Dos tontos intentando cazar a un Monstruo Seguir história

airin35 Irene Vaca Peralta

SIGLO XV Seline, una nómada que viaja con su arco. Aland que ha salido de su hogar junto con más hombres en busca de una fiera que ha hecho estragos en su condado. Ambos tienen un primer encuentro muy peculiar en el que Seline no deja muy bien parado a Aland. Así que cuando ella se une a ellos en su búsqueda no paran de discutir como niños mientras resulta que la fiera es algo mucho peor de lo que esperaban.


Humor Para maiores de 18 apenas.

#romance #terror #erotica #vampiros
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Seline recordaría en el futuro, como el encuentro de aquél día le cambiaría toda la vida.

Aquella estaba siendo otra noche más fregando vómitos del suelo y evitando que ningún borracho le tocara el culo... sintió que había llegado el momento de cambiar de nuevo de rumbo, aunque consciente de que apenas tenía dinero ahorrado tendría que idear alguno de sus planes para poder salir de allí, aquella misma noche

Al principio pensó en robar algo de los borrachos que había aquel día en la taberna pero no le pareció que nadie allí tuviera gran cosa, excepto quizás los dos forasteros que habían aparecido aquella noche, los cuales aunque no parecían ricos, vestían mucho mejor que todos los habitantes de aquella aldea. Se acercó a ellos disimuladamente y les escuchó hablar mientras limpiaba una de las mesas cercanas.

—Vamos, ¿por qué no te buscas una distracción para esta noche? —oyó hablar al que parecía más mayor de los dos—, el resto de hombres no llegarán hasta dentro de un par de días, no me gusta verte siempre tan solo.

—Déjalo estar Godwin, sólo me interesa encontrar la solución al problema que tenemos.

Seline se alejó para dirigirse a la barra dónde acaba de aparecer Martha, la dueña de la posada a la que pertenecía la taberna.

—Martha, tenemos dos forasteros que apenas beben —dijo Seline en voz baja—,¿puedo utilizar tu truco?

—Está bien —contestó la mujer a la par que les echaba un vistazo rápido—, puedes hacerlo. Si hay algo que me gusta menos que los tipos que se emborrachan hasta perder el conocimiento, son los que apenas beben. Así no hago dinero.

Con el consentimiento de la dueña, Seline rellenó dos grandes jarras de cerveza y las llevó a la mesa de los forasteros. Estos la miraron extrañados cuando las dejó sobre la mesa.

—Nosotros no hemos pedido esto —dijo el más joven de los dos a la vez que hacía contacto visual con Seline y la miraba como si se diera cuenta por primera vez que la chica estaba en aquel lugar.

—¿No? ¡Lo siento! —se disculpó la joven—. Ha debido haber un error, pensé que habían pedido más cerveza. Pero no se preocupen, sino la quieren me la llevo.

—Está bien, puedes dejarlas —dijo el otro hombre—, vamos no me mires así Aland, hoy no vamos a ir a ningún lugar.

Seline se alejó, el truco había vuelto funcionar, era algo que solía hacer Martha para aumentar las ventas, pero esta vez ella lo había utilizado porque tenía la intención de que aquellos hombres se emborracharan. Se quedó pensando en el hombre que le parecía más joven, aunque estaba claro que no era ningún jovenzuelo pues parecía rondar los cuarenta, y... aunque estaba reticente a emborracharse, y por lo que les había escuchado no tenía ganas de mujeres.... aún así, ella había decido que sería su objetivo. En parte también, porque tenía la intuición que aquel hombre llevaba bastante dinero en la escarcela que llevaba en su cintura.




—Alfred el carpintero podría ser un buen marido para ti —le decía Martha a Seline mientras terminaban de limpiar la taberna para poder cerrar.

—Deja de intentar buscarme marido Martha.

—Pero Seline, en la carta que me diste de tu madre me pedía que cuidara de ti y estaba preocupada porque a tu edad es mu difícil encontrar a alguien con quien contraer matrimonio. Los hombres quieren mujeres de veinte años y tu ya superas los treinta.

—Querida Martha... la única manera en que yo acepte casarme es que topara con un hombre con el que sintiera que el corazón se me sale del pecho, y lo veo difícil, además... todavía tengo mucho mundo por ver.

—¿No has caminado ya suficiente?

—No, y además, sólo te mostré la carta de mi madre para poder tener un trabajo y un techo, si quisiera monsergas me habría quedado con ella. No me mires así... te agradezco lo que me has dado, pero mi vida es mía.

Martha la miró con cara de reprimenda, pero ella decidió ignorarla y terminar de recoger las mesas. Cuando hubo acabado fue a su habitación a preparar sus cosas. Ya tenía totalmente decidido que aquella noche se largaba de allí. Guardó sus poca ropa y pertenencias en una bolsa y luego la lanzó desde la ventana dejándola caer en un hueco dónde quedaba escondida entre los árboles. Después se fue tras su objetivo.



Llamó a la puerta de la habitación, pasaron los segundos pero él no habría, así que volvió a llamar con más insistencia.

