tsukinohana Tsuki No Hana

Un accidente sobre el hielo pone a prueba el poder del amor ágape en su relación. Algunos sucesos generan malos entendidos, nuevos amigos y enemigos, separaciones e intentos de conquista, dolores y alegrías. Atravesarán circunstancias extremas en las que ambos madurarán a base de golpes y fracasos, pero ese sufrimiento terminará forjando un amor indestructible y un futuro estable con nuevos integrantes en la familia que formarán.


Fanfiction Para maiores de 18 apenas.

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Mi Katsudon

Agape to Eros

By Tsuki No Hana

1

"Mi Katsudon"

Yuuri.

El aire gélido me dio directo en el rostro a penas puse un pie fuera del aeropuerto. Había mirado alrededor y recuerdos del año pasado llegaron a mi mente, de aquella vez en la que estuve a punto de dejar mi pasión más grande por haber obtenido un mal resultado en la competencia. Si hubiera tomado esa errónea decisión, no estaría ahora mismo compartiendo taxi con Viktor Nikiforov.

Lo miré disimuladamente por el rabillo del ojo, y noté, no sin vergüenza, que se recargó contra la ventanilla del auto, viéndome fijamente. Los dos íbamos en las ventanas y Makkachin en medio, así que podía fingir que no lo había notado mirándome ¿O no?

Escuché un leve suspiro, lo miré "disimuladamente" de nuevo y ahí estaba: una abierta sonrisa se hizo camino en sus labios, extendiéndose mucho más allá que aquella sonrisa traviesa tan suya, llegando a formar un hoyuelo en su mejilla izquierda.

—¿Por qué tan feliz? —alcé una ceja.

—Vi tu programa libre —no borró esa sonrisa. Miré cómo sacó su móvil y lo apuntó con un dedo.

Internet. Lo había olvidado, obviamente Viktor ya estaba enterado de que lo desobedecí al sobre-esforzarme de esa manera con tal de conseguir más puntos.

—Eres igual a mí —dijo de pronto, su sonrisa fue ahora un poco más nostálgica.

—¿Eh?

—No le haces caso a tu entrenador, ¡pero vaya espectáculo el que diste! Estoy muy orgulloso —sus ojos brillaron—. ¡Cómo me hubiera gustado estar ahí para felicitarte en el momento!

Un recuerdo acudió a mi mente como un relámpago. Mi rostro no podía estar más rojo al recordar cómo me recibió en China después de terminar el programa libre. Aún no lograba asimilar lo que ocurrió en la pista. Creí que sólo me abrazaría para después regañarme por desobedecerlo, pero no... ese día recibí más que un abrazo de su parte. Me había besado, mi primer beso.

Inconscientemente llevé una mano a mis labios. Había sido tan cálido y tan... inesperado. ¡Mi primer beso fue con un hombre! Y nada más y nada menos que en frente de miles de personas y de cámaras con trasmisión en vivo a todo el mundo. Sí, las fans de Viktor seguramente me odiaban, pero ¿por qué? No éramos nada, en ningún momento tocamos el tema del beso, es más, cabía la posibilidad de que hubiese sido mero accidente, sí, seguro fue eso.

—Yuuri.

—¿Eh?

—Estás muy distraído, ven, ya llegamos —sonrió como siempre y fue ahí donde fui consciente del espacio que me rodeaba.

Estábamos frente al onsen, había llegado a casa.

Mi familia y Minako-sensei me recibieron con los brazos abiertos, habían hecho una cena especial para mi regreso y fue ahí donde noté que Viktor seguía hospedándose en el hotel, eso me hizo en cierta forma muy feliz. Pero nada se comparó con mi felicidad al ver que mi madre había preparado katsudon de bienvenida. No me contuve y comí dos porciones.

—Oye, si comes así, terminarás rodando en la gran final.

Miré a mi hermana con enfado y vergüenza a la vez. Minako-sensei y mi madre estallaron en risas. Estaba por responderle algo cuando...

—Se vería adorable — a mi lado, Viktor se emocionó de sólo imaginárselo. Yo no pude más que avergonzarme y desear que la tierra me tragara—. Pero no tienes de qué preocuparte, haré que pierda todas esas calorías en menos de lo que te imaginas —guiñó un ojo y casi juré ver que le sangraba la nariz a la pervertida de mi hermana y ni se diga a Minako-sensei.

Suspiré pesadamente y solté los palillos sobre la mesa.

—Gracias por la comida —miré a mis padres con una sonrisa sincera, sabía lo mucho que se esforzaban por hacerme feliz, sin saber que ya lo era.

—Pero Yuuri ¿No quieres un poco más? Después de todo ¡ganaste un lugar en la final! Te lo mereces.

—Gracias mamá, pero... —se me hizo agua la boca. Podría comerme dos tazones más si me lo proponía—... pero estoy muy cansado, quisiera ir a dormir.

Todos se despidieron, deseándome buenas noches, incluso Viktor lo hizo. ¿Ya no me pediría que durmiéramos juntos?

Al parecer no...

Pues se quedó devorando su quinto tazón de cerdo. Qué envidia, él podía comer como si no hubiera un mañana y aun así conservar su peso.

Suspiré y seguí mi camino, pero nunca nadie podría haberme preparado para lo que estaba a punto de presenciar. A penas puse un pie dentro de mi habitación, sentí que algo no andaba bien. Encendí las luces y...

Poster de Viktor por aquí, poster de Viktor por allá, fotos e impresiones de Viktor por doquier. Estaba mi colección, pero además habían añadido el doble o triple de la cantidad normal y en tamaños enormes.

