas y tratar al varusmo.


—Señor Vind, por favor quítese la camisa y chaleco, necesito desinfectar las heridas externas. —La chica mira sus utensilios buscando con qué iniciar.

—Hazme un favor señorita Reviéd y llámame solo por mi nombre. No me gusta el termino señor. —Petición del sujeto, que atiende a la orden, que reclina su cuerpo con esfuerzo, acompañado de las manos de la chica.

—Muy bien, entonces usted solo llámeme Ariek por favor.

—De acuerdo.


Con poco más que gruñidos de dolor, el varusmo desviste su torso, el semblante de su cuidadora cambia. Un tórax completamente marcado por cicatrices de combate inunda todo su cuerpo. Algunas rebasan los veinte centímetros de longitud, y las mismas se abultan por el exceso de piel en la recuperación. Denotan en sí, un mal trato de estas.


—Lo siento, no me gusta mostrarme así ante una dama— comenta apenado el sujeto—. No te juzgaré si te niegas a asistirme.


Poca mella hicieron aquellas absurdas palabras en la mediente, que vendas enrolladas en la muñeca y utensilios, da el primer acercamiento al dañado cuerpo.


—Ya te he dicho que soy médico— reitera Ariek—. Es parte de mi trabajo.


Con cuidado, varias vendas, unos paños y sus medicamentos hechizos la varusma inicia el lavado y desinfectado de aquel mancillado cuerpo. Observa las heridas, el sangrado no era mucho pero continuo, entonces decide presionar las heridas con su paño, solo las de mayor gravedad, pasa un tiempo, el paño que se empapa muy poco da señal de que el sangrado se ha detenido. Después mueve lo siguiente a utilizar. Una botella de cristal cerrada, con agua muy limpia, posiblemente algún tipo de agua tratada para limpiar las heridas. Lava los restos de polvo y piedras superficiales. Luego con sus pinzas remueve las piedras más grandes incrustadas en lo profundo de la carne, había avisos de mala pinta, si no se desinfecta pronto puede provocar pus en poco tiempo. Frota de nuevo con el paño, con el agua pura, presiona de nuevo las heridas, para retener los mínimos sangrados que han dejado vestigios las piedras mayores. Sin sangrado aparente y las heridas limpias, toca desinfectar.


—Voy a desinfectar las heridas esto te puede doler—advierte Ariek —. Te generará ardor por unos momentos, por favor aguanta.

—No te preocupes—responde el paciente.


Con esto y sin mucho cuidado, la mediente vierte un líquido azulado que alcanza de su mochila, con un aroma cercano al licor, posiblemente un destilado de su propio trabajo. Las heridas se mezclan a los pequeños grupos de sangre, y expulsan ligera espumilla de desagradable aspecto, algunas pequeñas piedras se remueven con el transitar continuo de líquido ralo.


—¿Te duele? Se que esta parte del proceso es muy doloroso, no te avergüences si deseas quejarte un poco. —Le indica la pelirroja, con una voz dulce.

—Estas heridas no son nada. No hace falta quejarse por este dolor. —Le responde el varusmo, con valientes palabras, pese que su cara a espasmos entrecierre los ojos y deje salir el aliento forzado.

—Pues me imagino. Con esas cicatrices de verdad que no eres bueno en tu labor de robar.

—Esas cicatrices no son por robar, si no por combates.

—¿Combates? ¿Acaso no eres solo un simple ladronzuelo?

—No deseo hablar de ello sabes.

—Entiendo.


Cuando el líquido azulado cubre la mayoría de las rasgaduras, el siguiente paso era el ungüento. Con la misma delicadeza con la que le despolvoreo, unta las heridas con la pomada muy humectante. Toma algodoncillo de Hijar, textil muy conocido en la región de Marfif, y los coloca sobre la carne, untándoles pomadas para evitar la adherencia, con esto listo solo queda vendarle, labor que no le desgasta mucho, gracias a la tranquilidad del varusmo.


—Muy bien, hemos acabado con las heridas visibles. Deberás cambiarlas después o puede que se infecten. Ahora debo ocuparme de las internas—comenta Ariek. Voltéate por favor.


Vind se voltea hacia ella. la varusma pone sus manos sobre el abdomen, que muestra rojizos moretones, posiblemente alguna herida interna del paciente, lo presiona con cuidado para buscar signos de dolor.


—Dime si te duele—comentó la joven, mientras buscaba pacientemente entre la superficie de los órganos.


Las palmas recorren abdomen, presionándole lentamente. Enfoca la zona abdominal, el sujeto inmediato da brinco. Una segunda oportunidad, de comprobar, y el paciente le sostiene la mano en señal de detenerse.


—El estómago, me duele mucho. —Se queja Vind.

—Bien— responde la doctora—. Veamos el pecho.


El mismo proceso es repetido en lo restante del torax. Pero a falta de moretones, coágulos u otros signos de queja, continúa a la espalda, los riñones y el hígado, sin encontrar nuevamente daño alguno.


