LA PLAGA Seguir história

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Esta es la historia de un detective y su acompañante, quienes deben resolver el caso que les fue asignado, sin pensar que, a pesar de lo fácil que se ve, oculta un gran y terrorífico misterio. -HISTORIA DE MI AUTORÍA. -REGISTRADA EN SAFE CREATIVE.


Horror Todo o público.

#plaga #busca #crimen #asesinato
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I

—Me informan que la víctima tenía 22 años. —Sus pasos se dirigían rápidamente al interior de la casa, seguido de su más leal confidente, Mauricio, quien iba anotando cada uno de los detalles que salían de la boca del mayor. Al llegar a la entrada, la escena del crimen estaba más que palpable. El hedor que ácidamente invadía sus fosas nasales enviaba oleadas de arcadas que, para demostrar profesionalismo, debían disimular—. Cruzaba el cuarto semestre de su carrera universitaria en la UEPC. —El cuerpo tirado en una posición para nada cómoda, estaba rodeado de sangre seca, la cual no limpiarían hasta por lo menos obtener variedades de pistas útiles—. Experto en Ciencias químicas, obtuvo dos veces seguidas las más altas calificaciones, con la del mes que viene hubieran sido tres.


—Es una lástima —habló por fin el acompañante, terminando de anotar lo recién escuchado—. Tenía un futuro por delante.


—A veces las cosas suceden por alguna razón. —Estuardo recorrió cada milímetro con su mirada, examinando detenidamente el entorno—. Aunque, ni creas, así como fue un buen alumno, por no decir excelente, también tuvo sus encuentros rebeldes.


—¿A qué se refiere? —Con bolígrafo en mano, observaba detenidamente a su superior esperando por alguna respuesta que satisfazca a su curiosidad.


—El año pasado, estuvo envuelto en un escándalo. Según los testimonios que he recolectado, Armando era de esas personas a las que suelen llamar “perfeccionistas” —Hizo ademán con sus dedos simulando las comillas—. Sus compañeros comentan que no paraba de trabajar en un mismo proyecto hasta que conseguía el indicado.


—Tal vez por eso siempre estuvo en el primer puesto en lo que respecta rendimiento escolar.


—Puede ser… El problema aquí es que en la feria anterior su trabajo quedó en segundo lugar. —Las manos ágiles del de menor rango trazaban la mayor parte de la conversación, tratando de rescatar información que les sirva de ayuda para el caso—. Se estipula que tenía planeado presentar el mismo invento, pero mejorado. —Colocó sus guantes y, con dos de sus dedos, barrió el polvo encima de la mesa de centro—. No aceptó la derrota. —Rozó sus prolongaciones, extinguiendo por completo cualquier rastro de suciedad.


—Muy mal perdedor. —El equipo forense inspeccionaba de manera minuciosa el cadáver, redactando su propio informe acerca de lo hallado. Ambos se encaminaron hacia ellos—. ¿Ya tienen algo?


—Sí, señor, el hoy occiso presenta hematomas en la mayoría de su complexión. Uno de sus brazos, el derecho para ser exactos, tiene rasguños considerables. —Explicaba a la vez que evidenciaba lo notificado—. A la altura de su sien se encuentra situado un corte, mis compañeros y yo descartamos que fuese provocado por algún tipo de arma blanca; la abertura se asemeja más a carcomido.


—¿A carcomido?


—En efecto. Recogimos muestras para mandarlas al laboratorio. Existe la posibilidad de que la herida sea más profunda de lo que parece.


Las horas pasaron llenas de bullicio, el ajetreo en el barrio por la muerte de tan admirable ser humano terminó siendo el pan del día, delicioso para unos, desagradable para otros. Poco a poco las patrullas fueron abandonando la zona. La cinta que marcaba la posición en la que se encontró la anatomía de Armando hace unos instantes, estaba rodeada de letreros con números en medio, cuyo propósito era advertir de que ahí se hallaba situado un rastro.


—¿Qué es lo que tenemos hasta ahora? —Tomaron asiento, ocupando los muebles ajenos como si fueran los suyos. Con temor, Mauricio retrocedió las tres páginas llenas de detalles relevantes, no sin dejar de estar alerta a sus alrededores—. ¡Oh, vamos, no me vengas con mariconadas!


—Primero, me parece una gravísima falta de respeto invadir así un espacio como si lo conociéramos de años, peormente si es de alguien que acaba de morir. Y, segundo, yo creo fielmente en los fantasmas.


—No puedo creer lo que estoy escuchando, ¡qué barbaridad!, nunca lo esperé de ti, creí que tenías huevos.


—Y los tengo —afirmó.


—No en todos los casos. —Agarró, de la cajetilla en su bolsillo, un cigarro. No pasaron ni siquiera treinta segundos, y la primera calada fue dada. El humo fue a parar directamente en sus pulmones, manteniéndolo ahí por breves instantes, para luego exhalarlo específicamente en la cara de su camarada—. Éste, por ejemplo.


