La Muerte es como el Invierno Seguir história

denise-aylen1558723047 Denise Aylen

Spin-off de «El Mecanismo Perfecto» Una niña, quien en un futuro se convertirá en la vampiresa Beatrice, siente una extraña curiosidad por las criaturas que acechan en las noches a su pueblo, las mismas que han sembrado el terror en Paramort. Con tan solo siete años, emprende una peligrosa pero decidida búsqueda en el siniestro bosque. Éste es uno de sus orígenes. ─Dueño de la imagen: Desconocido.─ Si les gustó la historia, apóyenme con un "Me Gusta" y síganme para más historias como esta.


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#fantasía #sangre #227 #personajes-sobrenaturales
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─¿Qué es el rojo? ─preguntó una pequeña de cabellos rojos como el fuego, admirando el otoño con sus ojos marrones, las calles llena de hojas secas de Meatlan y a sus pueblerinos.

Su progenitora estaba sentada en una silla de cuatro patas de madera, apoyando su espalda contra el respaldo, terminando de tejer el regalo de su anciano padre. Al escuchar a su primogénita, respondió:

─Es el color de la sustancia que tenemos los humanos para vivir. Su sabor es un metálico para el ser humano, pero un manjar para ellos.

─¿Quiénes son ellos? ─nuevamente preguntó.

A la madre nunca le agradó tener que recordar a los asesinos de su segundo retoño, quien partió a los tres días de vida, durmiendo como un ángel bajado del cielo en la cuna que halló manchada de sangre. Tuvo que ocultarle la verdad a su niña para no preocuparla y lastimarla mucho: «Demian nos espera en el Edén. Cuando sea el momento, iremos allí», era la excusa. ¿Qué era peor? ¿Ocultarle la verdad a su hija de siete años o contarle la realidad de Paramort, que su amado hermano fue la cena de un vampiro, que la culpa era de su madre y de su padre al no protegerlo?

«¿Cómo explicarle sin que la cicatriz se abra y el dolor me delate?», pensó la adulta con melancolía. Despegó su mirar del tejido para levantar su cabeza hacia su niña.

─Criaturas que vagan a la luz de la luna ─dijo─. Así como nosotros somos hijos de Dios, Lucifer tiene a los suyos. Seres que abandonaron a Dios del mismo modo que el Diablo; piensan en sí mismos, egoístas, buscan corromper a los seguidores del Todopoderoso, hacerles daño.

─¿Estamos a salvo a la luz del sol? ─inquirió ingenua, con su voz melosa.

Afirmar eso sería como las promesas y palabras de los nobles a la clase baja. Había factores por los que decir «el sol es quien nos protege» era una mala ejecución de movimientos de labios para transmitir un erróneo conjuro con el que pudiera hechizar a una inocente niña para que creyera semejante declaración de su progenitora.

«Ni siquiera los cálidos rayos nos mantienen a salvo. Ocurrió cerca del atardecer. Mi niño fue asesinado a la luz del día. No debí dejar la ventana abierta.»

─Dios nos cuida, Beatrice ─mintió. Ya no estaba segura de su Creador, de que en verdad le importara sus hijos─. No hay por qué temer.


El cielo era azul oscuro en las épocas del crudo invierno, acompañado por la blanca y pura nieve que cubría el césped verdoso. Beatrice agarró un poco con sus pequeñas manos protegidas por unos guantes gruesos que su madre había hecho para ella, y pudo sentir apenas el frío del mismo y ver más de cerca la textura que le recordaba a esos colmillos afilados que sobresalían de las bocas de aquellas criaturas que había visto y leído en los libros.

─Qué frío ─musitó, hipnotizada por la nieve─. La muerte es fría, ¿verdad? ─preguntó para sí misma─. Ellos están muertos. Sus dientes tienen el color del invierno, al igual que su piel. ¿Cómo sería… ─calló un momento, alzando la mirada hacia el cielo─ ser un vampiro? Metafóricamente, mi hermanito se encuentra en el Edén. En la realidad, esas criaturas lo mataron. Mamá no sabe mentir. ─Creó una bola con la nieve y la lanzó lo más lejos que pudo, estrellándolo contra un árbol─. ¿Dónde viven? ─Continuó su camino.

Beatrice había abandonado la casa cuando sus padres entraron a su dormitorio, atando sus sábanas y descender con cuidado por la ventana, sin llamar la atención del pueblo en su escapatoria. Llevaba consigo pan y agua en un pequeño jarrón, envueltos en una tela. Protegía su débil cuerpo con un grueso manto encapuchado y calzó botas de cuero. Antes de que pusiera en marcha esta parte de su plan, ella pasó sus tiempos libres en la biblioteca del pueblo ─años más tarde sería abrasada por las llamas─, leyendo sobre los vampiros, relatos de cazadores que plasmaron sus conocimientos en las letras y las leyendas. La condesa Mircalla Karnstein fue su primer amor, por decirlo de alguna manera, la belleza de esa mujer la atrapó y su historia fue más que suficiente como para querer encontrarse con ella.

