Llévame Seguir história

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Mark Martin


Llévame, cuenta una breve pero explícita historia de como una pareja de esposos, completamente enamorados deciden adentrarse juntos en una aventura, donde la moral y las inseguridades se desvanecen a medida que descubren la manera en que se puede vivir la sexualidad en pareja, sin que esta sea limitativa a 4 paredes y 2 personas. ideal para principiantes en el tema, tanto para hombres como para mujeres.


Erótico Para maiores de 18 apenas.

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Parte 1.1

- ¿Y la gente se desnuda y anda por ahí caminando como si nada? - Preguntas con verdadera curiosidad

- No lo sé. Supongo que debe haber algunas reglas. Como en todo. - Responde tu esposo con aparente tranquilidad.

- Imagino que todos tendrán sexo en cualquier lugar-.

-Bueno, no creo que todos. Algunos irán por el espectáculo, ver los cuerpos, estudiar la manera en que lo hacen y algunos irán a que los vean igualmente. - Pudiste observar un poco de morbo en su cara.


El viaje hacia el lugar permitió un poco de tiempo para que, de la misma manera, junto con la conversación y las preguntas que hacías, dejaras volar un poco tu mente e imaginaste como podría ser el lugar al que se dirigían. Muchos escenarios y posibilidades se cruzaron inmediatamente, sin quererlo te soltaste un poco, lo que provocó que sintieras un ligero flujo corriendo hacia tus labios vaginales, que ya los sentías un poco hinchados. ¿Qué estaba pasando? ¿En realidad la idea te estaba gustando? No podías creer que estabas empezando a mojar la pequeña tanga de hilo negro y encaje transparente bajo el vestido ajustado que llevabas.


Para ti no era habitual vestir así, salvo en ocasiones especiales y a petición de tu esposo y sólo para él. Sin embargo, esta vez te sentías más sexy de lo habitual, pues sabías perfectamente lo que tu cuerpo era capaz de provocar, por lo que con algo un poco más provocativo podrías llegar a nuevos alcances. Tal vez esto lo detectó en ese momento tu compañero de vida de muchos años, te envió una mirada suspicaz y separó con su mano una de tus piernas, subiendo un poco tu vestido tocó apenas tu calzón haciéndolo a un lado, generando un delgado hilo de tu flujo pegado a este. -Estas muy mojada ya, me gusta- te dijo, y con la punta de su dedo acarició tus labios recogiendo tu humedad. El dedo estaba empapado y sin dudarlo lo puso en su boca y lo saboreó como si fuera el manjar más preciado. -Vaya que estás mojada- Te dijo con la voz casi entrecortada.


Realmente no te sentías del todo excitada. Estabas mojada sí, tal vez en anticipación por no saber que esperar de esta nueva experiencia. Nuevamente sentiste los dedos de tu marido rosar la entrada de tu vagina, esta vez llenó dos dedos con tu fluido y los llevo a tu boca. Habías probado tus jugos anteriormente, en esta ocasión el sabor te intensificó los sentidos. Era tu mismo cuerpo anunciando que tal vez estabas lista para lo que viniera.


Detuvo el coche y te dio un largo beso. Sentiste su lengua mezclar tu flujo y las salivas de ambos. Que embriagante era esa sensación. El saber que tu hombre deseaba tanto el probarte y disfrutar de lo que tu cuerpo le ofrecía. Podría pasar su lengua por todos los rincones de tu cuerpo, por escondidos que estos fueran. La pasión con la que se entregaba a ellos dejaba claro que lo volvía loco tu olor, tu sabor y textura de todo lo que formaban tus líneas físicas.


Continuaron el trayecto hablando de todo y nada, pues los pensamientos de ambos seguían inmersos en la incertidumbre. - ¿Estas Nervioso? - Preguntaste. -Sí, algo nervioso, muy nervioso, a decir verdad- Sonreía tu esposo al contestar.


