Francesco Magne Seguir história

dalescri gimena Dolzani

Trágica muerte, un secreto que persigue el adeudo, víctimas sin complicidad.


Horror Histórias de fantasmas Todo o público.

#paranormal #terror #suspenso
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Capítulo Único

Hubo un melifluo caballero en provincia de Lecce, región de Apulia, Italia en el primer día del año 1787, originario de Estrasburgo, Francia, caminando por las calles en su edad próspera, con sobrenombre de Adonis cuyo origen era a su agraciada genética, con peculiar color de ojos, el ojo izquierdo era azul zafiro y por su parte el derecho era verde arlequín, de negros cabellos y largo hasta sus hombros, de gran altura al igual que sus hermanos y todos con fama de hermosa nariz, no es de dudar que era exaltado por cualquier dama a donde fuese y demandado por los hombres pues era virtuoso poeta y dramaturgo pero como cualquier hombre también escondía secretos y era un hábil mentiroso de malos hábitos en sus tiempos libres.


Francesco Magné era el nombre del tal mencionado varón, su padre mando a quitar el segundo apellido de la madre después de descubrir un romance apasionado de ella con un joven mozo grosero en su parentesco pero meloso de palabra, hábil con la guitarra, característica que enamoro por completo a la madre de nombre Lucía Delanoue, ambos tras ser encontrados huyeron y antes de partir, Lucía fue a buscar a sus hijos, oculta en medio de la noche, solo encontró a Francesco y pidió que le perdonase, el pequeño aturdido de la situación abrazo a su madre y le pidió que plasmara sus días en tinta y papel y mandase una carta cada mes pues en su corazón no resultaba rencor y carecía de cualquier malévolo sentimiento, la madre retiro el abrazo y casi al salir de la habitación, volteó para arrancarse una parte del corazón al ver la cara desesperante de amor de su hijo y sus lágrimas corrieron por sus mejillas y pronto su silueta desapareció de la habitación y su sombra le seguía.


Pero regresando al primer día del año de 1787, cuyo día era lunes y las nubes se pintaban naranjas abrazadas de un marrón borgoña de forma estratiformes y a las cuales les acompañaba una dulce brisa que alentaba a embriagarse de un buen vino y bailar con extraños, Francesco resulto animoso por embarcar una noche a la orilla del mar, las nubes de ensueño que lucían en la tarde habían desparecido y el ambiente se tornó en tonalidades azules y grises con un frío que despierta alucinantes faenas. Tomo rienda a su impulsiva aventura, y llegada la noche arribo ante el mar y las olas besaron sus pies, su húmedo cabello caía sobre su cara y pronto se alejó para sentarse en una roca donde las olas no dibujaran su huella sobre la arena, mientras observaba la flora, de ella arrancó un arbusto perenne cubierto de fino indumento y la guardo, a sus espaldas descendía una flama blanca dentro del frondoso bosque, el viento catabático era un hechizante fenómeno y Francesco distraído y perdido en sus pensamientos no veía venir la catástrofe, de la flama de un blanco pálido atemorizante se formó una figura de gran altura y sonrisa espeluznante, sopló a su odio y Francesco sintió un sudor frío y tuvo miedo al voltear, la figura tocó su espalda y rio de forma maliciosa, cerró los ojos y al abrirlos vio sostenido en su hombro una alargada mano de puntiagudas uñas y su cuerpo estremeció, fue entonces que su memoria viajo de regreso a su más secreto recuerdo, era invierno del año pasado, se vio asimismo con ojos de furia tomando del cuello a su mujer de rojos cabellos que luchaba por sobrevivir y éste no soltó su cuello hasta verla dar su último aliento, después de una fina caja saco un afilado cuchillo con el cual cortó la lengua de la mujer yaciente en el húmedo piso con hojas secas y sangre en la tierra y reía y burlaba de su muerte, arranco su cabeza para quemarla en la fogata que vislumbraba terrible acto, y espero a que el fuego durmiera y las cenizas desaparecieran en su humo seco, la madrugada se marcaba oscura y siniestra, el fuego incinero la cabeza pero a un lado aun sobraba el cuerpo frío y frígido femenino, entonces vio las manos con perturbada mirada y volteó a ver su hombro y la mano que vio sostenida en él resultaba la misma. Francesco lobotomizado gritó con ronca voz y corrió dentro del bosque y tropezó con raíces y culpas, lamentaba y juraba la muerte de la bella amada, su pánico martirizo su persecución y al llegar al pueblo su aliento suspendía su realidad y en borrosa mirada volteo para ver si alguien le seguía y nadie hubo quien le atormentará, habitantes perplejos de abrumada llegada mandaron a llamar al padre y no hubo inconveniente que retrasará a su autor.


Amanecía y Francesco fue puesto en su alcoba, su rostro se tornó cadavérico y su lengua fue cosida, su cuerpo tambaleante no podía sostener cordura ni benevolencia. No hubo respiro pacífico, tampoco pensamiento crítico, y vio al sol despedirse y rogaba a la luz que no le dejará pero la noche asomó su presencia. Se prendieron blancos cirios en la habitación y se ilumino la entrada con puerta abierta que adivinaba el pasillo, no dejo de ver la caída de la cera alrededor de su esqueleto, pero la mecha empezó a cortar su luminosidad, alguien soplo escasamente como para hacer bailar su llama pero no era alguien, Francesco atormentado no quería ver más allá de la corta candela pero su curiosidad no le hice cerrar los ojos, así que contemplo con terror una sombra que bailaba en el pasillo, oscura y larga, bailaba en círculos y ésta paró. El primoroso y despavorido Francesco sollozó ante la tortura de terribles visualizaciones y su valentía flaqueo cuando vio venir a la sombra que entre más se acercaba más crecía.