«Nadie la cazó. Puede que siga en Paramort», fueron las palabras de Beatrice, llenas de entusiasmo.

Escuchó unos pasos aproximarse hacia ella, por detrás.

─¿Será? ─inquirió alegre, pero su cuerpo se rehusaba a voltear a averiguar quién era su acompañante. Poco a poco, el miedo se apoderaba de su ser y sus piernas estaban a punto de echarse a correr. Aun así, sus músculos estaban paralizados.

─¿Perdida? ─dijo una fémina y madura voz─. Puedo ayudarte a encontrar el camino a casa, pequeña ─comentó. Apoyó su delgada mano sobre el hombro de Beatrice.

─No busco ese camino ─respondió, armándose de valor y la encaró─. Sino a ti ─declaró al reconocer a la mujer de cabellos rubios cenizos con mechas negras, sus labios carmesí, su tez sonrosada y luminosa y sus perfectas facciones.

Si algo admiraba de esa mujer, era su manera tan elegante de vestir: Un largo vestido rojo con toques blancos, de mangas largas volante y con un escote que atraería a los humanos. «¿No siente la temperatura de la noche?» era una de las curiosidades de la niña.

─¿Me conoces? ─averiguó la vampiresa, manteniendo su encantadora sonrisa. Se agachó para estar a su altura─. ¿Cómo te llamas?

─Beatrice Luttenberger.

─Dime, Beatrice. ¿Por qué buscas a un vampiro como yo? Supongo que sabes lo que soy.

Beatrice asintió con la cabeza.

─Quiero saber cómo se siente ser un vampiro ─confesó─. Quiero ser una de ustedes.

Mircalla rió leve y divertida tras oír las palabras de su próxima víctima. Era la primera vez que una humana, sobre todo una niña, le decía tales cosas. No estaba segura de si sentirse alagada u ofendida. Tantas cosas que había experimentado y vivido a lo largo de su siniestra existencia, el vampirismo no era ningún juego y mucho menos era algo para embelesar. Sin embargo, tratándose de una mortal tan inexperta, apenas descubriendo el mundo y las realidades de Paramort, lo correcto sería comprender su ignorancia y curiosidad.

─Oh mi pequeña Beatrice. El vampirismo puede ser interpretado de muchas formas, pero coincidimos que no es un bello regalo, ni cayendo a la locura lo veríamos así. ─Acarició con su mano derecha las rosadas mejillas de la niña, apagando su calor con su frío─. La muerte es como el invierno, una de las épocas más heladas de Paramort y donde la vida se marchita para que florezca una nueva en la primavera. Sea verano, otoño o primavera, para los vampiros siempre es el invierno. Es complejo. Entenderías mis palabras si hubieras vivido lo que yo.

─Quiero entenderlo ─insistió Beatrice, ignorando el muerto tacto de su compañera.

─Entonces llama a Lucifer ─sugirió, apartando su mano─. Yo nada puedo hacer. Mis colmillos y sangre no actúan como el veneno, es un mito de los cazadores; no puedo llevarte a mi mundo.

─¿Llamarlo?

─Rompe los diez mandamientos. Deja que tu alma sea corrompida por los Pecados Capitales. Permite que tus manos sean manchadas de sangre inocente. ─Mircalla despojó a Beatrice de su manto y apartó la parte superior de su ropa con lentitud─. Sólo así podrás conocer la inmortalidad, la oscura sed, odiar al sol, ser testigo del agua convertirse en ácido, ser la nueva amante de la noche. ─Teniendo a su merced aquella sonrosada piel, espió su interior y encontró la palpitante vena. Sus negros y brillantes ojos cambiaron un radiante iris amarillo como el sol y preparó sus colmillos. Asomó su rostro hacia el cuello de su víctima y, antes de perforarla y beber su sangre, añadió─: Ven a mí cuando cumplas tu quinceava primavera, Beatrice. Te esperaré en el cementerio, pues yo seré quien te rescate de tu entierro. No lo olvides.

─Mi amada…

23 de Agosto de 2019 às 01:45 0 Denunciar Insira 1
Fim

Conheça o autor

Denise Aylen La autora desea transmitir todo tipo de emociones con sus manuscritos, cada uno ofreciendo una historia diferente y tratando temas de la vida real. Su forma de trabajar es no recurriendo a clichés para facilitar el desarrollo de un libro sino que permite que sus personajes cuenten sus historias a los lectores, intrigándolos y con un toque de originalidad. También busca rescatar la esencia de la leyenda vampírica y mejorar algunos géneros literarios.

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