Año 2019 Seguir história

ccas_tle Jocelynne Castillo

Una pequeña visión de un personaje que me persiguió hace unos meses. Tal vez vuelva a subir algo de está Jemma.


Conto Para maiores de 18 apenas.

#amor #suspenso #mamá #hermanos #depresión #familia
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¿Cómo empezar de nuevo?

Día dos de enero del dos mil diecinueve, aún podía escuchar los fuegos artificiales, el calor se siente cada vez más insoportable. ¿Por qué nací en un país en donde el verano nos visita en navidad? Me gusta el frío, que no nieve lo puedo tolerar, pero el frío es parte de mi estado de ánimo. Llevar manga larga me asfixiaba pero no quería quitármela, me sentía cómoda por más sudorosa que estaba.


Hace un mes y quince días se había cumplido un año que yo lo abandoné sin dar ninguna explicación. Sentía muchas emociones que no sabía explicar, tampoco entenderlas, tan solo quería olvidarlas pero se habían grabado en mi como un tatuaje permanente. Mi mamá contrató al mejor terapeuta de Lima el veinte de noviembre del dos mil dieciocho, pero no fui a ninguna sesión porque no sufro de nada, no estoy deprimida, ni nada de esas mierda.


Solo es la culpa que juega a veces conmigo, pero estoy bien. Hasta me atrevo a decir que estoy perfectamente bien, el resto insinúa que es negación… o tan solo es Greta. No la veo desde septiembre, dice que debo dejar de ser egoísta y yo me debato si es que realmente, alguna vez fue mi mejor amiga. Solo estuvo en las buenas… y ahora me llama egoísta.


Mis padres no piensan lo mismo que yo, los escuché susurrar a mis espaldas, interrogar a quienes se encargan de la limpieza de la casa y hasta le pidieron a Laura que siguiera cada uno de mis pasos… para ellos, no estoy tan bien como pregonó, inclusive dicen que cambie y por eso cambiaron el contrato, ahora ella comenzó a venir a casa, para ser específica: a mi habitación.


Terminé accediendo hablar con ella, respondí a sus preguntas, menos cuando quiso hablar de Berlín, me negué seguir y como buena peruana le dije que todo era una exageración. Culpe a mis padres, a la gente, a la cultura y al idioma… menos a mí.


A los hombres que me llevaron a mentir.


Odiarme a mí misma.


Darme asco.


Soy una puta mentirosa, el orgullo no me deja aceptar que pude ser yo la siguiente mujer violada o muerta en la habitación en donde una vez fui feliz.


Y como hago a diario, niego que pase por ello… me convenzo día a día que es una pesadilla incapaz de dejarme en paz. Una puta pesadilla que me tortura, ¿por qué me paso esto a mí? No lo busqué, provoque o preguntaron.


Imagine it, imagine it

Imagine it, imagine it

Imagine, imagine

Imagine, imagine

Imagine, imagine


Esa canción estaba creada para sentir cosas de las cuales no estoy preparada, es mi arma destructiva, porque lloro y sufro como si hubiera sido escrita a base de mi dolor. Es gracioso cuando una canción te lleva al infierno para después subirte al cielo.


Ariana Grande, ¿habla de quién? Yo supongo de Mac pero a mí me traía el recuerdo de ese rubio que tenía dejar atrás.


Metí a mi boca un puñado de palomitas de maíz que mastique despacio, disfrutando la sal que se derretía en mi paladar, ignorando el silencio del video. ¿Qué vendría después? La pregunta fue un adorno porque ni siquiera me preocupé averiguar. Aún me sentía… ni yo misma sé responder a eso, por eso llevaba días sin salir o ducharme; solo sabía que con esa pijama holgada, me sentía perfecta. Me sentía cómoda... o eso me convencía yo.


"La vida es un constante ejercicio de desapego".


¿Acaso era una puta broma? No entendía a qué iba esa frase pero mi cuerpo se enderezó y mis orbes achocolatados se clavaron en la pantalla del televisor.


No es cierto, claro que no... Si así fuera, ¿por qué sigo sufriendo por no tener a él? Sigo sin ser capaz de decir su nombre, aunque sea en mi mente.


¡Frustrante, es está mierda!


Me negué a creerlo y me reí con una ira que desconocía en mí pero que me frecuentaba como un adolescente enamorado; me había convertido en las personas que yo repelaba. ¿Qué me pasa? Estaba siendo una verdadera imbécil. Cerré mis párpados por largos segundos, abrazando mi almohada en forma de corazón, sintiendo el débil calor de una lágrima deslizarse por el largo de mi mejilla.


¿En serio estaba llorando otra vez? A estas alturas, le había robado el título a La Llorona.


"Si tú te despegas de todo lo que no eres tú. Te prometo que va a haber plenitud y felicidad en tu vida".


—¡Quiero eso!


Rota. Mi voz sonaba rota, destruida y mis lágrimas cayeron por mis mejillas como un torrente de lluvia en pleno verano. No podía dejar de llorar bajo ninguna circunstancia, ese extraño tiene mucha razón, en cada una de sus palabras... O eso creía. En ese momento solo me preguntaba cómo había conseguido amarse así mismo con todos sus demonios.


