La Llamarada Seguir história

ajimenez46 A. Jiménez

Ciénaga es una de esas pequeñas comunidades que no alberga gran relevancia. Que pasan desapercibidas para el resto de las personas si la comparamos con las grandes ciudades, es el hogar perfecto para Sergio y su familia, pero este pueblo escondido y olvidado del mundo es mucho más que calles viejas. Sergio se enfrentará a la maldición que habita en el edificio que está al final de la calle, el misterio de este pueblo empezará desde una pequeña llamarada que incendiara cada casa, edificio y ser viviente que se encuentre en las orillas del Magdalena.


Horror Histórias de fantasmas Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#horror #fuego #fantasmas
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Capítulo 1

Observar las nubes es una forma de abordar al cielo entero, el azul infinito del medio día me ciega, pero de algún modo esa es la sensación más placentera al regresar a casa. El clima en las localidades cerca al mar no favorecen a sus habitantes, es más gracias a ello he subido casi tres tonos de moreno. En Ciénaga no es diferente, el río y el mar son muestra de ello, pero resulta que para mí es embriagador pasar por toda la carrera trece a pleno sol de las doce del mediodía. Sentir la costa a solo tres cuadras, la brisa y ese olor salado, me he distraído de mi ruta de regreso.

Pongo rumbo hacia casa, porque mi estómago ya está pidiendo comida. Debo correr para poder llegar un minuto menos de lo esperado, madre siempre anda con un reloj en sus manos. Supongo que es una forma de protegernos, de ese modo su cordura se mantiene. Pero después de un tiempo se vuelve hostigante salir de casa teniendo a madre con sus advertencias encima, no me molesta su preocupación, pero está llegando hasta el extremo. Al llegar a la terraza compruebo que madre me esperaba con un reloj de bolsillo en la mano, así que siguió mi camino hasta llegar a la terraza de la casa.

—¡Buenas!

—Buenas- lo miro su madre.—Tu comida está servida desde hace cinco minutos. Llegas dos minutos con treinta segundos más tarde. ¿Me puedes explicar porque hasta tardado más de lo reglamentario?

—Verás, mami. Me distraje con mis amigos, y se me fue el tiempo. Además, ni que me hubiese tardado una eternidad.

—Sergio, tenemos reglas que debemos respetar. Los niños tienen una hora de llegada.

—Me parece que eso es puro invento tuyo. Que yo sepa en ninguna otra casa del por aquí tienes tantas reglas como las que tú nos pones.

—Si supieras la magnitud y las razones de mis reglas ni siquiera me cuestionarías. ¡Debes llegar puntual, Sergio Antonio!

—¡Me tienes aburrido! Eres una paranoica y cansona, si padre estuviera en casa sería más llevadero vivir aquí, pero me toca esta mala vida contigo.

—¿Mala vida? Ni siquiera sabes lo que es la vida, no trabajas, no tienes que buscar el sustento y créeme esto no es nada comparado con lo que vas enfrentar cuando seas un adulto.

—Con Padre sería más fácil, soy un hombre no una princesita que va estar toda la vida encerrada en una torre. ¡Ni siquiera vivimos en esos tiempos!

­—Tienes razón, estos no son esos tiempos. Esas eran épocas pacíficas, si con menos cosas y libertad. Pero había seguridad, ahora tenemos como diez mil grupos guerrilleros que se llevan a los niños sin importar su edad para que llenen sus frentes. El año pasado se llevaron a trece muchachos. ¿Cuántos crees que se llevarán este año? ¿Veinte o treinta? ¿Y si eres uno de ellos?

Estaba a punto de dar una respuesta, pero al ver las lágrimas asomándose por los ojos de mi madre me contuve. No sabía que le hubiese afectado tanto la situación de los niños desaparecidos, si eso pasaba a menudos por estos pueblos. Pero a diferencia de mi madre, yo no era consciente de que estaba creciendo y que era un posible candidato para llenar las filas de esas gentes.

­Ella se sentó en una de las mecedoras y con la manga de su camisa se secó las lágrimas.

—Busca a comer que se te está mosqueando el almuerzo.

Deje mi mochila en uno de los muebles de la sala, con paso cauteloso me acerqué hasta el comedor y tome la cuchara para tomar la sopa de pollo. Para cuando termine de comer, madre ya no se encontraba en la sala, seguramente se durmió o estaba lavando los platos en la cocina. No tenía intención de intentar arreglar la situación anterior, era un caso perdido.

Tomé mi mochila y me acosté en la cama, tenía pendientes que hacer. Un taller de matemática de quien sabe cuántos puntos y lo peor es que el tema ni entendía. Observe el cuadro que estaba colgado en la pared del frente, era una foto familiar, estábamos todos. Mi padre, mi madre, y mis hermanos, Agustín y Luis, y finalmente, yo. Era casi que imposible ver esa fotografía y no ponerse triste, Luis no estaba con nosotros. Hacía poco más de un año que había desaparecido, no sabíamos si había huido, si estaba reclutado o muerto en algún monte. Mi madre siempre pensó lo peor, ella lo daba por muerto y después de ese suceso era una sobreprotectora con todos nosotros.

