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Zenitsu Agatsuma es un híbrido que cree que su vida es un completo fiasco, hasta que llega él. El pintor de almas. --- • Universo no canon. • Kimetsu no yaiba pertenece a Koyoharu Gotōge. • Créditos por la imagen de portada a @SanO_1126 (en twitter)


Fanfiction Anime/Mangá Todo o público.

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Parte única

Existió una era en que la libertad corría de igual manera para todo ser vivo. En el que cada uno habitaba la tierra sin comenzar guerras innecesarias; sin codiciar lo que otro poseía, la humanidad no conocía el egoísmo y se conformaba con lo que su esfuerzo producía: "Los tiempos felices", así lo llaman ahora en los libros de historia. Solo es un recuerdo añorable e imposible, porque, cuando un alma se corrompe ya no se puede regresar el tiempo atrás. Y las almas del mundo se corrompieron con sangre, la sangre de mi especie.


Nací, crecí y pasé la mayor parte de la vida en un lugar tan hermoso como idílico. Durante la mañana podíamos surcar el cielo; acariciar las nubes y sentir la tibieza del sol templando nuestras cuerpos, los días de lluvia nos refugiábamos entre el follaje de los árboles. No teníamos nada, pero a la vez lo teníamos todo, felicidad, libertad, ansiada libertad. No recuerdo cuándo fue que mis ojos dejaron de ver aquel hermoso paisaje para contemplar la nefasta monotonía de unos barrotes de acero, los mismos que me ataron y ciñeron a la triste realidad de la esclavitud. Porque eso era, en eso me convertí, un esclavo.


Mi nombre es Zenitsu Agatsuma y soy un hibrido deTaveta Golden Weaver,comúnmente conocida como ave tejedora,no obstante, mis únicos rasgos distintivos son el tono de cabello y el color dorado que se entremezcla con negro en mis pequeñas alas. No hay nada especial que admirar.


En el mundo actual los humanos con características antropomórficas somos parte de una muy escasa parte de la población, no tenemos derechos, no podemos decidir y, lamentablemente los especímenes más extraños y exóticos acabamos siendo objetos de tortuosas investigaciones. Cada vez que pienso en ello es como si volviera sentir las agujas enterradas en mi piel, escarbando para extraerme parte de la sangre, los cables alrededor de mi cuerpo y las ataduras de cuero quemándome las muñecas para mantenerme inmovilizado.


Doloroso, mas eso no es lo único doloroso y mortificante. Lo verdaderamente doloroso es cuando esos hijos de puta te han utilizado hasta sacarte la última gota de esencia y te venden al"mercadillo",como si fueses un simple muñeco que luego de usarlo hasta cansarte, romperlo y ver que ya no tiene arreglo lo arrojas a la basura.


Al mercadillo asisten diferentes tipos de personas sin importar la clase social; puedes toparte con sujetos vestidos en harapos y que quizás, han ahorrado durante años para adquirir un hibrido o ricachones con trajes elegantes y la asquerosa costumbre de ducharse en perfumes importados. Si supieran que su aroma es repugnante y que la marca no define la calidad del producto...

En fin, allí somos comercializados, nos ofrecen según edad y estado, con estado, hablo de deterioro y castidad. Hay personas demasiado exigentes y exquisitas, escuché por ahí que buscan a los vírgenes simplemente para cumplir sus fantasías. Jodidos fetichistas, me gustaría que alguna vez se quedaran en la ruina y supieran de primera mano lo que es sufrir frío, hambre y la impiedad de los que se creen superiores.


Aunque conocí algunos de los míos que fueron afortunados, eso no aplica a la mayoría. La primera vez que estuve en el mercadillo conocí a uno bastante particular, un híbrido de zorro, Tanjirou Kamado. Nunca había visto llegar a alguien con una mirada cargada de esperanza y amabilidad, incluso aunque lo traté mal fue benévolo conmigo.


Él se convirtió en la adquisición de un joven de familia poderosa, tal vez, fue su pelaje o la paz que transmitía lo que animó a ese extraño a pagar una alta cantidad de dinero. Cuando Tanjirou salió ante los compradores todos levantaron la mano, pero el Heredero de los Rengoku y su voz potente se escucharon por todo el predio diciendo que abonaría cualquier suma y que no le temblaría el pulso de aniquilar a quién deseara llevarle la contra.


Lo último que supe, es que ambos se comprometieron. Cuando me enteré de esto sentí envidia, los celos me recorrieron el cuerpo y se transformaron inmediatamente en culpa.