—Pues parece ser que solo el estómago ha salido afectado… Realmente me impresionas los golpes de los bastianos generalmente provocan grandes daños en los órganos internos de los varusmos— comenta Ariek.


Del boticario la joven extrae dos bolitas amarillentas, de aspecto poco apetitoso, con un parecido a las bolas de barro de las cuales los niños disfrutan jugando. La mediente se las ofrece a su paciente.


—¿Qué son estas cosas? —pregunta Vind.

—Son medicina. — Le explica la chica, mientras hace entrega en la mano—. No tienen buen sabor, pero son ideales para las heridas internas. Y como escupiste sangre lo más probable es que tengas pequeñas ulceras en la pared de tú estómago.

—Creo que no hace falta.

—Pues tendrás que tomarlas te guste o no. Ya no eres un niño pequeño. No me hagas obligarte.

—Muy bien las comeré.


Tomando fuerza, ingiere a regañadientes la primera bolilla. Poco gusto su cara se arruga y las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos. La muerde con esfuerzo, y el tragarla es otra labor difícil. Su textura áspera reseca la boca y la garganta.


—Ten, bebe un poco de agua te ayudará a tragarlas.


Ariek ofrece su cantimplora a Vind. Que inmediatamente bebe su contenido con precisa, traga el absoluto contenido escupiendo al acabar.


—Estas cosas me mataran en vez de curarme— reclama el varón—. ¿De verdad es necesario comer las dos?

—Si, si lo es—responde la varusma, un poco fastidiada por la necedad de su paciente—. Ahora no te quejes y déjame concentrarme.


Entre dudas, engulle el segundo medicamente. Ariek coloca sus dos manos sobre el estómago de hombre. El sutil e incesante cambio en la atmosfera se hace notar, y la misma se torna pesada. El aire se enrarece y una presión se apodera del espacio. A su alrededor, la niebla que todavía es presente se enfría. Mucho más de lo acostumbrado. Y los copos de nieve al tocar las pieles de ambos se derriten con solo el roce y la temperatura corporal.


Cuando acaba de tragar la segunda bola, Vind siente gélido su abdomen, demasiado como para no darle importancia alguna. Observa su alrededor, las hojas de algunos árboles cercanos, tal como el césped de brotan en escarchas finas y relucientes por los escapados de luz que le restan al moribundo día. Mira al cielo, nada más que a su alrededor, la nieve cae con suavidad digna de las almohadillas de algodón.


«Pero que sucede» pensó el varusmo.


Al bajar su mirada, se percata de las manos brillantes de su acompañante. Pero no es solo sus manos, la chica se encuentra envuelta en un aura blancuzca de pies a cabeza. Y la poca luz que permitía el clima, hace que aquella aura chispeara, en un baile hermoso que en su vida sus ojos contemplaron. Primero se palmea una mejilla, después huele sus manos para corroborar que no ha sido envenenado. Entonces decide tocar el hombro de su acompañante, tacto frío.


«¡Es ella! Ella es quien emite esta atmosfera fría», se sorprende, aquel hombre contempla con sus propios ojos el poder de los héroes de antaño.


—Por favor no me desconcentres—comenta Ariek—. Ya casi terminamos.


La chica finaliza su labor, el viento enrarecido por el aura y la atmosfera lenta regresa. Los copos con transportados por este, difuminándoles en lágrimas frías que bañan el suelo. La temperatura vuelve a la normalidad, las escarchas topan su suerte en una ligera llovizna tímida, como aquellas que envisten en las matinales horas. La joven retira sus manos, le mira y pregunta.


—¿Sigues sintiendo dolor?

Pero él no contesta, pues se encuentra atónito por lo que ha sucedido.

—¿Vind? — pregunta un poco preocupada Ariek.

—Ah, perdón, ya no siento más dolor—responde sorprendido.

—Me alegra.

—Em, pues, yo— balbucea Vind.


Da una sacudida a su cabeza, palmea sus mejillas con fuerza y abre sus ojos a más no poder. Es espectáculo gratuito le deja atónito, más pronto regresa al mundo de los vivos.


—¿Podrías explicarme que acaba de suceder?

—Claro, solo he enfriado el plasma de la pared externa del estómago para bajar la inflamación, es lo más que puedo hacer en este momento, sin muchos más utensilios, esperemos que esas medicinas te alivien del todo—responde Ariek mientras iniciaba el acomodo de su bolsa.

—No me refiero a eso.

—¿Entonces?

—A esa aura helada que emitiste hace un momento.

—Eso, bueno. Eso fue el vínculo del alma—comenta sin más apuro mientras continuaba acomodando sus cosas como si fuera lo más natural del mundo.

—¡Eres una vinculadora del alma!

—Si lo soy.


Ariek se levanta del suelo, despolvoreando su ropa y acomodándose a la espalda su boticario.


—No es que quisiera ocultártelo o algo parecido. Pero ya vez como sucedieron las cosas. Sencillamente no hubo tiempo—comenta la pelirroja, que finaliza su reacomodo personal.


