Blackwood Seguir história

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Montserrat, una médico que por razones personales se encuentra sin empleo, accede a realizar una investigación encomendada por su padre, el mismísimo ministro de salud, en una comunidad en medio de las montañas. Se trata de una rara infección que deriva en la muerte luego de escasos días. Sin saber en lo que se está metiendo, emprende su viaje a Blackwood, encontrando algo siniestro...


Fantasia Todo o público.

#sacrificio #rituales #Dioses-antiguos #monstruos #misterio #horror #Historia-Interactiva #interactive
7 CAPÍTULOS História interativa
14
366 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

LO QUE CAMINA SOBRE EL BOSQUE

I


Blackwood se escondía justo a la mitad de un valle, teniendo montañas a ambos lados, las horas en las cuales recibía sol de forma directa eran pocas, permaneciendo en un la penumbra desde su fundación por misioneros siglos atrás, absorbiendo oscuridad en cada uno de sus rincones, pese a ello, existía, incrustado en los bosques meridionales, rodeado de lagos cuyos números parecían infinitos, rodeada de ríos, muchos de los cuales, permanecían aún ajenos de toda actividad humana. Un lugar donde aún resuenan las historias de los dioses que formaron esas tierras, historias que se cuentan con temor durante las noches de lluvia. Blackwood pudo vislumbrarse luego dos días de viaje, impregnando en la pupila de Montserrat una figura extraña que apenas duró unos segundos, imagen que el cerebro decidió borrar de inmediato. Solo quedó en ella un sentimiento de mal agüero.


La Doctora Vega no había pronunciado palabra desde que salió de la capital, un rotundo silencio que mantenía la tensión en el coche de forma palpable. Sentada hasta atrás, con los brazos cruzados y con un rostro en cuyo entrecejo podía distinguirse la inconformidad que le causaba la labor que debía que realizar en tan remoto poblado. Román, el chofer y único asistente de la doctora, estaba al tanto de los líos familiares entre ella y su padre, manteniéndose al margen, limitándose a manejar el coche por la carretera norte.


Llegando al pueblo, la curiosidad innata de la doctora la obligó a asomarse por la ventana, algunas personas realizaban sus actividades al aire libre y deseaba observar a los que, en breve, podrían ser sus pacientes, los lugareños, por su parte, evadían la mirada de la joven, quien, en primera instancia, pensó que se debía a la timidez de las personas del campo, hasta que se fijó en un detalle que pasó por alto: ellos cubrían sus rostros, más que solo evitar contacto visual.

Con eso en mente, esperó a tomar desprevenido a alguno, descubriendo, casi llegando al centro de Blackwood, que aquello que las personas buscaban ocultar, eran manchas de un color ocre, manchas que cubrían una parte considerable de la piel en algunos y simples lunares en otros.

Con ello, había nacido una curiosidad imperante dentro de ella, podría tratarse de una enfermedad endémica, un caso que valía la pena documentar.


Bajando del coche, fue directo a la oficina municipal, donde era esperada por el alcalde.


—Usted debe ser la doctora que envió el señor ministro, ¿no es así? Soy Gilberto Olani —dijo un caballero menudo con una calva prominente, salió al paso de la médico, tomándola por sorpresa.

—¡Sí! Montserrat Vega, gracias por venir a recibirnos —respondió nerviosa, la actitud activa la descolocó por unos segundos.

—Cuando el ministro nos habló que enviaría a su propia hija a atender nuestro caso, ¡casi caigo de mi silla!

—Papá... El Ministro está muy interesado en su problema, así que me encargaré de ello —dijo ahora con más seguridad—, ¿podríamos comenzar de inmediato?

—¡Jamás dejaría que trabajara luego de tan largo viaje! ¡estamos hablando de la capital misma! —dijo con ahínco el hombre menudo— ¡sería una barbaridad! Este muchacho es mi hijo, Ricardo, él le ayudará a guiarse por Blackwood, puede preguntarle lo que sea, la guiará a la posada que preparamos para ustedes, así que por favor, descanse.

—Espero serle de ayuda —dijo un muchacho que todo el tiempo estuvo detrás de Gilberto, era mucho más alto que su padre, pese a que aparentaba ser apenas un adolescente.

—Sabe, tomaré su palabra, Román debe estar más cansada que yo, no había pensado en eso, quedo a su servicio —agregó.

—Mañana tendré todo listo en el centro de emergencias que preparamos para los que se encuentran en un estado más delicado, le tendré los detalles para que los pueda analizar.

—Cuento con ello, si nos disculpa... —respondió la doctora.


De camino al hostal, la misma escena de antes se repitió un par de veces; personas con manchas en el cuerpo. A simple vista parecían rugosas, con bordes irregulares, cosas que Montserrat anotó en una libreta que había preparado para tal caso. Llevaba un conteo de las personas infectadas, con un número total de sesenta.

El lugar que le habían preparado, era un edificio viejo, descolorido, pero que se mantenía en pie a pesar de ello. No fue hasta que la doctora se dejó caer sobre la cama de su habitación, luego de aventar por ahí sus cosas, que se dio cuenta de lo cansada que estaba en realidad.


—¿Será un virus o un elemento tóxico? —dijo para sí antes de quedarse dormida.


Un sonido la despertó a eso de la media noche. Una tormenta azotaba con furia su ventana, temiendo que esta se abriera de golpe, se acercó para revisar que estuviera bien cerrada. Las cortinas de par en par, dejaban ver hacia el centro de Blackwood, los relámpagos iluminaban el cielo, dejando ver por momentos las siluetas de las montañas a lo lejos. Montserrat, absorta en el espectáculo, fijó sus ojos hacia un punto muy específico, algo que se desplazaba de forma lenta.


Algo que caminaba sobre el bosque.


Abrió la ventana sin importarle quedar empapada, con lo cual pudo ver con mayor claridad lo que observó antes. Era una figura amorfa de gran tamaño. Sus extremidades, que eran muchas, eran más altas que los pinos y los robles del bosque. Luego de un momento, la lluvia cesó, oscureciendo la escena, con lo cual la doctora perdió de vista aquel ser extraño.


Confundida, dejó su ropa mojada a un lado y entró desnuda al baño, deseaba ducharse antes de regresar a la cama. Mientras colocaba jabón en su cuerpo, en su costado izquierdo sintió una molestia, algo le quemaba la piel. Cuando aquella sensación desapareció a los pocos segundos, encontró una mancha ocre sobre la zona afectada.


Cuando despertó, tenía la ropa con la que se había acostado antes, pero seca. Sus manos de forma instintiva se dirigieron a su costado, deseaba ver la mancha, sin embargo, no había nada.


—¿Lo habré soñado? —Se cuestionó de camino a la ducha.


Estaba somnolienta y su cuerpo se encontraba entumecido, deseaba asearse y bajar a desayunar. No notó que la ventana estaba abierta.


Para continuar, tome uma decisão entre as seguintes opções:

17 de Novembro de 2019 às 17:43 2 Denunciar Insira 9

Comentar algo

Publique!
Flor Aquileia Flor Aquileia
Que comienzo atrapante!!! a seguir leyendo :)
~

Você está gostando da leitura?

Ei! Ainda faltam 6 capítulos restantes nesta história.
Para continuar lendo, por favor, faça login ou cadastre-se. É grátis!