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alex_firefly Alex Firefly

Una joven estudiante universitaria resulta embarazada de su profesor, la solución que el hombre propone para "resolver" la situación de la muchacha termina convirtiendo la vida de ambos en una verdadera pesadilla.


Suspense/Mistério Para maiores de 18 apenas.

#romance #horror #robot #traición #gore #luna #espacio #astronauta #psicológico #ciencia-ficción #alienígena
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13 de junio de 2011

La joven y cándida Maggie sintió un escalofrío. Había decorado los arbustos en la azotea de su apartamento con las luces del árbol de la navidad pasada para, según ella, darle un toque más romántico a esa cena que estaba sirviendo al aire libre. La luna, a dos días de estar llena, le estaba ayudando a conseguir ese ambiente mágico que buscaba para la noche en que pensaba darle a su novio una gran noticia. “And I Love Her” de los Beatles sonaba en una vieja radio sobre la mesa, mientras ella veía al firmamento y se percataba de que desde niña se había sentido extraña al mirar aquel disco plateado en el cielo; entre conmovida, fascinada y en cierta forma repelida.

Magdalena “Maggie” Cárdenas Fernández de Henestrosa cargaba en su nombre , y en cada aspecto de su vida, el peso de ser una “niña de buena familia católica”; un estilo de vida muy similar al de un pájaro enjaulado. Llevaba doce años viviendo en Estados Unidos; los primeros diez años los pasó con su dulce y conservadora abuela paterna, los últimos dos por su propia cuenta. Era la séptima hija de una dama española de ilustre abolengo cuyas piernas estaban paralizadas desde que Maggie tenía cinco años, y un famoso médico mexicano que siempre había soñado con ver a su estudiosa y obediente hija, la única niña de todos sus hijos, graduándose en Harvard. Pero desde su llegada a Cambridge, Massachusetts, las cosas no habían ido de acuerdo al plan de Maggie; o más bien de su padre. Ella, que nunca había tenido un novio porque su papá le había ordenado a su abuela que la castigara si hablaba con muchachos, de pronto conoció a un hombre y se comenzó a sentir mujer. Maggie era una chica de escasos diecisiete años y de estatura mediana, que había sorprendido a todos los que le conocían al entrar directamente a la universidad para estudiar psicología antes de cumplir la mayoría de edad. Por la herencia española era blanca y de ojos negros, con un mirar profundo; por la herencia mexicana tenía un cuerpo abundante en curvas, quizás amenazando con llegar al exceso. Vestía siempre de forma muy femenina, de esa manera algo infantil tan propia de la moda de los adolescentes de la temprana segunda década del siglo XXI; con gafas de molduras gruesas y listones en su abundante cabello negro. Por más que lo intentara, no conseguía dejar de parecer una niña y por esa razón, pensaba que era sumamente afortunada de que su novio, Tommy, se hubiera fijado en ella. Maggie había conocido a Tom Tolley durante su primer año como estudiante de psicología en Harvard. Él era un prestigioso neurocirujano neoyorquino que, siendo profesor de Maggie, se interesó en ella al notar sus excelentes calificaciones que contrastaban con su apariencia frágil y despistada. Maggie era una joven muy dulce, insegura y extremadamente sensible al sufrimiento ajeno; tanto así que muchas veces sus compañeras, varios años mayores que ella, usaban el chantaje emocional para convencerla de que les hiciera las tareas; hasta que Tom las descubrió y comenzó a cuidar de que no abusaran más de ella. El joven doctor Tolley era apuesto y popular en la universidad; cada vez que Maggie lo veía acercarse, con sus maravillosos ojos azules, sus rizos de cabello negro y su sonrisa perfecta, se sentía atemorizada de que todo fuera un sueño y que en realidad ese hermoso caballero no fuera su novio.

