When a Demon Cries Seguir história

J
Johnson Osorio


Una guerra fue llevada a cabo en la tierra, una lucha entre dos poderosos bandos que se odian mutuamente. Por un lado se encuentran los demonio, quienes son liderados por un Rey y por el otro lado están los ángeles, quienes son comandados por un Dictador. La historia se centra en dos jóvenes rebeldes, Gurē es un demonio que está en contra de la guerra y no acepta los ideales de ningún bando; Nykha es un ángel con espíritu revolucionario que busca derrocar la dictadura que controla a su pueblo mediante el miedo. Ambos se encontrarán y buscarán acabar con la guerra de una vez por todas.


Romance Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#ángeles #demonios #fantasía
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Em progresso - Novo capítulo Todas as Quartas-feiras
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"La Fuga"

—Me dan pena tus ataques, — Soltó una carcajada al bloquear el ataque de Gurē.eros de baja clase para recolectar las almas de los pocos humanos que se mantenían con vida en la Tierra, tal fue la guerra desatada que ambos lados perdieron una gran cantidad de recursos, y allí se encontraba un demonio un poco diferente al resto de los demás, Gurē, un ser pacifista que se encontraba haciendo su tercera misión de recolección de almas, era considerado un luchador destacado en el arte de las dagas, sin embargo, gran error llamarlo luchador, es un chico que odia la guerra, reclutado a la fuerza y uno de los pocos supervivientes de la Guerra desatada hace un mes, debido a su naturaleza, buscaba constantemente oportunidades para escapar del mandato del Rey Demonio, no era muy difícil, aunque si le descubren, podía darse por muerto, así que era algo arriesgado, sin embargo, valor no le faltaba a Gurē, quien estaba decidido.


{—Es ahora o nunca…—}, pensó Gurē, y acto seguido desplegó su daga, impactando contra la espalda de su compañera y rápidamente se giró para patear a su compañero en el abdomen, lo suficientemente fuerte como para hacerlo caer al piso, y asegurándose de que ninguno de las dos sufra heridas graves, salió corriendo del lugar lo más rápido que pudo, al sentirse seguro, adaptó una forma humana, comenzando a caminar sin rumbo alejándose del sitio.


—Sabía que iba a ser sencillo… Aunque lo que hice fue un poco rastrero…— comentó Gurē mientras seguía caminando sin rumbo. Pasó por una pequeña aldea alejada de lo que debería ser la ciudad. {—Dudo que el desastre haya afectado mucho este lugar…—} se dijo a sí mismo, para después dirigirse a una de las casas del pueblo, sin embargo, antes de poder acercarse mucho, una anciana lo detuvo.


—Hola joven, no eres de por aquí, ¿No? — Le preguntó ella.


—No, de hecho, no… He estado vagando por este lugar y ya no recuerdo dónde quedaba mi casa— Respondió Gurē.


—¡¿Enserio?!— Exclamó la señora. —¿Cuánto tiempo llevas sin comer? — Preguntó nuevamente con un tono de preocupación, sin embargo, no obtuvo respuesta alguna. Tras la ausencia de contestación por parte del muchacho, decidió tomarlo del brazo y empezar a caminar con él en dirección a su casa. —Después de lo que pasó hace un mes, tuvimos unas cuantas personas heridas, aunque la mayoría de personas aquí ya sobrepasan la tercera edad— comentó la señora.


—¿Usted vive con alguien más? — preguntó Gurē mientras observaba como ella entraba a su casa y le dejaba pasar.


Se quedó en silencio por unos segundos. —Si… Mi nieto, cumplía ya tres años de servicio militar, sin embargo, desde “eso”, no he recibido noticias de él— Se logra palpar en la cara de la anciana una expresión de tristeza y preocupación.


—Lo siento mucho— comentó el joven demonio con un sentimiento de culpa.