A veces, olvidaba su situación y sobre todo su dolor, pero esas no son cosas que deben preocuparme, tengo mis propias responsabilidades como el colegio y a final de cuenta son asuntos que no entiendo. Esos son asuntos de adultos, de mi madre y padre, pero al parecer la única que hacía algún tipo de gestión en la policía era mi madre. A mi padre parecían importarle otras cosas, y no lo culpo, venía un bebé en camino. Otro hermano, y con otra mujer, tengo la sospecha de que dejo a mi madre para tener con otra el hijo que había perdido, a ella le dolían las entrañas como para tener otro. No lo tendría, con dos hijos para ella era suficiente y para mi padre no lo fue. Supongo que la suma perfecta para el son tres, quizás tener otro hijo en quien volcar su amor es la forma más sencilla de superar el luto.

Salí de mis pensamientos y empecé a hacer el taller de matemáticas, al terminar ya la cena estaba lista y era la hora de partida del sol.

—Hora de comer—gritó mi madre.

—Ya voy.

—Ya voy— contestó mi hermano, Agustín.

Ya en la mesa empezamos a charlar sobre como nos había ido durante la semana, esa era una costumbre que teníamos los viernes. Fui el primero en terminar, era la hora de jugar con todos los chicos del barrio. Todos los viernes por la noche era imperdible que jugábamos, éramos alrededor de veinte. Al llegar al parque principal, estaban todos solamente faltaba Agustín que se había demorado en terminar su comida.

Se demoró diez minutos para llegar, pues la casa estaba un poco lejos el parque. Entre todos elegimos jugar al escondite, le tocó contar a Agustín por haber sido el último en llegar.

—Colócate en el poste que esta junto al árbol de mango—le dijo Felipe a Agustín.

—¿Ya?

—Uno, dos, tres…

Sali corriendo lo más rápido posible por la derecha, me di cuenta que Andrés y Valentín, iban en la misma dirección que yo había tomado, casi siempre nos unimos en los juegos para que no pudieran atraparnos. Rápidamente nos acercarnos en un pequeño círculo.

­—Debemos buscar otro lado, la casa de la vieja Ana debe estar repleta—dijo Andrés.

—La catedral la están arreglando podríamos escondernos ahí, no está el cura y eso significa que nadie nos pondrá problema.

—No, vi como a cinco que se metieron a la catedral. Mejor vamos al edificio que está al lado de la tienda de Juancho— propuso Valentín.

Mire a Andrés, él subió y bajó sus hombros en respuesta. Todos asentimos y corrimos calle abajo hasta doblar por la calle de los cedros. Corrimos hasta el final de la calle hasta dar con el edificio abandonado. En la entrada del mismo había un letrero desgastado que decía “La joya del Magdalena”. Según me había contado mi tío Anselmo, ese edificio había sido la residencia de una familia acaudalada de la región, Los Villamizar, en su tiempo tenían varios negocios, pero es más rentable y notorio de sus bienes era una empresa dedicada a la pesca. Aparte de eso vendían de todo, ropa, comida, joyas y hasta perfumes, todas las personas les compraban, a pesar de que Barranquilla está a tan solo una hora, preferían los negocios locales porque la calidad de las vestimentas era muy buena.

Pero un día simplemente se fueron, se esfumaron y más nunca se supo de ellos. Hay gente que dice que se fueron escapando de la guerrilla, otros cuentan que eso de las joyas y la pesca era pura fachada que su verdadero negocio era vender droga en Panamá. Incluso una vez escuche decir que los mataron a todos y simplemente escondieron los cuerpos y el asesino se adueñó de todo, pero realmente no lo creo porque después de que se fue la mayor parte de la familia, Gerónimo Araujo, el cual era el esposo de una de las hijas de Don Hugo, Sandra Villamizar. Ellos se quedaron viviendo un par de años después de que sucediera eso, y el señor Araujo tenía ideas maravillosas, y estaba comprometido con hacer del municipio un lugar turístico.

El mismo financió la construcción del parque y donó cierta suma de dinero para remodelar la catedral, además de promover el desarrollo de las fiestas patronales, no se sabe todavía qué santo será el patrono, pero la gestión de él tuvo tal impacto que este año se aprobó. Lástima que no puedo ver ni disfrutar su triunfo, pues hace unos meses él y su esposa desaparecieron como todos los demás Villamizar.

Después de eso, todos creen que el edificio y la familia Villamizar están malditos, no sería para menos, la gente es muy supersticiosa por esta zona. Así que nadie se acerca a la propiedad, ni por equivocación y mucho menos los niños, por eso es el escondite perfecto para nosotros. Los tres entramos por el gran ventanal del primer piso, este estaba roto, por tanto, entramos enseguida, aunque tuvimos cuidado al momento de saltar hacia la sala.