Vind también se levanta del suelo. Asegura que sus cosas estén en su lugar, dagas, bolso y nada más. Una vez acaba su revisión voltea su mirada al oeste. Ahora siente que debe una deuda, y como su obstinación es mayor que la pena, toma la responsabilidad.


—¿Dijiste que te dirigidas hacia la aldea Oril verdad? — pregunta el varusmo.

—Efectivamente—responde la joven—. ¿Sabes por donde debo dirigirme?

—Si, conozco el camino, debemos tomar al oeste. Es el camino más rápido a la aldea.

—Gracias por la información, y ha sido un placer.

—No te precipites, yo vivo en la aldea, con gusto te dirigiré.


La chica observa seria al sujeto. Completa seriedad, tranquilo y sin mucho apuro. Perece querer ayudarle con sinceridad, más no se fía del todo. Mucho menos tampoco le gusta la idea de viajar a solas.

—¿No pensarás en intentar robarme de nuevo? — cuestiona Ariek de forma burlona.

—Se pagar mis deudas—responde Vind—. Además…

—¿Además que?

—Ya he trabajado el día de hoy.


El varusmo ingresa su mano a su bolsillo mostrándole una joya a la dama. M.H. se graba en dorado, a una armazón ovalada con algunas incrustaciones de piedras preciosas, totalmente pulida la hermosa plata y el oro de grabados curvos y bien estilizados.


—Pero ese no es mi colgante, ¿de quién es? — pregunta Ariek un poco molesta.

—Se lo sustraje a aquel tipo. Mátio creo que fue que dijo que se llamaba—responde el sujeto, mientras da dos vueltas en su índice y oculta de nuevo en su bolsillo.


La mediente se sorprende, y trata de encontrar en qué momento fue que Vind robó el objeto. Al pasar unos segundos, la chica cae en razón.


«¡Claro!, cuando intento golpearlo», piensa Ariek sorprendida. «Pero no logro ni tocarlo. ¿Le habrá dado prioridad a robarle, más que a lastimarle? Es, sumamente veloz, no pude siquiera insinuar esa acción derrotista y miserable de su parte»


A su alrededor, la niebla que juguetea es alejada poco a poco por las brisas que se dirigen hacia el noreste, regalando nuevamente las hermosas vistas que el lago puede dar.


—La niebla se ha disipado— interrumpe el pensar el varusmo—. Es un buen momento para recorrer el sendero de vuelta a Oril. Ven iré delante, así no tendrás que preocuparte de mí.

—Claro— dice Ariek.


Los dos toman rumbo al destino, el sujeto cumpliendo su palabra toma la delantera. Mientras ella admira la belleza de los bosques que cubren todo el valle. Para la mediente que solo ha vivido en las frías y nevadas montañas de la aldea de Bosque Vital, este paisaje es muy diferente a lo que acostumbra. Cada pajarillo, zorro o conejo le parecen algo exótico. Y no puede evitar sonreír por cada detalle que le ofrece este hermoso valle. Incluso el pasto verde le parece fascinante, y cada tanto se detiene a oler las flores del lugar.


El varusmo le da poca o nada importancia a las continuas paradas, que su nueva compañera hace para admirar el lugar. Solo se concentra en observar el lago, enorme y majestuoso desde cualquier lugar que se le mirase.


En alguna de esas interrupciones para tomar muestra de la vegetación, la chica pone atención a su guía. Percatándose de la incansable necesidad de su acompañante de observar el lago. No es que el lago no sea hermoso, simplemente el lugar tiene tanto que ofrecer, flores multicolores, hongos de diversas formas, los animalitos peludos, que el mismo lago palidece ante tanta belleza. Inclinada y mirando unas flores, decide dejar salir su curiosidad.


—¿Puedo preguntarte algo? — dice Ariek con ligera timidez.

—¿Qué deseas? — responde Vind con un tono serio.

—Bueno, veras. He notado que en todo el camino te has pasado mirando el lago obsesivamente.

—Eso. Para alguien como yo que ha viajado mucho. No es habitual encontrar lugares que te reconforten.

—¿Lugares que te reconforten? No te entiendo.

—No espero que entiendas. Solo debes saber que para un viajero como yo no existen los lugares que te resulten tranquilos u familiares.

—¿Tranquilos? Me estás diciendo que ese lago te trae tranquilidad—dice la pelirroja mientras termina de recoger las muestras de las flores.

—Exacto. Este lago ha sido el único lugar en este planeta, en el que he encontrado un lugar para meditar, para buscar la paz.


Ariek se reincorpora nuevamente. Acomoda las plantas en su bolsillo y camina hacia Vind, con curiosidad y sonrisa en su rostro.


—¿Buscas paz? ¿Por qué? — pregunta la chica con curiosidad.

—No creo que te interese la vida de un don nadie como yo— responde antipáticamente el guía.