—No te preocupes, no había manera de que lo supieras. Además, volverá pronto— replicó la señora cambiando su rostro por uno más alegre y acto seguido soltar una leve carcajada. —Cambia esa cara niño, te saldrán arrugas. Toma asiento— Le decía mientras caminaba a la cocina para comenzar a preparar algo de comida.


—Sí, ahora mismo— Se tornó una pequeña sonrisa en Gurē y se acercó a una pequeña mesa que se encontraba en la mitad de la sala junto a una maceta con una linda planta que se ve bastante cuidada. —Es una linda casa, se ve acogedora— comenzó a mirar a su alrededor, empezando por ver al frente, donde se podía apreciar la entrada a la cocina, ahí se encontraba la anciana. Después se quedó mirando la pared de su izquierda, desde el rincón que conecta con el techo hasta el piso, se veía que estaba algo desgastada.


—Lo es— respondió la anciana mientras se acercaba con dos tazas de té, las cuales dejó sobre la mesa y se dio una vuelta para volver a la cocina, pocos segundos después regresó a la mesa con una olla y dos platos, uno sobre otro. —No había mucho en el mercado, perdón por ser algo tan simple— comentó la señora mayor.


—No, no tiene que preocuparse. Tampoco hacía falta tomarse tantas molestias, igualmente se lo agradezco— le dijo el joven con una sonrisa de gratitud en el rostro.


—No son molestias, hace tiempo no tenía visitas por aquí… Me hace feliz recibirte el día de hoy— gira su mirada hacia la ventana. —Además, ya está oscureciendo. ¿Quieres quedarte a dormir? — Le pregunta la anciana con una sonrisa esperanzadora mientras servía los platos con el arroz que había en la olla gracias a una cuchara de palo.


—Por supuesto, si no es mucho problema, supongo que siempre viene bien descansar— Dijo Gurē viendo a la señora servir la comida, en cuanto terminó y recibió el plato, comenzó a comer rápidamente.


—¡Oye! — exclama la anciana, y acto seguido golpea al joven con la cuchara de palo que tenía en su mano un poco furiosa. —Antes de comer hay que rezar— junta sus manos y gira su mirada a una foto enmarcada que se encontraba al lado de la puerta.


—Lo siento, no rezo — Dijo el joven apenado, que poco después miró la foto, en la cual se apreciaba a un señor aparentemente de unos 60 años. —¿Es su esposo? — preguntó insensatamente Gurē.


La mujer guardó silencio por unos segundos, y poco después habló. —Si, Lo era… Murió hace un año, bueno, eso no es importante ahora, ponte a comer niño— Se detuvo un segundo mientras mantenía su sonrisa y añadió. —Por cierto, ¿Cuál es tu nombre? — Preguntó.


—Lo siento mucho. Mi nombre es Gurē— respondió la pregunta y sin tomarse su tiempo se la devolvió. —¿Y el suyo? — preguntó el joven para acto después volver a comer rápidamente.


—El mío es Jikan, un gusto— Respondió la anciana con una sonrisa en el rostro, después de eso se quedaron en silencio mientras comían. Al terminar, Jikan comentó. —Ya es hora de ir a dormir, sígueme—Se levanta de la mesa y guía al joven a una habitación. —Es el cuarto de mi nieto, puedes usarlo— Comenta la anciana, para después salir y dirigirse a su habitación.


—Gracias— exclamó Gurē con una sonrisa. {Que amable es… Jikan, es un nombre raro} Pensó el joven mientras miraba el techo tras acostarse en la cama. {Debería dormir, no quiero causar muchos problemas} Con esto en mente, cerró sus ojos para tratar de descansar, sin embargo, una pequeña incomodidad no le dejaba pegar ojo, se mantenía con una preocupación, mal augurio de que algo iba a suceder.


—Te encontré— Se escuchó proveniente de una voz que se le hacía conocida, en el momento en el que se dio cuenta, era muy tarde.


