Crawlers and Wars: Vanguard Seguir história

arzas Juan Candelas

Julian es un joven hijo de un granjero; su vida es modesta pero feliz, sin embargo al darse cuenta de su pasado y el origen de los recuerdos que lo atormentan, deberá luchar por crearse un lugar en un mundo frenético lleno de guerras y mazmorras. ¿Podrá lograrlo, o la maldición del dado caerá sobre él?


Fantasia Medieval Para maiores de 18 apenas.

#217 #D&D #C&W #isekai
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Pronostico no deseado

Todo lo que puedo recordar son mis manos temblorosas, sudadas, llenas de esperanza y vacilación. Aquel hombre barbudo me miraba impaciente, como queriendo meterme una patada en el pecho si no decidía pronto. Tomé el dado con mis manos, lo agité con todas mis fuerzas y entonces… Lo solté. Mis ojos se calentaron, mi cara se arrugó; la expresión del hombre barbudo se tornó sombría mientras lentamente, pronunciaba las siguientes palabras: te ha salido un uno.

Rápidamente me arrastré a sus pies, como un gusano pedí misericordia, una segunda oportunidad. El hombre negaba con la cabeza, una y otra vez. No quería aceptarlo, pero mi destino había sido decidido, y era el peor de todos. Por ultima vez, rogué por misericordia hasta que me rompí, con mi cara pegada al suelo, llenando este de lágrimas, moco y saliva, grité con todas mis fuerzas.

—¡¡Por favor!! ¡¡Solo una vez, quiero ganar solo una vez!!

Mis palabras fueron detenidas por el hombre barbudo, quien con furia me agarró del cuello.

—El dado es sagrado, acepta su juicio antes de que te haga aceptarlo. —dijo con voz carrasposa.

El hombre me alejó un momento, luego acercó su rostro a mi oreja.

—Ah, una cosa más: el juego ya ha empezado.

Con un fuerte grito me levanté de mi cama, sudando, parece que tuve otra de esas “pesadillas”. No sabría cómo describirlo, cómo contarlo, pero suelen ser extrañas y constantes. Recuerdo estar allí, con ese anciano, para segundos después darme cuenta que estaba mirando a la nada como un tonto, y que mi madre me estaba llamando desde la cocina.

No fue muy lindo al principio, de hecho, eso sucedió hace ya varios años. Despertar y darme cuenta que era alguien diferente, de un mundo diferente y con una familia diferente.

No recuerdo cómo llegué hasta ese hombre, no recuerdo lo que era antes de eso, y por sobre todas las cosas… No tengo idea de cómo pasé de ser un adulto a un niño. Cuando desperté por primera vez de aquel “sueño” en plena confusión, tuve la tarea de preguntarle a mis parientes cosas sobre mí. Poco a poco, alternando las preguntas entre cada uno de ellos descubrí, a medias, mi identidad.

Me llamo Julian, soy un joven hijo de un granjero en cierto reino, y demás cosas sin importancia. Lo que importa, es que no tengo la menor idea de qué hago aquí, y las pesadillas me persiguen constantemente. No importa qué haga; cuándo les dije a mis padres que no he estado durmiendo bien, decidieron hacer una inversión, llevándome al curandero local. Lo llamo curandero por no faltarle el respeto, pues ese tipo no estaba capacitado en lo absoluto. Por desgracia, era lo que mis padres podían pagar.

Me he resignado, ya no vale la pena seguir intentando estupideces, tratamientos y remedios ingenuos que solo son una pérdida de bienes. Si tengo que padecer, al menos no molestaré a nadie con mi sufrimiento, quizás algún día pase mi calvario.

Les dije a mis padres que ya me sentía mejor, (obvia mentira) y me han dejado trabajar de nuevo en la granja. La vida es dura, la paga es poca, la recompensa que más obtienes por el trabajo duro son callos, y dolores de espalda. No sé cómo mi padre pudo soportar tanta carga, supongo que su joroba no es solo mala postura.

Llevo varios días pensando en qué será de mí, mi propósito en este mundo: no tengo recuerdos profundos de lo que solía ser “yo”, pero de vez en cuando me topo conque ya conocía ciertas cosas. Una vez, al cenar, me sorprendí al darme cuenta que conocía el platillo que íbamos a comer, o también los nombres de ciertos utensilios de cocina. Es como si mis recuerdos estuviesen guardados en lo profundo de mi ser, esperando a ser encontrados en mi día a día.

Papá dice que mañana iremos al pueblo cercano; una especie de entrega a domicilio, parece ser que el cliente de papá quiere su cargamento más rápido de lo usual. Papá piensa llevarme con él, dice que no es bueno para un joven quedarse solo en un pequeño pueblo, quiere al menos mostrarme un trozo más de mundo.

Nos estamos alistando, tengo todo en mi bolsa y ya hemos terminado de cargar. Mi madre se despide de nosotros con un toque de tristeza en su voz, me hace sentir un poco mal dejarla sola, pero no será por mucho tiempo, espero.

Papá no me dijo cuánto tiempo estaremos fuera, teniendo en cuenta la velocidad del caballo que alquiló, estimo al menos medio día.