No tenía derecho de ser así, pero, mi alma por dentro estaba tan rota y fragmentada que creía que nadie podría hacerme feliz.


En dos oportunidades pasé por aquel proceso, llegando más y más roto cada vez.


La primera vez tuve que soportar que me escupieran en cara todos mis defectos:torpe, inútil, miedoso.


De tanto oírlo se grabó en mi mente que era un bueno para nada, que lo único que hacía era lloriquear. ¿Y qué se suponía que hiciera? En aquel entonces, el amo me había colocado un collar y en los días de lluvia me dejaba afuera. Era su mascota, una muy maltratada, cuando del estrés comencé a perder las plumas de mis alas me llevó nuevamente con el señor del mercadillo para exigir un reembolso.


Los empleados me golpearon fuerte, me arrojaron agua fría y me negaron el derecho a llorar. Si notaban que mis ojos comenzaban a cristalizarse, los latigazos no se hacían esperar. Tengo marcas, no desaparecen de mi torso y sé que jamás lo harán. Estarán allí eternamente para mostrarme todo lo que hice mal, error, no, no, yo no hice nada mal. Son recordatorios de la crueldad del ser humano.


El día que me pusieron en la subasta por segunda vez creí que moriría. Nadie levantó su mano. Nadie era capaz de dar dinero por mí, nunca me sentí tan humillado, ni siquiera cuando me oriné encima porque los empleados del señor no me liberaban para ir al baño a hacer mis necesidades.


Prácticamente fui la "oferta" la opción más económica para el que llevaba consigo poco dinero o no estaba dispuesto a pagar demás. Así fue como acabe en manos del dueño del circo de la ciudad. ¿A caso se podría tener tanta mala suerte?


Me preguntaba si en otras vidas había sido algún rey tirano que estaba pagando por todas las infamias realizadas en el pasado. Volviendo al relato, en el entorno nada era diferente, de hecho lo afirmo, era mucho peor. La tristeza se respiraba y te contaminaba el alma, los cuerpos de los demás híbridos allí enjaulados estaban colmados de laceraciones y heridas que, parecía no sanarían jamás.


Siempre creí que el circo era un sitio alegre, que vendía arte e ilusión a las personas, que por eso luego de cada función los espectadores salían sonrientes y con ganas de regresar. Claro está, es porque ellos desconocían la verdad que se oculta tras bambalinas. Cuando el telón se cerraba y la carpa se desmontaba nos obligaban a regresar a nuestros lugares, cubículos demasiados pequeños para nuestro tamaño, sucios e inundados de un hedor que te dificultaba respirar.


Nos alimentaban una vez al día con las sobras que quedaban. La poca musculatura que tenía se había desvanecido hasta marcarme los huesos, mis clavícula resaltaban, mi cabello se tornó reseco y las brillantes plumas amarillas con las que nací, las mismas que maldije en infinitas oportunidades, estaban a punto de desprenderse.


Pero de repente, y aunque quisiera odiarlo, llegó ese chico. Era mal hablado, gruñía, peleaba, tenía un temperamento especial: Inosuke, ese dijo era su nombre. Aunque también se apodaba"El Rey de la montaña",vaya uno a saber porqué, a mi me parecía un salvaje más.


Inosuke era un rebelde. Híbrido de jabalí, no se notaba demasiado pero no lo adquirieron para exhibirlo como a nosotros, lo adquirieron sobre todas las cosas por su flexibilidad. El tuvo un papel importante en los espectáculos y lo seguiría teniendo si no fuese por aquella fatídica noche...


Bueno, fatídica para los dueños del circo que tendrían que lidiar con todas las perdidas. El idiota que se encargaba del mantenimiento cerró mal su jaula, para cuando nos dimos cuenta el quitó el seguro de las nuestras y con las últimas fuerzas y voluntad, huimos.


Nos separamos a mitad de camino; simplemente corrimos hacia el bosque sin mirar atrás, haciendo caso omiso a los gritos y amenazas de los opresores que por largo tiempo nos mantuvieron encerrados. Por fin era libre, por fin tenía la oportunidad de volver a ser yo mismo, mi único lamento era pues, que mis alas estaban débiles para poder extenderlas y volar.


Transcurrieron dos largas semanas.


Estaba a punto de morir de hambre. A mi mente volvía aquel pensamiento que me inyectaron hace tiempo:"Inútil, Zenitsu, eres un inútil".