—Dejando de lado el tema de mis cojones… esto fue lo que se logró recolectar.


—A ver, ladra.


—El nombre del muchacho es Armando Guerrero, nació el 22 de Julio del 93’s, es decir, tiene 22 años. Estudiaba Ciencias químicas en la Universidad Estatal del Pacífico Costa. Soltero, al parecer sus padres viven al otro extremo del país, por lo que recién se enteran de lo que acaba de suceder con su hijo. Su cuerpo fue encontrado por su “mejor amiga” aproximadamente a las 9 de la mañana. Los vecinos dicen que desde hace varios días un olor nauseabundo cubría las calles. Según el reporte forense, el cadáver tiene cuatro días aquí.


—Ya veo…


—El resto ya lo sabes. Tiene golpes por todo el cuerpo, rasguños en su brazo derecho, y lo más prescindible es la abertura que tiene en su sien.


—Interesante… —Nuevamente otra calada. El mayor cerró sus ojos asimilando lo escuchado. Recostó su cabeza sobre su puño, sujetándola, sintiendo su áspera barba con tonalidades blancas sobre su tacto—. ¿Algún sospechoso en particular? —Su compañero buscó entre sus escritos lo que él creyó haber anotado.


—Por aquí recuerdo haberlo puesto, me parece que el nombre comenzaba con J, pero ya lo sabremos.


—Con J… ¿José?


—No. —Se detuvo en una carilla en específico, en donde encerrado en un gran círculo, se encontraba un identificativo—. Es Jeremías, Jeremías Arévalo.


—¿Y quién es ese?


—El ganador de la exposición del año pasado, la policía supone que por miedo a ser derrotado por quien una vez derrotó, cometió todo esto.


—Puede ser, pero es más probable que no. Le doy un… ¿10% de efectividad?


—¿Qué propone usted? —indagó.


—Que inspeccionemos la casa.


—¿A esta hora?


—Sí, ¿o te yuyeas?, ¡te faltan…!


—Aquí los tengo. —Se los agarró—. Y para demostrarlo, lo acompañaré, sólo por si acaso.


—Espero y no te orines encima, niñita.


La oscuridad de la habitación estaba acompañada de melodías que sólo la noche traía. La decoración, que muy poca atención tuvo de su parte, estaba entre lo rústico y lo antiguo, dando como resultado un contraste entre colores derivados del café, los cuales era indistinguibles debido a la falta de luz.


Avanzaron, esquivando a tanteos cada mueble presente. La energía eléctrica no estaba habilitada.


—¿Será que bajaron los breques?


—Imposible, señor, en este tipo de casos es ilegal cambiar el estado de cualquier cosa —dijo mientras se sujetaba fuertemente del filo de un taburete—. Debo escribirlo, puede ser importante.


Sus pasos se dirigieron hacia lo que identificaron como la cocina. Los anaqueles, tanto los guindados, como los que se situaban debajo del mesón, estaban correctamente cerrados. La manigueta de uno de los cajones pendía de un tornillo. Estuardo, sigiloso y cuidadoso, exploró el medio, a la vez que Mauricio apuntaba —con una pésima caligrafía— cada oración emitida.


—Hay algo que no me cuadra —Flexionó sus rodillas para ver más de cerca—. Mira. —Su compañero remedó la posición, fijando su vista en lo que su superior le mostraba—. ¿Lo notas?


—Sinceramente no sé cómo es que puede ver algo en esta oscuridad. —El detective se puso de pie, masajeándose la espalda, la edad ya la tenía en contra.


—Es exactamente lo que quiero que veas, en estas condiciones hallaremos absolutamente nada. —Osciló sus caderas, tratando de aliviar el leve dolor que sentía—. Bueno —bostezó— creo que ya es hora de irnos, mañana nos queda un largo…


—¡Señor! —El cuerpo del de mayor rango cayó justo en el espacio que hay entre uno de los mesones y la estufa, abriendo detrás de sí lo que simulaba con ser una puerta encubierta—. ¿Se encuentra bien?, ¿le duele algo?


—Sí, sí, estoy bien… creo que la pared se rompió. —Giró su cuerpo, tropezando con el gran agujero frente a él—. Tengo una cabeza muy dura, o… —Del fondo se desprendía la más absoluta negrura—. No me digas que es una entrada.


—No se lo diré, entonces. —El menor ingresó su mano, sintiendo la densidad de la penumbra.


II


A la mañana siguiente, el caso seguía su propio rumbo, la historia estaba deforme de pies a cabeza y, lo único lógico que por el momento tenían, era el gran acceso que accidentalmente habían desenmascarado. Apuntando con sus linternas al interior, encaminaron su investigación por el desconocido sendero; las redes de telaraña se adherían a su piel y cabello, perturbándolos. Prontamente llegaron a unas escaleras, al bajar el primer escalón se dieron cuenta del deterioro que poseían. El rechinar de la madera vieja aumentaba el suspenso y la adrenalina del momento. Al pisar tierra firme, el estrecho de las paredes fue lo que más se hizo notar.