Te agradó mucho saber que tenía el mismo sentimiento que tú, pues la aventura se volvía más íntima, más de los dos. No se trataba de un maestro enseñando a un alumno o de un padre guiando a su hija. Mas bien se trataba de un episodio que desarrollarían juntos, en igualdad de condiciones y al mismo tiempo. Vaya, una cosa más que hallaste excitante. Sí, la complicidad agregaba un toque casi místico a algo que habían hablado constantemente, de frente, sin tapujos, sin mentiras. Sinceridad. Verdad. Confianza. Realmente te encendían esos conceptos.


Finalmente llegaron al lugar. Un poco alejado para tu gusto, pero que finalmente lo volvía más cómodo ya que únicamente se veía un simple portón en la entrada, rodeado de abundante vegetación. Incluso parecería un lugar semi abandonado de no ser por los faroles que iluminaban tenuemente desde las esquinas formadas por 2 pilares armados de bloques de adobe finamente colocados.


Con sólo acercar el auto las puertas se abrieron con movimientos casi automáticos, con la diferencia que carecían de motor que las impulsara. En cambio, un par de manos se aferraban por cada hoja del portón que servían para ocultar los rostros de las personas que lo abrían y de esta manera no ver a las personas que entraban a sus autos, al menos no de forma evidente.


Continuaron por un camino de huellas de piedra que se flanqueaba por unos pequeños postes de luz. A unos 50 metros, apareció ante tus ojos lo que parecía ser una hacienda remodelada y aparentemente modernizada. Se proyectaban diferentes colores en toda su fachada de manera muy sutil. A simple vista no era gigantesca pero tampoco pequeña. Podría albergar tal vez a 100 personas. Podría decirse que, en conjunto, el lugar invitaba a visitarlo y explorar lo que podría albergar en su interior. Al acercarse al edificio se distinguían alrededor de 10 ventanas, todas desprendían una luz muy tenue, tal vez generada por candelabros o focos asemejando la que produciría varias velas.


Estacionaron el coche en una hilera que ya formaban algunos carros, justo enfrente de la pared de un costado de la casa. Tu esposo apagó el motor y con toda la calma y paciencia del mundo, tomo tu barbilla y te miro a los ojos. – ¿Estás segura de entrar ahí? Jamás buscaré obligarte a nada ni mucho menos causarte daño-. Sin responder, tomaste el antifaz que habían elegido para esa ocasión. -Vamos antes de que me arrepienta- Con una sonrisa, tu marido se colocó su máscara y salió del carro de un brinco.


Tu corazón latía frenéticamente, pero aparentabas calma. Se tomaron de la mano y caminaron hacia la puerta de entrada y alcanzaste a escuchar la música del interior, sin embargo, se distinguía quien cantaba o que tocaba, pero definitivamente era un ritmo más ambiental, no estridente ni raro. Realmente te preocupaba que sonara un género parecido al death metal o algo utilizado para amenizar un ritual satánico, por lo que te relajaste un poco.


Llegaron a la entrada principal y subieron un par de escaleras. Ahí, tu pareja te miró de pies a cabeza. Estabas deslumbrante: tacones altos, vestido ajustado, una cadena alrededor tu cuello muy sutil, tu cabello discretamente arreglado cayendo apenas sobre tus hombros y finalmente, el antifaz enmarcaba una imagen tuya sumamente interesante. Se notaba su excitación al enviarte esa mirada que escaneó cada parte de ti. Era como si se quisiera cerciorar que no se trataba de un sueño; realmente iba acompañado de esa mujer. Su mujer.


No alcanzaron a tocar y la puerta se abrió. -Vaya, se anticipan a todo- Pensaste. -Seguro todo está lleno de cámaras- Rogaste que no estuviera de igual manera el interior del lugar. La persona, al parecer un mesero o algo parecido, también llevaba una máscara blanca con detalles en negro, los cuales hacían “juego” con su uniforme. Claramente se veía que estaba pensado de esa forma.


– Buenas noches. Son $3,500 pesos por pareja. No incluye bebidas, pero sí la barra de alimentos- Así, sin más, soltó la persona. No había preguntas secretas, ni contraseñas, ni iniciaciones masónicas para poder entrar. Aparentemente, cualquiera que veía la “invitación” en la red social especializada, que pudiera pagar y quería ir, pues entraba. Es por esa razón, creíste, que el precio era elevado; una especie de filtro. Eso sí, la política de ingreso para hombres solos era un caso aparte, de análisis y disertación digno de un consejo colegiado, según explicó el anfitrión.