—¡¿Pero qué rayos...?! —comencé a arrancarlos de las paredes antes de que a cierta persona se le ocurriera irrumpir sin tocar a mi habitación, seguí en mi labor, hasta que me percaté de cierto cambio en la colección: todos y cada uno, los viejos y los que aparecieron mágicamente; estaban autografiados por "Viktor Nikiforov"

¡Pero claro!

Cuando regresó a Japón para ver a Makkachin, tuvo que haber venido a casa, pero lo que no me explicaba era cómo supo de mi colección de posters, si yo los tenía bien guardados bajo el colchón y...

Ah, sí... mi madre tenía la culpa de todo eso. ¡Ella y su manía de cambiar las sábanas casi a diario! Seguramente se encontró con los posters y no perdió la oportunidad de mostrárselos. ¡Rayos! ¿Ahora cómo lo miraré a la cara?

De pronto alguien tocó a mi puerta.

—¿Yuuri, estás despierto?

¡Era él!

—S-sí.

No pidió permiso para entrar, simplemente abrió la puerta y pasó como si estuviera en su propia habitación.

—¿Te gustó mi regalo? —sonrió ampliamente.

—¿T-tu regalo? —mi rostro se puso de mil colores.

—¡Sí! Por haber calificado para la gran final. Tu madre me dijo que fuiste mi admirador desde que comencé en el patinaje, también me dijo que influí mucho para que decidieras practicar este deporte —sonrió—. Me sentí halagado, ¡y ni se diga cuando me enseñó tu enorme colección de fotos y posters! ¿Por eso no me dejabas entrar a tu habitación, Yuuri? —alzó una ceja—. Bueno, no importa. Espero que no te moleste que haya aumentado tu colección, también los firmé y puse un mensaje distinto en cada uno —me guiñó un ojo—. ¡Ah! Casi lo olvido, son fotos que nadie más tiene —señaló la pared de la derecha, donde una foto de él, Makkachin y yo, estábamos en la playa. Vaya... no la recordaba.

—Gracias —dije al fin, pero no menos avergonzado.

—Y falta esa —señaló con su índice hacia el techo, justo en la porción sobre mi cama—. Ya que nunca me dejas dormir contigo, decidí poner esa foto ahí, para que la veas todos los días al despertar —guiñó un ojo.

—¡¿Qué?!

Casi me fui de espaldas al piso al ver un poster tamaño gigante pegado al techo. Y la imagen era nada más y nada menos que una captura del momento preciso en el que Viktor se echó sobre mí en la pista de patinaje, el segundo del beso, el cual, por cierto, nadie tenía la certeza de que lo fue en realidad, no por la posición de los brazos de él. Eso lo hacía un poco misterioso y secreto para los dos, a pesar de que ocurrió frente a miles de espectadores.

—¡¿Cómo conseguiste esa foto?!

—Tengo mis contactos —guiñó un ojo — . Además, tuve mucho tiempo libre después de tu presentación y como tu vuelo se retrasó, pues... quise darte una pequeña sorpresa —se encogió de hombros—. Por cierto, tu madre me mostró un álbum de fotos...

Dejé de escuchar a partir de ese momento

NO.

Ese no.

No, por favor.

—...De cuando eras bebé y...

—¡Madre! —solté los posters y salí corriendo con pasos pesados hasta llegar al comedor—. ¿Le enseñaste a Viktor...

No pude continuar, pues justo en ese momento tenía la evidencia en sus manos. Ese maldito álbum repleto de fotos mías desde que nací, hasta la fecha.

La cantarina risa de Viktor se escuchó a mis espaldas.

—¿Por qué te enojas tanto? Eras un bebé muy tierno.

—¡¿Verdad que sí?! —se emocionó mi madre.

—Era una pequeña bola de grasa.

—Pero esa bolita de grasa se movía tan bien sobre el hielo —Minako-sensei sonrió al recordarlo, sin refutar el anterior comentario de mi hermana.

—¡Mari-neechan! —exclamé con enojo.

Todos estallaron en risas. Debía admitir que antes era un poco gracioso que dijera cosas así, las aceptaba con resignación, después de todo eran realidad, pero no ahora que él estaba aquí. ¡Sólo me avergonzaban!

—¡Mira Vitya-chan! No has visto esta foto, es adorable.

¿"Vitya—chan"? ¿Desde cuándo lo llamaba con tanta confianza? Vi cómo caminó hacia mi madre y tomó el álbum de fotos. Sus ojos brillaron de una manera extraña y se quedó callado. Yo estaba por enojarme e irme de ahí antes de que siguieran ridiculizándome, pero me carcomía la curiosidad. ¿Qué foto miraba?

Me acerqué hasta ver que... oh, esa foto.

—Dijiste que no habías tenido novia —sus palabras fueron serias, como un par de filos. No dejaba de ver la foto y por un momento me desconcerté ante su "acusación".

—¡Ja! ¿Novia? Mi hermano sólo estuvo enamorado en secreto de ella por... toda la vida —rio un poco—. Pero otro patinador la enamoró y se casaron —no pude evitar verla con algo de resentimiento.

—No lo digas así, Mari-chan —refutó Minako-sensei—. Takeshi, Yuko y Yuuri fueron muy buenos amigos desde pequeños, si lo dices de esa forma sonará a que siempre tuvieron rivalidad.

—Uhm, bueno, pero es cierto que Yuuri siempre la quiso en secreto —soltó una risilla.

—Ya veo... —él me miró y sentí cierta tristeza en sus ojos.

