Relatos de terror Seguir história

sergi-rodo Sergi Rodo

Recopilación de relatos de terror en los que intentaré haceros sudar de pánico


Horror Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#blood #sangre #miedo #relatos-cortos #psicología #muerte #terror
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NARANJA

No se que hago contando esto, en vez de centrarme en buscar una salida de este lugar. No sé cómo he llegado aquí, estoy acojonado y desesperado.

Abrí los ojos directamente en un lugar como este. Una mezcla de caverna y pasillo largo, todo a oscuras y con poca iluminación, de colores rojos y blancos. El suelo y el techo estaban llenos de bultos que se agitaban. Escuché unos gritos y me quedé inmovil, parecía que estuviesen torturando a alguien. No sabía qué hacer. El aire cada vez estaba más denso y cargado, y los bultos estaban empezando a soltar unas ramas que se entrelazaban.

Al pasar cerca de una de las masas, ví con claridad lo que era. O lo que fue.

Pude distinguir un rostro, lo que quedaba de él. Sus cuencas oculares estaban vacías, la nariz y la frente, como casi toda la parte de la piel, se caía a jirones ensangrentados. La mandíbula inferior había sido sustituida por unos dientes, largos como puñales, que salían todos del paladar, similares a los de una serpiente. El resto de la masa orgánica fue su cuerpo, ahora consumido y fundido en una mole verdosa con líneas rojas. Donde se le había caído la piel se podían ver los restos de los músculos.

Retrocedí asqueado, conteniendo las arcadas y viendo como esos cadáveres se agitaban. Empecé a distinguir el aroma del ambiente, un olor cúprico y dulzón muy familiar, la sangre. Me levanté como pude y corrí, escuchando quejidos a mi espalda. Había cosas que se arrastraban y gritaban, parecían risas. El pasillo no era eterno. Al final de la galería había dos ventanas y una puerta metálica, similar a la escotilla de un barco. Las ventanas enseñaban un cielo estrellado, anaranjado, con tres esferas gigantes flotando en el centro. Tres… ¿lunas? Imposible, no hay tres lunas en la Tierra. Cuando me di cuenta, las risas se escuchaban más cerca. Se escuchaban al lado, arriba y en frente de mí. Todo estaba vacío.

Esto supera a mi comprensión, ¿que está sucediendo?

Miré a las ventanas, las tres esferas ya habían desaparecido, pero la puerta… estaba medio abierta, con líneas de sangre haciendo extraños dibujos. Atravesé la puerta y el pasillo continuaba. Esta vez sin bultos ni… cosas extrañas. Había puertas a ambos lados, rejillas de ventilación en el techo y velas cada dos por tres. A unos metros, cuando la oscuridad controlaba la zona, había un hombre balanceándose, sentado, con los brazos rodeando sus rodillas.

Por fin alguien. Corrí hacia el. Pero… ¿Realmente avanzaba? Cuando llegue, la luz de las velas enfocaron a un hombre demacrado, con los ojos brillantes, de color anaranjado, siguió balanceándose mientras susurraba algo como “Se aproximan, tienen hambre” en bucle. Iba a separarme de él cuando algo se arrastró por el conducto de ventilación del techo. Por una de las rejillas calló un poco de sangre, que aterrizó sobre el hombre, el cual me cogió de la pierna y se puso a gritar. Creo que decía “APAGADLO, APAGADLO, APAGADLO”, todo el rato.

No sabía que hacer, por lo que me puse a correr. Con cada paso que daba, tenía la sensación de que no avanzaba, de que esa cosa que se arrastraba por el techo se acercaba más. Las velas cada vez iluminaban menos, mas aun así, podía ver los innumerables arañazos que surcaban las paredes. Entre raja y raja había manchas de sangre, las cuales formaban extraños dibujitos y figuras, la mayoría con muchas aristas y picos y acabadas con círculos. Pero no me detuve mucho más a intentar descifrar lo que ponía. Seguí intentando avanzar. Les notaba más cerca. El del techo seguía ahí arriba. Los que me perseguían se acercaban, gruñendo y soltando estridentes quejidos agudos. Aunque sabía que estaban lejos, podía notar su aliento amargo en mi nuca, haciendo que el vello de mi cuello se erizase y me diesen escalofríos en la médula espinal.

