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Nicola Marchese


Nath es un chico joven. Su ciudad se vio marcada por la última guerra, donde gente con poderes empezó a aparecer. Para proteger a la población se creó la Guardia, una organización militar con la intención de regular a los poseedores de habilidades. El chico intentará mejorar como luchador para poder alcanzar el rango de Guardián. El más alto de todos. Pero no todo sale como esperado, y Nath verá a todo el mundo en contra suya...


Ação Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#fantasía #superpoderes #militar #combate #intriga #espadas
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Prólogo

Muchas personas creen que lo único que existe es aquello que sus ojos pueden ver, edificios, coches, carreteras… Pandora sabía que todas ellas se mentían a sí mismas, alejándose de la realidad y sustituyéndola por una propia. Aún no entendía el porqué. Se imaginaba que el miedo las había inducido a creer de esa manera. Al fin y al cabo, el mundo había cambiado mucho tras tantos años de guerra. La paz se había alcanzado, pero los rastros de la inquietud aún se veían en las calles de las ciudades. Aunque escondidos, eran fáciles de encontrar si sabías dónde mirar. Del sufrimiento habían nacido muchas leyendas sobre gente demasiado compleja como para que la gente común las entendiera. Pretendían dar explicación a todo lo que había ocurrido durante esos años de conflicto, dar razón a todo lo que había caído en manos de las cenizas de la civilización. No era extraño pensar que hubiera acabado con la creación de un gran número de religiones urbanas, algunas pretendían mostrar respeto a los acontecimientos del pasado, otras, sin embargo, intentaban advertir a sus seguidores del peligroso camino que lleva a los hombres a los que se les otorga una unicidad (recibe diversos nombres dependiendo de a quién le preguntes). Según sus enseñanzas, Él no tiene por qué atender de nuevo a la humanidad, ya le entregó todo con la esperanza de salvarla de sí misma.

Él. Es un curioso nombre para una divinidad. Es como si se pretendiera tratarlo como alguien lejano, desconocido, ajeno al mundo, pero aun así siempre presente. Incluso los no religiosos se mostraban atentos al oírlo. Aunque éste consistiera en un simple pronombre, el mismo hecho de pronunciarlo lo distinguía de cualquier otra palabra. Estaba por encima de todo. Sin embargo, contrariamente a las creencias populares, Él fue un hombre normal y corriente tiempo atrás, antes de la guerra. Es cierto que trajo la paz y la felicidad a todo el mundo. Nunca se había visto nada igual en toda la historia de la humanidad. Todas las fronteras se abrieron completamente, el número de crímenes se redujo hasta prácticamente cero e incluso los conflictos bélicos se extinguieron. Pero entonces la Pérdida interrumpió esa prosperidad y todos los conflictos que no habían ocurrido en esos tiempos se desataron en la Última Gran Guerra. Definitivamente fue grande, la más grande que existió nunca, pero a Pandora le resultaba gracioso el hecho que se la tratase de última. El título se refería a que fue la última de la humanidad. Por lo visto la civilización había madurado tras tantos errores. Ciertamente lo había hecho, pero solamente en lo que respecta a lo tangible, mentalmente seguían siendo igual de ingenuos. Y nadie parecía ser capaz de verlo. Se volverían a cometer los mismos errores del pasado y nadie haría nada para impedirlo porque nadie ha vivido lo suficiente como para recordar tanto sufrimiento. Nadie excepto Pandora y su hermana. Ella estaba segura de que otra catástrofe se acercaba. Sólo unos pocos serían protagonistas, pero las consecuencias serían devastadoras. No sabía cómo acabaría… Lo único que sabía era que no veía la hora.

Su sombra se alzaba sobre la montaña, mientras el cielo oscuro moteado de blanco se postraba ante ella. De pie observaba todas las luces de la ciudad, esparcidas por el terreno formando líneas y dibujando caminos. Las fuentes no eran de electricidad, no había aún suficiente energía como para mantener el suministro de energía durante toda la noche, así que se habían establecido las horas oscuras, donde se limitaba el uso de las luces. Sin embargo, ella no buscaba farolas. Su visión no era como la de los demás, ella podía ver más allá. Gran parte de su vida dependía ahora de sus ojos, negros como la noche desde hacía ya tanto que no recordaba un tiempo en que no fueran así. Pero su vida no fue la misma desde que cambiaron. Ahora estaba segura de que había algo más allá del mundo que conocía, y sus ojos se lo mostraban. Aún faltaban algunos huecos de aquel puzle al que los humanos llamaban existencia, aunque eran ya pocas las piezas restantes. De vez en cuando alguna luz se encendía, otras se apagaban. No eran tantas en esa ciudad, pero en el horizonte se podían ver muchas más. Todas eran blancas, frías y carentes de emoción, estaban como resignadas, como si se hubieran perdido. Todas excepto dos. Una de un color rojo vivo parecía expulsar llamas, rebosaba de emoción. Pero era muy pequeña, parecía como si se estuviera conteniendo para no quemarlo todo. La otra sin embargo era de un color azul oscuro, pero parpadeaba. Lo hacía a intervalos cortos y suficientemente fuertes como para que se notaran a tanta distancia. Parecía insegura.