Ahora fui yo quien miró la foto de mi graduación de secundaria. Recordaba bien que en esa ocasión Takeshi había salido del país, así que tuve la oportunidad de invitar a Yuko al baile. Fue lo más lejos que llegué con ella, pues siempre estuvo enamorada de él.

—Sólo fue amor de secundaria, nada importante —sonreí, tratando de restarle importancia.

—Siento eso... —dijo él de pronto.

—No es nada —y hablaba en serio. Ahora miraba esa foto y verla ahí no me causaba nada más que cariño fraternal.

Narradora.

Se hizo tarde y ya todos se encontraban en sus respectivas habitaciones. Al regresar a la suya, Yuuri tomó con cariño todos y cada uno de los posters que tapizaban sus paredes y dejó sólo los más significativos a la vista, el resto los guardó en un lugar secreto y especial. No lo quería admitir, pero seguía sintiendo esa admiración y fascinación por el gran patinador Nikiforov. Tampoco admitiría frente a nadie que ese gesto lo había hecho inmensamente feliz.

Soltó una risilla al aire y es que su vida sí que había cambiado en tan sólo unos meses.

De pronto se dejaron escuchar unos rasguños contra su puerta. Sonrió y la abrió sin pensar, sabía que era Makkachin.

—Hola amigo ¿Quieres...? oh, Viktor —parpadeó confundido al verlo a él y no al perrito.

—Sabía que así me abrirías de inmediato —rasguñó la puerta, provocando el mismo ruido de hace unos momentos.

—¿Qué ocurre? —suspiró, cansado.

—¡Durmamos juntos! —se animó a sugerir, aun conociendo la respuesta.

—Viktor —se sonrojó un poco—. Yo... —rascándose la mejilla se dio media vuelta—. Será mejor que cada quien duerma en su habitación.

—¿Por qué? —puso cara de cachorrito triste.

—Porque... en una semana nos vamos a Barcelona y deberíamos descansar y... —se giró para encararlo, pero no pudo continuar. Frente a sí tenía el pecho descubierto del otro, todo por culpa de esa yukata del onsen. Maldijo mentalmente cuando tragó en seco y se escuchó con fuerza en toda la habitación.

Viktor lo abrazó contra su pecho y susurró:

—Está bien, no te molestaré. Descansa.

Quiso decirle que se retractaba de sus palabras, que se quedara, que descansaría mejor estando a su lado; pero mientras estuviese aplastado contra su pecho, absorto en esa loción tan característica y tan propia de él, no podía pensar coherentemente.

Y su corazón casi se detuvo cuando el ruso se inclinó un poco sobre él para rematar con un tierno beso sobre su frente.

—Buenas noches, mi pequeño katsudon —soltó una risilla traviesa y salió de la habitación antes de ver la graciosa reacción del menor. Se había quedado de piedra, pero segundos después se llevó ambas manos a la frente y se puso tan rojo como la grana.

"Pequeño katsudon" ¡Ja! —se mofó, tratando de parecer molesto a pesar de su enorme felicidad.

>>><<<

Esos días en Hasetsu fueron muy agradables tanto para Yuuri como para Viktor, éste le recomendó olvidarse del patinaje y disfrutar de la playa, (aunque era invierno) del onsen, de los paseos por la ciudad y de esos pequeños detalles que se valoraban sólo cuando uno estaba en completa paz.

La relación de ambos se hacía más estrecha día con día y los momentos que pasaron juntos los atesoraron en lo más profundo de sus corazones. Se encontraban en ese cómodo momento de una relación en la que todavía no es una relación, sí, era complicado, pero era una de las etapas más bellas y de las cuales se suelen recordar con más cariño y emoción.

Luego de descansar y despejarse, volvieron al arduo entrenamiento. Aunque pareciera increíble, Yuuri no aumentó ni un gramo a pesar de la dieta rigurosa de katsudon que llevó todos esos días. Su entrenador se lo premió con horas extras de práctica, vaya motivación, pero a pesar de ello, el japonés estaba muy emocionado y nervioso por la competencia. Era su primera vez llegando tan lejos, no quería arruinar la oportunidad y mucho menos manchar el nombre de Viktor Nikiforov.

—Muéstrame ese salto de nuevo, por favor —jadeó—. Quiero agregarlo a la coreografía.

—¿De nuevo? —preguntó con la respiración agitada—. Yuuri, tu coreografía es perfecta, no necesita más saltos —se sentó sobre el hielo. Estaba exhausto.

—Pero... quisiera practicarlo de nuevo, por favor —pidió con una leve inclinación de cabeza.

Viktor soltó un suspiro con diversión.

—En serio no te cansas, qué resistencia tienes, es sorprendente —se dejó caer de espaldas al hielo, acostado a sus anchas en la pista.

—¿Viktor? —se arrodilló cerca de él, preocupado al verlo con sus ojos cerrados, no se movía—. Viktor ¿¡Estás bien?! —con sus rodillas muy cerca de la cabeza del otro, se inclinó sobre él para observarlo mejor y notar algún signo de que estuviera lesionado o algo por el estilo.

—¡Boh! —abrió los ojos de repente y Yuuri dio un salto hacia atrás, haciendo que el otro se carcajeara ante su reacción.

—¡Tonto! ¡Me asustaste, creí que te habías desmayado! —adoptó la misma posición que al principio, con sus rodillas muy cerca de la cabeza de él, viéndolo desde arriba.

—Es verdad que me estoy haciendo viejo, pero... no es para tanto —hizo puchero y Yuuri se avergonzó un poco por su metida de pata.