Yo, yo no podía dejar de pensar en ese dieciocho de noviembre del dos mil diecisiete. No podía borrar de mi cabeza la sonrisa morbosa de Louis, sus dedos en mi cintura, su voz suave que más que tranquilizarme me transmitía un miedo que no podía afrontar. Y por eso me obligó a olvidar este recuerdo.


Por qué hasta el día de hoy no podía afrontar el miedo que ese día sentí.

No pude ser valiente y decir que no. No pude retirar sus manos de mi cuerpo, evitar que me arrastré a la habitación de mi propio novio, que me lanzará al colchón que había sido testigo de mi verdadera felicidad y ahora me veía llorar como una pendeja. Eso soy yo, por creer que él es más fuerte por ser más alto, musculoso y apuesto.


¡Maldición, me cagué la vida como toda una imbécil! Por mis putas inseguridades, su falta de tiempo, mi arrogancia en creerme la gran cagada por ser hija del dueño del lugar en que trabaja él y la princesa que mis padres me habían acostumbrado a ser. Por eso yo me cagué la vida, por querer obligarme a que me entregué su tiempo, que esté dispuesto a verme cuando yo egoístamente lo necesitaba.


Soy una imbécil necesitada de atención, esa es mi verdad. Esa es mi mierda... o una parte.


—Quiero despegarme, ¿cómo lo hago?


Como no lo había hecho hace un año atrás, me levanté de un verdadero salto, sentía que estaba frente al mismo santo grial y que debía aprovecharlo en todo el sentido de la palabra. Mientras que él seguía hablando yo busqué dos piezas importantes: lapicero y una hoja. Al menos así apuntaría lo que sea que me hiciera falta.


La receta mágica decía que habían muchos ejercicios para desapegarse y uno de ellos es escribirlo. El resto no lo iba hacer, oírlo sí, pero no hablarlo. Debía de comenzar a escribir, inicie con una lista de todas las cosas a las que me aferraba.


Tenía que ser honesta conmigo misma, dolía aceptarlo, pero tenía que pensar lo bien que me haría después. Bastante difícil. Cartas individuales que describen todo, cada cosa que viví gracias a ellos y las experiencias buenas o malas que me dejaron. Una carta al dinero, fue la más costosa, porque gracias a él pude comprar personas y su respeto, por eso hicieron lo que yo no podía y quería: salir de casa para entregar mis exámenes, traer mi café o comida favorita. Más tarde, fueron conmigo a clases y me cuidaron de no estar sola... no me sintiera abrumada; pero lo mejor de eso es que no me juzgan ni me insinuaron hablar o preguntar. Se sentía toda una bendición que no duró demasiado porque en cuanto pude me volví aislar en mi habitación.


Escribí absolutamente todo lo que tenía guardado y cuando terminé la doble antes de continuar con la segunda carta, a mis padres y hermano... Esa carta provocó en mí cierta tranquilidad pero no fue hasta que llegué a su carta en donde me estanque.


No podía escribir para él, ¿qué sentido tenía? Mi furia conmigo misma creció y en un desesperado impulso lancé todo lo que había iniciado antes de ocultarme bajo las sábanas. La puerta cerrada fue bruscamente abierta pero como hago a diario, lo ignoré.


—¡Debes parar!


La luz se encendió y la voz de mi madre llamó mi atención pero no me levanté, abracé más fuerte a mi almohada con los párpados cerrados. Pude escuchar sus Bruno Ferrini en el parquet, acercándose con cada segundo. Tenía miedo, puedo sentir su energía aplastándome.


—¡Tienes que parar ahora mismo con esta estupidez! —ordenó y un sollozo escapó de mis labios. Las uñas de mi madre se clavaron en mi brazo, obligándome a volverme en su dirección. —Jemma, tienes que parar de tirar cosas porque me estás colmando la paciencia y debes salir de esta casa, bañarte, ir a la universidad, terminar la carrera, seguir modelando. —sus manos tomaron mi rostro y ella se inclinó para pegar su frente a la mía. —Tienes que parar, ya pasó un año y debes superar lo que sea que te pasó en Berlín, hija mía.

—No me paso nada, mamá.

—Jemma, te escuchó todas las noches llorar no me digas que no pasó nada.

—En ese país no me pasó nada.

—Ya, lo que sea que te pase, ¡debes parar!


¿Tenía razón? Deseaba que quitará sus manos de mí, quería que me dejará sola, que dejará que siguiera en mi desgracia, ¿por qué era tan egoísta? Me comenzaba desesperar, se podía ver en mis lágrimas, como se deslizaban sin permitir que la anterior se perdiera en mi mandíbula.


—Mamá...

—No, Jemma. —se alejó y yo agradecí internamente, me volví para aplastar mi rostro en mi almohada, esperando que la puerta se cerrará con ella fuera, pero no pasó. Una respiración profunda dio y apretó sus uñas en mi brazo, sin hacerme daño. —Te vas a dejar de quejar, vas a ir armar tu maleta y te vas a duchar porque apestas.