-Pulsera Verde, Amarilla, Azul o Negra? – Peguntó él mismo. – Por ahora Verde- Se anticipó tu marido. -Muy Bien, síganme por favor- Dijo la persona después de recibir el dinero y colocarlo en una especie de caja colocada en el recibidor. - ¿Verde? - Preguntaste. -Así es, obvio antes de venir hice un poco de investigación. Ese color es para las parejas “Soft”, es decir nada de intercambio y mucho menos penetración, sólo ver y cachondeo- Explicó tu pareja. ¿Cachondeo? Ese tipo de palabras seguro son del “ambiente”. No quisiste ni pensar para que tipo de personas serían las pulseras negras, pero de seguro harían juego con el color de su conciencia. Te sentiste aliviada. Tal vez sin menos presión.


La persona que los recibió los guió por un pasillo que terminaba en una sala bastante amplia, donde se apreciaban 3 o cuatro sillones, salas y algunas mesas tipo bar. Había alrededor de 40 personas, casi todas con sus máscaras, sólo algunas iban descubiertas. El entorno era oscuro y había algunos rincones, pero se alcanzaba a distinguir que la mayoría de las mujeres vestían provocativamente, algunas ya tenían los senos descubiertos, vistiendo tangas diminutas o sin nada en la parte de abajo. Los hombres vestidos muy formales, con saco y corbata algunos.


El ambiente se percibía erótico, tal vez por la cercanía de algunas parejas o grupos de personas. Algunas mujeres sentadas en las piernas de sus acompañantes, siendo acariciadas de arriba abajo, charlando animadamente con los demás participantes de su círculo. En otros espacios había parejas solas, observando el espectáculo que se desarrollaba en una especie de escenario improvisado. Si bien no era un show digno de Broadway, las personas ahí arriba hacían su mejor esfuerzo. Hombres y mujeres vistiendo exuberantes vestuarios bailaban y vocalizaban al ritmo de la música y las letras sensuales que se escuchaba por todo el salón. Tal vez lo habrían exportado de un bar gay y se presentaban en ese lugar, en ocasione especiales.


Los sentaron en una mesa baja, que tenía un sofá bastante cómodo con una silla ligera al frente, podían ver prácticamente todo alrededor, sin embargo, no querías voltear a ningún lado, temías ser vista, aunque era difícil que alguien te reconociera, aunque llegaste a la conclusión que, si así fuera, bueno pues ellos también estaban ahí ¿qué no? Probablemente al principio no querías mirar a tu alrededor para no ver nada para lo que no estabas preparada.

-Traiga una botella de vino tinto por favor, la que tú me recomiendes está bien- Dijo tu esposo casi inmediatamente después de tomar asiento en el rojo sofá. - ¿Estás bien? - Te pregunta.

-Sí, un poco sacada de onda tal vez. No sé, son muchas cosas nuevas- Respondes casi de inmediato.

-Así es, pero lo nuevo puede ser interesante ¿no crees? -

- Supongo, hay muchas cosas que pueden ser interesantes y otras no

- Estoy de acuerdo, ¿te parece que juntos descubramos que es y que no es interesante?

- Claro, contigo sin dudarlo. Sellaron con un beso la conversación mientras llegaban un par de copas, una botella vino en un recipiente y una tabla de quesos.


Brindaron y se relajaron un poco más. Aquello no estaba mal del todo. Conforme el tiempo pasaba y veían llegar y transitar a las personas, se sentían más parte del lugar. Como si el ambiente los envolviera en modo “fast forward” al estar tan solo un par de horas adentro. El show era entretenido y divertido. Concluyeron que estaba pensado para distraer del transitar de parejas dentro de la sala y hacia los demás sitios que se encontraban alrededor, con el objeto de dar un poco más de discreción por así decirlo. Cosa que, pensaste, era lo menos que había en ese lugar.