—Lo siento, yo... —silenció cuando las manos de Viktor alcanzaron su rostro, específicamente sus anteojos azules.

—Tienes unos ojos hermosos, es una lástima que siempre estén detrás de estos cristales.

Yuuri quedó desarmado ante esas palabras y esa intensa y profunda mirada aquamarina.

—Bien, sigamos practicando —se incorporó con facilidad y ayudó a Yuuri a hacerlo, pero éste soltó un leve quejido, acompañado de un trastabilleo que los hizo caer a ambos sobre el hielo. El de anteojos de espaldas a la pista y Nikiforov sobre él.

El momento se congeló para ambos, de pronto era como estar de nuevo en China, los dos tumbados sobre el hielo, con la mirada fija en los ojos del otro, se miraban como si ambos guardasen el secreto más maravilloso del mundo.

Viktor.

Me perdí en su mirada, y es que el color de sus ojos me encantaba; eran color café, café que quita el sueño, café que produce desvelos.

No puedo describir lo que sentí cuando lo miré en aquel video causante de nuestro presente. Era perfecto, sus movimientos suaves, encantadores y sublimes; esa fluidez en sus pasos, parecía que su cuerpo hacía música con cada movimiento. Simplemente atrapó mi atención, y, cuando lo conocí, atrapó mi corazón.

Era imposible negar que ya había llamado mi atención con anterioridad, pero no de la manera en que ahora lo hacía. Antes sentía algo de pena al ver a un joven talentoso perdiendo oportunidades maravillosas por culpa del nerviosismo y de las típicas inseguridades de un patinador. Pero ahora que lo conocía mejor, podía decir con certeza que Yuuri Katsuki es y será el mejor patinador sobre hielo que exista en el mundo, él me superará en poco tiempo, si no es que lo ha hecho ya.

Ahora veo cómo se sonroja al tenerme tan cerca. Es otra cosa que me encanta de él: su inocencia. Cuando me enfrenté a la decisión de asignar los temas para el "Aguas termales sobre hielo" estuve decidido a darle Ágape a él, pero al hacerlo, jamás tendría la oportunidad de ver su lado Eros de nuevo. No me arrepentía de nada.

Mis ojos no se despegaron de los suyos en ningún momento, ¿qué estaría pasando por su mente? ¿Estaría recordando el beso que le di hace no mucho? Esperaba que no lo hubiese olvidado, porque yo no lo haré jamás.

No puedo evitar sonreír al escuchar cómo pasaba saliva ruidosamente, estaba muy nervioso y sólo pude acercarme un poco más para incrementar ese nerviosismo.

Noté cómo sus ojos me miraban con un nuevo sentimiento que no pude definir del todo ¿Admiración? No ¿Emoción? Quizás ¿Amor? Sí... pero no fue eso lo que me acercó más a él, sino el deseo irrefrenable de sentir sus labios contra los míos una vez más. No hice nada para evitar que ese impulso tomara el control de todo mi cuerpo, sólo me dejé llevar.

Sentí un golpe en el pecho, seguido de otro y luego otro más. El latir de mi corazón jamás se había presentado de esa forma tan evidente e irregular, ni siquiera con ella.

Por Dios, Yuuri ¿Qué me has hecho?

Fue lo único que pude pensar, pues no había cavidad para más en mi mente, no ahora que mis labios acariciaban sutilmente los suyos, esperando ansiosos una respuesta. La piel de sus labios era tan... ¡wow! tan suave y tersa que me tentaba a no separarme nunca. Ese beso era muy distinto al anterior, ya no sólo presioné mis labios contra los suyos, sino que comencé un leve ritmo de caricias tentadoras, pero él no se movía, de nuevo sólo se quedaba estático.

Vamos, corresponde, por favor...

Entonces aparté un poco el rostro, rompiendo el contacto de nuestros labios para ver de cerca su perfecto rostro. Vi lo sonrojado que estaba y vi también el deseo en sus ojos, si no correspondía era porque... sí, estaba nervioso, su cuerpo entero temblaba bajo el mío. Qué ternura.

Sonreí a más no poder y recosté mi cabeza sobre su pecho, escuchando el alocado ritmo de su corazón, vaya, al parecer yo no era el único que se sentía así. Me despegué de ese cómodo lugar sólo para ver de nuevo su expresión. Yuuri tenía todo un repertorio de expresiones faciales, y estaba seguro de que aún no conocía ni una cuarta parte de ellas.

—Vik... —lo interrumpí con un beso tranquilo, traté de mostrarme tierno y comprensivo con él. Si no mal entendía, me había robado su primer beso hace poco, así que pasé una mano por su nuca mientras le acariciaba una mejilla con la otra, esperando a que correspondiera.

Y así lo hizo, me correspondió y fue... sublime, la sensación de unos labios suaves besando los tuyos, moviéndose, no sólo presionándose. Todo eso, sumando la sensación de sus manos abrazándose a mi cuello, apegándome a él... eran mi perdición, o lo fue hasta que soltó un leve quejido. En ese momento mi mente reaccionó y recordó la causa de que ambos estuviéramos tirados de esa manera.

—Te duele algo —no fue una pregunta y lo confirmé cuando su sonrojado rostro palideció de pronto.

—No es así —frunció el ceño y yo sólo alcé una ceja en respuesta. Me incorporé y lo ayudé a hacerlo, dándome cuenta en ese momento que su molestia venía de sus pies.

Mala señal.