—No seas grosero, solo quería saber la razón del ¿por qué miras tanto al lago? — Le replica la mediente molesta y cruzando los brazos frente a su pecho.

—Creo que respondí a tú pregunta, ¿no? No deseo que sepas más, es así de simple.


El sujeto toma de nuevo el rumbo, e invitándole con su mano a proseguir.


—Vámonos, no queda mucho tiempo para el anochecer y las bestias peligrosas son nocturnas.


Retoman la senda, la chica se muestra molesta. La descortesía sumada a no satisfacer con gusto su curiosidad, le fastidia y a la vez desea indagar más de su guía, que muestra todo el tiempo su seriedad y cara de pocos amigos. Por ello aquel tramo fue de reflexión, mirándole y calculando, el sujeto resulta a lo sumo extraño.


«Creí que era una persona sincera», píensa Ariek. «Pero resultó ser mucho más reservado y antipático de lo que pensaba»


—Muévete y apresura el paso, no deseas ser devorada por un oso cornudo verdad— advirtió Vind.

—No tienes que decirlo, ya voy— le contesta molesta la chica, que le fastidiaba que la molestaran en sus pensares.


Ariek apresura su marcha. Después de un rato. Esta seguía observando, ya no el paisaje, si no a su guía temporal. Esa insipiente curiosidad de preguntarle más cosas, el por qué de esa obsesión tan marcada con lo que define la paz, no dejaba de rondar en su cabeza. De pensamiento en pensamiento la curiosidad le hace llegar a algunas conclusiones de quién la acompaña.


«Este sujeto es muy extraño, confiesa muy fácilmente sus intenciones de robarme como si fuera algo mínimo o al caso normal. A la vez no le gusta hablar de él mismo y oculta su vida. Pero también es una persona que se preocupa por los demás. Trata de protegerme, aunque no lo exprese. Y es considerado, se ha detenido conmigo en todo el viaje sin propinar ninguna queja», profundiza la varusma en su compañero. «¿Se puede confiar en alguien así?»


El verdadero valor de la respuesta no es necesario. La curiosidad y a falta real de alguna mala intención la lleva a acelerar el paso y alcanzarle. Sonrisa y curiosear, una vez en paralelo a él decide confiar en él.


—Caminemos juntos—propone la joven con una sonrisa—. Veo que de verdad no tienes deseos de robar más por hoy.

—Como quieras— responde el sujeto con algo de indiferencia marcada en su tono de voz.

—Hasta me das gracia cuando finges esa indiferencia.

—¿Qué dices?

—Nada, pensamientos en voz alta.


Ambos continuaron su camino por los senderos del lago. Vind en silencio mirando con terquedad el lago. Ariek contemplando los bosques y las maravillas que el lugar ofrecía.


El sol no tarda en sellar su salida, encubriendo su majestuoso fulgor entre las montañas del oeste, y eclipsado casi en su totalidad por las chimeneas humeantes del coloso, ubicado a muchos kilómetros. Los pajarillos dejaron de cantar y todo el ambiente se silencia, atmosfera pacífica, solo el viento que treme las hojas de los árboles hermoso réquiem de un día que acaba y da pasó al crepúsculo. Las cigarras inician su concierto nocturno, las encargadas de las luces del espectáculo también aparecen, con sus alillas tímidas las luciérnagas se mecen por el ambiente y el paisaje. Fermoso para un lago que refleja las naranjas emanaciones finales de luz solar en ritmo de las corrientes de su tramo hacia el sur.


La joven, que ya denota algo de cansancio, admira el hermoso teatro natural que el valle de Oril ofrece, que dista mucho de las grises y aburridas nevadas de Bosque Vital. A su vez, mira de reojo el camino en búsqueda de signos de civilización, la balanza es claa, desea disfrutar al máximo más también descansar.


—Disculpa— dice Ariek.

—¿Sucede algo? — pregunta Vind.

—Hemos caminado por ya una hora. ¿Cuánto falta para llegar a la aldea?

—A este paso, estaremos en unos diez minutos más.

—Ya veo.


El silencio de ambos vuelve a ganar terreno. Y la luz solar escaseaba aún más.


Pronto su caminata es el sonido recurrente, señal inequívoca de que salen del espeso bosque y entran a las granjas de las afueras de la aldea. Pronto los frondosos árboles dejan de llenar el paisaje, y las pequeñas huertas de los agricultores se hacen presentes. Chozas y bodegas de rojizos colores, techillos de paja o adobes, corrales extensos donde las huertas o los animales descansan del día de trabajo. El hedor de los fertilizantes se aferra al ambiente, y el viento no es compañero que compadeciera a las narices.


—Este lugar apesta. — Se quejaba Ariek mientras se tapaba la nariz.

—Son las granjas— expone Vind con naturalidad—. La peste de las heces de los ciervos calaveras. Mismas que son utilizadas para fertilizar el campo de cultivo. Pero no te preocupes, en el centro de la aldea la hediondez no llega.