Mire alrededor de la estancia, si no fuera por el polvo la casa estaba en las mejores condiciones. Había muebles, espejos, floreros, cuadros e incluso un comedor inmenso, como para quince personas. Los dueños habían dejado todo, por mi mente paso la idea que quizás si se fueron huyendo de algo o alguien. Por su parte Andrés y Valentín quedaron hipnotizados por gran cuadro que estaba al lado del comedor, era una familia completa, supuse que serían los Villamizar. Fueron una gran familia, en el cuadro había seis mujeres y cuatro hombres, todos con caras serias, solo una de las mujeres, la más joven era la que sonreía.

A medida que seguía observando me encontraba con objeto lujosos, era extraño que ningún ladrón se hubiese llevado por lo menos algún cuadro o mueble, llegue a la conclusión que se debía por el misticismo que envolvía al edificio. Subí las escaleras hacia el segundo piso, tenía la intención de esconderme, pero no sería necesario ninguno de los chicos buscaría en el edificio, nosotros éramos lo más temerarios del grupo.

El segundo piso se encontraban los dormitorios y por lo visto eran muchas más que las de mi casa, y mucho más grandes casi el triple. Entre en uno de los dormitorios, este daba hacia el balcón principal, este tenía una cama inmensa podría jurar que tenía más de dos metros de ancho y de largo. Salte sobre la cama y al hacerlo en pese a saltar una y otra vez sobre la misma hasta caer con las manos y pies extendidos sobre el colchón. El lujo que tenía el edificio era sorprendente, escuche un ruido en el pasillo, debían ser Andrés y Valentín subiendo las escaleras. Pero antes de poder pararme de la cama, me jalaron y arrastraron hasta el baño.

Quería gritar, y salir corriendo, pero me quede sin movimiento en todo mi cuerpo. Mi garganta se trabo y empecé a sudar frió, me había quedo sin habla y sin movilidad. Pues frente a mi estaba Luis, mi hermano estaba frente a mí, en carne y hueso, pero eso fue lo de menos en aquel momento. Porque lo que estaba subiendo por las escaleras nunca llegó hasta el dormitorio. Luis me hacía señas para que no hiciera ruido, y yo no entendía. Hasta que el edificio, incluso la noche misma, se quedó en total silencio, y un olor a tabaco y Chanel se apoderó del lugar.

Un escalofrío me recorrió por toda la columna vertebral, si ver a mi hermano había resultado terrorífico, aquello que lo hacía temblar a él me causaba más pánico. La puerta que daba hacia el balcón empezó abrirse y con ello se intensificó el olor, cada vez se concentraba más en la habitación. Cada vez se sentía más la presencia del tabaco. Al pasar de los minutos intenté levantarme, pero mi hermano me lo impidió, si pronunciar palabra leí en sus labios que la palabra: Muerte.

—Ojalá fuera la muerte, pero para tu desgracia soy algo más de este mundo que del otro. Estoy aquí para quedarme y al parecer tendremos un nuevo compañero de juegos— dijo una voz femenina que no alcance a ver.

Luis palideció aún más de lo que estaba, vi la desesperación en sus ojos. Eso podría explicar por qué estaba tan asustado, y era por ella. Luis me lanzo por la ventana del baño y caí en el frio asfalto, para cuando me di cuenta mi visión se oscurecía.

—Duerme por ahora, que mañana la pesadilla será la realidad.

Eso fue lo último que escuche hasta caer inconsciente.

30 de Julho de 2019 às 00:21 8 Denunciar Insira 4
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Conheça o autor

A. Jiménez Socióloga e intento de escritora en mis tiempos libres. Este es mi pequeño rincón, pasa si gustas. ¡Sígueme en instagram como @Ajimene46!

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Galo Vargas Galo Vargas
Hola! Somos del equipo de verificación de historias de Inkspired. Quisiéramos dar por verificada la tuya, pero antes de eso necesitamos que por favor corrijas ciertas faltas ortográficas como de tildes y puntuación. Por favor, cuando lo hayas hecho, responde este comentario. ¡Gracias!
Paola Stessens Paola Stessens
Me encantó este comienzo, en especial como vas creando una sensación intriga y misterio que hace querer leer más; además tu forma de narrar es muy buena, con gusto seguiré esta historia
22 de Agosto de 2019 às 08:51

  • A. Jiménez A. Jiménez
    Oh, muchas gracias. Me alegra que te haya gustado. ☺️ 9 de Setembro de 2019 às 07:27
Gerhard Wolf Gerhard Wolf
Estaré atento a las próximas publicaciones.
16 de Agosto de 2019 às 07:53
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Muy interesante, tu narración me parece dinámica, seguiré leyendo.
15 de Agosto de 2019 às 19:34

  • A. Jiménez A. Jiménez
    Muchas gracias, es un halago para mí recibir esas palabras de tu parte.☺️ Posdata: Actualiza pronto los pecados de Nicolás Hutsson. :V 16 de Agosto de 2019 às 23:00
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