Un viento frío sopló y de pronto hubo un raro silencio. La radio perdió la señal y Maggie se acomodó las gafas nerviosamente. Bajó de la azotea hasta su ordenador, se distrajo un momento revisando los mensajes que sus familiares le habían dejado en su red social favorita y se sintió culpable de su apasionado romance secreto con Tommy. Miró al reloj y se dio cuenta de que su novio ya llevaba veinte minutos de retraso. Buscó su teléfono y le llamó, pero él no contestó nunca. Un presentimiento extraño la embargó de repente. Justo entonces llamaron a la puerta y ella corrió a abrir. Era Tom, cargado con bolsas de víveres y un ramo de rosas amarillas. Maggie lo recibió feliz, con entusiasmo infantil; se paró de puntas para alcanzar la mejilla de su novio y estamparle un beso en la mejilla, luego le quitó las bolsas y corrió con ellas a la cocina. Tom preguntó por la cena mientras se sentaba en la mesa del comedor y Maggie corrió a tomarlo de la mano para halarlo hacia la azotea, diciendo:

— ¡Aquí no!, la cena se servirá arriba, ¡tengo algo importante que contarte!

— Que casualidad, también yo quería decirte algo grandioso...

— Arriba, vamos; quiero que todo sea perfecto esta noche.

Al llegar a la azotea, Tom se sorprendió al mirar los arbustos iluminados y dijo, mientras su novia servía los platos:

— Maggie...chiquilla traviesa...¿qué le has hecho a estos arbustos...?

— ¿No te gustan?, me pareció un lindo detalle.

— Bien, si a ti te gusta. ¿Cuál es la gran noticia?

— Dí tú primero la tuya. Mientras, ven, siéntate ya a la mesa.

Tom se sentó y dijo, con gran entusiasmo:

— ¡¡He conseguido un empleo genial!! Será algo temporal, solo algunos meses o un año, quizás un año; pero tal parece que ganaría más de quinientos mil dólares a la semana y me ganaré el respeto de todas las eminencias médicas. ¿Entiendes lo que estoy diciendo, Maggie?, es la oportunidad de mi vida. Se trata de una importante investigación financiada por el gobierno. Un viejo amigo de mi padre hizo las conexiones y hoy fue mi día de suerte, me eligieron para el puesto. Así que es necesario que...que tú y yo hagamos planes para el futuro...En poco menos de un año yo tendré que partir a Alaska para comenzar en ese trabajo y tendríamos que dejar de vernos por una temporada....

El semblante de la muchacha se tornó serio y habló, bajando la voz como solía hacer cuando discutía un tema grave:

— Pero, Tommy...no es el mejor momento ahora...mi noticia....

— ¿Qué es?, habla ya. ¿Acaso estás preñada?

— Sí...llevo dos meses de retraso...y esta mañana hice una prueba y pues....

— ¡¡Oh, no, Magdalena!!

Tom Tolley se levantó de la mesa dando un manotazo que hizo brincar del susto a Maggie y fue hasta una terraza, apoyándose en una pared de la chimenea, evidentemente malhumorado. Ella sintió como si le lanzaran un balde de agua fría y quiso llorar, pero antes quería comprender por qué su novio perfecto había reaccionado de forma tan ruda:

— ¿No te alegra...?, es nuestro bebé...

— No, es el producto de tu ignorancia por no querer usar condones, ni píldoras, gracias a tu religiosidad hispana. Te dije que el método de ritmo no es nada confiable, ¡ahora ve a decirle a las monjas que te educaron que te saquen de ésta!

— Tommy, no hables así, respeta mis creencias. Eres mi primer novio...

— Maggie, estás en América, en el siglo XXI; las chicas aquí se avergüenzan si no han tenido sexo antes de entrar en la universidad. ¡Ya abre los ojos!

Maggie se le acercó para tomarlo de un brazo y decir con dulce determinación:

— Pero yo lo decidí así, quería que fuera algo especial para mí y para el hombre que amara realmente; y lo fue, ¿recuerdas? Fue mi mayor regalo de amor, y ahora sucedió ésto...y me siento feliz de que tú seas el padre.

