Ekat: Kokkyo de Konran Seguir história

u15613446511561344651 Jacqueline Q-Herrera

Katy despierta esta vez en Japón, el país dominante tras la guerra y el colapso. Desde ahí se vincula con el trabajo de espionaje para la realeza. ¿Cómo podrá superar sus ganas de vinculación, su espíritu amable, la cruel realidad?


Ficção científica Todo o público.

#romance #cyberpunk #bipounk
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¿Retorno?

Me desperté en un hospital, camas a ambos lados de la pared, esta vez no estaba sola. Gulb me miro desde su bata blanca, haciendo el gesto que significaba una sonrisa. Levanté mi bata, para ver las pequeñas y blancas líneas que estaban donde las heridas habían sangrado.

Mi vientre estaba plano.

No quería ver nada, no quería estar allí, en ese hospital tan feo, lleno de gritos y respiraciones agitadas. No quería estar en ningún lado. Quería el frio en mi cara, quería el olor de los árboles y la tierra, quería el calor del cuerpo de Manuel. No comí nada de lo que me trajeron. Sólo me revolví entre las sabanas hasta donde las vías me dejaban moverme, imposibilitada de respirar sin llanto. Pasado unos días la enfermera me mostró una silla de ruedas, me subí. Al otro lado del camino estaba el padrino, nuevamente, junto a Gulb, de ahora en adelante, mi hermano.

-Pequeña, están tan delgada... -se impresiono al verme. –Tan triste... lamento tanto haberte enviado allá.

-Te trajimos para darte explicaciones. ¿Me entiendes? –Dije que sí, con las manos sobre mi vientre. – ok, dije que nos habían hecho ir hacia allá nuestros superiores tras fugarnos del campamento enemigo. Dije que tú habías ido tras la promesa de volver al ejército normal, que en el camino había pasado... eso. –Me aferre al vientre, baje mi cabeza y gruesas lagrimas mojaron mis manos. –Estamos en otro continente, al este de Enron, donde aun no somos parte del conglomerado del mismo. Hay presiones políticas para hacerlo. Tú serias algo así como espía para Trimac, sobre detalles de su modo de vida, nada más. No se te exigirá, pero es una buena oportunidad para... que continúes tu vida de alguna forma.

El padrino me tomo la mano. –Te dejaremos sola. –Asentí y se marcharon.

Lloré muchas horas, sentía que la tristeza era infinita, y que cada célula lloraba por separado. Había perdido a mi amor de niñez, y había perdido mi bebé. Mi cerebro en shock no buscaba ni pedía explicaciones, solo deseaba estar triste. Pero no se me pasaba por la cabeza el hecho de dejar de existir para acallar el dolor, como podría pensarse. Lloraba desde los huesos, desde mi útero para siempre dañado.

Tiempo después supe que Gulb no dejó que me dieran mas calmantes, ni me obligaran a comer por vía. Tarde días en buscar, por mi misma, comida y agua. Cuando fue a verme, yo tragaba unos nuggets, y ya no iba a llorar más. Por el momento.

-Pequeña, no quise molestarte antes, pero aproveché de hacerte todos los estudios que quería hacerte antes. Acá tengo tus scans, que muestran los cambios que se producen en tus huesos y musculatura, y la actividad cerebral denota que eres metahumana además de sobrehumana. Hay un problema legal, si no tienes dieciocho cumplidos, no eres mayor de edad y en cambio te dieron un grado en el ejército bastante alto, por el cual ya no tienes que ir al frente si no deseas, pero puedes hacer infiltración, que es lo que necesitamos, o puedes disfrutar de varios lujos.

-Espera, espera!! –lo interrumpí. – primero quiero saber cómo salimos de ahí.

Se sentó en la cama, respiro profundo. Parecía cansado, avergonzado.

-cuando saliste ese día, yo me fui hacia lo alto, para vigilar la operación. Fue una bala perdida la que te dio en el vientre. Vi... vi desde lo alto que a diez kilómetros había una base de la cruz roja. Tu brigada ya estaba a tu lado cuando llegué. Les dije lo que había visto. No tenias... no teníamos chances de sobrevivir si seguíamos en la base. Los compañeros que quedaban... fueron furiosos a darles alcance, a los pocos soldados del contingente que estábamos atacando, los masacraron, y pasaron hacia la cruz roja como refugiados. Andreas fue quien llegó primero a tu lado, estaba vestido solo con una camiseta, porque la chaqueta la amarró alrededor de tu vientre, que aun se movía. Le di a Andreas el mensaje sobre a donde me dirigía. Asintió, y me dijo que si vivías, fueras al pueblo de su madre, y le dijeras donde estaba para que le llevaran su comida preferida. Y te cargué hasta allá.

Me reí entonces. Era algo que Andreas diría.

-Te tomé y cruce la frontera. Di nuestros datos, y te entregué. Nunca se sabe. A los dos días estabas en este excelente hospital, conectada a muchos tubos. Lo siento, no pudieron hacer mucho por tu bebé, pero más que la bala, que te atravesó a ti más que nada, fue que no era muy viable. No teníamos como saberlo, tampoco, pero ahora lo sabemos. Necesitas suplementos, tu cuerpo, con todas las hazañas que eres y podrías ser capaz de hacer, necesita retomar energías a un ritmo también sobrehumano. Las convulsiones son producto de la falta de ciertos químicos. No los tuviste mientras estuviste embarazada, pero eso solo nos decía que en ese momento tú estabas muriendo. Ahora, a mi me ofrecieron este estupendo puesto, estamos en Tokio, para darte más datos, seré director del hospital.

-Acá vive el padrino.

-Sí, tu protector es alguien importante aquí, pero no muchos conocen todas sus actividades. Te ofrecen el puesto de guardia imperial, para cuidar de las princesas. ¿Qué te parece?

-Es un puesto de convaleciente.

-Sí, pero para empezar... me gustaría hacerte más pruebas.

Con el tiempo supe que Andreas y los demás dieron un giro inmenso, siguiéndome, para llegar a la cruz roja y entregarse. Todos recibimos el mismo trato de refugiados, y casi idénticos puestos en el ejército. Ellos continuarían en mi vida mucho tiempo.

De los que quedaron atrás, habían llegado a otra cruz roja, pues se fueron al norte. Se habían entregado, y fueron recibidos también, pero bajo otras condiciones. Nuestro pequeño pedazo de cielo anárquico era rodeado tanto por ambos ejércitos, que se concentraron en batallar cerca de donde estábamos, como por países neutrales que querían ver finalizada la guerra. Nuestra oposición a ambos ejércitos les ayudo a reforzar la idea de la tregua, y el territorio que estaba siendo bombardeado fue repartido por países benefactores, con una paz que mientras yo descansaba en coma en el hospital, era negociada.

Segunda vez que me perdía el fin del mundo, y el inicio de otro, me dije a mi misma, ante la imagen que me devolvía la ventana que con la oscuridad de fuera, se volvía espejo.

3 de Julho de 2019 às 18:56 0 Denunciar Insira 0
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