—No…— Fue una súplica más que una negación, Gurē no podía creerlo, todo fue tan rápido, en un momento estaba recostado, con una sonrisa, de un segundo a otro, se encontraba en un lugar derruido, sin orden. Todo era caos, entre esa destrucción y lamento, logró girar su mirada, a su derecha, donde se debía encontrar la habitación de la anciana que lo recibió, sólo podía apreciar los muros de la vieja casa derrumbados y manchas de sangre por todas partes. —No… No, no, no. ¿Por qué? — Todas sus dudas se disiparon en un instante al escuchar nuevamente aquella voz.


—No me digas que te vas a poner a llorar ahora, como siempre— Decía en tono burlón lo que parecía un joven humano un poco más alto que Gurē, pero con un aura temeraria y una sonrisa malvada.


—Akio… ¡¿Qué mierda te pasa?!— Gritó Gurē con una notable furia. Acto seguido se levantó cambiando su aspecto por uno más deteriorado y tenebroso. Sin dudarlo un segundo más, se desplazó a gran velocidad hasta llegar al lado de Akio y acercar rápidamente su puño al abdomen de este, sin embargo, siendo bloqueado por el brazo de su oponente.


—Aún eres muy lento, hermano— Tras decir esto, Akio patea fuertemente al demonio en forma de contraataque, mandándolo a volar contra uno de los muros derribados de la casa. —No deberías resistirte, sabes cómo acabara esto— Dijo el joven con aire de superioridad y con un tono de decepción.


—Cállate, cállate de una vez— Exclamaba Gurē mientras se levantaba con dificultad y se apoya en las ruinas que había dejado tras su caída, nuevamente corre con rapidez hacía Akio, sin embargo, antes de poder enlazar un golpe, recibe otra patada, esta vez en las piernas, haciéndolo caer al suelo.


—Deja de avergonzarte a ti mismo, nuestro padre nos está viendo— Después de un suspiro, aprovecha que Gurē se encontraba en el suelo para enlazar una patada en el rostro, la cual le mandaría a volar nuevamente hacía la destrozada casa. —Ya sabemos el final de esta batalla— Decía confiado aún en su forma humana.


—¡Pagarás por lo que hiciste! — Gritó Gurē muy furioso volviendo el aire aún más pesado, para después levantarse en su forma demoníaca y nuevamente abalanzarse hacía su oponente con una velocidad increíble para su nivel. Utiliza una finta para desplazarse detrás de su rival y enlazar una patada en su nuca. Gurē puso más presión en la patada para intentar mandarlo a volar, sin embargo, se da cuenta que su golpe no llegó directo, sino que fue amortiguada por el brazo de Akio.


—Me dan pena tus ataques, hermano— Soltó una carcajada al bloquear el ataque de Gurē.


—¡Maldito! — Suelta un gritó mientras impone más fuerza en la patada —Muere. — Dijo Gurē con confianza y hace la mayor presión posible en el brazo de Akio.


Akio se mueve rápidamente hacia un costado para evadir el ataque. {—No puede ser—} pensó esto mientras veía como la patada se realizaba y soltaba una ráfaga de aire que impacta contra una casa, destruyéndola instantáneamente junto a tres más que estaban detrás de esta. —¿De dónde secaste ese poder? — Preguntó Akio con una cara pálida.


Gurē aprovecha la conmoción de su oponente para soltar un puño con fuerza que lo manda a volar. —Te enseñaré a no subestimarme…— Tras decir esto se posicionó en un segundo justo en frente de Akio antes de que caiga al piso y vuelve a golpearlo en el abdomen con una gran fuerza, mandándolo a volar al lado contrario y repetir el movimiento, hasta ponerse arriba de su oponente y estamparlo contra el piso con una patada hacía bajo, causando mucho daño, para acto seguido tomar algo de distancia y volver a su forma humana. —Acabo de drenar tu fuerza, no podrás hacer mucho más— Dijo Gurē con confianza mientras mira a su rival en el suelo.