¿Alguna vez lo tuvieron? Ese sentimiento ambiguo, aquel fuerte deseo de muerte acompañado de miedo y tristeza. Miedo de no saber lo que te espera en el más allá -si es que en verdad existe uno- y tristeza de que no haya nadie capaz de llorar tu ausencia, que te de un último abrazo, que haga sentir que tu existencia en el mundo tuvo sentido.


Me desplomé agotado sobre el pasto, la hierba estaba húmeda. No sabía dónde me encontraba y tampoco en los días anteriores hubiese regresado a la ciudad, si lo hacía, lo más probable era terminar capturado. Y prefería morir en soledad a pasar nuevamente por aquello.


Ese era mi final y así lo creí. Cerré los ojos esperando a que la mano negra se hiciera presente para robarse mi último aliento, estaba listo para partir. Una a una mis extremidades fueron entumeciéndose mientras los pocos recuerdos alegres volvían a mí, los latidos se tornaron atenuaron y un sonido blanco paulatinamente se apoderaba de mis oídos.


Perdí la conciencia. Después de eso no recordaba mucho.

Al momento en que desperté todo era extraño. Mi cuerpo descansa sobre un firme colchón, las sábanas era suaves y desprendían un aroma que no lograba discernir: ¿rosas? ¿fresas? ¿qué es?


¿Este es el paraíso?


¿Realmente estoy en el cielo?


No. No puede ser.


Tenía ungüento sobre las heridas y las alas a medio vendar. Bajo las finas telas mi cuerpo estaba pulcro, limpio, no había rastros de la tierra y la mugre que arrastré por varios días. No había nada.


Suspiré intentando calmarme, el desconcierto era grande. Tenía que conseguir ropa y largarme de allí. Huir era la única opción. Mis piernas seguían un tanto débiles por lo que salir de la cama trastabillé un poco, revolví los cajones del único armario en esa habitación y aunque sólo hallé un pantalón que no era de mi talla, me lo puse.


Como pude caminé hasta la puerta, pero me paralicé al llegar al pestillo. El miedo recorrió mi espina dorsal en forma de escalofrío, estaba hecho un manojo de nervios y ansiedad. Tragué saliva dispuesto a salir, pero de repente se abrió la puerta golpeándome en la cara y haciéndome caer hacia atrás. Me odie, odie la cobardía que siempre me detuvo e impidió avanzar.


Odie todo.


Odie la maldita sonrisa que tuve enfrente al elevar la mirada.


¿Quién era él?


¿Por qué su cara me pareció tan bonita?


Estaba temblando. Y cuando me preguntó cómo estaba, quise llorar. Fue la primera vez que lo hicieron, la primera vez que alguien me dirigía la palabra sin soberbia u odio. Mis ojos se cristalizaron, las lágrimas humedecían mis pestañas, ya no podía retenerlas.


"Soy Uzui, Uzui Tengen. Dos días atrás te encontré inconsciente en mis tierras."


Al oír aquello supuse que era un ricachón estúpido, uno de los tantos que siempre vi en las subastas y que jamás dieron un peso por mí. Como casi siempre, estaba equivocado.


Ese mismo día supe que Uzui Tengen era diferente; algo brusco, demasiado extravagante, su ropa tenía brillos raros y por momentos me daban ganas de golpearlo fuerte.Muy fuerte.


Al poco tiempo me encontraba mejor.


No deseaba irme, tampoco lo hice. Le pregunté si existía alguna forma en que pudiese quedarme en su hogar, trabajar como sirviente, hacer la limpieza hasta me disponía a cocinar. Honestamente lo último era imposible, por suerte no fue por esto.


Él sonrió al escucharme, la curvatura que se formó en sus labios era la jodida perfección. Mi alma vibró ante el contacto de nuestros ojos, todo mi ser se estremeció.


Fue entonces que decidió mostrarme su estudio, no sabía que era, nunca vi uno. Para mí era una simple habitación dentro de su enorme residencia, para él parecía la entrada a otro mundo. Uno lleno de vida y color, uno donde sus preocupaciones desaparecían y reflejaba sus sueños en lienzos blancos, con trazos uniformes y apolíneos. Observé con detenimiento cada pintura, todas eran muy bellas, reflejaban una realidad que desconocía, tenían un significado que poco me interesaba pero aún así, no podía quitarle la vista de encima.


Pero entonces me vi...¿Realmente era yo?


No, imposible. Esa hermosura no era la mía.


Uzui fue muy entusiasta y claro con su respuesta, me tomó por los hombros y me pidió que sea su musa.


