Aún puedes escapar. Seguir história

u15611234281561123428 Martha San

Esta es la historia de Matilda, una estudiante de periodismo en búsqueda de su pasado, después de enterarse que su padre biológico es un prófugo asesino serial, cosas extrañas comienzan a sucederle.


Romance Suspense romântico Para maiores de 18 apenas.

#romance #misterio #amor #suspenso #chicklit
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Sacrificio

¿Conoces la sensación que te invade cuando sabes que algo malo está por suceder? El momento justo en el que se forma un hueco en el estómago y tus músculos se paralizan, un escalofrío recorre tu espina, el terror te impide respirar y lo único que te queda es esperar lo peor.

La luz se había ido, probablemente por la tormenta que caía fuera, vivir en una casa tan grande no se agradecía en este tipo de situaciones, había que bajar las escaleras hasta el sótano y ver lo que andaba mal con los fusibles.

-Podríamos lanzar una moneda al aire y ver quién baja.

-O podrías hacerlo solo, mientras yo sigo durmiendo – lo miró divertida mientras los dos reían un poco.

Eran un matrimonio clásico y joven, vivían en una casona que el padre de él les había obsequiado como regalo de bodas, provenían de una familia adinerada y vivían cómodamente.

-Vamos los dos mi amor, estoy segura que a este guapo no le importará.- dijo ella acariciando la mejilla de un hermoso bebé de un año que dormía plácidamente en su cuna. – de paso podríamos preparar un snack de media noche.

-Me parece perfecto.

La joven pareja, tomados de la mano, comenzaron a bajar las escaleras con ayuda de una linterna. Caminaron hasta la cocina y al llegar ahí escucharon el ruido de algo cayéndose en el sótano. Todo sucedió muy rápido.

Ella presintió que algo muy malo estaba por suceder, apenas divisaba la nuca de su esposo que apretaba cada vez más fuerte su mano, ninguno de los dos emitió sonido alguno, sabían muy bien que si había alguien ahí, el sonido de su voz delataría su presencia. Se quedaron paralizados durante unos segundos mientras alguien revolvía el sótano.

-Ve por el bebé- le susurró al oído.

-No te voy a dejar, dos contra uno- colocó una mano sobre la barra de la cocina, sabía perfectamente donde estaban guardados los cuchillos y sin dudarlo halo a su esposo hasta la gaveta cediéndole uno mientras ella con una mano temblorosa tomaba el otro. Ya no había marcha atrás, su instinto de supervivencia se había activado respuesta a lo que estaba a punto de salir por aquella puerta, el sonido proveniente del sótano cesó para darle paso a unas pisadas que subían lentamente las escaleras. Los dos con paso ligero se posaron detrás de la puerta del sótano, para quedar cubiertos mientras esta se abría.

La silueta que salió era bastante alta y corpulenta, les daba la espalda mientras caminaba hacia las escaleras que conducían a donde el bebé dormía.

Existe algo aún más fuerte que el terror que precede la muerte, la rabia, esa rabia cegadora, el instinto de protección que te pone al borde de cualquier peligro para defender lo que es tuyo. Eso fue lo que sintieron aquella noche Sebastián y Renata al sacrificar sus vidas a cambio de darle una oportunidad a su hijo.

Cuando decidieron abalanzarse sobre el extraño, el cuchillo de Sebastián logró atravesar la espalda del intruso, mientras que Renata se lanzaba a sus piernas para hacerlo tropezar.

-¡No llegarás a él a menos que nos mates!- gritaba ella mientras intentaba apuñalarle los pies.

Le tomo un solo segundo a la silueta lanzar a Sebastián hacia la mesa de la sala, se golpeó la nuca con mucha fuerza y ahí perdió la vida. Renata seguía sujeta a sus pies logrando que el intruso tropezara y cayera soltando su arma. Al escuchar la pistola golpear el piso se abalanzó hacia ella, se arrastró tan rápido como pudo con la mente en salvar a su hijo, pero un puñal le atravesó el costado, el corte fue tan fino que no se dio cuenta de lo grave que la herida había sido, el dolor comenzó a llegar mientras rozó con la mano el cuerpo de su esposo, se arrastró hacia él y pudo sentir el arma.

-Te dije que no te dejaría.- le dijo al cuerpo inerte que yacía en el suelo, se giró sobre si para quedar frente a la silueta y disparó, el intruso cayó con un ruido sordo y mientras el efecto de la adrenalina la abandonaba una oleada de dolor invadió todo su cuerpo, sabía que ya no podría llegar a consolar el llanto de su bebé, estaba sobre un charco de un líquido tibio y espeso, no veía nada mientras el frío se apoderaba de ella y sin parar de temblar con lo último que le quedaba de energía acerco sus labios a la frente de su esposo para después dejarse ir.

26 de Junho de 2019 às 11:18 0 Denunciar Insira 3
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