Los tablones en este carruaje ¡Matan! Me duele absolutamente todo el trasero y la espalda baja, jamás pensé que podría sufrir tanto estando sentado. Luego de dos siestas de niño pequeño y una parada para vomitar, llegamos al sitio: es dos veces nuestro pueblo, tiene murallas de piedra en vez de madera, pero eso sí, parece que jamás cambiará el horrendo olor a excremento… espero que no todos los asentamientos del reino sean así.

Mi viejo se baja del carruaje para hablar con los guardias, les muestra un trozo de papel y nos dejan pasar. Es curioso, pero el papel me recuerda a algo, la única palabra que se me viene a la mente es “pasaporte”.

Debo admitirlo, estaba un poco emocionado al llegar, ver a tanta gente deambulando por tiendas y suburbios es en verdad un cambio de ambiente. En nuestro pueblo todos se conocen, es sumamente pequeño y salvo algunas festividades, parece que nadie realmente hace algo salvo trabajar. Todo eso y que soy el único niño de mi edad convierten a mi pueblo en lo mismo que su olor.

Cuando llegamos a nuestro destino el alivio se hizo presente, tanto en mi mente como cuerpo. La tienda del empleador era colosal, no miento si digo que parecía una mansión aristocrática, aunque la fachada no le hiciese justicia al tamaño, claro. Antes de entrar mi viejo me explicó que debía permanecer en silencio, y solo hablar cuando se me pidiera, o para presentarme. Volteé los ojos en señal de disgusto, ¡Ja! Me gusta que me mimen pero detesto ser tratado como un niño, irónico.

Al entrar mi primer pensamiento fue: Se han gastado el presupuesto solo en los interiores, ¿Verdad?. La diferencia entre el exterior y el interior era tan ridícula que parecía otro local.

—¡Buenas! ¿Cómo se encuentra Tom? —una voz realmente ronca y fuerte se escucha venir de unas escaleras, cada vez más fuerte.

—Me alegra poder verlo después de tanto tiempo mi señor. ¿Cómo ha pasado esta primavera? —la voz de mi padre flaquea ligeramente a la mitad de su frase, lo que levanta cierta sospecha en mí.

—La verdad, muy bien, salvo por cierto inconveniente menor... mejor no lo molesto con esas cosas. Me alegra que haya podido venir lo antes posible, de hecho, pensé que llegarían mañana.

—Pues me sé muy bien la ruta y el caballo que me dio es bastante fuerte. Esto…

Papá me da unas palmadas en el hombro, mirándome expectante.

—Un gusto conocerlo señor, me llamo Julian —mi intento por sonar educado no fue más que eso, un intento.

—Así que tú eres el joven Julian, vaya, hace años que tu padre me habló de ti, fue cuando naciste.

La mirada del hombre se pierde un poco, como si meditara alguna respuesta compleja.

—Ahora lo recuerdo, ocho. Para solo tener ocho años de edad eres bastante inteligente, y educado. Cuándo tu padre me dijo que vendrían, pensé que correrías por toda la entrada inquieto, preguntando cosas —comentó, llevándose la mano al mentón—. O eres muy tímido, o muy cauteloso.

Una risotada da por finalizadas sus palabras. Poco después nos invitó a su comedor en el segundo piso.

Di en el blanco, esto es una mansión noble: tres pisos, el primero es para los negocios formales y tiene una pequeña sala de estar, el segundo es más personal, con cocina y habitaciones para huéspedes. El hombre no ha mencionado que podría haber en el último, pero tampoco me da curiosidad.

En cuanto nos sentamos en la mesa, los sirvientes del hombre rápidamente colocaron platos con alimentos excelentes a nuestro alrededor. La comida era simplemente de en sueño, en mi casa no comíamos con sal y ni hablar de especias.

Espero nadie me juzgue por casi dejar mi baba salir en público. Tengo algo de miedo, pues cuando intenté probar un poco, mi padre me palmeó la mano, seguidamente dirigió una mirada llena de intensidad hacia mí. Nunca había sido regañado fuertemente, por ello la experiencia se sintió… Espeluznante.

—Entonces, mi señor, ¿A qué debo el honor de poder compartir la misma mesa?

Mi padre ya no podía ocultarlo, comenzó a temblar de miedo.

—Pues, esto es complicado Tom. Verás, los negocios no han ido bien últimamente; con la cantidad de aventureros prefiriendo las mazmorras a escoltar, los gremios que ofrecían guerreros a los nobles, han quebrado. Uno de esos gremios en bancarrota, solía suministrarme escoltas de buena calidad. La falta de guerreros a sueldo en todo el país es grave, pues eran los que se encargaban de bandidos, y todos los terrores del camino.

—Esos rufianes son la causa de que estemos hablando Tom, pues te tengo una propuesta —se detiene un momento para beber un poco de su vino y comer un trozo de carne—. Voy a reclutar parte de mis campesinos, para compensar la poca cantidad de guardias.

Los ojos de mi padre se abrieron, su cuerpo temblaba todavía más. La verdad no podía entender muy bien a qué se refería el hombre. ¿Por qué no contratar caballeros, o cosas así? ¿Esto no es la edad media?