Al final del pasillo, una luz anaranjada atravesaba una ventana. En medio del cristal, había una cruz extraña. Era el único camino que tenía, por lo que no titubee. Corrí y cuando llegué, ahogué un grito.

La cruz era un… los restos de un hombre. Era alto, cerca del metro noventa. No tenía ropa, ni pelo y con la piel de color verdoso-grisáceo. El olor a su lado es nauseabundo.

La piel de la cara se le caía a jirones, los globos oculares habían sido sustituidos por esferas de cristal. La nariz aguileña me recordó a alguien: el loco del pasillo. La mandíbula le había sido medio arrancada, con los dientes descolocados y medio arrancados. En la garganta, sobre la nuez, tenía un corte irregular de oreja a oreja, del que sobresalía la tráquea. El tajo bajaba hasta la parte inferior del vientre, de lejos, parecía un siete. De la incisión salían los intestinos, que caían desparramados al suelo. El color y el hedor de las vísceras indicaban que ya se empezaban a pudrir. Los brazos, con las manos arrancadas a mordiscos, estaban colgados en cruz. Las piernas, por el contrario, estaban arañadas, como si algo hubiese intentado trepar por ahí. En la zona de los riñones y costados, y alrededor de la nariz, tenía bastantes bultos de distintos tamaños y color metálico. De cada herida o rasguño supuraba un líquido plateado con vetas rojas, que caía a borbotones sobre el suelo, formando charquitos alrededor de unas manos, arrancadas con marcas de dentadura.La luz de la ventana cada vez era más intensa.

Me giré para confirmar mis sospechas y el pasillo estaba vacío, el hombre loco que susurraba ahora estaba colgado y muerto, al parecer de hace tiempo. Cuando iba a girarme vi una silueta negra, con los ojos amarillos y la forma de una persona. Me dispuse a mirarle de nuevo, pero parpadeó y desapareció. Tras la ventana, generando toda esa luz naranja, estaban las tres esferas, similares a unas lunas, pero de estos astros salían tentáculos, largos y similares a los de un pulpo. En ese punto yo ya pensaba que era una cámara oculta. La única salida era volver por donde había venido, pero tenía a la cosa del techo acosandome y los monstruos que me seguían estaban ahí ocultos. Empecé a andar y escuché esa risa detrás mía.

-Rap. Tap. Tap.

Me giré para ver quién o qué había hablado y ví que el cadáver se movía. De los muñones de los brazos, le salía una cuchilla de cada uno. Empezó a convulsionar hasta caer al suelo gruñendo. Una vez se puso de pies, empezó a gritar mirándome con sus cuencas vacías. Me asusté como nunca antes. Me costaba respirar. Empecé a sudar mientras corría, notando la respiración del monstruo en mi espalda. El aire se densaba a mi alrededor, atrapándome con sus invisibles e intangibles garras. Corrí por el pasillo hasta la puerta que pasé antes. Allí había una gran circunferencia pintada con sangre e incompleta. Me quedé atontado mirando ese jeroglífico, pero cuando lo toqué, descubrí que a partir de entonces no volvería a ser el mismo.

Cuando rocé las líneas escarlatas noté que todo se detenía, el monstruo se paró jadeando en mi nuca, otra vez esa sensación de escalofrío… pero intensificada por bastante. Empezó a caer sangre de una rejilla del techo. Mi otro acosador estaba ahí, esperando para desayunarme. Volví a centrarme en el dibujo. Sabía que la clave para salir de esta mierda era el dibujo este.

Lo toqué de nuevo y mi visión se empañó. Dejé de poder respirar, no había aire. Empecé a verlo todo de color rojo, que iba transformándose a naranja a medida que conseguía recuperar la consciencia de mi mismo y de donde estaba. Las manchas de color empezaron a diluirse y a formar un diagrama anaranjado de las Lunas de Sangre, el único nombre que se me ocurrió ponerles.

