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El Diablo de la botella

Llegaste a finales de verano, con tus penas y tus quejas. Te acogimos con lo brazos abiertos, dispuestas a ampararte.


Tus palabras envenenadas se sumergían lentamente en nuestro interior, en nuestra alma, en nuestro hogar.


Tu pena se convertía en nuestro lamento, tus quejas en nuestra condena.


Tu narcicismo ocasionaba profundas y reiteradas heridas, imposibles de cicatrizar aún permaneciendo allí. Arrastrabas con tus carencias a otros, esculpiendo tu reflejo en los demás.


Tu respiración no dejaba aire para el resto, lo deseabas solo para ti.


Tu soberbia no quería convivir con la humildad; quería abatirla, desalentarla, degradarla.


Y aún así, te permitías dar lecciones a terceros, sin mirar más allá de tu ombligo; y sin meditar ni un segundo, sobre tus mustios frutos, lograbas marchitar a los demás.


Nunca se desprende silencio de tus labios, nunca hay escucha a nadie por tu parte. Siempre te compadeces de tus desgracias, o de tus gracias.


Tu hedor queda impregnado allá adonde vas, allí donde has estado. Los desafortunados que se han cruzado en tu camino, siguen intentando librarse de la epidemia que has ido contagiando.


Y aunque el diablo de la botella ya no habite aquí, sus tóxicas cenizas absorben la energía de quienes le acogieron y cuidaron, mostrando con frialdad su verdadero rostro. Ruin y apestoso como siempre lo había sido, pero esta vez, sin decorado.


13 de Outubro de 2019 às 11:06 0 Denunciar Insira 0
Fim

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