poche Yeyo Poche

La oscuridad invade el universo. Un Dios ha despertado y busca venganza. Sus ejércitos de demonios infernales devoran galaxias a su paso. Jack Damon un cazador y explorador galáctico, descubrió dos hallazgos tecnológicos que lo convirtieron en el fugitivo más buscado de la Vía Láctea. El primero fue la Inteligencia Artificial Vaness. Una entidad de una antigua civilización de simbiontes. El segundo una nave espacial de origen desconocido. La robó del Imperio Terra. Jack además se ve envuelto en una venganza entre los Dioses del Zodiaco y un Dios exiliado. Él no tiene idea de ello, ya que todo sucede en las sombras. Su primer contacto con ellos fue a través de unas misteriosas criaturas que invaden la Vía Láctea. Él advirtió a los imperios, pero ellos hicieron caso omiso a su advertencia. Después de mucho tiempo huyendo, lo capturaron, pero un acontecimiento lo obligó a escapar a una nueva galaxia. Para desgracia, en el nuevo mundo el Dios Eroko lo maldijo. ¿Qué le espera en esta galaxia y en el nuevo mundo? Sigue las aventuras de Jack y descubre los misterios, las leyendas, y los mitos ocultos. ¿Y cómo deshará la maldición?


Fantasia Medieval Para maiores de 18 apenas. © Yeyo Poche

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Descubierto

Planeta Plutón, Tártaro Dorsa.

Año 2290


En un ambiente tóxico y con una tenue atmósfera de nitrógeno. El astro solar en el horizonte reflejaba su resplandor en la superficie del planeta enano. Al otro extremo, el satélite Caronte irradiaba una luz opaca y distante la cual era insuficiente ante aquella iluminación. Mientras, el conjunto de montañas similar a la corteza de un árbol proyectaba sombras tenebrosas.


Poco a poco el sol dejó de irradiar, en su lugar un objeto eclipsó la superficie del planeta durante unos minutos, luego reemplazó esa oscuridad con su cola de humo y fuego. El objeto, o más bien asteroide se acercaba cada vez más hasta que finalmente atravesó la capa atmosférica de Plutón estrellándose contra las montañas de Tártaro Dorsa.


El asteroide chocó en la cima de una montaña, destrozándola a la mitad. Su choque sonó como un chirrido metálico, pero, aun así, siguió su trayecto y colisionó contra el áspero suelo.


¡¡Boooooom!!


Cuando lo hizo, esparció escombros en un radio de un kilómetro y el impacto creó un cráter de unos veinte metros. El fuego y humo que salía de la roca se disipó a la falta de oxígeno, y volvió a su estado natural.


A unos dos kilómetros del cráter la montaña presentaba un desperfecto extraño. El resto de ella reveló una estructura metálica. Este espejismo montañoso era un sistema ecológico cerrado con aspecto de cúpula. Al lado de la cúpula, dos torres; una se desmoronaba a pedazos debido a la colisión y la otra seguía en pie, iluminada por la cálida luz solar que aún brillaba en la lejanía.


¡Advertencia!

¡El sistema de camuflaje ha sido averiado!

¡Advertencia!

¡El sistema de camuflaje ha sido averiado!


En el interior de la cúpula, una voz robótica repetía una y otra vez mensajes de advertencia. Mientras, la alarma sonaba incesante a través de los rincones y de las estériles paredes de color blanco. Las luces parpadeaban reflejándose en ellas, y tornándolas rojas.


La edificación constaba de varias divisiones: un hangar, dormitorios, laboratorios, sala de comando y de máquinas. En medio de ellas, un jardín con diferentes tipos de plantas que transpiraban oxígeno, y de las cuales colgaban frutos apetecibles. Este jardín lo rodeaba un corredor que comunica a diferentes partes de la cúpula.


Había puertas distribuidas por el corredor circular que encaminaban a diferentes secciones del edificio. Una de ella llevaba a los dormitorios de donde un hombre en calzoncillos y pantuflas salió con rostro enfurecido mascullando insultos y maldiciendo.


Cuando llegó a la «Sala de Comando» una amplia ventana transparente mostraba el paisaje de Tártaro Dorsa, pero su expresión cambió en el momento en que vio miles de astronaves, más de las que podía ver, que salían de la distorsión.


—Sabía que era cuestión de tiempo, pero nunca pensé tardarían tanto.


«Un asteroide averió el sistema de camuflaje», indicó una voz. «Además, el sistema está siendo hackeado.»


—¡Oh Mierda! —maldijo, a la vez que llevo sus manos a la pantalla táctil intentando frenar la invasión, pero era inútil. —¿Un asteroide dijiste? Esto es inusual que suceda aquí…


«¿¡Inusual!?… ¿señor, ha olvidado dónde estamos?»