Mientras ambos comentaban de varias cosas que ocurrían alrededor de su mesa, se acercaron a ustedes una pareja, llevaban antifaces más discretos y se podía adivinar fácilmente su edad. Rondaban los 45 años, se notaba que cuidaban su físico, tal vez por eso aparentaban menos edad. -Hola, ¿Nos podemos sentar un momento con ustedes? Prometemos no incomodarlos- Dijo la mujer con una amplia sonrisa. -Claro, adelante- Contestaste llena de sorpresa y de un color ruborizante que recorría todo tu cuerpo y que supusiste, se denotaba en tu cara.


Nerviosamente se removieron en el sillón. Ella quedo a tu lado y el hombre se sentó en la silla de enfrente, respetando su espacio personal. - ¿Primera vez, cierto? - La pregunta del acompañante masculino sonó trillada y más por los colores de las pulseras que ellos portaban: Negras, las cuales significaban que estaban dispuestos a intercambio con penetración. Típico, creíste, ellos son los experimentados, así no haya sido la primera ocasión, eso tendría que ser un rompe hielo en cualquier conversación en una fiesta así.


Y así fue, la conversación de inmediato se tornó muy abierta y sorpresivamente amena. Descubrieron que la pareja tenía casi 20 años de casados, desde muy jóvenes tuvieron 2 hijos y después de vivir muchos altibajos y dificultades, ahora se dedicaban a disfrutar de la vida en todas las formas posibles. Precisamente en lo físico, el compartirse con otras personas les daba mucha satisfacción. El sexo según ellos era increíble y casi todo lo que les confesaron era positivo. Nicolás y Karina dijeron llamarse. En todo momento fueron respetuosos y nunca presionaron respuestas ni puntos de vista, aunque lógicamente Nicolás siempre estuvo atento a tus piernas y notabas una clara excitación en su pantalón. En algún momento su esposa lanzó un comentario al respecto, sin embargo, al no obtener continuidad, se disolvió rápidamente. Después te darías cuenta de que se alcanzaba a ver un poco de tu entrepierna y la sexy lencería apenas cubriéndola. Como premio de consolación, dejaste un poco más de tiempo para que te observara, cruzaste las piernas definitivamente y acomodaste tu vestido, mandando la señal clara de tu negativa a cualquier situación que él pudiera imaginar.


Pasaría tal vez 1 hora en la cual estuvieron charlando de temas diversos, como el hecho de que también practicaban el “Hotwifing”, es decir Karina podía tener relaciones sexuales sola, con distintos hombres, sin que estuviera presente su marido. O, mejor dicho, ella podía serle infiel siempre y cuando él lo supiera y lo permitiera, de hecho, muchas veces él mismo le escogía a sus parejas, tanto en físico como en performance. Fuerte, muy fuerte, fue lo primero que se te vino a la mente. Pero bueno, algunas de tus amigas y conocidas lo hacían de todos modos. Que mejor que tener el permiso de sus esposos. Cuantos problemas y divorcios se habrían evitado.


Estabas absorta en tus pensamientos con lo que te confesaron, cuando Karina comentó que iban a entrar al cuarto “Tantra” y que si no les interesaba conocerlo. De inmediato declinaste y agradeciste la invitación y los despediste con un tal vez verlos por la hacienda en cualquier momento. – Bueno, si quieren saber de qué se trata pueden echar un vistazo cuando gusten- Concluyó Karina con una sonrisa disimulada a tu marido, como para que se animara a convencerte, mientras se levantaba lentamente, dejando ver parte de su trasero apenas cubierto por una microfalda, era evidente que no llevaba ropa interior, tan solo unos finos ligueros de encaje que sostenían unas medias negras.


-Pues vaya que no se andan con cosas aquí- Increpaste a tu esposo. – Yo creo que es parte del código de conducta. Tratar de ligar y ver si pega. Aunque me pareció que iban muy tranquilos la verdad- Un poco dudosa, pero finalmente le diste la razón. La realidad es que no hubo ningún momento de presión.


