0
3.5mil VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

La herida

La herida en el gemelo derecho no dejaba de arderle. Había retirado la gasa y estremecido ante lo que observó; supuraba y la carne se había tornado en un violáceo enfermizo. Se tambaleó en medio de la cocina; la frente sudorosa y el cuerpo caliente; el maldito perro tendría la rabia, pensó. Se apoyó contra el fregadero y bebió directo de la canilla, la sed no cesó. Se empapó el rostro y elevó la mirada; a través de la ventana contempló una noche de densos nubarrones. El corazón le bombeó con intensidad. En ese momento dio la vuelta y desfiló hacia la puerta trasera de la casa y cien hectáreas de cultivo. Necesitaba salir y verla. Pero era algo más que una simple necesidad y él lo sabía; como alguien quien fuma un paquete de cigarrillo por día, diferenciaba la necesidad, de un deseo adictivo. Una fuerte punzada le atacó las vísceras y le obligó a retorcerse de dolor sobre las baldosas negras y blancas de la cocina. Tengo que salir y verla, murmuró para sí, con una convicción de vida o muerte que desconocía poseer o haber sentido alguna vez. En cuanto comenzó a arrastrarse, confesó un gritó; el pecho se le incendiaba por dentro.
Se rascó impulsivamente, desgarrándose la remera, la cual se le manchó de sangre casi de inmediato. Un escalofrió le recorrió la columna vertebral, y con ojos como plato se miró la mano; uñas amarillentas y animales le crecieron en los dedos. La alejó como si se tratara de un ser extraño, pero se olvidó de ella por culpa de una presión insoportable en la cabeza. Tengo que verla, tengo que verla, repetía entre quejidos guturales y continuó arrastrando su cuerpo como un gusano sobre la tierra. A cada movimiento se sacudía bajo el ruido de huesos crujiendo, sus huesos crujiendo, y las lágrimas se le escapaban. Consiguió alcanzar la puerta y cuando se estiró para aferrar el picaporte, un gritó de increíble dolor le desgarró la garganta; al unísono con el chasquido de todas sus extremidades al dislocarse. Pero a pesar de todo estaba aliviado; sus sentidos se agudizaron, y aunque todavía no alcanzaba a verla, la olía, y juraría que la escuchaba, lo estaba llamando. Dejó de arrastrarse y prosiguió gateando como un recién nacido y cruzó el césped del patio hasta alcanzar los cultivos. El trigal danzaba con las tenues brisas de la noche de verano, pero a él no le importaba, ya nada le importaba; solo verla; la deseaba, la necesito, pensó desde el fondo de su mente, cada vez más lejana. Elevó la mirada hacia el cielo absorto. La lengua le colgaba a un lado de la boca y la saliva le goteaba. Y entonces apareció; las nubes se abrieron como un telón en el firmamento. Y su fulgor mágico le iluminó. Él le regaló un aullido y dejó atrás su humanidad…

25 de Julho de 2019 às 04:22 0 Denunciar Insira 1
Leia o próximo capítulo Hondas cavernas donde todo resuena

Comentar algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~

Você está gostando da leitura?

Ei! Ainda faltam 7 capítulos restantes nesta história.
Para continuar lendo, por favor, faça login ou cadastre-se. É grátis!