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La reunión

Hace dos días tuvimos una reunión en el hotel deonde trabajo temporalmente. Por lo visto, algunos clientes se quejan de la NO presión de las duchas y del mal olor de los baños, la solución que han encontrado a estos problemas es tan buena que debería de imponerse de modo inmediato en todos los hoteles del mundo. A los clientes que se quejen (solo a estos, a los demás que les den por culo) se les va a dar un ticket para un café o un té gratis en el bar del hotel, (ahí lo llevas). “Siento que para ducharse tenga que lavarse los sobacos en el lavabo y que el servicio huela a muerte, pero pedazo de café/té calentito gratis que se va a tomar con este ticket”. Me encanta este hotel, son tan…cabrones, que se les pilla hasta cariño.

En dicha reunión también se habló del kit de “limpieza” que se va a dejar en cada pasillo, al lado de los extintores para cuando vengan grupos de escolares. Los niños aquí deben de vomitar como aspersores, porque dentro del kit hay unas gafas de plásticos. Desde luego no seré yo el que se acerque a un chaval cuando esté como la niña del exorcista, solo de escribirlo me dan arcadas. Dentro del kit también vienen unas toallitas (la gente se preocupa por el medio ambiente, y estos cabrones ponen un bote de toallitas húmedas NO biodegradables del tamaño del Amazonas, uno por pasillo), un par de sábanas limpias, una bolsa de basura grande y unos guantes, solo les ha faltado poner una pala, y lo mismo te vale para limpiar vómitos que para deshacerte de un cuerpo. ¿Os imagináis que se venden kit para deshacerse cuerpos en Amazon?, aquí dejo la idea, en ciertos países lo petaría, solo digo eso.

Del resto de la entrevista no me enteré de nada, pero me alegro porque sacaron una tabla de estadísticas, (qué poco me gustan estas cosas), de hecho, cuando mis ojos ven una tabla de este tipo se cierran solos a modo de protección. El tema de los ojos es algo interesante, yo una vez fui soldador, recuerdo que el primer día cortando con una radial y con las gafas puesta me clavé dos virutas en el ojo derecho, eso es casi imposible, pero a mí me pasó, estuve dos semanas soldando como un pirata, en otra ocasión cortando una guindilla se me metió una pepita en el ojo izquierdo, (me gusta ir alternando los ojos) eso es una putada nivel paladín, si abría el ojo me lloraba, pero si lo cerraba me quemaba, y así es como se crea un bucle infinito de dolor y lágrimas. Ya para acabar diré que una vez estuve en Almería para pasar un fin de semana, nada más llegar me fui a la playa, me entró arena en los ojos, me froté, (error) fui al médico y me pasé el resto del fin de semana con una venda sin ver un carajo. Si alguien me pregunta si he estado en Almeria siempre le digo que no porque me da vergüenza decirle lo que me pasó. Creo que voy a ser la única persona en el mundo en usar lentillas a modo de protección y tener de mascota un perro guía sin ser ciego. Hace unos meses el oculista me mandó unas lágrimas artificiales, me he echado lágrimas en la barbilla, en la frente y en ambos cachetes, pero nunca dentro del ojo, es imposible, no hay manera, ahora bien, seguro que tiro el bote al suelo, lo piso y me cae una gota en cada ojo.

Volviendo a la reunión del trabajo, yo voy a las reuniones por dos razones de peso, una porque no me permiten no ir, y dos porque me pagan esa hora como si estuviera limpiando vómito. El primer día que me dijeron que me pagaban por asistir a las reuniones les ofrecí el doble por no ir, pero se lo tomaron a cachondeo, tengo que practicar mi cara de serio porque no era broma, o quizás no ofrecí lo suficiente, tengo que volver a probar con un billete de más cantidad en la mano.

Odio la gente que apila los platos dejando comida entre medio. Normalmente la rutina de un friegaplatos es sencilla: plato, plato, plato, plato, pero cuando uno de estos lumbreras viene la rutina cambia a: plato, pollo, patatas, plato, servilleta, kilo de gambas sin pelar, toallita húmeda (¡tus muertos!), entrecot de ternera, plato, colilla de cigarro, plato.

Hace muchos años cenando en casa de mis abuelos, mi abuelo apagó un cigarro en el plato después de comer, recuerdo perfectamente la escena porque mi abuela se levantó de la mesa y le dijo al oído flojito (pero quizás no lo suficiente): Como vuelvas a pagar un cigarro en un plato de la comida, te voy a meter la colilla en una albóndiga y te la vas a comer sin darte cuenta.

¿Es posible comerse una albóndiga con una colilla dentro y no darse cuenta? Yo suelo masticarlas, pero igual mi abuelo comía como un pelícano, no lo recuerdo bien porque el pobre murió hace muchos años, y tengo vagos recuerdos de él, pero comer como un pelícano es malísimo para el estómago. Mi abuelo ese día aprendió la lección, yo aprendí dos cosas: No comer albóndigas en esa casa, y de que mi abuela era una mujer chunga, una especie de Tony Montana embutida en una bata y con rulos eternos. El tema de los rulos es algo que siempre me ha llamado la atención, mi abuela siempre tenía los rulos puestos, menos cuando salía a la calle, pero jamás la vi ponerse o quitarse los rulos, por lo que es posible que fuera calva y tuviese dos pelucas, una con rulos de interior y una de pelo sin rulos para exterior. Le tengo que preguntar a mi madre si alguna vez vio a mi abuela quitarse o ponerse los rulos.

Ahora que lo pienso, creo que mi abuelo murió de viejo, o eso quiero pensar, pero os imagináis que le hubiesen hecho la autopsia y el resultado hubiese sido: La última cena de este señor fue un plato de albóndigas y treinta y dos colillas de Winston.

25 de Janeiro de 2020 às 10:27 0 Denunciar Insira 0
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