Tan inmersos estaban en este asunto que no alcanzaron a notar que la sala estaba casi vacía. Miraste alrededor y observaste que, en uno de los sillones pegados a la pared de atrás, se encontraban dos parejas teniendo mucha acción. Pudiste ver que en un love seat estaba sentado, con los pantalones a los tobillos, un hombre de unos 30 años y sobre él sentada una mujer un poco mayor que él completamente desnuda. Ella estaba de frente al otro sillón, de manera deliberada abría sus piernas dejando ver claramente su vagina y la forma en que entraba y salía el pene de su amante. Las embestidas eran profundas, pero quedaba una parte afuera cada vez que ella se inclinaba hacia atrás, dejando ver los rastros de sus fluidos en la base del tronco del falo que la poseía, prueba fehaciente de la gran excitación de ambos. La pareja que observaba con morbo y excitación, también estaban completamente desnudos. Ella masturbaba ágilmente a su compañero mientras acariciaba su propio clítoris, que dejaba ver claramente, ya que tenía una pierna encima del respaldo del sillón, tratando de mostrarse de igual manera a la pareja que mantenía el ritmo frenético a poca distancia de ella. Tal vez era su manera de agradecer el pequeño show personal que les estaban montando.


Era una escena interesante, el mostrar de esa manera sus cuerpos te pareció digno de reconocerse. No eran perfectos, pero tampoco daban repulsión. Simplemente se disfrutaban y les agradaba que así mismo, los vieran como son. Al parecer, también ustedes disfrutaban de esas imágenes, pues duraron algunos minutos viéndolos de manera hipnótica, hasta que el hombre que era masturbado terminó sacando una buena cantidad de semen, cayendo en la mano de su masturbadora, quien de manera gustosa lo llevó a su boca y lo probó como si fuera un control de calidad del buen trabajo que había hecho. Era la primera vez que veías en vivo como otro hombre (aparte de tu pareja) eyaculaba, la manera en que salía el líquido, con los espasmos que recorrían todo el tronco de su pene, tornando la punta en un monte nevado. Era muy explícito para tus estándares, sin embargo, no te pareció desagradable, pues era la conclusión digna de ese acontecimiento.


Te sentías un poco más acalorada. Notaste la erección de tu marido a través de su delgado pantalón y te acaloraste más. -Vamos a dar una vuelta y explorar- Atinaste a decirle. De inmediato se levantaron y se dirigieron a un pasillo donde numerosas personas habían transitado durante la noche.


Al ingresar ahí, la oscuridad era más profunda, únicamente se alcanzaban a distinguir algunas puertas. A pocos metros estaba una de ellas abierta, entre la oscuridad que cada vez era más nítida se veía a una mujer sentada en el borde una cama amplia, tenía tres miembros erectos frente a ella. Su presencia no inmuta a nadie, el sonido de la fricción del látex con el roce de su boca es constante. Están cómodos, lo disfrutan.


Simultáneamente, en el cuarto de a lado, un trío prueba otras posiciones. Un hombre sentado recibe una felación de una mujer que tiene manos y rodillas en el suelo, un tercer integrante a la vez la penetra analmente. Los gemidos van a ritmo y varias personas observan el acontecimiento, mientras otras parejas practican sexo de diferentes maneras. El olor a sexo inundaba todo el ambiente. Eran tantas hormonas, feromonas y aromas corporales que volaban en el aire que resultaba intoxicante, como una droga colectiva que provocaba los más bajos pensamientos y acciones.


Continuaron recorriendo el lugar y en un cuarto pequeño más adelante la luz se tornaba un poco más tenue, el lugar estaba cargado de colores rojizos. Alrededor de una cama unida con 2 colchones grandes y cubierta con una sábana de satín marrón, se encontraban tres sillones con formas curvas, una especie de letra ese (S) acostada. Pudiste ver una placa pequeña en una lateral, “Tantra Chair”. Miraste de inmediato a tu alrededor y efectivamente, un poco más lejos estaba la pareja que conocieron hace unos momentos. Nicolás y otro hombre masajeaban el cuerpo desnudo de Karina quien yacía boca abajo sobre una de esas sillas. Ambos se turnaban para bajar por su espalda y piernas y meter uno o dos dedos en su vagina y ano alternadamente. Ella dejaba salir un gemido de vez en cuando. Estaba en éxtasis con los ojos cerrados.