—Señor, si me disculpa quisiera preguntar —de alguna forma, mis palabras salen con naturalidad, esperaba que mi padre me callara pero, parece estar “ausente”.

—¡Ja! No me molesta, de hecho tengo interés en lo que podrías decir chico.

Su rostro se llena de una sonrisa que me da un poco de asco, no entiendo por qué.

—Es simple: ¿Por qué no contrata caballeros?, ¿No sería un riesgo contratar granjeros?

La sonrisa en el rostro del señor desaparece, dándome un repentino escalofrío. Luego de unos largos e incómodos minutos, el hombre contesta.

—Me sorprende que puedas siquiera pensar en estas cosas. Una lástima, si fueras educado, probablemente te convertirías en un gran erudito —se encoge de hombros y sigue—. Niño, ¿Tienes idea de cuan caros son los caballeros? Esos hombres han recibido entrenamiento intensivo desde muy jóvenes, es tanto así, que varias familias nobles se han dedicado a eso por generaciones. Es un trabajo de muy buena paga, pero requiere pasar toda tu juventud en un servicio molesto, aderezado con un entrenamiento infernal —el final de su frase es pronunciado con un intento de tono “poético”, mientras mira unas uvas que sostiene frente a él—.

—Los caballeros son solo para el rey y los altos nobles. Incluso nobles como yo, pueden considerarse suertudos de ser meramente aceptados como aprendices, menos caballeros. Muchos no logran llegar al final del entrenamiento ¿Sabes? Esos que fallan, son olvidados, sus muertes o vidas; todo ese sufrimiento queda en despropósito, en vano —la mirada del hombre se vuelve vacía, y sus labios se mueven como por obra de la inercia.

—Al final, ni tú ni yo somos indispensables, cualquiera más arriba de nosotros puede arrojarnos al suelo, como el excremento es arrojado a las calles por las mañanas. Obviamente sé que es un riesgo tener a granjeros cobardes como tu padre, encargados de la escolta… ¿Pero qué opción tengo, muchacho?

El hombre se levanta e inclina en la mesa, mirándome fijamente. Me estremezco, mis intentos de mantener la compostura son mermados, pierdo el control y cedo ante mis impulsos de, temblar, un temblor frío que invade mi cuerpo, llegando hasta las puntas de mis pies.

—Lo siento, chico... —dijo, apenado.

El hombre regresa a su asiento, y yo tomo un profundo respiro de aire fresco, pues aquella presión que ejercía su mirada, se había ido.

—Entonces Tom, dime: ¿Aceptarás o no mi oferta?

El hombre mira con una sonrisa de pillo a mi padre ¿Se estará divirtiendo?

—Quiero que sepas lo siguiente: te pagaré bien, no pienses que tu vida va a peligrar por nada, digo —me mira para enfatizar su punto—. Sé que tu muerte es un peso en la vida de otros, Tom. ¡Entonces! ¿Aceptas?

No sabría decir en qué transcurrieron los siguientes minutos, ni siquiera sé cuántos eran, solo puedo decir que fue una espera tremendamente larga. De repente, toda la realidad se había convertido en los chasquidos que el hombre hacía al comer, y los temblores de mi padre. Cuando estaba por quedarme dormido en la mesa, mi padre murmuró algo, y seguidamente habló.

—No me gustaría morir, en absoluto, debo proteger a mi familia. Su oferta por otro lado mi señor, debo admitir es tentadora —mi padre se toma unos minutos más para seguir—. Señor, ¿ha tenido en cuenta que nunca he blandido una espada?

Como si hubiese esperado esa pregunta por décadas, el hombre responde.

—Por supuesto Tom, como el resto de mis granjeros, tú no tienes idea de cómo usar un arma —le da una mordida salvaje al pollo y continúa—. Para tu fortuna y la mía, cuento con alguien capaz de adiestrar (por un precio) a gente como tú, en al menos lo básico. No hará milagros, no va a asegurar que regreses a salvo, pero cuanto menos vas a ser capaz de defenderte —su forma de hablar el final, sumado al hueso de pollo en su boca, lo hizo parecer una broma.

La cara de mi padre estaba pálida, se notaba a leguas que no quería el trabajo, luchar no era lo suyo. Pero, estoy seguro, que sería capaz de ello por su familia.

—Lo haré, está bien, tomaré el trabajo —parece que ni él mismo se creyó lo que dijo, pues tomó aire con sorpresa y se llevó las manos a la boca—. Pero mi señor, por favor le ruego: si muero, no abandone a mi familia.

—De acuerdo Tom, pero no esperes que los tenga como protegidos, solo eres un empleado. Sin embargo, puedo darles una buena cantidad de oro si mueres —esta última parte la dijo muy seriamente, por ello creo es solemne.

El trato fue sellado, y ambas partes estrecharon sus manos. Solo me queda rogar porque las cosas salgan lo mejor posible. El señor nos guió hasta la salida no sin antes entregarle a mi padre una bolsa relativamente grande; el hombre dijo con una sonrisa mientras regresaba a las escaleras «¡Ese es el adelanto, mas lo de tu trabajo! ¡Te dije que era lucrativo!»