Lo tomé de la mano y casi a rastras lo saqué de la pista. Lo senté en una banca y fui en busca de alguna manta o toalla para cubrirlo, pues su ropa estaba empapada. Lo había olvidado, él se quedó de espaldas sobre la pista, pero... ¿Fue tanto tiempo como para que el hielo bajo nosotros se derritiera así?

Refunfuñé un poco, después de todo no quería que enfermara de resfriado antes del gran día. Encontré una manta y fui de nuevo hacia él, lo miré una vez más y el aire se me quedó atorado en la garganta el verlo sentado en esa banca, sin anteojos, con su cabello revuelto y quitándose la camiseta.

Miré con atención cómo se quitaba esa playera deportiva color negro que tan bien le hacían lucir sus brazos, se quitó también los guantes y a cambio se puso sólo una chamarra encima.

—¿Qué ocurre?

Salí de mis pensamientos con su llamado, creo lo observé fijamente por mucho tiempo, o al menos lo suficiente como para incomodarlo un poco.

—Nada —sonreí, le extendí la toalla y él la aceptó con una tímida sonrisa.

Y así ambos nos quedamos callados, hasta que volví a recordar ese asunto importante que me traía preocupado.

—Quítate los patines.

—¿Eh? —me miró asustado—. ¿Por qué?

—Haz lo que te digo.

Suspiró pesadamente e hizo caso.

—También los calcetines.

Lo hizo de mala gana.

—¡Por Dios, Yuuri! —fruncí mucho el ceño—. ¿Cómo te hiciste esto? —ya sabía por qué, sólo esperaba que él me lo dijera.

Miré sus pies maltrechos, llenos de hematomas. Se veía doloroso, sabía cuánto dolía, porque lo había experimentado en carne propia.

Suspiró pesadamente.

—He estado entrenando todos los días desde que volví a Japón —desvió la mirada cuando fijé mis ojos en él, mirándolo desaprobatoriamente.

—¿Pero en qué momento? Estuvimos juntos todos los días.

—Yuko-chan me dio las llaves del patinadero, así que vine todas estas noches —bajó la mirada.

Suspiré y me arrodillé frente a él. En seguida me quité los guantes y tomé uno de sus pies entre mis manos, se estremeció un poco cuando lo hice. Mis manos de seguro estaban heladas.

—¿Duele? —pregunté.

—Uh... un poco —se sonrojó levemente cuando acerqué mis labios a su adolorido pie.

—Ya no seas necio y escúchame aunque sea una vez: no vas a patinar hasta el día de la competencia, me vas a dar esas llaves y no pisarás el hielo hasta entonces ¿Quedó claro?

—S-sí.

—Bien, ahora vámonos.

Me agaché de espaldas, justo frente a él.

—¿Qué intentas?

—Anda, sube —le ofrecí mi espalda.

—¡Pero Viktor!

—Nada de peros. No vas a caminar ni un paso estando así. Ahora mismo iremos a casa, tomaremos un largo baño en las aguas termales y descansarás esos pies hasta que se recuperen, lo cual espero sea en menos de dos días —refunfuñé—. Anda, sube ya o le digo a tu madre que no prepare más Katsudon.

Esa amenaza fue más que suficiente para que se subiera al instante a mi espalda.

—Vaya... —dije sorprendido.

—Lo siento, soy algo pesado —no podía ver su rostro, pero en su tono de voz noté lo avergonzado que estaba. Tuve que contener una risilla para no ponerlo más incómodo.

—En realidad me sorprende el hecho de que casi no pesas —y era verdad, casi no pesaba nada. Mmm... por eso no engordó ni un gramo, estuvo practicando todo ese tiempo y yo no me di cuenta, vaya entrenador.

Me causó gracia ver cómo de camino a casa todos los transeúntes se nos quedaban viendo de manera extraña. Y es que bueno... no era muy común ver a un hombre caminando por la calle con otro hombre sobre su espalda. Pero a decir verdad, poco me importaba lo que pensaran, yo era feliz sintiendo su calor en mi espalda, sus brazos rodeando mi cuello desde atrás y... sí, lo mejor de todo: tener la excusa perfecta para poner mis manos en su trasero.

—¡Wow! —no pude evitar exclamar al apretar esa parte de su anatomía con total intención de comprobar lo que Chris dijo en Rusia.

—¡Viktor! —se avergonzó a más no poder, estaba seguro de ello.

—Lo siento —reí—. Sólo no pude resistirme, Chris tenía razón, tu entrenador te pone a trabajar muy duro para que estés en forma ¿Verdad? —no evité que una risa escapara de mis labios al escuchar cómo tartamudeaba tratando de explicar el por qué Chris le había toqueteado el trasero.

Estuve a punto de decirle: "No permitas que te vuelva a tocar de esa manera, si lo hace, me dices y lo golpeo" pero no tenía ningún derecho sobre Yuuri como para exigirle eso.

En fin... nuevamente quedamos en silencio, y una vez más el tema del beso no fue tocado por ninguno de los dos.

Odiaba ese sentimiento de incertidumbre. La primera vez no correspondió e incluso temí que creyera que fue sólo un accidente. ¡Pero la segunda vez sí lo hizo!, tuvo que quedarle claro que se trataba de un beso real y no una coincidencia o accidente. Quise decírselo, exponerle mis sentimientos, pero no pude. Nunca antes había hecho eso, al menos no con un hombre, y a decir verdad... era muy complicado, podía incluso decir que me sentía como adolescente enamorado a pesar de mis veintisiete años. Que patético.