Cualquier cosa estaba bien, obviamente acepté. Él parecía muy contento con la decisión, yo aún no entendía cuál sería mi rol en esa casa.


Transcurrió un mes. Y en aquel tiempo me sentí extraño, Uzui se pasaba todo el rato observándome, a veces me hacía posar de diferentes formas y me pedía que abriera las alas. Las plumas nuevamente parecían cobrar vida, las lastimaduras se marcharon, algunas pasaron a ser simples costras.


Por momentos me ponía tenso. Sin saber porqué, al tenerlo cerca mi corazón se aceleraba. De la rabia que me daba al no entender que me sucedía lo trataba mal, Uzui reía. Creía que se burlaba de mí, pero entonces, en una de esas oportunidades, luego de insultarlo sentí sus labios sobre los míos. Nuevamente, mi alma se estremeció y un cosquilleo se apoderó de mis manos que buscaron impaciente el contacto con su piel.


¿Eso era afecto? ¿Eso era querer o desear?

De lo único que era consciente es que me derretía ante sus caricias, me convertía polvo bajo sus dedos. Las plumas de mis alas vibraban de felicidad y las emociones que hasta ese entonces eran extrañas se agolpaban en mí.

¿Qué hacíamos y qué éramos?


No sabía y tampoco tenía la valentía de preguntar. Lo único que anhelaba era que no acabe jamás, tantas sensaciones viajando por mis venas me enloquecían y en cierto modo era agradable.


¿Esto es lo que vivió Tanjirou con Rengoku?


Desde Mayo a Julio, Uzui se encerró en su estudio conmigo. Según había mencionado quería hacer su gran obra maestra, no comprendía por qué yo tenía que ser parte de ella, existían muchas cosas perfectas para pintar. Incluso podría haber comprado otro híbrido que tuviera más belleza, pero no lo hizo. E internamente aquello me hacía enormemente feliz.


Fue agotador y al llegar Agosto dio por finalizado su trabajo. Y aunque me pasé tantas horas con los brazos extendidos y una maldita contractura de los músculos cervicales... ¡No pude ver nada! No me lo permitió, vaya uno a saber el motivo.

¿Estaba molesto? Sí. Mucho. Al final de cuentas también fui parte de su proyecto. No le dirigí la palabra por una semana, me di el lujo de aplicarle la ley del hielo. El murmuraba que era un poco infantil, para mí era el único modo maduro de hacerle notar mi enfado.


Fue recién el primero de Septiembre que por fin cedió, solo porque yo me había encaprichado. A veces pienso que fue el destino quien se encargó de todo, aunque prefiero no apoyar mis creencias en él.


Pero fue el día, fue el mes. Justo el 3.


Uzui me cubrió los ojos con sus enormes manos, tropezamos un par de veces y creí que moriría por aplastamiento antes de llegar a donde nos dirigíamos, a su estudio. Una vez allí, me hizo prometerle que no miraría nada hasta que el me diera la señal. ¿Por qué tanto preparativo para una simple pintura? Solo ansiaba verla. Siempre tan raro. Siempre tan extravagante.


En el momento que quitó la tela que cubría el lienzo me sorprendí. Me sentí apabullado, avergonzado, podía sentir mi rostro tornarse caliente y seguramente mis mejillas ya estaban rojas.


¿Cómo lo hizo? ¿Qué es esto que arde en mi pecho?


Estaba abrumado, tanto que no supe cómo reaccionar. El retrato ante mí se alzaba perfecto y refulgente. Los colores que se ocultaban en mi mente se hallaban allí plasmados, trazos negros y lúgubres para los momentos que deseaba olvidar y tonos nítidos y vivaces para el presente perfecto.Mi presente con él.


Entonces lo entendí, Uzui Tengen pintaba almas.


No puedo decir que mi vida fue la mejor de las cosas. No viví colmado de lujos y aún me quejo de la hipocresía de la sociedad. Soy miedoso y gritón, todavía al mirarme al espejo me considero un inútil, pero al ver mi yo en las pinturas de Uzui logro contemplar lo que en verdad quiero.


Puedo comprender.


Puedo e intento ser feliz.Con él.

2 de Janeiro de 2020 às 15:57 2 Denunciar Insira 2
Continua…

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Hatsu Moon Hatsu Moon
Una obra Maestra plasmada en papel... Ame esto....
April 25, 2020, 23:57
Andrea Torres Andrea Torres
Ya vine aquí también a acosarte <3 Y de paso volví a leerlo Te juro que tu forma de escribir es hermosaaa, teamo besitos
January 06, 2020, 01:48
~

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