Tenía bastante sueño, por fortuna papá no viaja de noche, cómo nos habían dado dinero pudimos quedarnos en una posada. La cara de mi viejo era inquietante, un revoltijo constante de emociones las cuales no parecían apaciguarse, me da miedo que no pueda dormir por ello. ¿Debería decirle algo? ¿Qué puedo decirle? En ese momento me di cuenta de lo inútil que soy, y de lo poco que había pensado en él, en mi “familia”.

Me hace sentir mal ser tan frío, me duele no verlos como parientes y todavía más que no seamos cercanos. Ellos parecen ignorarlo, quizás creen que solo soy muy pequeño, pero la verdad es, que no les había prestado real importancia hasta ahora. Los veía solo como un sustento, personas que estaban allí sin más, como si no tuvieran que ver conmigo. Pero sin embargo, me siento terrible por este hombre… tal vez valga la pena intentar algo ahora.

—Papá…

Me le acerqué lentamente, no puedo verlo a los ojos, no tengo esa fuerza de voluntad. Le doy un abrazo, se siente incómodo, pero no se me ocurre nada mejor. Él me abraza devuelta y empieza a llorar.

Mi padre parece estar intentando dormir, no sé si lo consiga pero al menos ya no se queda sentado en la cama mirando al vacío negro que yace al otro lado de una ventana.

La habitación es cómoda, puedo decir que valió cada moneda. Luego de orinar en una especie de cubeta, me acuesto a dormir, no tardo mucho en caer rendido pues el viaje me dejó agotado, ni hablar de la charla.

He perdido la cuenta de cuántas veces he bostezado, cielos empieza a ser molesto. Me encuentro sentado en una mesa; el comedor de la posada es bastante espacioso y la comida huele muy bien (al menos esta tiene sal).

Una hermosa mujer con coleta y un paño en la cabeza nos trae el desayuno, no logro detallarla muy bien, pero el collar que lleva, contrasta enormemente con su imagen, no combinan en lo absoluto. Es como si yo me pusiese un sombrero de brujo con botas de vaquero… brujos, ¡Magia! ¡Oh cielos! Recordé algo más; pero bueno la magia no existe al parecer. En fin, la cosa es que ese collar es caro y la chica se ve muy humilde como para tener algo así.

—Papá ¿Sucede algo? —intento conversar con mi padre, quien me mira con extrañeza—.

—No despegaste tus ojos por un buen rato de esa chica, así que pensé que quizás te llamaba la atención.

Me sorprendo, pues sus palabras vienen acompañadas de una sonrisa, cosa que no había visto en su rostro desde hace un par de días.

—¿A qué te refieres? Solo me interesaba el collar que traía, no parece algo que una chica así usaría.

Mi padre parece pensativo, luego de murmurar un rato me contesta.

—Pues ciertamente, pero ten más cuidado, si tuvieses unos doce la gente te miraría raro.

Creo entender a qué se refiere, una mirada fija de un total desconocido no es precisamente algo halagador, es de hecho tenebroso, tendré cuidado en el futuro. Pienso que mi padre se siente mejor, habla más y ya no pone una cara tan larga, sorprendentemente eso me alivia. Creo que en verdad podré verlo como alguien cercano.

—Debemos irnos, dentro de unas semanas será mi primer trabajo. Eres inteligente hijo, algo que yo no era a tu edad, espero entiendas lo que significa irme de la granja… —su última frase es pesimista, dicha un poco más lento que el resto.

—Sí, vas a exponerte a un gran peligro por dinero, pero tienes una razón para hacerlo.

Mi padre sonríe y añade.

—Eso y que ahora tú eres el hombre de la casa, vas a tener que ocuparte de toda la granja solo.

—Oh vaya.

No sé si sentirme honrado o estresado.

El familiar dolor de trasero y espalda, el olor a naturaleza en vez de excremento; no sé si extrañar aquel pueblo o sentirme afortunado. Mi padre recuperó la compostura, su cuerpo firme, mirada atenta mientras lleva las riendas del carruaje, me llaman la atención. En verdad es un hombre diligente, solo nunca lo había visto en tan mal estado. Antes de regresar compramos un par de cosas en el pueblo, ya fueran dulces o artesanías, no escatimamos en gastos, tampoco es bueno almacenar el dinero como un tacaño, hay que darse gustos de vez en cuando.

—Entonces hijo ¿Cómo te preparas para el trabajo?, ¿Por dónde empezarás al llegar a casa? Debes demostrarme que puedes manejar la granja solo, o voy a tener que pedirle a tu madre que te supervise.

—¡Ni de broma! Solo espera, te demostraré que soy responsable.

La verdad, no tengo idea de cómo apañármelas. Es un terreno medianamente grande, pero para una persona es bastante y no he contado los animales de la granja: vacas, cerdos, gallinas. Me tocará crearme un itinerario, todo sea por no preocupar a mi viejo.

—Hey, ¿Estás bien?

Mi padre alza una ceja, notó mi tremendamente largo silencio luego de mi animada contestación.