— Pero yo no.

Replicó Tolley soltándose de ella con un breve tirón. Estas palabras hirieron profundamente a Maggie, prácticamente se encogió de dolor al escucharlo y solo acertó a decir, con voz trémula:

— ¿Cómo puedes hablarme así?, hemos sido tan felices juntos....

— Eres demasiado ingenua y me haces sentir tan culpable, acabo de decirte que hay un negocio de millones de dólares en juego y tú me sales con...Escuchame, quizás en algún otro momento de mi vida yo te hubiera dicho: “adelante, sigamos con ésto hasta el fin”; pero ahora no, Maggie, ahora no. Este trabajo es demasiado importante, es algo que definiría el curso de todo el futuro de mi vida.

La pequeña Maggie, aun sabiendo que ella no había hecho nada apropósito para perjudicar a su novio, se sintió responsable de su frustración y murmuró:

— Yo comprendo....

— No, no pongas esa cara. Mira, te diré algo: los sujetos de investigación para ese trabajo que te mencioné no estarán listos hasta mayo de 2012; mientras podríamos tomarnos unas vacaciones y hacer ese viaje a Europa del que siempre hablamos, ¿recuerdas? Tu embarazo aún está en una etapa muy temprana...y bueno, tengo un amigo que podría hacernos el favor...e interrumpirlo.

Tal proposición espantó a la joven, que exclamó indignada:

— ¡¿Abortar?!, ¡¡estas hablando de mi bebé, no de extirpar una verruga!!

— Magdalena, “tu bebé” es un amasijo de tejidos con tanta conciencia como los pelos que me crecen en el culo...¡Deja de actuar como una niñita tonta de la república de México y empieza a pensar como una mujer universitaria de Harvard! ¡¿No te das cuenta de que este capricho podría hacer fracasar tu carrera?!, ¡¡y la mía!! Lo peor es que eres menor de edad...yo podría ir a la cárcel por tu culpa....

Maggie palideció pero volvió a la carga en defensa de su maternidad:

— Pero...No lo haremos público hasta que yo tenga dieciocho años. Y seguiré estudiando, ¡muchas chicas estudian y son madres! Solo deberé esforzarme un poco más, no será algo tan pesado. ¡Podré seguir adelante con todo!

— ¡¡Genial!! ¡¡Pero yo no quiero ser padre, abusador de menores, marido y al mismo tiempo arriesgar mi pellejo en un trabajo en el fin del mundo!! Si hay que escoger entre criar a un estúpido niño y ser multimillonario, todo el mundo escogería la segunda opción y respecto a ti: ¡creo que varios millones de dólares podrían solventar tu tristeza de ser una madre frustrada!

La muchacha rompió en llanto:

— No...¡ni todo el dinero del mundo podría!...Desde que lo supe esta mañana, he soñado con este bebé. Lo imaginé en su primer día de escuela, como una niña, como un niño, parecido a ti, parecido a mi; lo imagine jugando a la pelota por primera vez, teniendo su primera cita, graduándose de la escuela...¡Hasta casándose! Y soñé con tenerlo ya en mis brazos, y escogí nombres, y pensé en todo lo que quiero enseñarle...y ahora todo esa ilusión se viene abajo...Mi bebé ya está vivo...Ya es una persona en mi mente...no puedo matarlo....