—Pues me tranquiliza, no imagino cenar con este aroma tan exquisito.


Su compañero solo puede reír calmadamente al escuchar su comentario. Para luego disentir con su cabeza.


—¿Qué te parece tan gracioso? Te ríes creyendo que solo soy una de esas mujeres delicadas que no pueden soportar un olor como este. —Reclamaba la mediente mientras lo mira enojada y cerraba con fuerza sus puños.

—Perdona, no era mi intención—dice el varusmo, mientras le indica que se calme con sus manos.

—Pues no te creo, desde el inicio me trataste como si fuera una novata. O quién sabe qué clase de estúpida.

—Eso no lo negaré.


Ariek voltea con fastidio su mirada, mientras tensa sus manos hacia la dirección del suelo. Caminando con algo de rigidez, lo arrugado de su ceño y los dientes expuestos, delimita que se está esforzando mucho para no golpear a su inconsciente guía.


—¿Entonces? — pregunta molesta la chica.

—Nada importante— responde indiferente Vind.

—Nada es nada. Y la nada no te puede hacer reír, ahora dime ¿por qué te burlas de mí? —dice esto mientras le señalaba con su dedo.

—Disculpa si te he ofendido— responde el guía, mientras baja la mano que lo señala—. Solo te diré que esta peste es un lujo.

—¿Un lujo?

—Así es. Ahora mira adelante, hemos llegado a la aldea.


Ariek se precipita a mirar. Su faz camba completamente. Lo primero que gana su la atención es el gran y hermoso molino que se encuentra en el centro de la aldea. Una estructura de madera rojiza de madera Eleor, árbol de las islas Tem en Linme en el continente insular, que se levanta unos siete metros desde el piso. Su puerta, hecha de metal y adornada con cristales caleidoscópicos reflejan los rayos de las tres lunas del planeta Bana, generando un espectáculo de luces multicolores conforme caminas hacia ella. Los acoples de la estructura son trozos de metales de un hermoso color dorado. Un puente del mismo metal toma ruta para rodear el rotor principal. Sus aspas, fabricadas con madera y telas plateadas, son conjugación perfecta que termina de adornar esta maravillosa estructura.


Rodeando el molino se encuentra una pequeña plaza, donde las pocas familias se reúnen finalizadas las labores del día. Pequeños bancos de madera permiten que cada quién se tome su lugar favorito. Mientras los niños juegan entre las piedras que se encuentran plasmadas en el pasto.


Las montañas del norte colindan directamente con la aldea. En ellas se ubican los hogares de algunos pobladores. La piedra fue tallada, las puertas y sus ventanas han sido postradas a la medida de la roca. Las luces internas de cada hogar hacen que brillen como pequeños ojos que sobresalen de la pared. Pareciera que la misma montaña vigilara este pequeño pueblo.


Las casas y granjas de madera rojizas y adobes de piedras calizas llenan los alrededores de los demás espacios que rodean el epicentro de la ciudad. Unas más altas que otras, pero que nunca compiten con el molino que engalana el centro del poblado.


Los recién llegados caminan por las humildes calles de lastre. La aldea además cuenta con edificio sobresaliente, de hermosas maderas doradas, pintura en líneas horizontales de color rojiza, y la bandera de su región, Turod que borda el obelisco que caracteriza su capital y donde se encuentra el salón municipal de la ley, justo al costado oeste del molino. Una pequeña escuela al este y un humilde boticario al sur.


Al llegar a la plazoleta, son recibidos por algunos de sus aldeanos que, entre sonrisas, algo de cordialidad y confianza saludan al guía de cara seria. Al percatarse de ello, Vind cambia su rostro, cálida sonrisa sincera y emotividad en el brillo tenue de sus irises.


—¡Hola Vind! Que chica tan hermosa traes eh, preséntamela por favor—dice uno de los pueblerinos.


Este le saluda con su mano.


—Ya veremos— responde con una sonrisa en la cara.

—Señor Vind, ¿ella es su novia? Es sumamente hermosa—comenta una anciana al verle pasar—. Ya era hora que pensara en sentar cabeza. Un hombre tan guapo como usted no merece estar solo.


Ariek saluda a la anciana con su mano, sonriendo muy jocosamente. Ella entonces se abraza del brazo izquierdo de su guía, haciéndole sentir la suavidad de sus senos. Esto, más que alegrarlo, lo torna rojo carmesí, algo de fastidio en su ceño y con esfuerzo le responde a la anciana.


—No señora Hirna, no es mi novia. Solo es una viajera a la que le estoy mostrando la ciudad.

—Ya veo, bueno entonces no trates de ser descortés con ella por favor—responde la anciana.


Ambos siguen su camino. Ariek gana sonrisa, con los pocos pasos se trasmuta a una risa insostenible que trata de ocultar con sus manos clausurando su boca. Vind trata de no tomarle importancia. Sin embargo, la chica sigue burlándose de él. No pasaron diez pasos cuando ya su paciencia acaba.


