Matadero de Rosas Seguir história

joel-nolan-ortiz1561319684 Joel Nolan Ortiz

La arquitectura y el sexo se tienen que vivir y no contemplar, se tiene que explorar, sentir lo monumental de un cuerpo como un templo y saber que es otro lenguaje al hacer el amor.


Erótico Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#fantasia #erotico #sangre #dolor
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Matadero de Rosas


Nos encontrábamos acostados, ella estaba psemidesnuda, yo la miraba quitándose las pocas prendas que le quedaban, un corset victoriano y una pequeña capa de terciopelo rojo, ella me miraba a mí con ojos aparentemente cerrados y labios escurriendo deseos de amor carnal.

Cuando callo la prenda aterciopelada gateo hacía donde yo yacía inquieto por tocarla; cuando se encontraba a una distancia decente para apretar sus muslos, sin parecer desesperado, sentí su piel de mármol, su sexo, su pechos, sus piernas, sus pies, toda ella parecía un gran iglesia de estilo bizantino, en la cual solo yo podría entrar, explorar y saber apreciar su arquitectura como se debe.

Posteriormente me recostó, me estiro los brazos, y apretó sus senos sobre mi pecho, la empecé a besar, pero ella alejo mis labios de los suyos, para poder así, ella besar mi cuello, lamerlo, empezamos a musicalizar nuestros cantos de excitación, aunque no duro mucho puesto que soltó una frase:

-Hace falta música.- De un brinco se dirigió al tornamesa, tomo un disco de Camille Saint-Saëns y curiosamente empezó a sonar con ese sonido particular que expone un disco de vinilo la canción de Danse Macabre.

Ella al oír las primeras notas de D, empezó a acariciarse los labios cerrando los ojos, callo en la cama como si fuese un ángel excitado por la idea de que vendrán los muertos a la media noche. Yo me acerque a ella mirándola con ternura y deseo, con amor y odio; sonó el primer rasgueo del violín junto con el estruendoso rugir de un relámpago, ella se me abalanzo y juntos caímos al suelo.

Nos empezamos a besar, juntos soltamos explosiones de pasión al sonido de la tormenta eléctrica y de la música francesa, empezamos a amarnos más allá de lo que cualquier pareja lo hubiese hecho esa misma noche, aunque esa noche no era para cualquier par de amantes, era fría, lo podía sentir en los pezones míos y de ella, era romántica en el sentido amplio de un cuento de Edgar Allan Poe y misteriosa, era una noche para hacerle el amor a ese chica de piel de mármol.

En un instante sentí la miel de su sexo en el mío, me sentía perdido, casi en una realidad onírica, despojado de cualquier mal, de cualquier prejuicio, virtud o defecto que el mundo tuviese en ese instante.

Imagine estar amando a mi amante en un bosque aparentemente infinito, con la luz de la luna besando la piel de ella y la mía, recostados en una alberca de hojas caídas de los arboles otoñales, solamente escuchando la música, los relámpagos y la sinfonía de excitación que producía su voz. Me sentía perdido, casi adormilado; escuche con un eco su voz dulce, diciendo-. No debes cerrar los ojos mi dulce amor.

Pude ver entre penumbras por la vista nublada que se acercaba a mis labios los acariciaba mientras seguimos haciendo el amor. Me sentía casi muerto, hasta que pude percatarme de la sangre que escurría sobre mi pecho, ella tenía la boca y los pechos cubiertos del fluido escarlata, sin embargo no sentí dolor, no podía saber dónde se encontraba la herida y con la mayor sinceridad no me interesaba.

Me fascino la idea de ver a mi palacio blanco cubierto de rojo, era como un fresco, donde la pintura y la arquitectura se unen, siendo una sola cosa, no sabiendo donde empieza la delicadeza del material del edificio y la técnica del pintor. Pero la vista cada vez se me hacía más nebulosa, cada momento en donde el placer subía de tono, cada momento en que ella se manchaba el cuerpo con mi sangre, se me hacía más difícil poder distinguirla entre el infinito bosque y su cuerpo.

Hasta que llegó el momento decisivo, me había quedado ciego, quería aferrarme a ella, me senté para poder abrazarla, pero mis brazos solo se entrecruzaron y me abrase a mí sin la intención primordial de querer hacerlo. Ahí me quede desnudo, tocándome los extremos de mis hombros con mis brazos cubriéndome del frió, llenando las hojas secas con una capa de terciopelo roja que aun fluia sin saber de dónde, la música seguía, ya en las ultimas notas recordé lo que una vez dijo Dante Alighieri: “La pasión no puede comprendedla quien no la experimentado”.

24 de Junho de 2019 às 02:13 0 Denunciar Insira 0
Fim

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Joel Nolan Ortiz La verdadera literatura es la que no puede ser transportada a otra arte

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