Tom guardó silencio. Se frotó la cara con las manos, pensó por unos momentos y luego la tomó de los hombros, diciendo:

— Está bien. Tranquila, no llores. Yo soy el verdadero adulto aquí y debí ser más responsable contigo, no solamente mimarte siguiendo tus caprichos de niña tonta; como eso de no usar protección alguna. Escucha: ¡serás madre!, pero tengo una idea para compensar lo que te he hecho, y para que tú y el bebé tengan el futuro asegurado. Dentro de un año más o menos, cuando tú ya tengas dieciocho años y yo parta hacia Alaska, tengo la opción de llevar conmigo a un asistente de confianza para que me ayude en mis labores. No pensaba llevar a nadie pero...¿Quien mejor que tú?, eres dedicada y confiable. Además, con lo que ganes ahí, no necesitarías trabajar nunca más en la vida. Podrías regresarle a tu padre todo lo que ha gastado para que estudies en Harvard y aún tener suficiente para comprarte un lindo apartamento y vivir holgadamente toda tu vida. Pero a cambio, quiero que me hagas feliz a mí, y te hagas feliz a ti...y a unos tíos míos en Canadá. Quiero que des al bebé en adopción para que él o ella crezca feliz en manos de personas maduras, que puedan darle todo el amor y apoyo que necesite....

Maggie sintió un ahogo repentino mientras balbuceaba:

— Pero yo podría darle....

— No, no, Maggie. Tú no podrías, tienes diecisiete años, ¡eres una niña! Aún debes formarte, hacerte una vida. Confía en mí, ésta es la mejor opción para todos. Empaca pronto. Dile a tu padre que te irás a Canadá de vacaciones con tus amigas y así te vas con mis tíos hasta que nazca el bebé y te restablezcas. Yo te ayudaré con los trámites de la adopción y luego te reunirás conmigo en Alaska. Tú solo firma todo lo que te envíe, sé una buena chica con mis tíos y yo estaré mientras allá con unos colegas; preparando todo lo que necesitaremos: equipo médico, provisiones, seguridad....¡Solo confía en mí!, todo saldrá bien. No te dejaré desamparada. Una vez en Canadá, dile a tu padre que quieres vivir tu vida, que te fugas o algo así; y luego a forjarte un futuro ya sin el bebé estorbando.

A medida que Tom hablaba, Maggie iba llorando cada vez con más congoja hasta gemir:

— ¡No, Tommy!, ¡yo no podría separarme de mi hijo!

— Es que no te separarás...Es solo mientras dura la investigación y tú consigues el dinero. Luego vuelves con el bebé ya teniendo la vida resuelta. ¡Confía en mí!, si me amas, simplemente haz lo que te digo. Aún eres muy joven y no sabes nada.

Esa noche, muchas ilusiones se derrumbaron ante Maggie. Ella, que se sentía tan madura y autosuficiente al vivir sola con su amante, de repente se descubrió a sí misma insegura de sus propias decisiones y capacidades; gracias a las palabras de su idolatrado Tommy. Él había hablado con gran autoridad, y sus francos ojos azules la convencieron de que nadie mejor que él sabía que era lo correcto hacer. Pero ella ignoraba que muchas veces los peores errores vienen escondidos en los que parecen ser los mejores consejos.

Pocos días luego, Maggie voló hasta Vancouver, Canadá; y se instaló con los estrictos tíos de Tom Tolley, que se esmeraron en hacerla sentir aún más inmadura e inútil ordenándole hacer su cama a las seis de la mañana, comer hasta la última migaja de su plato, vestir como una muchacha de los años 40´s, e irse a la cama a las ocho de la noche. Maggie cerró todas las cuentas que tenía en diferentes redes sociales para que nadie tuviera noticias de ella y mantener así su embarazo en secreto, luego avisó a su padre a través de un correo electrónico que había decidido abandonar sus estudios temporalmente y se encontraba colaborando en una importante investigación científica que la mantenía muy ocupada.

Los meses pasaron y la única diversión de Maggie consistía en sentarse en la sala a las cuatro, con los respetables tíos de Tom, y ver deprimentes documentales sobre cuál sería el aspecto del mundo si los humanos desaparecieran de repente. Sus momentos favoritos del día eran aquellos en los que se quedaba a solas y podía buscar en su ordenador portátil más posibles nombres para su bebé, que ahora sabía que sería un niño. De noche se moría de aburrimiento tendida en la cama desde las ocho, sin nada de sueño; no se atrevía a desobedecer o contradecir a sus hospedadores por lo que aceptaba dócilmente irse a dormir temprano y ocupaba ese tiempo en contemplar la luna y el cielo estrellado a través de una cúpula de cristal sobre su cama, hasta que finalmente se quedaba dormida. A veces, mientras observaba el pálido disco lunar, le embargaba una angustia extraña; sin saber porqué. Y entonces pensaba también en su novio, segura de que él pronto haría que todo estuviera bajo control.

