leni Marlene Poblet

Esta es la historia de un vago. Si eres de los que se pasa el día tumbado en el sofá con el pijama puesto, si eres de los que queda en un bar toda la tarde con sus colegas, si eres de los que prefiere quedarse en casa jugando o viendo series, si eres de los que se plantea hacer deporte pero eres incapaz de ponerte en serio, quizá puedas sentirte identificado.


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Historia de un vago

Esta es la historia de un vago. Si eres de los que se pasa el día tumbado en el sofá con el pijama puesto, si eres de los que queda en un bar toda la tarde con sus colegas, si eres de los que prefiere quedarse en casa jugando o viendo series, si eres de los que se plantea hacer deporte pero eres incapaz de ponerte en serio, quizá puedas sentirte identificado.


Hace dos semanas quedamos en el bar de siempre los colegas de siempre. Nos pedimos unas cañas y una tapa de morros de cerdo. Jugábamos a cartas y hablábamos de qué película podríamos ir a ver al cine por la noche. Así pasábamos todas las tardes desde hacía por lo menos cinco años. Siempre hemos sido personas sociales. A la tercera caña tuve que ir al baño y al volver me di cuenta de que estaba sin aliento. El único puto bar del pueblo que pone el baño en un segundo piso.

-Tío, te estás poniendo ceporro. -dijo Ismael, sutil, como siempre.

Decidí ignorarle porque no valía la pena discutir. Cogí una servilleta para secarme el sudor de la frente. Tener amigos para esto.

-Sí,sí, se te ve más fondón. -afirmó Pedro pinchando otro morro.

-Hablaron los halterófilos.

-Tío, escucha, nos apuntamos los cuatro al gimnasio y así es más fácil hacer ejercicio. -se animó Marc.

-Eso es lo que dicen las personas con poca fuerza de voluntad para no rajarse. Te diré un secreto: no funciona.

-Que sí, nos obligamos entre todos.-Marc pinchó el último morro de cerdo.

-¿Para qué? Mira, a mi no me gusta la idea de tener que ir a un sitio que huele a pies y tener que estar rodeado de viejos y vigorexicos sudados que gimen cada vez que levantan algo de peso simplemente para sentirme un poco mejor conmigo mismo cuando puedo hacerlo en mi casa cada vez que abro una cerveza y me siento a ver True Detective.

Se callaron durante unos segundos.

-Tienen piscina. -convino Pedro.

-Tu lo llamas piscina, yo lo llamo Hongos Fest. ¿De verdad quieres meterte en ese agua de dudosa higiene para tener que estar nadando detrás de un viejo que intenta hacer crol pero que está claro que el socorrista está pendiente de el porque sabe que algo malo va a pasar, mientras ves como se le sale el escroto del bañador que usaba cuarenta años atrás? Por no hablar del yacuzzi, que me hace sentir como una langosta hirviéndose poco a poco en la cazuela mientras se fusiona con el resto de los ingredientes.Yo no sé que le echan a eso pero te aseguro que agua no es.

-Pues salimos a correr, si total el gimnasio vale un pastizal.-sugirió Ismael.

-Este seguro que le encuentra pegas... -susurró Marc.

-Por supuesto. ¿Habéis visto a la gente que sale a correr? Tienes que dejarte un dineral en ropa fluorescente, por lo visto, y luego ponte a trotar por la montaña con la de polen que hay y vas solo si tienes suerte y no se te une algún grupo de frikis del 'running' que empiezan a contarte cómo empezaron y porqué están tan enganchados. Una cosa os digo, si tienen facilidad por engancharse a algo así yo no les dejaría ni probar la coca-cola.

-Eso es verdad... - comentó Pedro.-Además, intentan animarte pidiéndote que les sigas el ritmo... Yo no sé si soy capaz de correr quince minutos...

-Ni quince ni cino, Pedro, no te engañes. No solo te insisten, es que lo hacen gritando como si estuvieran en una media maratón: ¡VAMOS QUE TÚ PUEDES, VENGA, RESPIRA, PISA CON GANAS! ¿Cómo coño les da tiempo a coger aire a esta gente, por Dios?

-¿Y yoga? Es más calmadito, música relajante, sentarte a meditar, estirar un poco...- dice Ismael.

-El deporte de los hippies. Y lo llamo deporte para ser generoso porque para tumbarte encima de un pedazo de caucho e intentar hacer posturas del kama-sutra muy fuerte no tienes que ser, lo que tienes que ser es optimista si crees que podrás ponerlas en práctica.

-Ahí lleva razón.- dijo Ismael mirando a Marc.

Cuando quisimos darnos cuenta los tres mirábamos a Marc con ojos inquisidores intentando que soltara alguna otra contrapropuesta. Los equipos estaban hechos y Marc estaba solo. Sus ojos se movían por toda la habitación intentando buscar respuestas. No sabía qué decir. De repente, sus ojos se iluminaron y creyó tener la respuesta perfecta.

-Una palabra: pachanga. Estoy seguro de que si le comento a mi hermano y a los del curro se apuntan a jugar una o dos veces por semana. Vamos al campo de detrás del cementerio.

Será cabrón.

-Hostia, eso sí me gusta.- dijo el traidor de Ismael.-Es una pachanga, tanto no hay que correr y con colegas es más ameno.

Miré a Pedro a los ojos. Su mirada me decía que estaba conmigo. Asentí sonriente y volví a mirar a Marc que estaba inquietantemente seguro de si mismo.

-Martes y jueves.

-¡Joder Pedro! Venga ya, la pachanga es un coñazo. Además ya vemos a los del curro ocho horas diarias y ahora los queréis ver también por las noches, de verdad que no os entiendo.

-Será divertido, tío. Me pido defensa. -dijo Marc motivado.

-¿Pero iremos en el mismo equipo siempre?-preguntó Ismael.

-Hostia, yo contigo no voy que eres un peligro...

Mierda. Me convencieron. Eran tres contra uno y tuve que ceder aunque serían incapaces de hacerme correr ni un metro detrás de un balón.


Hace una semana hicimos el primer partido. Seré breve porque también lo fue el partido y, para ser sinceros, no hay mucho que contar. Pedro no aguantó ni quince minutos corriendo como había confirmado días atrás. Ismael aguantó bastante más de lo que esperaba pero tuvo que irse de cabeza al banquillo cuando se torció un tobillo pasados veinticinco minutos. Marc aguantó el tipo más por orgullo que por vocación porque cuando llevaban una hora jugando arrastraba los pies y tenía la boca más seca que un desierto. Yo hice de árbitro estatua.


Esta noche toca partido otra vez. La alineación es mucho mejor que la de la semana pasada, no cabe duda. Por razones que desconozco, la gente está más animada y motivada. Se han hecho una camiseta para el equipo y todo. Sus colores son el dorado y el verde y su escudo es una jarra de cerveza. Se han llevado altavoces, supongo que para poner música e intentar olvidar la pérdida de tiempo y de energía que supone correr de un lado al otro del campo sin motivo, pero qué sabré yo. Se han llevado un barril de cerveza para cuando acabe el partido y han propuesto ir a cenar.


Os aseguro que no hay nada que me haga más feliz ahora mismo, no hay nada que me llene más que ver las caras de mis amigos Pedro, Marc e Ismael a mi lado sentados en el sofá viendo True Detective mientras imaginamos a esos pardillos.







18 de Março de 2020 às 15:30 0 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

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