Llegamos al onsen y la madre de Yuuri fue la primera en espantarse y preguntar sobre lo sucedido. Y al igual que yo, ella lo regañó. Fue tierno ver su expresión de niño castigado, vaya, cada día descubría una expresión nueva en su repertorio.

—Gracias Vitya—chan, por cuidar tan bien de mi Yuuri.

—Es todo un placer.

—Viktor, ¿Puedes bajarme?

—No, hasta que estés dentro del agua.

—Espera... ¿¡qué?! No, yo puedo ir solo.

—Yuuri, no rechaces la ayuda que te está ofreciendo, no seas grosero.

—Pero mamá...

—Ya la escuchaste, andando —me di la media vuelta no sin antes guiñarle un ojo a su madre, ella me devolvió el gesto y siguió con sus labores.

No lo había mencionado antes, pero... ella era la única que sabía mi sentir hacia Yuuri. Me lo preguntó directamente cuando volví de Rusia por Makkachin.

Flash back

Estábamos en la sala de espera de la veterinaria, ya nos habían dado la buena noticia de que Makkachin se salvaría, que sólo había sufrido de indigestión por comer tantos manjus.

La señora Hiroko se sentó a mi lado y sentí su mirada fija por unos segundos hasta que se la regresé y le sonreí. Fue ahí donde hizo una pregunta que me descolocó por completo.

—Dime ya ¿Qué es lo que verdaderamente sientes por mi hijo?

Casi me fui de espaldas si no fuera por el respaldo de la incómoda silla.

—Yo...

Rio cantarinamente.

—Lo sé, todo mundo lo sospecha después del beso que vimos en televisión.

No sabía cómo estaría mi cara ahora, pero a juzgar por el calor que sentí, seguramente estaba más roja que un tomate.

—Uhm, bueno... —me rasqué la nuca con nerviosismo, qué se supone que debía decir.

Bien, primero tranquilízate, respira profundo y suéltalo.

—Yo lo quiero.

—Oh —su sonrisa demostraba que ya lo sabía, que era más que obvio. Ella quería oír otras palabras de mi parte, no sólo eso.

Su siempre serena y amable sonrisa me puso de nervios.

—Yo lo amo y quiero algo serio con él, pero no sé cómo proceder, es decir... nunca me había sucedido esto con... un hombre —me frustré un poco hasta que sentí una cálida mano sobre mi hombro, alcé la mirada y observé sus ojos tan idénticos a los de mi Yuuri, su siempre amable expresión estaba acompañada de un sonrojo emocionado.

—El amor puede representarse de muchas formas y maneras distintas. Además... —me miró sugerentemente—. No todos los príncipes andan en busca de princesas —me guiñó un ojo seguido de una risita muy traviesa.

¿Eso quería decir que... no le molestaba el hecho de que un hombre amara a su hijo de esa forma? O quizás... ¡No!

—¿Acaso Yuuri antes ya ha...? —me animé a preguntar, arriesgándome a recibir una respuesta devastadora.

—Oh, no, no, no —sonrió—. No necesitas terminar la pregunta para que sepa a qué te refieres, cariño. Yuuri jamás ha tenido novia, mucho menos novio. A decir verdad... sé que él siente algo por ti. Él es diferente cuando estás a su lado, no sé cómo explicarlo, es algo que sólo una madre puede percibir.

Me quedé sorprendido. Es decir, la familia Katsuki siempre me dio la impresión de ser muy conservadora, por lo cual, cuando me percaté de ese sentir tan fuerte por Yuuri, tuve preocupación por la reacción que tendrían ellos al respecto, temí que refutaran la idea de inmediato, pero por lo que veía... ya se lo esperaban, aun así tenía que confirmarlo, quería escucharlo de su boca.

—Entonces... ¿Aprueban este sentimiento, a pesar de lo que es?

Me sentí más nervioso que en cualquiera de mis competencias.

—Mi esposo y yo tocamos este tema cuando los vimos en televisión —sonrió ampliamente—. Y concluimos en que el amor, si es puro, habla igual en cualquiera de sus formas. Viktor, eres bienvenido a esta familia.

—Wow... —se me fue el aliento, me dejé llevar por mis impulsos y la abracé con fuerza. Ella correspondió con el mismo encanto y dulzura que tanto la caracterizaban.

—Vitya-chan ¿Puedo llamarte así?

—¡Por supuesto! —me emocioné de más.

Fin flash back

—¿Qué es tan gracioso? —la suave voz de Yuuri a mis espaldas me trajo de vuelta a la realidad.

—Sólo recuerdo momentos felices —lo bajé de mi espalda con cuidado—. Espérame aquí, iré por toallas para secarnos al salir.

—¿También entrarás a las aguas termales? —se puso extrañamente nervioso.

—Pero por supuesto.

—De acuerdo.

Lo miré extrañado y me fui en busca de lo necesario, cuando volví a donde lo había dejado, ya no estaba.

—¿Yuuri? —lo busqué en las aguas termales, en los baños, pero no estaba por ningún lado. Afortunadamente hoy estaba cerrado el onsen, así pude buscarlo con mayor libertad en cada lugar, pero... ¿Dónde estaría?

Terminé buscando en las bañeras privadas. Sí, como lo imaginé, ahí estaba.

—¡Viktor! —se sumergió más en el agua al verme entrar. Sólo puedo apreciar sus hermosos ojos castaños y su frente despejada con el cabello completamente hacia atrás. Se veía tan... eros.

—¿Por qué huyes de mí?

—Yo... no lo hago, sólo quería tomar un baño antes.