—Ya para, no—refunfuña el varusmo.

—Ja ja ja…espera…ja ja…ay si ya…Es que me sorprende que un hombre como tú pueda ser tan conocido en este lugar, con tan desalmado oficio—manifiesta su sentir la pelirroja, que se echa a reír de nuevo.

—No me importa tu juicio— reclama el varusmo, mientras quita el brazo de la joven del suyo —. Vamos que ya casi llegamos.


Después de cruzar algunas casas, Vind toma en dirección al oeste. Topándose frente a una edificación de dos plantas, con un letrero que dice «Los vientos de Titan». Con algunos candelabros que adornan la puerta de madera.


El sujeto señala el lugar.


—Esta es la posada de la aldea. Aquí puedes descansar, comer y beber. —explica Vind.

—Te lo agradezco mucho—dice Ariek.


Sin mediar más palabra, el guía ha dejado de serlo, así que dedica a volver por donde venía.


—Disculpa, Vind—. le detiene Ariek—. ¿Puedo preguntarte algo?


Sin voltear, se detiene.


—Si, ¿necesitas algo más? —pregunta el sujeto, tono serio y raspando la molestia.


La joven acomoda su bolso al frente. Y rebuscando el mismo saca algunas monedas.


—¿Tienes hambre? ten, toma. Por las molestias de guiarme. —Ofrece algunas monedas de plata la joven, que si al caso llegan a cinco.


Un silencio incomodo se apodera del lugar.


—Creo que debo recompensarte no crees. —Con necedad la chica continua acercándole aún más las monedas.

—¿Sabes que quiso decir la anciana, cuando me dijo que no fuera descortés? — pregunta Vind.

—No, supongo que por como eres habría de esperarse esta mala actitud que me muestras.

—Cuando los aldeanos se refieren a mí de esa manera, lo que están diciendo es que no te robe.

—¡Enserio!

—Muy enserio.


Vind acomoda sus brazos sobre sus caderas, entonces se hecha a reír, primero una risilla leve pero poco a poco sube el tono, mientras su mirada se dirige al estrellado cielo nocturno. La joven, extrañada de el súbito cambio de humor de su conocido, interrumpe.


—Sabes que no es cortés darle la espalda a una dama.


Vind detiene su risa, y se posa frente a Ariek. Toma su mano y la hecha atrás.


—No te guíe por dinero— dice el varusmo mientras soltaba las manos de la joven.

—Supongo que no… Pues bien, debo preguntar otra cosa — dice la varusma mientras acomodaba el dinero de nuevo en su bolsa.

—Dime.

—¿Cómo es que esta gente te trata tan bien, a sabiendas de que no eres más que un ladrón?


Vind da unos pasos atrás. Le da la espalda de nuevo a la joven. Mira al cielo y suspira. Su cara reflejaba una tímida sonrisa.


—Verás. —Inicia el varusmo—. Llegué hace seis años a esta aldea, mal herido y con hambre. Tedglar, un anciano del lugar me curó y cuidó por dos semanas. Los pueblerinos me ayudaron con medicinas y alimentos.


Mientras, da dos pasos al frente y mirando de reojo a Ariek continua,


—Después de esto, he querido pagarles aquel gesto con mi trabajo. Tiempo después inicié mi labor en los senderos del lago. Estafando o robando a los viajeros perdidos por la niebla— explica Vind a su única escucha.

—Como trataste de hacerlo conmigo— dice Ariek.

—Ese es el caso.

—Pero eso no responde nada.

—Lo que sucede es que lo que robo en los caminos permite que la aldea pueda hacerse de provisiones médicas.


La muchacha camba el semblante, sus cejas levantadas al tope y su claro rasgo de sus mejillas bajas, la molestia le embarga, combinada a la sorpresa.


—Me dices que la aldea es cómplice de tus delitos— reclama Ariek.

—No mal interpretes a estas personas. —Detiene Vind el comentario—. Lo que pasa es que con mis robos yo mismo compro las provisiones, para luego dárselas al boticario.

—No entiendo, ¿es que nadie reclama los delitos?

—Claro que sí. Pero como el camino a la ciudad de Turod se tarda tres días de ida y tres de vuelta, los ofendidos generalmente ya se han ido de la aldea para cuando regreso.


Ariek cruza sus brazos, y mirándole con algo de odio reclama.


—Entonces te crees un héroe robándole a las personas inocentes, para luego darle las provisiones a la aldea. Das asco.


Sin poder voltearse a mirarle, Vind reacomoda sus dagas.


—Conozco las celdas del salón municipal como si fuesen mi habitación—dice varusmo con un tono sarcástico—. Creo recordar que el cartel por mí persona había ascendido a unas dos mil monedas.

—Eres un desvergonzado, ¿lo sabías? —reclama Ariek—. ¿Cómo es posible que puedas verlos y saludarles de manera tan despreocupada?

—Es lo que mejor que se hacer para poder pagar mi deuda con esta gente.

