El intruso del corazón Seguir história

joesantos Joe Santos

Un sonido extraño e insesante invade la oscura casa por lo que un hombre armandose de valor se encargará de encontrar que o quien es el que produce ese sonido. Una historia llena de suspenso y terror con un final verdaderamente impactante e inesperado


Horror Horror gótico Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#245 #finalimpactante #misterio #suspenso #terror
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El intruso del corazón

Se despertó sobresaltado por el ruido de un vidrio rompiéndose. Inmediatamente el hombre intentó prender la lámpara que se hallaba encima de la mesita de luz pero esta no prendía. Poniendo su atención en presionar una y otra vez el botón del aparato con el deseo de que respondiera de una vez por todas, fue víctima de un gran susto causado por un extraño ruido que venía del piso de abajo. “Lub dub, lub dub, lub dub”. Un sonido incesante, sumamente extraño, algo asqueroso y por sobretodo muy aterrador. El hombre estuvo por varios minutos sentado en la cama conviviendo con la oscuridad en absoluto silencio, escuchando. En ese momento pensó en llamar a su compañera de dormitorio, pero al tocarla y ver que se encontraba plácidamente dormida tapada hasta la cabeza decidió dejarla en paz, armarse de valor y ser él mismo el que descubriría cual era la fuente del escándalo.

Una linterna guardada en el cajón de las medias seria su mejor arma, así que prosiguió a levantarse y a caminar siguiendo el camino que recordaba para no golpearse con nada. Táctica que no le resulto del todo ya que a unos centímetros de la cama, se topó en su camino con algo de gran tamaño que provocó que el hombre terminara en el suelo. “Maldito perro san Bernardo” pensó el tipo que nunca le gusto tener a las mascotas dentro del hogar, pero lo cierto es que aquello que estaba tumbado ni se inmuto cuando el hombre se tropezó con él. Una vez llegado a su destino y tanteando el interior del cajón, las manos solo se encontraron con medias, ni rastro de una linterna, algo bastante raro debido a que él estaba casi seguro que ahí la guardaba. A través de sus oídos el tipo seguía percibiendo el ruido ahora acompañado por puertas abriéndose y cerrándose, como si alguien estuviera entrando habitación por habitación buscando algo. ¿Qué clase de hombre seria si permitiera que cualquier extraño entrara a su hogar y lastime a su amada? Así que luego de tomar aire y sin pensárselo dos veces, decidió jugársela a todo o nada. “En la pieza de al lado estoy seguro que hay una linterna” se repetía el sujeto. Al llegar al pasillo se topó con un aire gélido que inclusive sobrepasaba la gruesa campera negra que traía puesta. Cual niño jugando a la gallina ciega y mientras tarareaba una canción en su cabeza para así no pensar en aquel ruido, llegó a la puerta que buscaba.

Cuando entró fue bien recibido por su amiga la oscuridad, pero algo que le resultaba sumamente extraño es que mientras caminaba tanteando buscando el armario, un crujido resonaba por cada paso que daba. Una vez con la linterna en su mano temblorosa la apuntó al suelo para revelar que este se hallaba cubierto de centenas y centenas de rosas rojas de plástico. Pero antes de que pudiera realizarse alguna pregunta se vio paralizado por una presencia detrás de sí. Unos ojos se clavaban cual estacas en la nuca del hombre el cual de manera muy lenta consiguió voltearse y alumbrar a su acompañante en las tinieblas.

Era un simple cuadro, en donde se podía ver a su amada, la señora Rodríguez. Su rostro parecía estar esculpido por los mismos dioses pero aquellos trazos no le hacían justicia a la verdadera belleza de esa mujer.

Los rayos de sol iluminaban el vestido violeta que se ajustaba a cada curva de su figura. Aunque los ojos de él estaban fijos en la sonrisa proveniente de unos labios carnosos y antojables. Sonrisa que sería capaz de convertir al más fiero de los leones en un pequeño gato indefenso. Inmóvil, su cerebro le rogaba que saliera del escondite, mientras que su mano la cual sostenía una rosa no podía parar de temblar. Al final el hombre nunca fue en su conquista por temor de que su querida se espantara por el sonido que emitía su corazón cuando la tenía cerca.

“Lub dub, lub dub, lub dub” El ruido causó que el hombre saliera del trance provocado por la pintura y se dispusiera a ir al piso de abajo. Luego de iluminar su camino, no hubo más que silencio. Tan solo se podía oír su respiración y el zumbido de los mosquitos que paseaban libremente por ahí. El haz de luz de la linterna se poso en la ventana rota que daba a la calle. Observando el exterior, el hombre se percató que las demás casas y la calle estaban a oscuras, algo que resolvería el misterio de porque no había luz. En ese instante la linterna se apagó, regresando al sujeto a la oscuridad total, aunque ese no sería su principal problema. Tan veloz como un rayo algo o alguien paso corriendo por su lado y por el sonido de las pisadas eso se dirigía al piso de arriba hacia la señora Rodríguez. Corriendo absolutamente desesperado y sin importarle chocarse con lo que se le atravesara, el hombre se dirigió a rescatar a su reina, cuando el ruido se había vuelto a manifestar más fuerte que nunca.

Luego de subir las escaleras, por obras del destino la linterna volvió a encenderse permitiéndole apuntar a la puerta de donde se emitía el ruido: el dormitorio. Ingresando al cuarto con suma rapidez, la linterna iluminó la imagen más perturbadora. El rostro de la señora Rodríguez demostraba angustia mientras era sostenida por los gruesos dedos de una silueta humanoide grande, completamente negra a excepción de dos globos oculares celestes y dientes teñidos de rojo con los cuales masticaba el corazón de su víctima.

Despertó. Todo había sido una horrible pesadilla, tan espantosa que provocaba que el hombre ya despierto temblara. Estiró su mano para encender la lámpara que luego de pocos segundos prendió. Necesitaba ir a orinar, no sin antes revisar que todo estuviera en orden. El cuchillo seguía clavado en la cabeza del señor Rodríguez que yacía a unos centímetros de la cama. Con toda la delicadeza del mundo, el sujeto destapó a quien estaba junto a él, encontrándose con unos ojos vidriosos que parecían observarlo fijamente mientras que con unos cortes en su rostro la mujer relucía la mas tétrica de las sonrisas.

Observando con sus ojos celestes a través del pasamontañas que cubría su identidad, el tipo no pudo evitar regalarle una carcajada de felicidad al espejo ya que pronto regresaría a dormir con la mujer que amaba, hecho que provocaba que su corazón comenzara a latir: “Lub dub, lub dub, lub dub”.

16 de Setembro de 2019 às 21:58 0 Denunciar Insira 0
Fim

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