El Sótano del Hotel Merliot Seguir história

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

HISTORIA INTERACTIVA El Hotel Merliot, que en sus mejores tiempos era conocido como una joya arquitectónica por su complejo diseño e innovadora propuesta, es ahora un edificio abandonado, derruido casi hasta los escombros... Nestor busca algo en ese lugar, una carta dejada por su padre antes de fallecer, le dejó una incógnita que sólo puede ser resuelta en el sótano del Hotel Merliot...


Horror Histórias de fantasmas Todo o público.

#fantasmas #horror #HistoriaInteractiva #interactive
3 / 3 CAPÍTULOS História interativa
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El Sótano de las respuestas

I


No recuerdo haber tenido una charla de verdad con mi padre. Era un hombre taciturno, ensimismado a niveles que podrían parecer ridículos. No puedo opinar sobre la relación que tenía con mamá, pero desde que ella murió hace siete años, las conductas de aislamiento que regían su vida solo aumentaron. Estoy seguro de que la idea de contarme de su cáncer nunca se cruzó por su cabeza. Esa noche, la última noche, estuve sentado a su lado, en silencio, en nuestro extraño ritual de existir en compañía, pero sin interactuar con el otro.

Luego me pregunto el porqué de mis pocas amistades.

No había quejas ni lamentos, aún con una metástasis que invadía al menos cuatro órganos de su abdomen, mi padre sufría en silencio, férreo como una persona que ha aceptado lo que le viene con resignación, o tal vez, ahora que lo pienso, que acepta lo que le viene como un castigo.


Solo hablaba cuando era necesario, en resumen, solo cuando los médicos o enfermeras le preguntaban algo de forma directa. Cosa que, sin darme cuenta, yo mismo hacía, me limitaba a responder con insulsos síes y noes que a la larga pasaban a ser las únicas palabras que salían de mi boca. El hartazgo me estaba haciendo mella.


Cerca de la medianoche el monitor de sus signos vitales alertó un descenso, aún sin ser experto en esas lecturas, sabía de qué se trataba.

De alguna manera estuve esperando todo ese rato que mi padre hablara primero, lo cual fue erróneo. Cuando pude atinar a decir algo, un escueto, «gracias», salió de mi garganta, acompañado del llanto de alguien que pierde por segunda vez a un ser amado.


—No tienes que agradecer —respondió—, al contrario, soy yo quien se siente feliz de haber sido tu padre. Lamento dejarte así, sin nunca darme la oportunidad de conocerte. Si logro ver a tu madre la saludaré de tu parte...


Fueron sus palabras antes de un largo silencio.

Al funeral asistieron más personas de las que imaginé, al parecer su manera de vivir la vida también alejó a su familia. Terminé por conocer a sus hermanos, un par de primos y otros familiares lejanos. Sus muestras de cariño fueron un aliciente que despejó de mi mente los remordimientos, un analgésico sentimental que para mi infortunio no duró más de unas horas. Una vez en casa, en la oscuridad solemne de mi habitación, advertí la realidad de mi condición de huérfano, cosa que me hirió en mis adentros.


La mañana siguiente desperté con resaca. Notando que nunca arreglé las cosas de papá desde que fue ingresado, al pasar por su habitación, camino a la cocina, entré a ella por primera vez desde que tengo memoria, encontrando un orden digno de mi padre. Dispuesto, al menos, a quitar el polvo de encima, ya que tirar sus pertenencias no era una opción, encontré fotografías de él con mamá en la fachada del hotel Merliot, lugar donde se conocieron.


Hojeando un álbum, una carta cayó de entre sus páginas, en ella estaba escrito mi nombre, era, sin duda alguna, la letra de papá.


II


Esperar a que anocheciera tardó más de lo que hubiera imaginado, quizá, mi latente nerviosismo hizo que la tarde se alargara. Bebí un café en uno de los centros comerciales de la zona y después anduve por la plaza central, en un intento de no parecer sospechoso, lo que, obviamente, levantaba sospechas. Sin embargo no había nada conmigo que me incriminara, aparte de andar un par de lámparas de mano, sogas y un casco protector en la mochila, nada raro, ¡qué va!


El mayor obstáculo para iniciar mi infiltración, era el muro que protegía de intrusos las instalaciones del viejo hotel Merliot. A medio caer, clausurado luego del terremoto de 1986. En sus mejores tiempos, era conocido como una joya arquitectónica por su complejo diseño e innovadora propuesta, no obstante, el suelo donde fue construido, ocultaba tierra blanca que cedió ante el movimiento telúrico, colapsando buena parte de este.


La carta de papá detallaba lo sucedido, dado que él era el administrador de lugar en aquellos años. Fue un milagro que mamá no asistiera ese día, el área más afectada fue el cuarto de máquinas, donde ella operaba. Leer las palabras escritas por puño y letra de papá me reconfortaba, fue como la conversación que nunca tuvimos.