—Sí, solo me lo estoy tomando en serio ¿Sabes?

Alzo la ceja junto a mi respuesta. Papá solo se encoge de hombros y vuelve a centrar su atención en el camino. Queda mucho por recorrer, en todos los sentidos…

—¡Bienvenidos!

Apenas llegamos a casa mamá corre para darnos un abrazo y ayudarnos a bajar el equipaje. Papá se traqueó la espalda con fuerza luego de bajar del carruaje, ser adulto parece doloroso.

—El viaje fue productivo Tamara, pudimos traer muchas cosas.

Papá muestra la bolsa de oro, un poco mas liviana y no tan imponente por las compras.

—¡Eso es fantástico cariño! ¡Ha pasado tanto desde que trajiste algo a casa!

La cara de mi madre era cautivadora; su felicidad verdadera pues nuestra casa parecía estar siempre vacía.

Mi padre me dijo que el Lord local regaló tierras y materiales de construcción luego de ganar la última guerra. Parece que a los políticos les interesa el progreso, (eso es bueno supongo). A lo que quiero llegar es que mi padre construyó esa casa, todo hecho con sus propias manos y esfuerzo, por ello verla vacía, sin ningún tipo de adorno es un poco triste.

Entramos en la casa y nos tomamos nuestro tiempo en las decoraciones, mi padre incluso hizo una repisa nueva para unas estatuas y platos tradicionales. Se sintió bien pasar el rato así con ellos, lo cual es raro, pero no le presté mucha atención en aquel entonces. Mi viejo luego de colocar las cosas en la repisa me habló de la estatua, según él representa a una especie de dios muy antiguo, al cual le rezan los aventureros novatos para que les otorgue suerte.

—Papá ¿Qué son los aventureros? —pregunté, genuinamente interesado—. Tu empleador también habló de ellos, parecen ser muy importantes.

Papá me mira y asiente con una expresión seria en su rostro.

—Para resumírtelo solo necesito unas pocas palabras: toda nuestra economía gira entorno a ellos. Los aventureros son el pilar de este y los otros reinos. No sé si estés listo para que te lo explique, es complejo.

—No importa papá, podría intentar entender si quieres, además es de noche, no es como si pudiésemos hacer algo más que charlar.

—Bueno, entonces recuéstate, la primera vez que me contaron esta historia, me quedé dormido; aunque mi padre solo me habló de los aventureros, yo en cambio, te daré más información.

—Todo empezó con la aparición de las “mazmorras”, cuevas que en su interior contienen portales a dimensiones paralelas. No preguntes qué es una dimensión, pues no tengo ni idea, todo esto lo leí cuando fui a la biblioteca de la capital, tú no habías nacido por cierto. En fin, que me enrollo; nadie sabe por qué aparecieron las mazmorras, pero lo que sí se sabe es lo que en su mayoría contienen: Miles, millones de tesoros, algunas incluso poseen artefactos fuera de nuestra comprensión, he oido que los aventureros más fuertes de la capital poseen espadas de minerales nunca antes vistos, y pueden usar algo llamado “magia”.

—¡¡Magia!!—

Mamá sucintamente pega un brinco, la pobre estaba lavando los platos, tan concentrada que mi grito la sacó de trance.

—Así es, pero para la próxima intenta bajar la voz ¿Sí?

Asiento apenado, mi padre entonces continua.

—Son solo rumores, jamás he visto a esos aventureros de alto rango, pero lo que sí puedo asegurarte, es que las mazmorras existen. Hay incluso una muy cerca de aquí, en el bosque. Como pueden aparecer en cualquier sitio, y en su interior se encuentran bestias nunca antes vistas, se instauró una ley muy peculiar. No sé hace cuánto comenzaron a aparecer las mazmorras, pero se dice que el creador de esa ley fue ¡El primer rey! Así que estamos hablando de unos quinientos años. —Menciona papá de forma dramática.

No sé qué tiene esto de aburrido, es la historia más emocionante que he escuchado desde que tengo memoria. Nunca pensé que la magia y fantasía convergieran en este lugar. No pude evitar imaginarme como uno de esos aventureros, guerreros que luchan por la fama y fortuna, arriesgando sus vidas en una constante apuesta, donde solo los más fuertes y suertudos prevalecen.

—La ley… ¿Cuál era? Pues, no lo recuerdo, solo sé que permite a cualquier persona normal convertirse en aventurero, bajo su propio riesgo y exonerando al reino de toda culpa, claro está.

—Obviamente funciona de esa forma.

¿Qué rey en su sano juicio asumiría la culpa de algo voluntario? Aunque, supongo que la gente es capaz de todo.

—En fin, los aventureros son personas que deciden por su propia voluntad luchar contra monstruos para evitar que estos salgan de las mazmorras y causen, desastres. A cambio, pueden quedarse todo lo que hayan encontrado en su expedición. Los gremios incluso incentivan a los aventureros para completar ciertas misiones, a cambio de oro. Debo recalcar que este oficio es extremadamente peligroso, cientos de nuevos aventureros mueren en sus primeras exploraciones, ya ni hablemos de las expediciones…

—¿Y cuál es la diferencia entre las dos? —me vi tentado a preguntar.