-Se aproximan… y tienen hambre… ¡Se aproximan…! ¡Tienen hambre!

La voz retumbaba en mi cabeza, en bucle, hasta que abrí los ojos.

Me encontraba en otra sala, una que me era muy familiar: el salón de mi casa. Cuando empezaba a pensar que era un sueño, ví a mi querida hermana pequeña poner una vela al lado de la mesa. Siguiendo su ejemplo, mi hermano mayor, mi madre y mi padre le imitaron. ¿Qué sucedía?

Como dando respuesta a mi pregunta, una figura empezó a formarse encima de la mesa. A base de ramas y tentáculos ensangrentados, un hombre, con el torso y el cuello rajados… ¿para que describirlo? Era el monstruo que me persiguió en mi sueño. Esto tampoco podía ser real. En la cabeza tenía una capucha puesta, pero era capaz de ver a través de las fibras. Su cara desfigurada, sus ojos de cristal… Él empezó a levantar sus cuchillas a la vez que mis familiares alzaban cuchillos, tijeras y navajas. Hacia su yugular. Todo manchado de sangre, sangre a chorros. Y su olor cúprico y dulzón, que eclipsaba el ambiente. Ví como la tierna y dulce carita de mi hermana empalidecía, sus ojos se volvieron blancos. Mi hermano perdió su sonrisa jovial. Mi madre borró su mirada carismática, cambiándola por una fría y oscura. Mi padre… Se le empezó a caer la piel de su aguileña nariz. Susurraba que lo apagase, pero nunca me respondió el que tenía que apagar.

Entonces desperté. Todo era normal, en mi cama, el olor dulzón de la vainilla del ambientador de mi cuarto…. El espejo del armario reflejaba el bello eclipse lunar. No podía dormir, por lo que me puse la tele. Nada más encenderla, un sonido estridente me ensordeció, a la vez que la pantalla se llenaba de rayajos blancos, grises y negros, que no dejaban de moverse epilépticamente. Miré al espejo y pegado a mí había una sombra negra con ojos ámbar. Parpadee acojonado y, en la superficie plateada del cristal, había huellas de manos ensangrentadas. Los rostros de mis familiares, los que se suicidaron en el sueño, se mostraban terroríficamente. Solo sus rostros. Entre ellos, letras que se movían, hechas también de sangre. Formaron una frase, “Welcome to our hell”. Yo no sabía ya qué pensar. Otra puta pesadilla más. Eso creía. El cielo empezó a volverse naranja, no quería asomarme, sabía que me iba a encontrar. Cogí el móvil y corrí a esconderme en el armario. Un tópico, ¿no?.

Por el rabillo del ojo vi la silueta del Hombre de las Cuchillas, andar lentamente hacia mi cuarto.

Paula, no sé qué hago contando esto, ni cómo he llegado a esta situación, mucho menos cómo salir. Se que no es un sueño… No tiene sentido enviartelo por audio, querido xenomorfito… Sé que nadie va a creerme, a lo mejor solo tú. Pero algo es algo. Me consuela saber que, cuando levante el dedo del móvil, el audio se te enviará. Paula, dile a mi peliverde que la quiero. No quería asustarla y yo… Se que se aproximan, y tienen hambre.

_________________________

Perdón, me había visitado el tío de las sombras, ese de los ojos ámbar… Ya solo puedo tomármelo a coña, por lo que he decidido llamarle el Hombre del Muro. He oído su voz en mi mente. Habla en tercera persona. Me ha dicho “He suffers while you dream”. Irónico, ¿no?

Rap.

Tap.

Tap.

Paula, ellos están aquí, intentando abrir la puerta, veo la luz naranja de la ventana. Huelo su aliento pestilente. Os quiero, a ti, a mi novia… Dile que me he ido, a otro país, para siempre. No la asustes.

24 de Agosto de 2019 às 18:13 0 Denunciar Insira 0
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