—Bien —sonreí y me quité la yukata que recién me había puesto. Reí internamente al ver cómo se sonrojaba hasta las orejas y se cubría el rostro por completo. No entendía por qué se avergonzaba tanto al ver un cuerpo desnudo.

—¡¿Vas a entrar?! P-pero la bañera es para uno y... y... ¡Viktor!

Yo sólo pude reír. Muy tarde, ya estaba dentro del agua.

—No me mires así —refunfuñé al sentir su mirada reprobatoria. La bañera era para una sola persona, pero aun así lo suficientemente amplia como para que me sentara en el extremo opuesto. Sentí cómo pegó de inmediato sus rodillas a su pecho, recogiendo su cuerpo todo lo posible para que no lo tocara. En cierto grado eso me entristeció—. Yuuri... —suspiré—. ¿Me temes?

—¡No! —casi brincó—. Por supuesto que no —era sincero.

—¿Entonces?

—Yo... —desvió la mirada—... me avergüenza que me veas así, desnudo.

—¡Pero si ya te he visto muchas veces sin ropa! —reí—. Vamos, ¿es en serio? —dejé de reír cuando asintió tímidamente—. Wow... bueno, empecemos por borrar esa vergüenza. ¡Si no tienes nada de qué avergonzarte! Anda, ahora dame uno de tus pies —extendí la palma de mi mano y él me miró como si tuviera dos cabezas—. Yuuri —me puse serio y terminó accediendo.

Tome delicadamente su extremidad y con cuidado comencé a masajearlo, deseando con todo mi ser que eso le ayudara a calmar un poco las molestias.

—Tsk —se quejó.

—Lo siento, iré más despacio.

—E-está bien así.

Sonreí al verlo tan sonrojado. El vapor a nuestro alrededor comenzaba a intensificarse, el agua estaba tremendamente agradable y el momento no podía ser mejor.

Terminé con el derecho y entonces me extendió el izquierdo, estaba más lastimado que el otro, así que tuve mucho cuidado.

—Yuuri... —salió de mis labios sin siquiera planearlo.

—¿Si?

—¿Eh? —lo miré—. Oh, nada —miré de nuevo el pequeño pie entre mis manos—. Cómo no me di cuenta de lo que hacías. Me siento mal como entrenador.

—No digas eso. Si lo hice fue porque no quería defraudarte, las expectativas de la gente son muy altas al tenerte como mi entrenador, no puedo fallar.

—Oh... aquí vamos de nuevo. Si sigues con esos pensamientos terminarás poniéndote tan nervioso como en la competencia anterior —solté su pie y acorté la distancia entre ambos antes de que se hiciera bolita en su extremo de la bañera. Le incomodaba mi cercanía, pero yo estaba decidido a romper con esa barrera, lo obligaré a acostumbrarse a tenerme así de cerca, después de todo no tenía planeado alejarme de su lado, no ahora con ese sentir tan fuerte en mi pecho.

Busqué sus manos bajo el agua y las tomé con cariño.

—No importa cuál sea el resultado en la competencia, no me iré de tu lado —besé una de sus manos con completa adoración, lo miré y me conmoví.

Después de esas palabras, comenzó a soltar una lágrima tras otra. Y yo no supe qué hacer o cómo reaccionar, nunca había sido bueno con la gente que lloraba frente a mí, no era bueno consolando a los demás.

—Oh, Yuuri... —alcé mi mano hasta su rostro, acariciando su mejilla. Mi corazón dio un vuelco cuando él recargó su cabeza en mi mano, cerrando los ojos y frotando su mejilla contra mi palma.

—Eso... era lo que necesitaba oír —abrió sus parpados de par en par y me miró profundamente.

Y de pronto, sin previo aviso, enredó sus brazos alrededor de mi cuello y recargó su mejilla sobre mi pecho.

El sentimiento que me invadió fue indescriptible. Por un momento deseé que el tiempo se detuviera para poder quedarnos así por siempre. Sin dudarlo le correspondí, incluso con mayor intensidad. Mis manos se deslizaron suavemente por toda la piel de su espalda mojada, lo apreté más contra mí y sentí el palpitar de mi corazón más irregular y fuerte que nunca.

Tenían razón cuando decían que era el patinador sobre hielo con el corazón de vidrio más grande del mundo. Su gran corazón era tan frágil y hermoso que temía romperlo cada vez que decidiera dar un paso más hacia sus sentimientos. Pero justo ahora estaba aceptándome dentro de su vida, ya no sólo en el ámbito del patinaje.

De pronto escuché unas risillas lejanas y por un momento creí que era mi imaginación, hasta que Yuuri se separó un poco del abrazo, alertado también por las voces y risas.

—¿Quién anda ahí? —se atrevió a preguntar con voz firme y segura, se veía algo irritado, como si supiera de quién se trataba.

Entonces la puerta corrediza del baño privado se abrió un poco, dejando ver a dos mujeres con expresiones llenas de júbilo.

—¡Minako-sensei! ¡Mari-neechan! —se molestó mucho al verlas ahí. Yo sólo me quedé observando la situación sin intervenir. Reaccioné cuando Yuuri intentó zafarse del abrazo que yo me negaba a terminar—. V-Viktor, suéltame —me pidió en voz baja y más sonrojado que nunca.

Yo parpadeé confundido y enseguida sonreí ampliamente.

—No lo haré —le susurré al oído con toda la intención de convertir esa escena en algo más... sugerente.

—¡Kyaaaa!

Miré a las chicas y casi reí al ver cómo ambas nos miraban embobadas.