Finalmente llegó enero y un día Maggie despertó con dolor de espalda; y luego, mientras ayudaba a cortar tomates en la cocina, una gran cantidad de líquido brotó de entre sus piernas e hizo un charco en el piso. La reprimenda de la tía de Tom fue breve solo gracias a que la pobre chica había comenzado el trabajo de parto. Maggie trataba de mantenerse controlada en la sala de alumbramientos, no le parecía que el dolor fuera tan intenso como para gritar como lo hacían las otras parturientas pero le asustaba pensar en cuando ella llegara a ese punto. Finalmente, alcanzó el máximo de dilatación y el bebé comenzó a salir. El obstetra le pedía que pujara fuerte mientras ella obedecía y se sentía mal al pensar que dar a luz a su hijo era como tener una fuerte constipación intestinal. Mientras se reprochaba a sí misma por comparar a su bebé con las heces se encogió de vergüenza, comprimió el abdomen y terminó de dar a luz. Al ver por primera vez a su hijo, pensó que era muy feo, pues estaba sucio y arrugado; con la cabeza enorme y el cuerpo algo flaco. Pero una vez lo tuvo en brazos y notó que el pequeño la reconocía y se sentía seguro con ella, lo amó. Era muy parecido a ella después de todo, pensó, un ser inexperto y necesitado de amor.

Maggie llamó a su hijo Abel, como el padre de ella, a quien le ocultó el hecho de que ya era abuelo; tal como Tommy le había ordenado que lo hiciera. Durante tres meses fueron felices los dos juntos. Había aprendido a reconocer en el llanto de su hijo cada una de sus necesidades y era tan exacta la forma en que ambos se habían acoplado que, cuando se acercaba la hora de alimentarlo, más tardaba Abel en llorar llamando a Maggie que ella en que sus pechos escurrieran leche. En poco tiempo este curioso hecho comenzó a volverse un problema, pues Maggie se volvió sobreprotectora y no controlaba su deseo por nutrir y proteger a su bebé; hasta llegar al extremo de que con solo imaginar el que su hijo podría estar hambriento se mojara su blusa con leche materna. Dicho fenómeno se volvió un verdadero problema cuando ocurrió de pronto durante una cena con los vecinos y la tía Tolley comenzó a darle un discurso sobre pudor femenino. Fue también en este punto cuando la tía opinó que permitir que Maggie criara a Abel era inaceptable y exigió que se apresurara el proceso de adopción. Y así, en una mañana de mayo, la tía Tolley anunció súbitamente a Maggie que debía despedirse de su hijo; pues esa misma tarde partiría a Alaska para reunirse con Tom. La joven se sintió sumamente avergonzada al adivinar que la prisa de los viejos Tolley por sacarla de su casa era debido al bochorno que les causó en aquella cena, por lo que no comentó ni preguntó nada al respecto; convencida de que la tía tenía toda la razón para enojarse a causa de su torpeza que había provocado el asco de todos los comensales. Volvió a arreglarse y vestirse como solía hacerlo antes de llegar a Canadá, y entonces se vio al espejo ya sin ánimos siquiera para llorar y se imaginó a sí misma como una vaca tonta, fea, cegatona y gorda. Pero la realidad era que de hecho había adelgazado, y lo que menos imaginaba era que estaba a punto de vivir la experiencia más terrorífica y retorcida de toda su vida.

17 de Agosto de 2019 às 05:06 0 Denunciar Insira 0
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