—Pues, no es que sepa mucho, solo sé lo básico: Una exploración es cuando los aventureros no tienen conocimiento previo del piso de la mazmorra en que se encuentran, y una expedición es cuando ya conocen el lugar; por lo general solo se hace esta última para buscar tesoros o derrotar a algún monstruo fuerte. Se dice que hay mazmorras donde los monstruos tienen una fuerza ridícula, tanta, que deben juntarse varios grupos de aventureros solo para vencerlo. ¿No te parece genial hijo?

—La verdad, lo es.

Mi padre inmediatamente cambia de cara, pone una voz gruesa y... oh no.

—Pues entonces te sentará bien entender las desventajas de serlo, así me aseguraré de que no intentes hacer algo estúpido.

La siguiente hora fueron historias de terror, monstruos básicos que a pesar de todo son mucho más fuertes que un humano, y por supuesto, equipamiento. Decidí hacer lo antes mencionado, y aparentar estar dormido para que se callara lo antes posible, funcionó, pero luego fue a hablar con mi madre.

Duele un poco escucharlo, pero en verdad tiene miedo de que yo intente ser algo más que un granjero. No sé que pensar al respecto, lo dejaré como algo bueno, solo se está preocupando por mí ¿Verdad?

A la mañana siguiente comenzó mi “prueba” en el campo. Papá me observó trabajar todo el tiempo, desde él arado hasta la siembra, pasando por el regado y llegando al ordenamiento de las reces. Fue agotador, pero complaciente el lograr algo por ti mismo con tu trabajo duro. Es una sensación impresionante que da ganas de seguir.

Quizás estuve muy concentrado, pues no me di cuenta que mi padre se había ido, eso debía indicar que pasé la prueba, ahora solo debía terminar el resto del arado. Todo iba bien pero, algo se sentía extraño, no podía decir bien qué, quizás el movimiento de las hojas o el sentimiento de algo mirándome en la lejanía.

—¡¡Ayuda!! —el grito de una niña a la distancia me hizo temblar conmocionado.

Corrí con todas mis fuerzas en dirección a la voz, ocultándome por los largos y bastos cultivos. Al llegar logre divisar solo a dos personas: una vecina, varios años mayor que yo, llamada Elena. Y un hombre extraño. Después de pensarlo un poco, recordé que era el siervo de su casa, una especie de esclavo que el Lord local les entregó para ayudarlos en los cultivos. La situación era obvia y agria, me gustaría simplemente saltar a ayudarla, pero es un movimiento idiota; el hombre era más alto y tenía una musculatura visible, no le podría derribar de un golpe. Necesito pensar en cómo poder golpearlo varias veces con éxito…

—Por fin, tenemos tiempo a solas, escúchame bien: si le cuentas algo de esto a tu familia ¡Te mataré! —es difícil pensar con él diciendo esas cosas.

—Por favor, no me hagas daño…

La chica tiene varios raspones, moretones y sangre visible. Parece que peleó, pero no logró vencerlo. Si yo no quiero terminar como ella, necesito una oportunidad, ¿Pero cuál?

El hombre se lanzó encima de la chica, rasgando su vestido, la chica trató de resistirse pero aquel solo necesitaba un brazo para detenerla. No podía pasar más tiempo pensando, lo único que podía hacer era golpearlo por la espalda y huir.

Entre los gritos de la chica, logré escabullirme detrás del hombre pues el ruido no le dejaba oírme. Mi corazón latía fuertemente, intenté calmarme pensando en que sería como arar normalmente la tierra, pero fue en vano. Levanté la azada y la bajé con todas mis fuerzas apuntando a su cuello, el golpe obviamente no fue suficiente para noquearlo, pero sí para dejarlo atontado un momento. Le grité entonces a Elena fuertemente que corriera, ella me hizo caso.

No tenía bien pensado hacia dónde correr, simplemente seguí en dirección al pueblo, alejándome lo más que pude del hombre. La chica intentaba seguirme el paso, pero su pierna cojeaba y tenía una herida visible.

En ese momento tenía dos opciones: dejarla e ir al pueblo por ayuda, o intentar ayudarla, arriesgándome a ser atrapado pues iremos más lento. Sentí fuertes ganas de llorar e impotencia, pero simplemente corrí, la chica cada vez se veía más lejos cuando volteaba la mirada.

Pude llegar al pueblo. Mis gritos hicieron eco en todas partes y los adultos salieron corriendo como locos a ver que sucedía. Le expliqué a mi padre, intentando hablar entre el cansancio. Me sentí como un cobarde, pero quedarme quizás habría terminado en la muerte de ambos; lo menos que podía hacer era seguir a los hombres quienes tomaron picos y trinchas para cazar al maldito.

No tardamos mucho en llegar, vimos a la chica. Parecía que aquel hombre no siguió persiguiéndola, probablemente vio más rentable salvar su pellejo escapando, a intentar atraparla.

El aterrador incidente hizo mella en los aldeanos, ninguno volverá a ver de la misma forma a un esclavo, antes se compadecían, ahora el escepticismo no podrá ser borrado.

