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lalolini92 Eduardo Vazquez

La noche de Halloween, 6 amigos. Una noche de terror perfecta. Un obstáculo: permanecer con vida hasta el amanecer.


Horror Todo o público.

#halloween #terror #verdugo
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Capítulo I - La noche de Halloween.


La noche de Halloween.


Esta historia tan extraña como misteriosa sucedió hace exactamente un año, en una reunión con amigos en la víspera de la noche de Halloween. Los detalles de cómo todo sucedió todo siguen siendo muy confusos para mí, pero ahora que recuerdo, nada hubiera podido prepararnos para lo que vivimos ese día.


Por aquella semana todo había estado transcurriendo muy normal; el trabajo, la universidad, las tareas y mil pendientes más. No hubo ni una sola señal que indicara que algo nuevo estaba por suceder; algo nuevo y horroroso.

El ambiente de finales de octubre anticipaba ya la tan esperada noche de todos los santos. El viento gélido y las hojas caídas de los arboles que se arremolinan en la calle mientras la gente va de camino casa hacen de la época una atmósfera perfecta para el terror.


Como amantes del terror esto lo sabíamos perfectamente mis amigos y yo por lo que decidimos ponernos de acuerdo para pasar lo que creíamos sería, una noche “de Halloween increíble”, viendo películas, tomando algunas cervezas y deleitándonos con toda clase de comida chatarra que pudiéramos encontrar en el mini super de todo a un precio. Sería algo tranquilo, pero terrorífico, ese era el plan.


Como todos los grandes aficionados al Halloween y sus fantasías, pensamos que la forma más divertida de pasar la noche seria disfrazándonos también. Así que todos estábamos muy emocionados por ello, y yo en especial porque hacia algunas semanas había comprado un traje fantástico de “el monstruo de la laguna negra”, seria algo aterrador me dije a mi mismo.


Así llego la media noche del 31 de octubre, Halloween, 6 amigos entusiasmados por pasar una noche increíble. Por vivir una experiencia de horror inolvidable.


Como yo tengo montones de películas de terror, clásicas en su mayoría, todos alegaron que la mejor idea era hacer la reunión en mi casa, algo a lo que yo no me negué, era especialista en organizar las mejores veladas de terror, porque Halloween era mi época favorita.


Así que muy temprano ese día había ido a comprar toda clase de adornos alusivos, cervezas y algunas cosas necesarias para mis trucos. Prepare muchas opciones de platillos, algunos que encontre en Facebook, ideales para la velada. Adorné la casa con tal esmero que casi parecía la habitación de alguna casa maldita. Estaba listo y muy orgulloso del resultado.


Aquella noche, la primera en llegar fue Annie, la primer victima de mi broma de "la pared que sangra". Pego un grito enorme en cuanto vio aquel espectaculo sangriento en la entrada principal.


- Vaya susto, te has divertido ¿no? - dijo después de haber tomado un respiro. Estaba muy bonita disfrazada de la sirenita, su personaje Disney favorito. Luego llegaron Carlos y Manuel, los dos disfrazados de los hermanos caradura, haciendo bromas previsibles, pero hasta cierto punto, un tanto encantadoras.


Nos reunimos en la sala y todos comenzaron a repasar las diferentes opciones de películas que tenía en el momento, al final nos decantamos por “La noche de Halloween” de John Carpenter. Curiosa coincidencia.


Solo faltaban por llegar Aristeo y Diana. Decidimos esperar un rato, mientras conversábamos y bebíamos un par de cervezas. Comenzamos a hablar de las típicas experiencias paranormales. Cosas de fantasmas y duendes, lo tipico que siempre sale ha relucir en las reuniones de este tipo.


Yo conté un par de ellas y todos nos estremecimos cuando Diana llego en los primeros 30 minutos de empezar, tocando el timbre tan desesperadamente a causa del frio y su disfraz que no podía ser más increíble y revelador; “Poison Ivy” de Batman.


Como Aristeo no llegaba, Annie comenzó a marcarle por teléfono, insistió un par de veces pero él no respondió. Todos nos preocupamos un poco puesto que él siempre era muy puntual y porque vivía mucho más lejos que los demás y porque ese día saldría temprano del trabajo por lo que esa no podría ser la excusa de su retraso.


Finalmente, y no pudiendo hacer más decidimos continuar, la película comenzó y mientras comíamos y bebíamos comentábamos ocurrentemente los datos curiosos que nos sabíamos sobre la película.

– Y pensar que la máscara solo costo 2 dólares – dijo Carlos, todos nos echamos a reír. La película continuó y todos seguíamos tan cómodos en los sillones que apenas notamos a los niños que afuera, se aventuraban en las casas vecinas a pedir dulces.