—Este pueblo está lleno de locos. No lo puedo creer.


A este comentario Vind voltea nuevamente su mirada a la joven. Quién se encuentra perturbada de lo que escuchaba.


—¿No sé por qué razón te enojas de esa manera? —Le habla con una vos calmada el sujeto.

—Y te parece poco. Un pueblo entero ayuda a un ladrón a encubrirse, darle de comer y curarlo. Y lo peor es que nadie hace nada para denunciarte o al menos darte una lección—reclama molesta Ariek.

—Debes saber que nunca le he robado a nadie de este pueblo. Y tampoco les he escondido lo que soy.

—¿Y? ¿Crees que esto justifica lo que haces? ¿Qué siendo el ladrón sincero lo arreglas? Pues les bastará a estos aldeanos. —Continua inclemente la mediente—. Para mí son un grupo inconscientes, de gente hipócrita. Parecían buenas personas, pero ya veo que no es así.

—Sigo sin entender tú enfado con estas personas. Esa gente falsa, rara e hipócrita a la que te refieres. No han hecho más, que lo mismo que tú has hecho por mí desde que nos vimos en el lago. Ayudarme sin importarte mucho lo que yo sea.


El semblante cambia por completo en la cara de Ariek. Vind saca de su bolsillo el colgante que robó de Mátio. Y remolineándolo en su dedo índice comenta.


—Ves, ya hasta habías olvida este detalle.


El varusmo vuelve a dar la espalda a la muchacha mientras continúa jugueteando con el colgante.


—Me trataste como a un igual… Te lo agradezco mucho— dice Vind mientras se aleja.


Ariek no puede más que quedarse callada, su fastidio reflejado en las arrugas de entre sus ojos y una actitud perpleja. Dándole paso a la despreocupada huida del sinvergüenza. A los pocos metros Vind se detiene y saludándole con su mano le grita.


—¡Bienvenida a la aldea Oril!


Y continua su camino. La joven trata de entender que ha sucedido. Pero nada de lo que esté pasando en su cabeza descifra el acontecer. Así que, tratando de no sentirse menos, toma aire con fuerza y le grita.


—¡Eres un idiota, desvergonzado!


Vind solo levanta su mano y continua sin darle más largas al asunto. Perdiéndose por entre las casas de la aldea.

19 мая 2020 г. 6:39:48 19 Отчет Добавить Подписаться
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Isobel Elspeth Isobel Elspeth
Por fin he podido pasarme por tu obra con tiempo para leer. La introducción al capítulo no estuvo nada mal, fue llevadera y las descripciones, amenas como lectora que soy. Conforme leí noté los detallitos de la construcción de mundo que enriquecen tanto a una novela de fantasía, aunque claro, imposible memorizarlos todos de una sentada. La lectura fuera más llevadera si no careciera de tantos conectores, pues hay oraciones que pierden el sentido; eso combinado con que el tiempo presente no está bien pulido (supongo que por los cambios que haz hecho) y el abuso y desuso de algunos signos. Vind me parece un personaje fiel a su personalidad, aunque esa relación con Ariek la noto apresurada en términos de confianza y la permisividad de enojarse con alguien que recién se acaba de conocer. Espero tener oportunidad para continuar leyendo. ¡Saludos!

  • Alhajan Alhajan
    Gracias por las observaciones. Es de humildad aceptar los errores, y sé que han de existir muchísimos en mi trabajo, pues es la primera vez que dedico a escribir. Pondré atención a tu crítica. Respecto a la relación de mis personajes, es algo complicado de defender si no avanzas en la obra, pues mucho de esto se va revelando poco a poco y de proseguir pues arruinaría en sí lo que busco. Te agradezco las observaciones de nuevo. Saludo y abrazo desde la lejanía. September 14, 2020, 08:59
Meezali Meezali
Siempre leo las obras largas, pero me toma tiempo. Solo quisiera hacerte una pequeña corrección de tipeo. En uno de los párrafos dice «pregunta Tedglar, con apacible voS». Lo demás, perfecto! Espero no te moleste la observación. Saludos!

  • Alhajan Alhajan
    Si, esa palabra siempre me confunde. Debo arreglar muchas cosas de los primeros capítulo, si continuas, espero la paciencia del caso. Gracias por hacermelo notar. September 12, 2020, 22:28
Meezali Meezali
¡Woooww muy bueno! La verdad que lo detallas con un cuidado que impresiona. ¡Me pude imaginar cada cosa! Voy a seguir leyendo.