Las instrucciones eran claras y concisas.

El plan era simple, si se le puede llamar simple irrumpir en un lugar abandonado que puede desplomarse en cualquier momento, solo para llegar al sótano número seis... El hotel Merliot tenía un diseño innovador para la época. La idea del arquitecto era tener seis estructuras, conectadas por diversas pasarelas en todos sus niveles, una enmarañada red de tubos industriales y concreto, daban forma a lo que aquellos que lo conocieron entonces llamaban con cariño "nido de oropéndolas".


El sol se ocultó pasadas las seis de la tarde, la noche se hizo presente, dándome la cobertura de la oscuridad para facilitar mis planes. A pesar de la inhabitabilidad del edificio, o más bien, debido a esta, era usual que los cuerpos de seguridad municipal anduvieran por la zona, evitando así tener problemas. Luego de esperar una hora más, el camino se despejó, con lo cual me armé de valor para dar el salto, de forma literal, y poner mis pies dentro del hotel.


Temblando y con la respiración entrecortada, la fachada del Merliot se erguía frente a mí, la luz de la luna iluminaba lo suficiente como para ver a detalle los contornos de su forma, en realidad era una maravilla en ruinas. Alistando entonces las lámparas y demás equipamientos, cosas que pensé que me serían de ayuda, abrí la puerta principal sin mucho esfuerzo, entrando de lleno a una oscuridad abrumadora.


El rechinar de la puerta hizo eco por todo el lugar, eco que se multiplicaba con cada repetición, mutando, transformándose poco a poco en una especie de lamento, un grito que parecía salir de cada habitación, de cada esquina, de una forma que parecía ser un grito humano. Fue una especie de bienvenida, lo que me demostró que sin lugar a dudas, era esperado.


III


Una gruesa capa de polvo cubría todo por doquier, lo que creaba un ambiente viciado, con cientos de miles de partículas en el aire, muy visibles ante la luz de la lámpara. Por suerte, había previsto aquello, con lo que me ayudé con un pañuelo humedecido, con lo que respirar, aún en esas condiciones, no resultaba un problema.

Con lo que no contaba, era con la nula señalización. En primeras, imaginé que solo debía seguir los rótulos que me guiarían hacia el sótano en cuestión, solo encontrando las marcas de donde deberían haber estado.

La lógica decía que fuera hasta el fondo, lugar donde podría localizarse la sección seis del hotel.


Encaminando mis pasos con sumo cuidado, avancé por los oscuros pasillos del edificio. Asustándome un par de ocasiones con mi propia sombra. Intentaba, al mismo tiempo, adivinar las intenciones de papá al pedirme realizar esta búsqueda, cosa que solo me llenaba la cabeza de ideas raras.


Al llegar a la estancia principal, al centro de todo, pude ver el cielo abierto sobre mí, las estrellas lograban colarse entre las pasarelas que unían las seis edificaciones que conformaban el Merliot, lo cual fue como un respiro, el poco tiempo que llevaba en ese sitio me sofocó de una manera impresionante. El tiempo se había detenido en ese lugar, aún seguía siendo el octubre del ochenta y seis, nada había cambiado. Luego de detenerme y recuperar el aliento, me dirigí al corredor a mi mano derecha, era el que me llevaría al fondo, donde suponía que estaría el sótano.


Fue entonces cuando tuve que aguantar un grito al ver una figura difusa justo en medio del pasillo. La luz de la luna entraba a través de una ventana rota y ahí, traslúcida, una mujer vestida de blanco me observaba con una mirada fría y unos iris amarillentos.

Un escalofrío recorrió mi ser, quedando paralizado por unos segundos. De un parpadeo a otro, la mujer se había ido, recobrando la libertad de movimiento, de forma instintiva, di varios pasos hacia atrás, cayendo de bruces al tropezar con unos escombros.


Mi respiración era sonora y acelerada, al punto de estar cerca de hiperventilarme.

«Si ves a una mujer, no dejes que te toque» Decía una de las instrucciones. Cosa que no entendí hasta verla con mis propios ojos.

Una vez consciente que aquello ya había sido previsto por mi padre, la opción de abandonar el lugar se me cruzó por la mente, pero siendo aquel objeto algo tan importante para el viejo, debía continuar.


A medida que avanzaba, escuchaba sonidos de lamentos y llantos, voces que inundaban el lugar, pero en susurros que me aterraban. Las puertas de las habitaciones empezaron a abrirse de golpe, zarandeándose de forma frenética unas de ellas, cada vez que sucedía cuestionaba mi cordura por no correr, regresar a mi casa y olvidar en contenido de esa carta.


A medida que mis pasos acortaban la distancia el sótano maldito y yo, entendía la razón del silencio de mi padre; el hombre taciturno temía sobremanera lo que ahí se escondía y, era tal el miedo que sentía, que le era difícil incluso pronunciar palabra alguna.