Cuando la película llevaba ya algunos minutos de haber empezado, alguien toco el timbre. Todos supusimos que era Aristeo. Pero nadie estaba dispuesto a abandonar su sitio. Después de discutir un momento sobre quien debía abrirle, Diana se levantó bufando de su lugar y fue hacia la puerta.


Al abrir se quedó quieta durante un gran rato, todos observábamos desde la sala curiosos y luego ella dijo – Aquí no hay nadie – y cerró la puerta.


Nos quedamos un poco extrañados, pero pensamos que quizá había sido algún niño de los que hacen bromas, porque después de todo, era Halloween. Seguimos viendo la película y entonces cuando estaba por terminar el timbre sonó otra vez, pero ahora con mucha más insistencia que antes, y fue Carlos quien se levantó después de masticar los últimos pedazos de su Hot-Dog. El reloj ya marcaba las 2 am.


Caminó con paso firme a la puerta y la abrió, pero esta vez evadiendo cualquier posibilidad de que se tratara de una broma sí había alguien del otro lado, era un hombre alto, de estatura similar a Aristeo, que a juzgar por lo que llevaba puesto, algo robusto. Traia puesto un traje negro de cuero, que asemejaba al de un verdugo con un mandil y una mascara negra que cubría completamente su cara. Todo a juego.


Ni siquiera sus ojos se alcanzaban a ver aun con la poca luz que alumbraba a su cara – Has llegado demasiado tarde, ¿no? – le dijo Carlos, estaba claro que pensaba que se trataba de Aristeo. Pero no obtuvo respuesta.


Entonces ese “hombre” que estaba parado en el marco de la puerta saco una enorme navaja y la apunto hacia Carlos quien retrocedió con miedo, todos estábamos inmóviles en la sala, presas del miedo, no podíamos creer lo que estaba pasando.

- Dulce o truco - le dijo aquel hombre, con una voz ronca y casi inaudible. Nadie sabia que hacer ni que decir.


Carlos asustado y tratando de encontrar las palabras correctas le dijo al hombre – Vamos Ari, esto no es divertido, no seas un cabron – entonces aquel “verdugo” ladeo la cabeza, como si intentara entender lo que Carlos le había dicho. Bajo el brazo e inesperadamente de una patada certera empujo a Carlos tan fuerte que él cayó al suelo sin aire y lastimando su brazo contra la mesa de vidrio que se encontraba al lado.


Manuel corrió casi enseguida y cerro la puerta con seguro tan ágilmente que apenas pudimos reaccionar a sus movimientos. Entonces Annie corrió hacia Carlos quien sostenía su brazo que sangraba de una enorme herida a causa de la caída. Mientras tanto Manuel, Diana y yo empujábamos la puerta porque aquel hombre comenzó a golpearla con tal fuerza que parecía tirarla.


Annie en un intento desesperado por controlar la situación alcanzo a gritar – ¡Aristeo! Esta broma se está saliendo de control, ¡Tienes que parar! – y entonces de repente como si aquel hombre la hubiera escuchado no hubo más ruido, solo silencio. Un silencio sordo y penetrante que nos paralizo. Un celular comenzó a sonar y todos nos estremecimos, era el celular de Annie.


Con miedo tomo su celular y al revisar la pantalla indicaba “Aristeo”, era él llamando. – ¿Cuál es tu maldito problema? – le respondió furiosa, pero su rostro paso del enojo al miedo tan rápido como contesto la llamada.


Cuando ella colgó, Carlos presa del miedo le pregunto lo que sucedía y ella solo dijo – Ha dicho que se extravió, que no recordó cómo llegar aquí y que está en su casa, con sus padres.


Todos nos miramos extrañados y definitivamente muy asustados. Como pudimos decidimos tomar nuestras cosas y salir de la casa, tomamos todo lo necesario, yo subí a mi habitación para tomar un par de abrigos, Diana fue a la cocina para llenar una botella de agua y para buscar cosas con que curar la herida de Carlos. Manuel se dedico a buscar entre las cosas las llaves de su auto.


Cerca de la entrada Annie ayudaba a Carlos a contener la gravedad de su herida, estábamos listos. Yo tomé los abrigos de mi clóset, me cambie los zapatos por unos tenis y entonces, la luz se fue, el timbro sonó una vez más y alguna de las chicas grito tan fuerte que me heló la sangre.


Era la noche de Halloween y alguien estaba pidiendo “Dulce o truco” …

17 de Setembro de 2019 às 02:00 0 Denunciar Insira 0
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Conheça o autor

Eduardo Vazquez Amante del chocolate amargo, las novelas de terror y las pelis de miedo. Escribo por afición pero hacerlo es toda una pasión.

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