—Minako vino a buscarte, le dije que estabas en las aguas termales con Viktor, así que se me ocurrió que sería buena idea venir a verlos y sorprenderlos, pero veo que hemos interrumpido algo importante. Lo siento hermanito —habló mucho más rápido de lo normal, inclinó levemente la cabeza, en señal de disculpa y nos miró de nuevo. Minako no podía estar peor.

—Sentimos haber interrumpido su... su... ¿Su?

—Sí, es exactamente lo que parece — le guiñé un ojo y eso fue más que suficiente para que las dos se fueran corriendo de ahí, exclamando quién sabe qué cosas.

Ahora sí reí a mis anchas. Había sido un momento muy gracioso.

—¡¿Por qué les dijiste eso?! —logró zafarse de mi abrazo.

—¿Uh? —lo vi molesto—. Porque es lo que me gustaría que hubiera sido en realidad.

Literalmente se fue de espaldas contra el extremo de la bañera. Su expresión era indescifrable.

—Lo siento, creo que voy demasiado rápido ¿No? —sonreí con tranquilidad, sin invadir más su espacio personal, a excepción de mi mano bajo el agua, buscando uno de sus pies para seguir masajeándolo.

Sonreí al ver cómo sólo se sumergió más en el agua para después musitar una exclamación llena de placer. Reí y él se disculpó de inmediato, pues había gemido de una manera un poco... sugestiva.

—Es que el masaje se siente tan bien —suspiró y recargó su cabeza sobre el borde de la bañera. Y yo estaba feliz por poder proporcionarle algo de placer y comodidad.

Todo me indicó que había olvidado ya el incidente con las chicas. Vaya mujeres... no pueden ver un amor de ese tipo porque se vuelven locas.

—Yuuri.

—¿Uhm?

—¿Te han dicho alguna vez que tienes unos pies pequeños y adorables?

—¡¿Ehh?! —se incorporó un poco, sorprendido y apenado—. N-no.

—Son muy lindos —lo acaricié una última vez antes de sumergirlo de nuevo bajo el agua—. Falta poco para navidad —dije de pronto.

—Sí.

—Y también es mi cumpleaños.

—Lo sé.

Mi corazón se alegró ante esa respuesta con su sonrisa tan tierna.

—¿Qué me regalarás?

Ni siquiera lo pensó, pues de inmediato me respondió:

—Algo redondo y dorado.

—Wow!

Redondo y dorado. ¡Redondo y dorado! ¿Un anillo de compromiso? ¡Dios mío!

—Ganaré el oro para ti —se sonrojó tiernamente y yo me desinflé en mi propio lugar—. Lo siento ¿No es un buen regalo? —se avergonzó un poco.

Me llevé una mano al rostro, conteniendo mis ganas de reír ante los pensamientos locos que formó mi mente.

—No, no. Es un muy buen regalo. Gracias, Yuuri —lo miré directo a los ojos, logrando ponerlo nervioso. Desde que regresó de Rusia había estado demasiado sensible conmigo, eso me conmovía.

—¿Y qué me regalarás tú? —preguntó con una sonrisilla.

—Top secret —me llevé un dedo a los labios mientras le guiñaba un ojo.

Mi regalo sería igualmente redondo y dorado, pero en definitiva no se tratará de una medalla, no señor.

—Espera... tu cumpleaños es en un par de semanas —recordé de inmediato. Creo que te adelantaré ese regalo.

Continuará...

Mi cuenta en Wattpad fue finalmente eliminada ¿Por qué? No sé, ni siquiera se dignaron a enviarme un correo con los motivos. Estoy muy decepcionada de esa plataforma, pero me ha abierto el mundo a nuevas experiencias, veamos qué tal funciona Inkspired! Esperemos que no nos decepcione!


Les mando un fuerte abrazo y un beso a todas aquellas chicas hermosas que me han estado apoyando por medio del grupo, en facebook y en la página (No esperé recibir mensajes en esa página olvidada) En serio que las quiero mucho, como no tienen idea, pues sólo ustedes han aminorado el dolor de perder una cuenta en la que invertí años de mi vida.


Las quiero!!!


05/01/2020

11:00 am


5 de Janeiro de 2020 às 17:22 4 Denunciar Insira 6
Leia o próximo capítulo Barcelona

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Mia Lara Mia Lara
🤗🤗🤗¡¡¡Que felicidad me da poder seguir leyendo este hermoso fic!!! Aun no puedo entender por qué Wattpad lo eliminó y también a tu cuenta. ¡Me encanta tu forma de escribir! ¡¡¡Sigue así!!! 💪💪💪💪
March 05, 2020, 21:55
SP Silvia Parada
Que pasó con tu cuenta? Se que estaba deseando saber noticias tuyas y ver como seguia la historia y de repente un dia la cuenta estaba eliminada y me dio muchísima pena porque la historia me encanta. He reido y llorado a partes iguales con ella y me entristeció pensar que ya no iba a saber como acababa. Espero que este todo bien y tener pronto noticias buenas tuyas. Todo mi apoyo
February 10, 2020, 00:17
Sharay J-C Sharay J-C
OHH XDD ya podré mandarle tu historia a mi amiga, realmente se puso triste cuando se enteró de tu perdida (la cuenta) fuerza Tsukiii !!! <3
January 06, 2020, 01:53

  • Tsuki No  Hana Tsuki No Hana
    Ahhh!!! Qué ánimo y felicidad me da saber esto!!! Que lindas las dos! Gracias por seguir aquí a pesar de todo ♥️❄️ January 06, 2020, 04:33
~

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