—¡Ya vooooy! —exclamó una voz que sonaba a dormida.

Abrió la puerta, y cuando se apoyó en el marco de la puerta y le preguntó quien era, Seline se dio cuenta que afortunadamente estaba algo borracho, las últimas jarras de cerveza habían cumplido su función. Se quedó observándole por segundos, era alto, de cabello castaño claro y de profundos ojos azules. Sino fuera porque tenía prisa en irse, y porque estaba borracho —aunque no de forma excesiva— le hubiese gustado quedarse un rato divirtiéndose con él. Le empujó suavemente para poder entrar y cerrar la puerta.

—Escuché que necesitabas compañía y a mi me apetece pasar un rato divertido —dijo Seline mientras se desabrochaba los botones de la camisa sin llegar a quitársela.

—Oh no no no no, ni hablar. No te lo tomes a mal, pero después de que uno de mis amigos se contagiara de algún tipo de enfermedad no se me pasa ni por la cabeza —dijo él moviéndose nerviosamente como si estuviera un poco mareado.

—¡No soy una prostituta! —le empujó para que quedara sentado sobre la cama, se levantó la falda para sentarse a horcajadas sobre él, y le tomó las manos para introducirlas bajo la falda y que le agarra los glúteos. Y rápidamente le besó.

Por un instante pareció que el joven quiso zafarse, pero pareció gustarle aquel beso dado que se dejó llevar soltando las manos del culo de Seline para llevarlas a su cintura y apretarla contra él. Aquel momento se sentía bastante bien, pero ella sabía que estaba allí para lo que estaba, y con cuidado llevó su mano a la cintura de Aland dónde todavía tenía la escarcela. Fue con mucho cuidado, normalmente era bastante buena con eso, sin dejar de besarle abrió cuidadosamente la escarcela para palpar en el interior una pequeña bolsa de tela que agarró enseguida. Cuando se sintió segura comenzó a despegarse del joven y se levantó mientras trataba de esconder la bolsa detrás de ella.

—Discúlpame, me lo he pensado y no quiero ser... una chica tan fácil. Ya sabes, en estos tiempos, una tiene que guardar su reputación.

Pero Aland la miraba seriamente, como si de golpe se hubiese borrado todo atisbo de su borrachera. Se levantó de golpe y la agarró por la muñeca en la que tenía la bolsa.

—¡Eres una ladrona! —exclamó a la vez que llevaba la muñeca de ella hacía si, intentado recuperar la bolsa que Seline empuñaba con fuerza.

—¡Tsssss! —dijo ella mientras se llevaba un dedo de la mano que tenía libre a la boca—. Si alguien te oye querrán cortarme la mano.

—Pero es que me estásssss intentaaaaaando robar —contestó Aland arrastrando las palabras con tono y expresión sarcástica.

Así que Seline enfadada por el tono de burla intentó recuperar su mano con la bolsa tirando de ella, pero Aland agarró fuerte tirando también, así que estuvieron un rato forcejeando a ver quien ganaba, hasta que la bolsa se rompió y las monedas cayeron al suelo. Seline vio una oportunidad de huir, pero Aland la cazó rápido agarrándola de nuevo, esta vez por ambas muñecas, a lo que Seline sin pensárselo dos veces respondió con un rodillazo en las partes del joven. Aland arqueó la espalda en gesto de dolor y le cambió la expresión de la cara, con los ojos y boca abiertos, en parte por el dolor y en parte también por incredulidad pensando; ¿en serio me has hecho esto? Seline se sintió un poco culpable y puso cara de arrepentimiento.

—Perdóname, cuando mi madre decía que no pensaba mucho las cosas antes de hacerlas, se refería a casos como este... —luego acercándose a él le dio un beso rápido, mientras el continuaba en la misma posición—. Esto es de regalo como disculpa.

Después se agachó intentado recuperar algunas de las monedas, mientras Aland se sentaba en la cama con las manos en su miembro dolorido. Cuando la joven se dirigía a huir por la ventana, oyó como una llave abría la puerta de la habitación y tras ella entraba Martha.

—¿¡Seline qué haces!? He oído voces y he venido corriendo —y al ver a Seline a punto de salir por la ventana y el dinero por el suelo se estremeció de vergüenza— ¿En serio Seline? Esta posada es, a pesar de su taberna y sus borrachos... muy respetable.

—Primero Martha, no he hecho nada malo... bueno... bueno, nada sexual, y segundo este joven necesita hielo —y dicho esto Seline huyó por la ventana, con las monedas que había podido guardar. Caminó hasta donde había caído su bolsa y se fue de allí feliz de abandonar la aldea.




*Nota del autor: Este capítulo tiene ilustración, pero no veo opción de agregarlo, podéis ver el dibujo aquí: https://bit.ly/2ZvJFXC

1 de Agosto de 2019 às 18:52 2 Denunciar Insira 2
Leia o próximo capítulo 2

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ana hoy ana hoy
Me gustó mucho, felicitaciones!
22 de Agosto de 2019 às 15:40

~

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