sanjorge99 Jorge Luis Calero C

He querido compartir la experiencia personal de un pequeño viaje donde pude conocer lugares especiales ubicados en el sur del Ecuador, esta historia basada en este viaje real, acomodada con personajes ficticios, también busca compartir algunas de las arias mas especiales que posee la humanidad y que me acompañaron en este viaje, ojala queridos lectores puedan encontrarlas y reproducirlas, y como yo pueden entender la profundidad y espacialidad de su creación en conjunto con todo lo creado, en fin dejo este pequeño cuento basado en mi experiencia real, con caminos verdaderos y sentimientos reales, es el ultimo de esta década, por lo cual quiero agradecer el interés que ha generado todo aquello que sencillamente he escrito y transmitido, una nueva década empieza y veremos si en ella se completaran nuevos cuentos o historias.


Auto Ajuda Todo o público.
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Saetas de amor

Allí estaba sentado, esperando, las luces generales se apagaron, sólo las del escenario principal permanecieron encendidas, luego en un momento una muy sutil y melodiosa música se escuchó, y una voz femenina muy clara y vibrante acompañó al principio, el sonido del piano, violonchelos y violines, para luego tomar poco a poco el lugar principal en la interpretación.

Me deje llevar por su profundo y celestial canto, mientras la veía bajar de lo más alto del escenario como un hermoso ángel, sí, me miraba, mientras cantaba, ella sabía que yo iba a estar ahí, viéndola y escuchándola,

- ¿qué más puede desear un hombre?, me dije, es un ángel...es una mujer, y con su hermoso canto fue tocando mi corazón, mi alma, la fue llenando de la verdadera compasión.

Una semana atrás me había dicho mirándome a los ojos fijamente sin titubear, que la acompañe a un ensayo, por una aria muy especial, deseaba que ese día este ahí para escucharla cantar, y así por cada sonido que su voz entregue, sea sólo dedicado para mí.

Por eso ahora estaba allí viéndola y escuchándola cantar, mis ojos se humedecieron por el intenso amor impregnado en esa melodía barroca y por lo que leí en el libreto, que estaba escrita en verso:


Os adoro, pupilas,

saetas de amor,

vuestros rayos

son gratos a mi pecho.

Piadosas os quiere

mi triste corazón

que os pide, constante,

su amado bien.

<Julio César en Egipto - Ópera - segundo acto - escena dos - V’adoro, pupille - Cleopatra Aria - Georges Händel>



....

Abajo en lo profundo, el gran río dibujaba de una manera perfecta el perfil de las orillas que besaba con la marea baja, dejaba ver caprichoso las pequeñas islas, entre canales y bosques de mangle, hasta llegar a la desembocadura del extenso y pacifico mar.

Planeamos hacia el sur oriente, ascendiendo entre las nubes para llegar a estar arriba de ellas, y en unos minutos descender, entre majestuosas cordilleras, valles eternos y extensos ríos que serpenteaban entre interminables sembríos de caña y maíz.

Mirando el infinito fértil paisaje, contenido entre laderas agrestes, percibí la fuerza dadora del amor de Dios, y miré que, junto a mí, sosteniendo mi mano, descansaba apoyada en mi hombro, la mujer que meses atrás había logrado que sienta con todo mi corazón, una delicada pluma de las celestiales alas que guardan las mejores arias compuestas sobre el amor. Muy despacio y con mucho cuidado, tomé mi teléfono con mis audífonos, y reproduje aquella bella aria, mientras tocaba su mano y veía por la ventana.

Sentí que volaba sobre una tierra bendecida, un hermoso lugar que yace escondido para descubrirlo, pero para descubrirlo principalmente con el corazón, un lugar donde puedas apartarte del mundo artificial de los hombres de ciudad.

Con la música, el pleno amor de una hermosa mujer y el sutil vuelo entre gigantes eternos; llenos de bosques y cascadas, sentí que serpenteaba atrevido y ligero, como El dador de la vida, entre los extensos sembríos, y como uno de aquellos infinitos ríos que, durante siglos y siglos, cumplen con el delicado ritual de transportar la vida para finalmente entregarse rendido totalmente en las aguas del gran río.

Había llegado a esta tierra para cumplir un sueño; el cual silencioso se escondía, sin darse a conocer, era como aquel fruto del árbol de mango, que se mira desde lejos, pero que espera el tiempo propicio para que madure y sea degustado en la plenitud de su sabor y aroma.

Ahora en la mediana edad de mi vida, el hermoso fruto se mostró, y en el aliento de un hermoso sueño me invitó a seguir, para buscar una pregunta, o tal vez una respuesta, era el fruto de la hermosa duda, pero que en circunstancias vividas señalaba al mismo lugar, sólo que antes el ruido del mundo me impedía llegar.

Ahora el camino se marcaba fácil de entender y proseguí sin miedo, me abrí paso entre la incertidumbre de mi porvenir, de una economía no resuelta, de un permiso laboral inexistente, y en un momento me atreví, tomé las riendas de este nuevo camino y creí en él, sin titubear, aposté a mi sueño, y al fin, busqué el brillo de aquel fruto maduro que yacía, durante mucho tiempo, en el colorido y pequeño árbol plantado, del recogido patio posterior, de mi olvidada alma.

23 de Dezembro de 2019 às 14:02 4 Denunciar Insira 6
Leia o próximo capítulo Estoy vivo, estoy muerto

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Guillermo Rodríguez Guillermo Rodríguez
Un amor divino hacia una mujer.
January 28, 2020, 20:46
Lola Bach Escritora Lola Bach Escritora
Es increíble encontrar un escritor ecuatoriana. Un fuerte abrazo colega.
January 08, 2020, 01:43
MM Maria Mercedes
Escúchenla maravillosa aria de Händel y junto con tus bellas palabras se mezclan en una obra maravillosa de letras con música...
January 06, 2020, 01:21
MM Maria Mercedes
Hermoso
December 24, 2019, 03:18
~

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