Tu pareja se sentó en el borde de una de las sillas y te acercó hacia él con una mano, te dio un beso húmedo y dijo en voz baja: -Quiero que lo metas en tu boca, ya no puedo más- Tu grado de excitación no te permitió pensar demasiado, te hincaste frente a él, desabrochaste el pantalón y bajaste sus bóxers. Estabas dispuesta a calmar su calentura y la tuya de igual manera. Sacaste su pene con una mano y lo metiste directo a tu boca. Jugaste con tu lengua arriba y abajo, llegabas a sus testículos y los masajeabas con tus labios. Llegabas nuevamente hasta arriba y limpiabas el líquido que salía de la punta del glande. Lo saboreabas y volvías a enrollar tus labios para chuparlo y meterlo cada vez más. Realmente lo disfrutaban mucho. Te dejaste llevar y lo succionabas más y más, querías derretirlo con tu saliva. Notaste que con los movimientos y la posición que tenías provocaba que poco a poco tu vestido fuera subiendo, dejando descubiertas tus nalgas y la lencería que portabas, que apenas cubría tus hermosos orificios.


Era evidente tu humedad, se podía ver a través del encaje del micro hilo dental. Estabas expuesta, los pocos presentes eran capaces de observar tu grado de excitación. Podían analizar la manera en que hacías una felación a tu esposo. Él se inclinó y acarició tu espalda baja y llegó hasta tus glúteos y los tomo con ambas manos, en ese momento ya habían volteado a verlos un par de personas, lentamente separó un poco ambas nalgas, el hilo se corrió levemente y dejó ver enteramente tu ano y una parte de tus labios mayores. Lo que hiciste después fue sacar más tu trasero y meter más el pene de tu esposo en tu boca. Estabas fuera de ti. Te gustaba saber que estaban viendo tu deseo y fogosidad contenidos en tu intimidad.


Tu marido te levantó y te dio un beso nuevamente. Subió el vestido lentamente y lo fue quitando hasta que lo sacó completamente. Todos podían ver tu cuerpo semi desnudo. Tus pezones erectos al máximo, tu espalda y vientre tonificado. Tus piernas prefectas. Él se quitó el resto de la ropa y te tomó de las manos. Te llevó hasta la cama y se acostó primero. Ya encima de él, pasaste ambas piernas por sus costados. Lo besaste y bajaste lentamente por su cuello, pecho y obligo. Nuevamente tomaste su pene y pasaste toda tu lengua por él. Te hiciste para atrás y decidiste que la pequeña pieza de lencería te estorbaba, por lo que la fuiste quitando poco a poco. En segundos estabas completamente desnuda en la mitad de un cuarto con extraños, sentías una electricidad recorrer todo tu cuerpo. Demostrabas todo su esplendor, tu tatuaje que llevas en la espalda sobresalía haciéndote ver más sexy, te apreciabas deseada y admirada. Nunca habías sentido algo así, ser observada de esa manera, ni siquiera con las fotos eróticas que ustedes publicaron en su perfil en las redes sociales enfocadas para el ambiente. Pudiste ver que un par de hombres que te veían detenidamente se tocaban sus miembros totalmente erectos, imaginando tal vez que te poseían ahí mismo. Era demasiado intenso, tanto así, que sentiste como un hilo de flujo nuevamente salió de tu vagina. Realmente estabas encendida.


Te agachaste otra vez y succionaste el pene de tu esposo, esta ocasión en cuatro puntos. Querías mostrarte, que vieran lo húmeda que estabas y la manera en que hacías un fantástico oral. Después de unos minutos en esta posición, te volteaste y pasaste ambas piernas por encima de su cara, deseabas que tu marido saboreara tu vagina. De inmediato él lo hizo gustoso y estaban en un delicioso 69, recogió con su lengua tus flujos y con la punta deslizó por cada uno de tus labios. Lentamente llegaba hasta tu clítoris y lo masajeaba haciendo círculos. Luego subió con su lengua poco a poco y llegó hasta tu ano, lamiendo todos los bordes, te hiciste para atrás para que entrara un poco la punta en tu apretado orificio. La sensación provocó que metieras más el pene en tu boca. Casi llegaba a tu garganta y regresabas nuevamente a la cabeza.


