El Psicópata Del Bosque Seguir história

gonzalo-baleato1558951351 Gonzalo R Baleato

En cuanlquier momento, un individuo puede cambiar radicalmente.


Horror Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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El Psicópata Del Bosque

Hola, me llamo Philip Tales, tengo 21 años y soy el único superviviente del planeta, salvo en excepciones. Pero la historia no empieza exactamente aquí.

Tenía 17 años cuando salí del instituto, y para celebrarlo, mi hermano, mis amigos y yo nos adentramos en un bosque que había cerca de mi casa para hacer nuestra propia fiesta. Todos mis compañeros eran unas buenas piezas, y yo no era diferente, por eso me encontraba muy a gusto con ellos, era feliz. En primer lugar dejad que nombre a mi hermano, se llamaba Yanz, tenía un año más que yo pero como suspendió el último curso acabamos los dos coincidiendo en la misma clase. El tío a pesar de que casi siempre suspendía y cuando no lo hacía sacaba aprobados muy raspados… era inteligente, me lo demostraba todos los días. Tal vez no sabía cómo funcionaba el mundo, como eran las personas de su alrededor o incluso no se daba cuenta de cuando le tomaban el pelo, pero nunca hacía daño a nadie y respetaba a todo el mundo por cómo eran, siempre y cuando ellos no les faltaran el respeto tampoco a nadie ni a nada, lo cierto es que el ejemplo de vida que me ha dado desde que tengo memoria, no lo olvidaré jamás. Luego estaba mi mejor amigo, Frank. Tenía una manera de pensar muy parecida a la mía, aunque él era más exitoso entre las chicas, mucho más, todas lo amaban, y eso que no tenía un físico especialmente envidiable, pero si había algo en su manera de hablar y flirtear con ellas que no me lo explico, yo mismo intenté hacer lo que él, sin embargo, no funcionaba, nunca funcionó. También estaban los trillizos, Álvaro, Omar y Gabriel. Eran bastante prepotentes y siempre haciendo tonterías para impresionar a las del sexo opuesto, lo más gracioso era que ninguna les hacía caso, pero al menos lo intentaban, aun así me fastidia admitir que éramos unos auténticos perdedores. Después estaba Carla, oh, la preciosa Carla. Una sonrisa perfecta, los ojos más bonitos que he visto en mi vida, un largo y liso cabello tan brillante como el sol… Estaba enamorado de ella desde los doce años, pero no me miraba de la forma en que yo la miraba a ella, porque ella solo tenía ojos para Frank, que novedad, ¿no? Y por ultimo, Briana, inteligente, guapa y muy amiga mía, y siempre que lo necesitaba me ayudaba en los estudios.

El último día de clase cuando ya estábamos en el bosque a las tres de la madrugada, cogimos unas cervezas que habían traído los trillizos de casa de sus padres cuando ellos no estaban. Saqué de mi bolsillo una navaja para abrir las tapas de las botellas ya que ninguno fue tan listo de traer un abridor, y sentados en una densa capa de hojas secas brindamos por haber salido de ese infernal agujero al que llamábamos instituto, y por los planes de futuro.

—Pienso estudiar psicología, —dijo Briana— porque creo que las personas tienen el potencial de poder confiar en sí mismas, de que son únicas y que todo se puede superar siempre que crean que es posible superarlo. Pero a veces hace falta que alguien se lo recuerde, porque eso, es lo que más ayuda a una persona, el saber que no están solas y que siempre hay alguien que les apoye.

Briana psicóloga, quien lo hubiera dicho. La verdad es que sería una de las mejores, porque a mí siempre me ayudó a superar muchos problemas; el ingreso de mis padres en una institución psiquiátrica, la muerte de mi abuelo, el rechazo de incontables chicas… Briana siempre estaba ahí, y no me imagino mi vida sin ella, bueno, no me lo imaginaba.

—Yo pienso ser detective —manifestó Frank.

Todos comenzamos a reír.

—Reíros si queréis, pero llegará un día en que os haga falta, un día en que me necesitéis, y os arrepentiréis de haberos mofado de mí, ya lo veréis, ya.

—No te enfades tío, —le dije mientras le daba un leve golpe en el brazo— pero yo por lo menos no te veo resolviendo casos, crímenes, misterios… reuniendo pruebas y descubriendo al culpable.

—Pues gracias por tu apoyo, —comentó sarcástico.

Mientras seguíamos hablando, a los pocos minutos escuchamos un extraño ruido.

— ¿Qué fue eso —dijo alarmado Yanz.

Ninguno pudo responder, el miedo nos había apoderado. Segundos más tarde lo volvimos a escuchar, de esta vez más fuerte y cercano. Todos nos levantamos atemorizados de golpe y escapamos a correr en dirección a mi casa, pero a los pocos pasos algo nos paralizó y atrapó. Una fuerza proveniente del sobrecogedor centro del bosque nos arrastró hacia él. Sin poder hacer nada para evitarlo, veíamos como poco a poco nos adentrábamos en la absoluta oscuridad. Empezaba a sentirme somnoliento, y creo que mis amigos también. Lo siguiente que recuerdo fue encontrarnos tumbados en la arena de algún extraño lugar. No teníamos idea de donde estábamos, y cuando nos incorporamos echamos un vistazo a nuestro alrededor, la evidencia era clara, éramos prisioneros en una pequeña isla.

— ¿Dónde estamos? —Preguntó Briana— ¿Cómo hemos llegado a aquí?

De pronto volvió de nuevo la fuerza, pero solo me llevó a mí. Me desperté nuevamente y estaba solo, lo raro es que seguía en la misma isla, o eso creía. Comencé a andar sin temor pero con precaución por un estrecho camino que me separaba de la frondosidad de las plantas y hierbajos en busca de mis amigos.

—¡¡Sssh, Aah¡¡ —me quejé, al sentir un pinchazo en el cuello.

Seguí andando. Cada vez me encontraba más cansado, y en un momento empecé a verlo todo borroso, al instante, oscuridad absoluta. Otra vez me desperté, y lo que vi, no lo podré olvidar nunca. Ante mis ojos, Frank, Álvaro, Omar, Gabriel, Briana, Yanz, Carla… todos muertos, decapitados y mutilados, y en mi mano, mi navaja ensangrentada. Muchas luces de colores me estaban cegando, y un montón de voces me ordenaban tirar el arma y a tumbarme en el suelo con las manos en la espalda. La confusión no me dejaba tranquilizarme, y esas voces se acercaban a mí agarrándome e impidiendo que me movilizara.

— ¡Soltadme. No me volveréis a llevar. He dicho que me soltéis! —grité.

Todo fue en vano. Me subieron a un vehículo, me pincharon con una aguja y me volví a dormir. Por enésima vez me desperté, vestido con un traje blanco que no me dejaba apenas moverme, y encerrado entre cuatro paredes.

30 de Maio de 2019 às 18:58 0 Denunciar Insira 0
Fim

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