No. Me negaba hacer todo lo que ordenaba, así que me mantuve cerca de mi almohada, ignorando por completo sus palabras pero ella al parecer no iba dejarme tranquila porque quitó las sábanas de mi cuerpo y me arrebató mi almohada con tanta brusquedad que rebote de espaldas en el colchón.


—¡Mamá!

—Y un carajo.


Me senté en la cama, mirando como mi madre se volvía a mi mesa de noche en donde cogió la jarra del agua que mi ama de llaves había cambiado hace unas horas y me lanzó el agua que para mi desgracia estaba helada.


—Dije que te levantes, Jemma.

—¡No iré!


Mi cuerpo tiritaba y de mi cabellera rizada caían gotas de agua, pase mis dedos para intentar sujetar cada rizo pero las manos de mi madre me detuvieron, tirando de mi cuerpo fuera de mi cama. Pegué un grito y entre mis rizos pude ver a los hombres de mi familia mirando todo desde el marco de la puerta de mi habitación, sin decir ni una sola palabra.


—¡Papá, detenla! Me está dañando. —el gesto de mi padre era bastante claro: No se iba meter en esto. —¡Papá!

—¡Cállate, mierda!


Por primera vez, tenía miedo de mi madre y de su fuerza, sabía que tenía un carácter especial pero jamás había visto tan de cerca lo dominante que podía ser. Sobre todo, su fuerza. Como tiene de pacífica lo tiene de ruda, ya lo había demostrado.


—Laura, abre el grifo del agua fría.

—¡Mamá, no! —sollocé, pero mi madre no sintió compasión porque me arrastró como una muñeca de trapo directo a la ducha, con ropa incluida.—¡Mamá!

—Nada, me tienes harta. ¿Entiendes? Se acabó la estupidez de tener gente extraña en la casa solo porque no te da la gana de salir, se acabó que andes como una imbécil llorando y comiendo como si no hubiera un comedor en esta casa. ¡Se acabó!


Por más que lloré y rogué, mi mamá no me quiso escuchar... parecía no sentir ni una sola compasión por mi sufrimiento, solo percibía lo mucho que me odiaba.


Lo mucho que odiaba tenerme dentro de su casa.


—¡Mamá, no quiero ir!


Lloriquee pero ella me empujó al chorro de agua fría y me despojo de mi pijama. Tiritaba pero mi mamá no hizo nada, solo me baño como lo había hecho cuando era pequeña mientras yo lloraba como una verdadera idiota. Mi mamá me lavo el rostro, obligándome a que dejara de llorar y después de largos minutos dentro de la ducha me envolvió en una toalla antes de ir a mi habitación en donde mi nana, Laura, se movía de un lado a otro con mi ropa que doblaba antes de meterla a una maleta. Estaba decidido. Iríamos a ese viaje así yo me negará.


—Terminó la estupidez, hoy inicias de nuevo.


¿Las cartas habían funcionado? Mi mamá me obligó alzar el rostro, mirarla pero yo me negué, sentí vergüenza por llegar al punto en que mi mamá tenga que actuar de este modo. Yo... Yo me sentía aterrorizada pero a mi mamá le importaba demasiado poco porque me seco con la toalla que me cubría antes de vestirme. Por que sí, mi mamá me estaba vistiendo con ropa ligera y cuando las zapatillas ya me las había atado me peinó antes de recoger mi rizado cabello en una cola pomposa.


—Vamos, que nos están esperando.


Me ayudó a levantar y tomando mi mano me llevó hasta el primer piso, ayudándome a bajar las escaleras con mucho cuidado. ¿Me veía tan frágil que debía de cuidarme como una muñeca de porcelana? Ella estaba hecha un desastre, la blusa azul que embellece su piel lechosa y ese pantalón de vestir de pretina alta que adelgazaba su cintura estaba llena de agua pero aún así se veía hermosa.


Es una superheroína.


La admiro demasiado.


¿Por qué no podía ser como ella?


—Felipe, quédate con ella.


Tan solo miré a mis padres; mi madre me dedicó una mirada severa antes de irse al piso superior y Sebastián me abrazo por los hombros, apretando mi cuerpo contra el suyo. Pude sentir su decepción pero también sus ganas de protegerme, cariñoso dejó un beso en mi cabeza y me aferré a él como si así pudiera reconstruirme a mí misma. Como si mi hermano pudiese cuidarme como yo no lo hice aquellos ayeres.

25 de Junho de 2019 às 05:48 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Jocelynne Castillo ¿Qué decir de mí? Tengo un gran defecto, que probablemente más de uno deteste: Mi brutal sinceridad, si tengo algo que decir lo diré sin titubear y si me enojo, no mido mis palabras. ¡Pero son detalles! Me encanta escribir, siempre lo hice. Un tiempo publiqué pero, terminé borrando mis historias de internet y años más tarde, estoy aquí, publicando nuevamente.

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