Grandes pasos retorcían los pisos y los hacía rechinar, la madera y los clavos, los fierros y ventanas hacían un chirrido de gran fuerza, que estrujaban los intestinos y el corazón desmayaba de miedo, él cubrió sus ojos llorosos con sus gráciles manos y la sombra hubo llegado enfrente de él, su presencia era helada y respiro entre el dorso de sus manos, y asomo su mirada entre el vacío de sus dedos, y el valiente caballero que algún día demostró ser, fue tomado en vida hacia el eterno agujero que arrancó su cabeza hacia las llamas del inframundo, para no dejar descansar y el cuerpo sobrante fue comida para espíritus y los cirios pararon y dieron por terminado el acontecimiento de la noche. Violines sonaron y caballos relincharon, cuervos graznaban y mujeres reían en las calles del pueblo. Nadie percato su arrebato, su belleza y atributos fueron adorno banal sin escudo y la noche siguió con su turno melancólico, el mar calmo y la puerta de la habitación cerro lentamente, el padre durmió y los sirvientes a sus moradas fueron, las mujeres callaron y los violines silenciaron su recital.


Al pálido amanecer siguiente, el otoño arranco la vida del cielo y las sabanas que cubrían los abrasadores sueños del padre habrían terminado. Sus pupilas dilataron y sus parpados hinchados parpadearon algunos minutos hasta observar que su puerta estaba abierta. Levanto su endomorfo cuerpo y recorrió los pasillos hasta dar al que dirigía a la habitación de Francesco pero ésta también estaba abierta, sin apresurarse fue a ella y no estaba su hijo, pregunto a los sirvientes y nadie respondió, el padre vistió y calzo apropiada vestimenta y salió de su gran vivienda, preguntó por la parada de su hijo a vecinos y nadie respondió, preguntó al pueblo y este tampoco respondió. El padre de nombre Benedetto mando a llamar a los demás hijos, cada uno vivía en diferente provincia con sus respectivas mujeres y vástagos, pasados los días fueron llegando en nobles carrozas y fuertes corceles, cada hijo, de fina imagen y buenos modales se mostraban confundidos por la desaparición del hermano menor, Francesco, único rebelde y carismático entre todos. Se hizo saber que algunos campesinos hallaron desgarradas prendas del proclamado adonis pero no su cuerpo, así que cada hijo mando a escribir una carta a su familia con mensaje de temporal permanencia en casa del padre, en la magna vivienda sobraban los aposentos, en ella solo vivía el hermano menor y el padre pero ahora solo el tutor. Todos durmieron y la noche hospedo impasible entorno de frialdad y las franelas carecieron. Entre los hermanos, hubo uno que no tuvo prudencia al cenar y devoró basta cantidad de carne y vino, este hermano era de gran similitud en apariencia a Francesco pero a diferencia, sus ojos eran grises como la plata y su cabello fino y de ocre color, su arrebatado comportamiento ante la cena le resulto en levantarse a la madrugada y el suelo resultaba tan frío como el hielo, el nombre del impulsivo hermano era Alesso, calzo finas y acolchonadas suelas para ir al fregadero, bajo las escaleras de rugosas alfombras y somnoliento se tomaba del barandal, un gran candil de cristal que colgaba por encima de las escaleras vibro y Alesso no dio cuenta del pequeño movimiento y su boca extendía amargo olor de vino fermentado, tomó agua y observo los robles que rodeaban la morada por afuera, la niebla aconteció y enmascaro el pueblo, parte de ella entro por debajo de las entradas y pronto la sala se nublo sin dejar nada a la vista, Alesso confundido miro las escaleras y había pequeña bruma que permitía ver el segundo piso, al voltear a su izquierda, terribles dientes arrancaron su cara y la bestia camuflada entre la neblina escupió los grises ojos del Baco hermano.


Esta vez el espectro no permitió que el día llegará y entenebreció la casa de agudos lamentos que despertaron a cada hermano, cada cuarto fue quedando vacía, la quietud que permaneció en el ambiente pinto malévola y la única habitación faltante fue la del padre, Benedetto. Sentado en un hermoso sillón ingles rojo, aturdido había escuchado el paso del incognito predador con su plenitud asaltada en rojos ataques de desesperación y debido a su creciente pánico, colocó su lecho contra la puerta y su ropero contra las ventanas, esperando su lamentable muerte, Benedetto tomo una cuerda de cáñamo que colgó en los soportes de las cortinas, rezó ante Dios pidiendo una disculpa por su pronto suicidio y cobardía, tomo la cuerda y la colocó en su cuello, el soporte que mantenía la cuerda asegurada, estaba situada a altura considerable y su caída resultaría en un desprendimiento de cervical, dolorosa muerte pero estimaba que al menos su muerte seria por mano propia y no por un mal sin lógica de venganza, casi al tirar de la silla que le sostenía, ni su lecho, ni sus muebles detuvieron al espeluznante espíritu y arrancó la cuerda de su cuello para arrastrarlo al rojo sillón inglés donde encarno su cuerpo en él, su sangre mezclada con el color del diván, su rostro tatuado en la tela no dejo más evidencia que una cara de pena y angustia, fue así que la última habitación fue cerrada, cada miembro de la familia quedo impregnado sobre rincones y espacios de la casa y no hubo alma que quedará, pronto las pastizales escondieron la morada, y no hubo día soleado que iluminará su terreno desde entonces, grises cielos siempre le cubrían, el error de un hermano sentenció a generaciones de infortunios, las esposas, víctimas de duelo, quisieron hallar respuesta a la desaparición de cada uno de sus esposos pero éstas solo hallaron su muerte.



6 de Junho de 2019 às 03:29 0 Denunciar Insira 1
Fim

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