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↗Lita☯.

A pesar de los colores de la tarde y la caída de hojas amarillas, las princesas y las bifloras siempre están allí.

Mueren y nacen, pero siempre están allí, como las dos épocas del año en que siempre florecen las orquídeas.

Nunca lo escuche, nunca lo dije, no lo necesitabas, no lo necesitábamos,

las palabras son nada comparadas con nuestras horas, en silencio, jugando, escuchando tus deseos de huir, de morir, tus penas,
recuerdos, logros, devoción, travesuras, sorpresas y alegrías,

los lugares, épocas y personas que fueron parte de ti.

Con la luna creciente y menguante, suben y ban las mareas de mis…

de nuestros recuerdos.

No existen lágrimas en mis océanos de agua dulce.

Y aunque detrás de esa suave, ligera y transparente cortina, que no me atrevo ni quiero tocar, estan las sumas y restas de aquella
fecha,

tengo la certeza de que no existen lagrimas, solo minutos dorados y ruido de fondo de alguna emisora.

Lo puedo ver con los ojos cerrados.

Tejidos con negro azabache y el lacio cabello de la noche.

En esta oscuridad puedo sentirte en el ayer, en el hoy y en un espacio al que no puedo y quiero llegar.

No importan los efectos de la radiación, y la vista fatigada

no necesito ver.

No importan las cenizas frías,

no necesito besar tu frente o sentir tu calor.

No importa el mundo material, ni el espiritual,

no necesito creer, no necesito tener, simplemente lo sé.

Entre mis sombras, el olor a dulces de menta por sobre el cigarro, me deja respirar en paz, con alivio y calma.

El vacío de mis noches se llena con el galopar de un caballo, el motor de los primeros aviones, las campanas de una iglesia, el agua de un pozo, la que cae sobre los loros que danzan y el cantar de los sinsontes.

En este oscuro valle de lágrimas, caminando sobre duda y miedo sigo tus pasos.

Guardo oro bajo mi lengua,

como las culebras y serpientes guardan una piedra en la boca.

A la a luz fría de luna llena, en las montañas, la guaca fue despojada por ríos salados, derramados por los frutos de tu vientre.

No por mí.

Pero en mis venas enterré saliva, oro, luz y miel,

tu rutina, el reloj de la cocina,

mi falta de dudas y

la tierra gastada de tu verde jardín.

En mis órganos vitales, en el centro de mi cerebro y a través de cada vértebra, atravesados y enredados están nuestros hilos más fuertes que el acero,

seda de araña dorada.

Y sin un gramo de sal, yo lo sé.

Porque tu sangre es mi sangre y mis latidos son los tuyos.

Con ojos abiertos o cerrados,

sé que ambos descansamos por siempre, en el fondo de un lago de agua dulce.


Carlos Arturo Araque Montoya, 26 yrs

Yaguarnecro

1 de Agosto de 2019 às 05:19 0 Denunciar Insira 0
Fim

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