-Tú también los ves, ¿No? -. La voz venía de su hermana. Ella observaba con sus penetrantes ojos blancos el mismo punto al que había estado mirando Pandora unos segundos antes. – Ya sabes lo que tenemos que hacer, sólo hay que esperar – contestó. Ellas eran gemelas y no solían alejarse mucho la una de la otra. Habían pasado mucho tiempo juntas y no pretendían que eso cambiara. El viento ululaba en las laderas de la montaña y hacía que la larga melena de Pandora ondeara. Su pelo era muy liso, pero destacaba sobre todo por su color negro. No era un negro cualquiera, recordaba a la mismísima noche. Es posible que cambiara de color a la vez que sus ojos, pero siempre lo había tenido de un tono similar. Todo parecía apuntar a que se había oscurecido a la vez que su vista, ya que durante el mismo periodo el de su hermana se volvió de color blanco. Como la nieve. Como sus ojos. Ella se encontraba al lado de Pandora, sentada mientras disfrutaba de las vistas. Sus pupilas habían desaparecido en la blancura de sus iris. Bastaba una mirada para que ella alcanzara el alma de todo aquel que se cruzara con ella. Su vista infundía respeto y tranquilidad, como si con ella cerca todo fuera a acabar bien. Siempre le había dicho a Pandora que ella también producía el mismo efecto, aunque sabía que no era así. Ella estaba segura que lo que sus ojos producían era miedo, incluso terror. Pero a su hermana parecía no afectarle. Últimamente no se relacionaban con muchas personas, así que no tuvo ocasión de escuchar una tercera opinión.

Las lunas aún se mantenían altas en el cielo, pero ya había llegado la hora de irse, habían encontrado lo que buscaban. -Nos tenemos que ir- dijo Pandora. Su hermana se levantó, no pareció molestarle haberse ensuciado la ropa, aunque se sacudió un poco de tierra de encima. Entonces echó a andar, mientras Pandora recogía sus cosas: una bolsita y una caja. Las estuvo observando un rato. Ambos objetos habían resultado caros, puede que demasiado. La bolsa no era muy pesada, pero dentro de ella unas piedras chasqueaban al chocar entre ellas. No era muy grande, estaba pensada para atarse a la cintura. Había un símbolo dibujado sobre ella, recordaba a un pájaro. Ésta en realidad pertenecía a su hermana, pero debido a su contenido no la podía llevar mucho rato encima, por lo que le pidió a Pandora que se la guardara hasta el momento necesario. Por otro lado, la caja estaba hecha de madera. Era alargada y estrecha, llevaba una cinta para que se pudiera colgar del hombro. Se podían observar unas escrituras en la parte frontal. Decían: Paranoia. Era uno de los bienes más preciados de Pandora y le dolía tener que perderla, pero sabía que merecería la pena. Tenía que cumplir con su parte del trato.

-Tenemos que movernos antes de que los demás se den cuenta de donde estamos y qué estamos haciendo- La voz despertó a Pandora de su ensimismamiento. Se levantó y la alcanzó, desde la figura de ropaje blanco la observaba expectante con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Cuando fue a seguir con su camino se percató de algo preocupaba a su hermana. Pandora la conocía de hace mucho tiempo, demasiado. Se lo vio en la cara, los ojos aun apuntando a la ciudad. Dio media vuelta y siguió su mirada. Las dos luces permanecían quietas. La azul le parecía particularmente hermosa, parecía débil, su parpadeo infundía inseguridad. No sería muy conveniente para ninguna de las dos hermanas relacionarse demasiado con ella. Pero a Pandora le parecía hermosa. En el fondo se alegraba de poder acercarse a ella. Haría todo lo que estuviese en sus manos para cumplir su objetivo. Cuando volvió de nuevo la vista, su hermana mostraba su cara de aprehensión. Siempre había sido muy alegre, nunca se había mostrado tan insegura. –No te preocupes, sabrás cuidar de ella– dijo para consolarla. La luz roja se reflejaba en sus ojos, esa le correspondía a ella. Ambas volvieron la espalda a la ciudad y abandonaron el lugar mientras reflexionaban sobre lo que se avecinaba.

11 de Abril de 2020 às 13:17 0 Denunciar Insira Seguir história
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