  • Alhajan Alhajan
    Gracias por comentar. Me sorprende que uno de mis lectores de microrrelatos pase por la obra grande, Es como decirle, mi.pecado culposo pues en si la novela es extensa y bueno en lps micros trato de ser preciso y directo. Gracias de nuevo por leer y el corazón. September 12, 2020, 21:03
M.L G M.L G
Me encantó, es un capítulo lleno de detalles, la flora y fauna de tu historia es impresionante. Amé de principio a fin está capitulo ❤️

  • Alhajan Alhajan
    Gracias Marcia. trato de mantener al lector rodeado de esos detalles para que se sientan más amenos. Te agradezco que lo disfrutaras. Debo pasarme a tú historia que noté que subiste dos nuevos capítulos, mañana trataré de leerlos y cuentas con mi apoyo siempre. September 03, 2020, 05:42
Ihoam Díaz Ihoam Díaz
Por fin tengo un poco de tiempo para leerte. Antes que nada he de decir que sabes como atrapar bien al lector con este primer capitulo, que si bien es bastante extenso, se hace llevadero. Me gusta tu forma de narrar, usando el tiempo presente con ese narrador omnisciente que se da el tiempo de detallar los paisajes hermosos que tienes en este primer escenario. Vind es un tipo al que se le coge cariño rápido, o al menos eso pasó conmigo, con esa actitud despreocupada y aires de inocencia que deja salir ya me ganó. Tengo que decir eso sí que vi por ahí palabras que les faltan letras, una coma que debió ser un punto y aparte y un "vos" que supongo era "voz". Pero con esos detallitos de lado es un excelente inicio. Seguiré leyendo obviamente, y comentando de paso.

  • Alhajan Alhajan
    Gato, te agradezco mucho el comentario y las observaciones. El primer capítulo es un editado, que cambié a presente. Con ello y si te pasas por el segundo, verás que el tiempo verbal no es el mismo por esa razón. El hecho es que estandaricé el tiempo como en el capítulo 18 más o menos. Más estaré trabajando en las ediciones para poder mantener esa línea verbal. Y que no te choque por ningún motivo ese cambio. Gracias de verdad, resulta estimulante comentarios como los tuyos. Saludo y abrazo desde la lejanía. September 02, 2020, 05:27
Sonatina Parth Sonatina Parth
Me quedé encantada con tu poder descriptivo, los personajes también tienen un encanto que te hace querer ver cómo será su desarrollo. Gracias por compartirla!
Andres Acuña Andres Acuña
Saludos!! Me encanta la narrativa , y como cada situación se siente y crea atmósfera ! Los personajes detallados y generan empatía , buena historia ! Ya quiero ponerme al día con los demás capítulos
JYD ANDERSON JYD ANDERSON
Me ha encantado este capitulo, te sigo leyendo muy pronto

  • Alhajan Alhajan
    Gracias. Espero que la historia te guste conforme avanza. Y si tienes algo que críticar, sin ningún miedo, agradezco la crítica. July 15, 2020, 01:52
J. C. H.  Tomé J. C. H. Tomé
buenos días mi buen compañero, siento con alta profundidad mi demora... espero al menos que mis alabanzas y consejos sean al menos útiles. personalmente lo primero que diré y que a mí también me han dicho la semana pasada ( es el tiempo que llevo en esta plataforma) es que tenemos que publicar capitulo más pequeños, yo apunté esto y lo estoy haciendo. tengo poco que decirte realmente que no sea una crítica personal o de gusto mío mas bien; yo soy de los que gusta una descripción mas abreviada y potente ( aunque yo no cumplo) y empleas mismos vocablos en párrafos que creo que podrías revisar y enriquecer más tu historia. mi consejo sería para limar estas pequeñas imperfecciones tan sutiles, leerte en voz alto. Me gusta tu historia, me interesa y tengo pensado seguirla porque lo que te estoy diciendo es algo que resulta insignificante con la inmersión en el paisaje que has diseñado y en la actuación de tus personajes. ánimo porque estoy convencido que estas a un paso de relatarnos algo lindo

  • Alhajan Alhajan
    Gracias J:C:H. tomaré en cuenta todo eso cuando tenga que reeditarla. Espero que la puedas leer por momentos y que me des críticas así. Las valoro mucho. Y respecto a los capítulos cortos, creo que son gustos amigo, yo disfruté bastate tú primer capítulo y no le ví mayor queja al tamaño. Creo que entre más carne muestre la historia, más apaionante son los personajes, bueno esa es mi opinión y por eso mantengo un estandar que no supere los cuarenta minutos. Mañana sin falta te daré las apresiaciones del siguiente capítulo de tu historia Saludos July 05, 2020, 08:32
robustories robustories
Al leer esto denota mucho que tu estilo es tal como lo describes en los comentarios, una lenta detallada descripción que permite una buena inmersión en el paisaje y en las acciones de los personajes. Me parece una buena forma de introducir a los personajes.

  • Alhajan Alhajan
    Gracias por el comentario Robus (abreviar, no sé si te molesta), de verdad mucho. Como te lo dije soy bien simplista. Me da gusto que te gustara la introducción de los personajes, me preocupaba mucho eso. Como respuesta, leeré el capítulo 2 de tu historia y te dejaré el corazón y comentarios pertinentes. Gracias. July 04, 2020, 01:30
  • robustories robustories
    De hecho todos me dicen Robu, es mi apodo original <u<. July 04, 2020, 02:10
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