—¿Cómo lo hiciste? — Dijo Akio impresionado mientras intentaba levantarse y transformarse, sin embargo, no es capaz de conseguirlo. —Ya veo, Supongo que por ahora no tengo más opción que retirarme—Suelta una carcajada y saca de su boca una esfera de cristal oscura del tamaño de una canica, para proceder a tirarla al aire, la cual se expande rápidamente creando un portal y comenzar a caminar hacia él. —Nos vemos después, hermano— Tras decir esto se adentra al portal, sin embargo, antes de cruzar completamente recibe un fuerte ataque de una daga proveniente de Gurē que impacta en su brazo derecho. —¡¿Qué mierda?!— Dice con gran confusión mientras su brazo comienza a torcerse y nota como su extremidad desaparece rápidamente, sin dudar un segundo más, invoca una espada oscura y se mutila a sí mismo desde el hombro antes de que se propague más. —Baje la guardia, pero volveré por ti, ¡Te rendirás ante mis pies! — Sin esperar más cruza por completo el portal. Este se cierra, desapareciendo como si nunca hubiese existido.


—Logré hacerle el mayor daño posible…— Tras decir esto aliviado, cae al suelo. —No hubiera podido soportar un poco más— Gira su mirada y ve la casa de la anciana destruida. —Lo siento mucho— Comienzan a caer lágrimas de sus ojos que recorren su mejilla y culminan en el suelo. —Si no hubiera venido, esto…— Se detiene en seco, y aún con lágrimas en los ojos se levanta para ver el resto de casas, todas destruidas, personas muertas por todas partes. —Sabía que no debía haber venido— Agacha su cabeza con tristeza y comienza a caminar con dificultad alejándose del destruido pueblo mientras algunos pueblerinos le arrojan piedras y gritos.


*En algún lugar*


—¿Fallaste contra ese idiota con aires de pacifista?, que decepción— Dijo un ser oscuro difícil de diferenciar a simple vista con voz de grandeza e imponencia.


—Lo siento… No sé qué fue lo que pasó, hizo algo, ¡Estoy seguro!, no hay otra forma, no pude haber perdido— Se excusó a sí mismo Akio mientras hacía presión en su hombro debido a su pérdida del brazo.


—¡Cállate de una vez! — Exigió con una notable furia hacia el error de su hijo. —Vete de aquí de una vez, recupérate y vuelve a enfrentarlo, si vienes con la mano vacía, te mataré— Se detuvo un momento —Toma esto— Dijo con decepción mientras lanza una especie de daga pequeña de un color rojizo. —Que tenga que darte esto… Nunca lo pensé de ti, Akio—.


—Lo traeré la próxima vez, lo prometo— respondió Akio, para acto seguido atrapar la daga que le lanzó su padre. —Gracias, esto definitivamente me traerá la victoria— Sonrió malévolamente, para proceder a caminar con dirección a la salida, sin embargo, antes de salir se detuvo un segundo. —Perdón por mi debilidad, después recibiré mi castigo— Dijo Akio con arrepentimiento.


—¡Vete ya! —Gritó el Rey Demonio.


*En la tierra*


Se encontraba caminando una hermosa chica con una trenza que enredaba su cabello hasta la mitad de la espalda, poseía un aura angelical que contrastaba con su mirada perdida, era una guerrera ángel llamada Nykha que se oponía a los ideales impuestos por el dictador que lideraba el reino de los cielos. Se veía desconcertada por haber escapado con relativa facilidad, teniendo en cuenta que a los desertores se les castigaba con muerte.


—¿Conseguí pasar desapercibida? — Se preguntaba Nykha mientras caminaba por un lugar que parecía ser una ciudad casi completamente destruida. —Es difícil que no se haya dado cuenta— Reflexiona sobre su “huida” y se queda de pie en su sitio. Unos segundos después se pone en guardia y posa su mano sobre el mango de la espada que se encontraba en su vaina pegado al vestido corto que llevaba puesto. —¿Quién anda ahí? — Dijo casi gritando mientras analizaba todo el lugar para encontrar al que le acechaba.