Así estuvieron varios minutos que parecieron simples segundos, hasta que te retiraste y te acostaste boca arriba. Tu pareja se colocó encima de ti y te penetró completamente. Estabas tan lista y dispuesta que no opusiste resistencia y entró hasta la base. Te llevaba al éxtasis con cada penetración. Entraba y salía fácilmente, más aún cuando te levantó las piernas y alzando un poco tu trasero pudo llegar más adentro. Incrementó el ritmo y profundidad, ahora gemías más y más fuerte. Tus gritos de satisfacción se escuchaban por todo el cuarto.


En medio de tu clímax, sentiste a tu lado una presencia, eran Nicolás y Karina, que habían llegado a la cama. Ella estaba montada en su esposo y subía y bajaba del miembro erecto con un vaivén precipitado. Al mismo tiempo chupaba el pene de su tercer acompañante. Los tenías tan cerca que con tan solo estirar tu mano podías tocarlos. Jamás pensaste que estarías en una posición similar. Haciendo el amor junto a 3 extraños en la misma cama. No sabías que tenía de estimulante la situación, pero al verlos en ese frenesí te provocó otro orgasmo. Te recostaste de lado viendo hacia el trío y volvió a entrar en ti. Esta vez tenías mejor visión y con cada embestida te acercabas más a ellos Podías ver muy de cerca el pene de Nicolás entrando en el de su pareja. Nuevamente ese olor a sexo. Tu mente estaba en blanco, como poseída por el momento. Tu marido tocaba todo tu cuerpo, paseaba por tus senos, jalaba tus pezones, te tomaba de la cintura, te agarraba las nalgas y las separaba para que entrara más. Viste como su cara cambió, estaba a punto de terminar. El éxtasis se apoderó de él y después de varias embestidas más, descargó todo su semen adentro de ti. Esa sensación de calor era incomparable. Te sentías satisfecha y completa.


Te besó y acarició por unos momentos, mientras los demás que se encontraban en la cama continuaban con su sesión grupal. Retiró su pene y un poco del semen se salió de tu interior escurriendo por debajo. Todos observaron ese momento, miraron tu vagina recién penetrada, dilatada y llena del semen de tu hombre. Vaya cuadro que pintaron juntos. Era tan interesante que Nicolás acabó en ese momento por fuera de Karina, regando todo su trasero con su líquido blanco, mientras que el tercer acompañante hacía lo mismo en la boca de la mujer, la cual, sin pudor alguno, trago casi por completo, dejando solo un poco alrededor de sus labios.


Era la finalización de un momento tan intenso y fuerte que jamás habías vivido. Una primera experiencia, la primera vez. Tu pareja y tú, con una sonrisa de complicidad dirigida a sus compañeros de cama, se levantaron, los dejaron en su asunto y así sin nada que los cubriera caminaron hacia los baños y regaderas que estaban dos puertas más allá.


No exploraron más del lugar, regresaron a su mesa privada y se terminaron el poco vino que quedaba. Era hora de salir del lugar. En el camino de salida se cruzaron con Nicolás y Karina. Se despidieron como si nada hubiera pasado, con un tal vez nos volveremos a ver.


De regreso hubo silencio, no fue incómodo, más bien ambos estaban absortos en sus pensamientos. Cada uno analizando lo sucedido, desde su perspectiva y punto de vista. Finalmente, ambos coincidieron que fue una experiencia muy buena. Te sorprendiste al ser tú la que dijiste que era digna de repetirse alguna vez.


Descansaron como nunca esa noche y continuaron con sus vidas al día siguiente.

2 de Julho de 2019 às 17:00 0 Denunciar Insira 0
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