—¿No estamos en la Luna? —preguntó con vacilación.


«¡No, señor!, Estamos en el planeta enano… La probabilidad que un asteroide se precipite es de un cien por ciento.»


La voz en su cabeza demostraba lo cierta y confidente de sus palabras porque sin este incidente nadie sabría que en Plutón existía una base planetaria, y oculta por mucho tiempo.


—Está bien, está bien, lo había olvidado. —hizo una pausa. —Ordena a los robots que empaquen mis cosas, nos vamos a un mejor lugar.


«¿Cómo sabes que será un mejor lugar?… ¿Acaso eres adivino?… ¿Cómo es que nunca tuve ideas sobre ello?»


—Es solo una intuición. Sabemos quiénes son los que están ahí fuera.


«¿Entonces, planeas dejarte atrapar?… ¿Sabes que una vez lo hagas, estarás en sus manos y quizás no sean tan condescendientes?»


—Bueno, dejémoslo a la suerte… Por precaución, activa el protocolo AB0100-15 por tiempo indefinido.


«¿Estás seguro?», preguntó la voz en su cabeza.


—Sí, lo estoy. Y no hagas más preguntas. Prepara todo para cuando llegue el momento. —contestó como si no le importarse que lo atrapen. —La tortura que me espera. —murmuró.


«Señor, algunas veces no sé qué estás pensando.»


—Es bueno que no lo sepas.


※※※※


Astronaves, una tras otras salían de la distorsión; pequeñas, medianas, grandes, y todas apuntando con sus armas de plasma y cañones plasmáticos. Plutón ante este repentino evento parecía una bola de billar esperando ser arrojado al vacío. En la historia de la humanidad solo ocurrió una vez un hecho de esta magnitud y sucedió durante la guerra fronteriza contra los Enarkos.


—A toda la flota imperial. Les habla el Almirante John Farkon. No tengo que explicar el motivo y las razones por que estamos aquí… No permitan que nada, absolutamente nada, salga de ese planeta. Impídanlo a cualquier costo. —su voz se transmitió a todas las astronaves presentes e incluso a las que aún no lo estaban.


—Capitán, la cápsula espacial esta lista. —informó el oficial de comunicaciones.


—¡Bien!, Notifica al equipo terrestre que me uniré al grupo. Recuérdales, no debe haber fallos en esta operación.


—Sí, capitán.


Más tarde, la cápsula espacial ingresó la atmósfera del pequeño Plutón y aterrizó en el puerto. Donde varios oficiales en equipo militar desembarcaban en formación táctica. El Almirante siguió al equipo hasta la entrada, donde un oficial realizaba una abertura con un soplete de plasma.


¡Boom! ¡Boom!


La puerta no resistió el corte y cayó.


¡Advertencia!

¡El ecosistema ha sido comprometido!

¡Advertencia!

¡El ecosistema ha sido comprometido!


—3Q desactiva las alarmas y sistemas de seguridad.


—Estoy en ello, en unos minutos más y este juguete freira todo. —señaló un dispositivo con cuatro patas y con un indicador que mostraba el porcentaje de carga, este que hacia un pitido cada vez que subía.


El aparato terminó de cargar y al hacerlo lanzó un pulso electromagnético que se propagó en el edificio afectando sistemas electrónicos.


¡Advert…encia!

¡El ecosi…stema ha sido compr…ome…tido!

¡Ini…ciando……!


—Cambien visión a modo nocturno.


El grupo de oficiales entró a la edificación sin detenerse ni observar sus alrededores. Porque lo único distintivo eran dos astronaves de tamaño mediano, y por tal razón se podía intuir que era el hangar. Por este motivo, no hubo necesidad de inspeccionar, así que prosiguieron por un corredor que los llevaba a un jardín protegido por un fino vidrio.


El oficial al mando hizo varias señas con sus manos para que se separen en dos grupos: uno tomó la derecha y el otro la izquierda. Mientras avanzaban, forzaban cada puerta que encontraban en el trayecto. Una hora más tarde, ambos grupos parados frente a una gran puerta que encima del marco decía «Sala de Comando».


Los oficiales entraron a la sala encontrándose a un hombre sentado con las piernas cruzadas tomándose un líquido de un recipiente metálico, el cual bebía con sutileza.


—Si es veneno, no te preocupes. —anunció el almirante a su entrada. —Tenemos métodos para revivirte, aunque creo no eres de ese tipo de persona.


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10 de Abril de 2020 às 17:30 0 Denunciar Insira Seguir história
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