De uno de los edificios sale disparado una daga a gran velocidad que se dirige a la chica, la cual desenvaina rápidamente su espada y desvía el ataque.


—¡Sal de donde estés! — Exige mirando el lugar de donde provenía la daga, pero se percata de otra que viene en dirección a ella y la vuelve a detener con su espada. Sin embargo, una tercera cuchilla que se ocultaba en le sombra de la anterior impacta contra su pierna haciéndole perder la postura y lanzar un quejido de dolor. —¡Muéstrate, cobarde! — Dice la chica adolorida por el inesperado golpe.


—¿Para qué deseas verme? — Pregunta la joven ángel con una bufanda que cubre la mitad de su rostro y vestida con un chándal oscuro. —Esto no tenía que ser así Nykha, ¿Por qué decidiste escapar? — Dice con una voz melancólica mientras extiende sus alas y opta una pose ofensiva con dagas en sus manos.


—Créeme que lo siento Eslia, pero no tuve otra opción. — Se lamenta la chica mientras se arranca la cuchilla de la pierna y la deja caer al suelo, acto seguido extiende sus alas posando de manera defensiva junto con su espada.


Eslia cierra un momento sus ojos, gira la cabeza de un lado a otro y los abre nuevamente, lanzándole una mirada penetrante. Comienza a desprender un aura de maldad haciendo que el aire se vuelva pesado. —Muere. — Tras decir esto arroja ambas dagas simultáneamente en dirección a Nykha y rápidamente comienza a avanzar hacia ella impulsándose con sus alas mientras saca otras dos cuchillas de su bolsa.


La joven guerrera detiene las dagas con rápidos movimientos de espada y avanza velozmente hacia Eslia, lanzando una estocada para intentar punzar a su adversaria.


La chica bloquea el sable de Nykha con la daga que portaba en su mano izquierda provocando un choque entre ambas armas blancas, deja indefensa a su oponente y aprovecha para apuñalarla en la parte baja de su torso con la daga que sostenía en su mano derecha, acto seguido posa su pie en el abdomen de la contraria para impulsarse hacia atrás.


Nykha lanza un quejido de dolor por el puñal, pero recupera su postura y con su mano vacía agarra la pierna de su oponente antes de que se impulse, posteriormente golpea vigorosamente con el costado de la espada a su rival, creando un profundo corte que va desde su hombro hasta su cintura y provoca un fuerte impacto contra el piso que genera una onda de choque.


Eslia escupe sangre por el impacto y se queda sin aliento por unos momentos, pero actuando rápidamente saca un puñal de su bolsa y lo arroja con un sagaz movimiento en dirección al brazo de la chica. Sin embargo, una de las alas de Nykha bloquea la daga y suelta a su vez la pierna de la joven. Eslia aprovecha para apoyar su mano en el suelo e impulsarse con ella hacia arriba, acto después mantenerse en el aire con ayuda de sus alas y alejarse rápidamente hasta una distancia prudente. —¡Eres una traidora! — Grita furiosa la malherida chica mientras intenta recuperar fuerzas.


—Soy una revolucionaria que se niega a vivir bajo las órdenes de un estúpido Dios que controla a los ángeles mediante el miedo— Le corrige Nykha con firmeza mientras se abalanza velozmente hacia su débil oponente y le remata con una elegante estocada que se le hace imposible evitar. —Perdón Eslia, amiga mía. Esto no debía ser así— Susurra con lágrimas en su rostro y retira la espada cubierta de sangre que acaba con la vida de la joven, procede a envainarla cabizbaja mientras el cadáver de Eslia se desploma en el suelo y poco después cae también Nykha debido al cansancio y la pérdida de sangre por culpa de las dagas que fueron introducidas en su cuerpo.

19 de Setembro de 2019 às 02:44 0 Denunciar Insira 0
Continua… Novo capítulo Todas as Quartas-feiras.

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