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El suave brillo de la luna acariciaba levemente la habitación, bañándola en un color azul oscuro y tibio.

Aparte del bulto que parecía moverse cada dos o tres minutos, el dormitorio pasmado como cuadro pintado al óleo permanecía sin modificar.

De tanto en tanto, del bulto amorfo que convulsionaba de repente, emergía una pequeña manzanita de la cual descendía, atada por una cinta plateada, la oscura cabellera como hoja curva ocultándole la nuca. Parecía observar con atención al extremo opuesto de la habitación, donde se encontraba la puerta. Se mantenía por unos instantes en este estado, para luego volver a refugiarse en las suaves sabanas de piel, cerrar los ojos y contener el estanque, que fluye por las venas de los sentimientos.

Nunca se había extendido tanto la túnica nocturna, nunca habían callado de manera tan absoluta los ruidos risueños y estrepitosos que irrumpen y retumban en el tímpano del cielo estrellado.

La gran pálida con olor a Feta se abalanzaba con toda su magnificencia, casi con un tono amenazador. Con una pisca de maldición, con un resplandor rojizo que alertaba hasta el último de los peludos rabiosos llenos de odio que rondan los bosques.

Súbitamente ahora, se irguió de un chasquido, con un aire tembloroso, de inocencia e incertidumbre. Fijamente agujerando a intervalos la madera y la manilla, como esperando, o esperando que no.

Como por acción taumatúrgica, las delicadas fibras verdes que danzaban al viento se inmovilizaron, se pintaron de blanco azulino; la ventana cristalina se trizó y reveló el aire afónico ensordecedor que pulsaba dentro, que retenía al oxígeno, que arrancaba el rojo a la sangre.

El enfoque trizado del vidrio cubrió la entrada de la visión.

La pálida y quebradiza silueta a la mitad destapó, con la garganta borboteando, con la boca abierta, enseñando la dentadura, pero muda.

Un tronco negro sin piedad se posó bruscamente sobre sus labios, la encerró entre sus ramas encapuchadas, y arremetió con su lanceta que a la fuerza penetró el cuero, para luego retroceder manchada del brote de vida que emana y se escapa de su figura.

El silencio se calla. La silueta cae vehemente sin disputa sobre sus capas, descubierta. El leño contempla con ojos caídos la obra efectuada, se aproxima a la ventana trizada, y cierra la persiana.

7 de Julho de 2019 às 05:27 0 Denunciar Insira 1
Fim

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