IV


La actividad, claramente paranormal, fue la que me guío hasta unas escaleras, ahí, el único letrero que se mantenía en su lugar, poseía la leyenda «Sótano seis». Vacilé, a pesar de estar mentalizado en llegar hasta las últimas consecuencias, al borde de aquellas escaleras me detuve por largo rato. La oscuridad ahí era total, un pozo que semejaba no tener fin. Un vaho pestilente que provenía de ese lugar me puso en aviso, sea lo que fuere, me esperaba algo horrible.


Usando las dos lámparas, una en el casco y otra en mi mano derecha, descendí al sótano.

Mis pasos, aunque titubeantes, eran continuos, no deseaba perder tiempo, mientras más rápido llegara al fondo, más rápido saldría del Merliot.

Escuchaba susurros como los de antes, pasos y risas, cuando bajaba un nivel, una sombra parecía escapar de mí, haciendo que mis nervios se descontrolaran. Al cuarto piso, encontré una puerta, era el mismísimo sótano seis. Debí buscar en el suelo algo con qué romper el candado que la cerraba, un ladrillo y varios golpes fueron suficientes.

Estaba como sellado al vacío, ya que sentí como una leve succión mientras abría la puerta. Dentro, no había nada, solo una habitación vacía y tierra, el piso no tenía adoquines o cerámica, solo tierra.


Mi corazón latía con fuerza, entendía lo que debía hacer, así que de rodillas, usando mis manos desnudas, comencé a escarbar. No era nada fácil, pero debo decir que la tierra no presentaba mayor resistencia, siendo capaz de remover una buena cantidad en pocos minutos. El sudor corría por mi rostro.

El agujero que cavaba justo en medio de aquella habitación, llegando al medio metro de profundidad, parecía emitir sonidos. Deteniendo lo que hacía, presté atención a el fenómeno, notando que en realidad los sonidos venían de por debajo de la tierra. Temblé. Estaba en el lugar correcto.

Reanudando la faena, seguí excavando, los sonidos parecían aumentar a medida que sacaba más tierra. Llegando a cierto punto, los gritos fueron más sonoros y, a la vez, más claros. Eran gritos de alguien siendo torturado.


Sus súplicas eran dirigidas a otra persona, la cual parecía no detenerse en su labor, intuí, por lo que decía aquella voz, que estaba recibiendo un castigo exagerado al crimen cometido. A esas alturas, había comenzado a actuar por inercia, poco me importaban las consecuencias, las incógnitas que dejó en mi mente aquella carta poco a poco empezaron a tener respuestas, las palabras de mi padre, antes vacías y sin sentido, ahora tenían un significado profundo. Deseaba saber la verdad...


Solo un poco de tierra después, casi a los dos metros de profundidad y un par de horas de trabajo, mis manos sintieron algo duro, algo que no era tierra, en un último esfuerzo logré sacar aquello que ahí se escondía, lo que buscaba, aquello que tanto aterró a mi padre por más de treinta años.


Con la ayuda de la lámpara descubrí de que se trataba...

Para continuar, tome uma decisão entre as seguintes opções:

└─ Un hueso
└─ Una caja
25 de Outubro de 2019 às 02:41 9 Denunciar Insira 16

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Flor Aquileia Flor Aquileia
ay por dios, de lo más escalofriante y terrorifico!! me voy corriendo al próximo capitulo!!
26 de Outubro de 2019 às 08:54
Ana Jiménez Ana Jiménez
Un relato intenso, es genial poder tener la desicion de lo que sucederá dentro de la historia. Me resulta dinámico e innovador este tipo de historias.
25 de Outubro de 2019 às 10:04

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Cual camino elegiste? La verdad es que estoy emocionado con este formato, las posibilidades son infinitas! 25 de Outubro de 2019 às 10:08
  • Ana Jiménez Ana Jiménez
    Escogí la caja, me encanto el final. Aunque también leí el otro final y me quedo gustando la descripción que hiciste entorno a la muerte de susana. Aunque el del hueso da mas información, me sigo quedando con el de la caja. 25 de Outubro de 2019 às 10:15
  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Quería mover la historia en dos rutas diferentes, por eso describí diferente cada capítulo... Me alegra que te haya gustado! 25 de Outubro de 2019 às 10:41
Karlize L. Ponce Karlize L. Ponce
Me ha gustado mucho la experiencia de tomar esta primera decisión, ya deseo leer más capítulos.
25 de Outubro de 2019 às 00:50

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Gracias! Ya están disponibles los dos capítulos que siguen en las opciones. 25 de Outubro de 2019 às 07:23
Facundo A Facundo A
Muy entretenido, al ser interactivo me hace releer varias partes para ver cual objeto me será de utilidad.
24 de Outubro de 2019 às 22:53

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchas gracias, si se presenta algún problema en el sistema de elección de opciones te agradecería que me lo hicieras notar, es la primera historia interactiva que publico... 25 de Outubro de 2019 às 07:25
~

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