La niña fue llevada al curandero más cercano, y yo, me uní a los demás aldeanos que planeaban dispersarse para patrullar el área. Algo me dice que las próximas noches dormiremos poco, no es que tengamos miedo de un solo hombre, el problema es que no andará muy lejos, y sus opciones de largarse a otro pueblo son pequeñas. No tiene un caballo, no dejarán que se lo robe, por ello estamos atascados con este criminal hasta que muera de hambre, o lo atrapemos.

Luego de varios días, encontramos al pobre desgraciado. Debido a las patrullas, no pudo robar cultivos o comida, por ello terminó comiendo frutos del bosque; tuvo la muy mala suerte de comer uno envenenado y murió agonizando en cuestión de horas. Las moscas lo rodeaban, los gusanos lo corroían… es una imagen que se quedará marcada por siempre en mi mente: el primer cadáver que he visto en mi vida.

Ese mismo día papá intentó animarme, me llamó a la sala de estar con un paquete envuelto en sus manos.

—Hijo, tenía pensado dártelo en tu cumpleaños, pero creo que es mejor dártelo pronto. Lo compré en el pueblo vecino, espero te guste.

Emocionado lo tomé en mis manos, rompiéndolo con poca sutileza para luego sentir la dureza y grosor de un extraño material, un libro.

—¿Un libro? ¿De qué trata? —pregunté escéptico.

—No es un libro de historias hijo, es un diario, el libro está totalmente en blanco, tú eres quien debe escribirlo. Pensé que te gustaría anotar tus días trabajando en la granja de ahora en adelante.

Mi padre se puso las manos en la cintura y me miró con una gran sonrisa, parece estar muy orgulloso de su regalo.

—Pues me gusta papá, es, ingenioso.

No tenía mejores formas de llamarlo, pero en verdad podría ser útil. He querido llevar memoria y cuenta de mis experiencias en este mundo por bastante tiempo, ahora tengo la oportunidad. No creo poder recordar todo lo que he vivido hasta ahora con detalle, pero lo anotaré de todas formas.

A partir de aquí, se encuentran anotadas mis experiencias según las he vivido, por ello son mas frescas.

Día 1:

Me estoy acostumbrando al trabajo de granja, ya toda la parcela de mi padre se encuentra arada y lista para sembrar. ¿Debería empezar a llamarla mi parcela? No creo, mi padre sigue estando aquí, además cuando él regrese volverá a trabajar conmigo.

El sol brillaba con intensidad, trayendo consigo el clima perfecto para la siembra «Será mejor que deje de tentar a la suerte y siga trabajando» me dije en voz alta. Puede parecer monótono la vida aquí, pero una vez te amoldas a la rutina, se convierte en algo muy agradable pues es una sensación constante de progreso.

Hoy la chica del incidente vino a visitarme, me dio una cantidad tremenda de pena. Pensé que quizás, venía a reprocharme por abandonarla pero, solo me agradeció formalmente por haberla salvado y se fue. Elena parecía muy educada, creo que tiene doce años. La noté lo suficientemente madura como para entender la situación, siento ahora un peso menor en mis hombros gracias a aquello. Probablemente sus padres la obligaron por cortesía, pero igual, no vi resentimiento en sus ojos por lo que, quizá fuese cierto.

Papá va a irse mañana, parece haber llegado una nota traída por un mozo del pueblo cercano; se le necesita con urgencia pues el señor ha visto una buena oportunidad de negocios. Siento una sensación de urgencia y vacío, al verlo empacar sus cosas.

Todo ha estado muy silencioso últimamente, parece que papá por fin le dijo a mamá lo que realmente planea, pues su rostro se encuentra lleno de preocupación.

Los viajes no son fáciles, son de hecho raros para la gente común, por lo general son los jóvenes con ansias de aventura los que salen de sus hogares, pero los adultos no suelen ser así. Quizás por sus familias, ese sentimiento de tener algo que perder, de no poder estar con ellos si te vas; también puede ser la muerte a la que todos temen.

Tarde en la noche, escuché a mis padres discutir, no parecía ser el desacuerdo usual o una simple discusión de labores, estaban gritando. No sabía bien de qué lado estar, lo que sí supe, fue la razón de tal agobio: mi madre no quiere que mi padre muera. Algo tan simple, pero tan complejo a la vez. Todo esto podría terminar felizmente, mi padre ser alguien muy afortunado y llegar con dinero a casa, pero también lo opuesto. Es triste, pero la vida es así la mayor parte del tiempo, o eso la he visto ser.

Todo esto me recuerda a una historia, una de hace unos años cuando era muy pequeño, y quedó como ejemplo para todo el pueblo: Se trata de un padre, cuyo enfermo hijo requería muchos cuidados pues no podía caminar; solo imaginar lo difícil que debe ser cuidar de ese joven en tales circunstancias. El padre decidido, partió pues consiguió un trabajo en el extranjero, no sabría decir si la capital u otro lugar. Nunca pensé que esta historia me llegaría a interesar ahora, por ello no le preste tanta atención en su día.