—Es algo claustrofóbico… ¿ves algún interruptor? —Con el único medio de luz que sostenían, iluminaron cada rincón. Una larga cadena descendía del techo. El detective se acercó con sumo cuidado, y, con la fuerza necesaria, haló hasta que la oscuridad desapareció.


Justo en el centro, una gastada mesa llena de utensilios químicos hizo aparición. Probetas, gradillas, tubos de ensayo y demás, estaban perfectamente colocados encima de ésta, haciendo un circuito. La curiosidad invadió a ambos sujetos, quienes, sin perder tiempo alguno, ya se encontraban traveseando.


—Asombroso. —El matraz contenía una especie de sustancia verde, para nada viscosa. Muy próximo al mechero de alcohol, sobre una tabla, yacían partes de cucarachas, como: patas, alas, cabezas, cuerpos, antenas. Muy pocas eran las que se mantenían completas. El entrecejo del mayor se arrugó—. ¿Qué carajos?


En una de las esquinas, cajas repletas de libros y otros cientos de objetos junto con esquemas estaban apiladas. Mauricio al terminar de guardar la información en su libreta, apresuró su andar en dirección a ello, tropezando con bosquejos de insectos. Cartones de todos los tamaños habían, pero el que consideraron más relevante fue el más pequeño, cuyo contenido eran varios empaques de insecticidas. Sellaron uno como evidencia para el caso, al igual que a aquella extraña sustancia, guardando varios mililitros en un envase pequeño como muestra.


Subieron.


Algunos oficiales de criminalística seguían realizando indagaciones, acompañados por los del centro forense, a los cuales les mostraron lo recolectado para pedir el debido análisis.


—Cierto, aquí tiene el resultado de lo que había dentro de la cabeza del fallecido. Esta es la hoja de la autopsia —señaló—, y esta de la herida.


—Perfecto, gracias. —Sostuvo el sobre en sus manos—. Tenlo. —Se lo expendió a su acompañante—. Antes de siquiera verlo, creo que debemos darle una ojeada a la habitación, luego uniremos todos los cabos sueltos.


La recámara en la que ingresaron vestía posters, guitarras, estanterías a estallar de discos, lo típico en un casi adulto de 22 años. La ropa estaba tirada por doquier; las sábanas revueltas, un desastre total.


—Comencemos —dijo el mayor.


Con cuidado alzaron algunas prendas, buscando por algún inciso; sin embargo, con el pasar de los minutos obtener una señal se volvió sumamente difícil. Las puertas del armario fueron abiertas de par en par, exponiendo una maqueta demasiado familiar.


—¿Ese no es el proyecto con el que perdió el año pasado? —cuestionó Mauricio.


—Para qué decir que no si sí. —Levantaron el pesado trabajo colocándolo sobre la cómoda—. Se parece al que encontramos abajo.


—La diferencia radica en el color. En este caso es morado . ¿Recuerda de qué se trataba?


—Según lo que me contaron sus compañeros, él creó un insecticida específico para matar cucarachas. La idea fue buena, me dijeron, pero falló. En vez de matarla, fue como darle vitamina, no sé.


—¿Tanto así?


—Sí, pero debido a todos los compuestos que había usado y creado, quedó de segundo. —Por un momento el silencio reinó en la habitación. Tal vez no estaban tan lejos de encontrar la verdad—. Se supone que este año presentaría el mismo pero mejorado. Veamos los análisis, tengo un mal presentimiento sobre esto.


Arrancaron de un solo jalón el sello que cerraba el sobre, liberando los resultados de la autopsia. Su compañero empezó a leer.


El asombro era más que evidente en sus expresiones.


—¿Tienes la misma hipótesis que yo? —La duda invadió sus corazones.


—Si su hipótesis se refiere a que otra vez volvió a cometer el mismo error, pero aún más desastroso que antes, pues sí.


—Es que todo concuerda, estos bichos son omnívoros, comen cualquier cosa.


—Siento náuseas. Sólo nos queda esperar mañana los resultados de lo que encontramos hace unas horas.


CONTINUARÁ...


20 de Julho de 2019 às 05:06 5 Denunciar Insira 2
Fim

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Ana Paula - Me gustan las rosas <9

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Zaycko Joria Zaycko Joria
Para cuándo la continuación? Tienes mucho para explotar aquí. Y por favor que Marte no sea rojo esta vez, ja ja.
Omar Castro Omar Castro
No habían hecho ya una película sobre esto? Un poco fanservice, por favor, que aparezca el monstruo cucaracha gigante! XD Ya en serio, a la espera de que lo traigas en esta historia uwu
5 de Novembro de 2019 às 16:39
Zaycko Joria Zaycko Joria
Termina oye! Soy un lector muy cargoso y desesperante. :D
21 de Julho de 2019 às 12:06

~