Arduamente el padre trabajó, aveces día y noche con el objetivo de darle una mejor vida a su hijo. Pasaron cinco años, en todo ese tiempo el hombre había amasado una cantidad considerable de dinero a expensas de su salud. Al llegar a su pueblo, se enteró de la noticia: el niño había muerto. Al haberlo dejado solo tanto tiempo, el chico quedó a cuidado de unos familiares lejanos que no velaron apropiadamente de él. Un día se cayó, se hizo una herida en el pie, tal herida empeoró hasta hacerse negra… ni cortando sus pierna lograron salvarle la vida.

Cuentan las malas lenguas que ese hombre gastó el dinero en alcohol, y mas tarde cometió suicidio por la pena. Yo quiero creer que solo es una historia, como esas que se inventan para lograr concienciar ideas ajenas, lo mismo hace la religión en algunos casos.

En mi situación, mamá teme que todo se caiga por la partida de mi viejo, no es que desconfíe en mi capacidad, solo es lo normal. No vas a dejarle una granja a un chico de casi nueve años.

Pero realmente puede valer la pena, por otro lado mi padre puede ganar el dinero para darnos una vida muy cómoda, suficiente para no vivir por el trabajo.

—No dormiré esta noche… —dije con los gritos de mis padres en el fondo de mi mente.

Día 2:

Estamos preparando las cosas, mamá no logró convencer a mi padre. Pensé que tenía la mente lo suficientemente clara para este día, pero sigue siendo difícil verlo marchar con un posible “no regreso”. De momento, puedo decir sin ninguna duda que él es mi padre, para bien o para mal, logré encariñarme con él.

—Hey, ¿Qué te sucede chico? Quita esa cara tan larga. Cuando vuelva, compraré un gallinero solo para la familia, donde podremos comenzar a producir un capital propio. ¿Qué te parece?

No me lo esperaba para nada, no las palabras sino, la sonrisa que e dio, una que brillaba a pesar de sus dientes amarillos..

—Sí papá, está bien.

Pude sentir cómo mis ojos se calentaban, y una extraña sensación de agua fluía sin cesar por mis mejillas. Ojalá que el cielo nunca sea tormentoso para él, que su camino sea luminoso hasta el final, cuando pueda clamar victoria.

Los vecinos trajeron ofrendas para el viaje, parece ser una costumbre local, mayormente destinada a los jóvenes que se van del pueblo. Supongo que esta bien, papá necesita toda la suerte posible ahora.

Aquella chica estaba entre los vecinos, no me había dado cuenta pero, su cara alegre era muy hermosa, nunca le había prestado atención, quizás es por eso. Los moretones de la chica estaban sanando bien, el hombre le había dado una buena tunda. ¿Debería hablarle?

—¿Sucede algo?

La chica notó mis miradas juiciosas, le llamó la atención y se me acercó.

—Tienes una cara algo lúgubre, no es bueno que estés así en un día tan importante ¿Verdad? —dijo ella, con mucha razón.

—Lo siento, si quieres puedo hablarte del por qué luego, no te preocupes, te haré caso —digo con una sonrisa en mi rostro y voy hasta el carruaje de mi padre.

—Papá, cuando regreses, quiero que me lleves a ver esa mazmorra. Lo sé, suena imprudente, pero me gustaría en verdad verla y saber más de ellas.

Papá me mira inquisitivo, pero luego cierra los ojos un rato y suspira.

—Está bien, pero solo una vez.

—¡Sí!

Lo abrazo con emoción, su viaje estaba por comenzar; no pude evitar llenarle de lagrimas el hombro.

Su carruaje comenzó a alejarse entre los vítores de todos, cada quien alzaba y agitaba sus manos en despedida, yo también. No me había dado cuenta pero, hace días que ya no tengo pesadillas… quizás mi vida por fin ha comenzado.

3 de Setembro de 2019 às 07:29 3 Denunciar Insira 7
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broans justo broans justo
mu gusta, un buen lenguaje poético por aquí y por allá, una duda, el prota se refiere a ese periodo de tiempo como la edad media en un pensamiento. significa que es del futuro, de lo contrario no tendría lógica. me resulta interesante que tenga recuerdos de una vida en la que es adulto, muchas personas dicen que desearían ser niños de nuevo pero con su experiencia, la parte en la que dice que le gusta que lo mimen pero no que lo traten como niño refleja muy bien eso jaja, se supone que tiene la mente de un adulto en el cuerpo de un niño eso sera interesante espero ver mas de eso
10 de Novembro de 2019 às 16:35

  • Juan Candelas Juan Candelas
    A ver deja te explico en la medida de lo posible. Esta historia es una combinación del género Isekai, muy popular en Japón y cuyo término puedes encontrar en Google. El protagonista es un reencarnado y sobre los detalles, la cosa es que el lector se imagine el lugar basados en descripciones generales. No me gusta agarrar a mis lectores de la mano y decirles cómo es todo. Por mí, este puede ser tanto su mundo como el mío. 10 de Novembro de 2019 às 19:06
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Un inicio muy interesante, ortografía cuidada y una narración que mantiene al lector en sintonía, vamos muy bien!
28 de Outubro de 2019 às 19:18
~

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