En la Niebla Seguir história

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Una fotografía, todo sucedió por una fotografía... Los amigos del hermano de Mel Dickson pretenden ir a una montaña para tomar una fotografía al paisaje tardío de la región. Pero hay un problema, un problema que ignoran los cuatro: La montaña Cursedmount presenta un extraño fenómeno. Una niebla... ¿Qué sucederá con Mel y los amigos de Damien, su hermano? ¿Qué es lo que oculta la esa montaña? ¿Por qué la niebla empieza a descender de la cumbre cuando alguien pone un pie sobre ella? ¿Por qué? ¿Por qué está haciendo frío? ¡Por qué escucho voces! ¡Qué es eso! ¡Qué es la niebla!


Horror Horror teen Todo o público.

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El atardecer

El Atardecer

[...] No puedo afirmar, respecto a lo que sucedió esa noche, el tema de los cuerpos que hallamos en la ladera oeste de la montaña.
Supongo que... bueno, no lo tomes como si fuera totalmente cierto, pero teorizo que los chicos habían subido hasta ese punto, solo para ver el atardecer. Eso es lo único que se me viene a la mente cuando pienso (y recuerdo) en los cuerpos.
Sí quieres hablar de otras cosas, como el interrogatorio, las fotografías o lo que se halló, más allá de los propios cadáveres (si se le puede llamar así), tendrías que recurrir a otras personas. Quizás a Watson para que pueda explicarte mucho mejor que yo. Por mí, simplemente un silencio sería lo que te llevarías entre esas líneas, y esa vieja grabadora con la que ahora me entrevistas [...]

**Grabación de Louis Knella. - 16 de octubre, 2009.**

[...] ¿Quieres una respuesta? Qué puedo decirte... ¿Viste las fotografías, verdad? Suponía que sí... -risa- Ahí tienes tu respuesta [...]

**Grabación de Francis LaVouille. - 16 de octubre, 2009.**

•El Atardecer•

—Apúrate Dick, no podemos perder un minuto hasta que lleguemos arriba.- Mike, el mayor del grupo, estaba ya en terreno empinado de la montaña, pero no lo suficientemente cerca para ver el lugar idóneo, en donde habían decidido tomar la fotografía, acampar y ver las estrellas.

—Claro, claro.- Dick trataba de apresurar su paso, sin embargo llevar todo el equipo de fotografía y las piezas que habían desensamblado del telescopio Celestron le resultaba algo difícil de maniobrar.

—Déjalo en paz, Martins.- Holly, o Damien "Holly" Dickson, le parecía gracioso ver a un muchacho delgado y bajo, llevando una mochila pesada y ensanchada por todo lo que tenía adentro. Sin duda era una escena pintoresca que representaba a una caricatura en la vida real.

—No le hagas caso, Melly. Es un idiota. Lo más seguro es que quiera cargar la mochila, ¿no es así Mike?- Valerie, la única chica del grupo, siempre yendo detrás de todos, quería detener la broma, como siempre lo hacía.

"No puedes defenderte por ti mismo, ¿no es así, Melly?"

La voz de Valerie había surcado en la cabeza de Mel Dickson, el chico de décimo primer grado de la secundaria Abraham Lincoln, en Kentucky.

—¿Dices algo?- Mel se volteó encarando a Valerie Stonehill, pero ella no mostró reacción alguna, solo sonrió.

Los pies de los cuatro chicos, tres de ellos en universidad y el último en secundaria aún, caminaban sin detenerse, por el sendero poco marcado y mucho menos transitado. Algunas hojas desprendidas iban y venían, en una danza inquietante y al mismo tiempo apaciguadora para los jóvenes exploradores que iban en busca de un sol moribundo.

Durante lo que restaba de camino, los cuatro muchachos no habían hablado mucho, simplemente se preocupaban de no pisar mal y resbalar.
De rato en rato, los Dickson le echaban una mirada al cielo azul que en poco tiempo se volvería naranja, luego violáceo, azul vago y al final de cuentas, negro con una hermosa escarchada que tintinearía en la oscuridad.

—¡Oh, es un hermoso lugar!- Martins estaba exhausto, pero ver el lugar lo dejaba satisfecho, extasiado y contento por haber recorrido un gran techo de camino, no solo a pie, sino en camioneta. A veces mareándose en el camino.

Los tres chicos restantes, que recién parecían despertar del trance autómata que les había generado el caminar desde el pequeño valle hasta llegar a la montaña, quedaron maravillados con lo que sus ojos contemplaban.

El verdor del valle daba para el oeste, y el sol, que recién se ponía en esa dirección, contrastaba con los árboles. El viento soplaba delicadamente a pesar de dónde se encontraban. Detrás de ellos, el cuerpo de la montaña parecía acogerlos en su seno salvaje y inexplorado más allá de vista. Y el olor ese olor a tierra húmeda que, en los recuerdos de todos ellos significaba naturaleza. Sí, naturaleza.
Pero había algo más, algo que los inquietaba en toda esa quietud, en ese silencio natural, en lo que no podían ver más allá de sus ojos. Eso que parecía ocultarse tras la fachada hermosa y atrayente del paisaje.

—Bien, tenemos que alistarnos para cuando el punto del sol esté donde queremos capturarlo.- Mike estaba ansioso, al igual que el resto. Sin embargo era el más preocupado por lo que irían a realizar. Quería que esa fotografía quedase perfecta, quería que la clase entera se maravillara ante el espectáculo, atrapado en un solo momento. Ante su fotografía.

Los demás, que en el pequeño receso que habían tenido, sentados sobre las rocas cerca a lo más extremo del vacío de la montaña, se levantaron y de mala gana empezaron el trabajo.

Luego de media hora, un pequeño campamento, con tres carpas (tres, porque Dickson Hermano mayor, obligó a su hermanito a no cargar otra tienda porque era en vano, además podían los dos dormir en una sola tienda) y una hoguera encendida con los implementos de supervivencia que Martins tanto se jactaba de tener y saberlos utilizar.
Todos alrededor de la hoguera. El lugar aún seguía iluminado, sin embargo el viento azotaba ahora con más braveza y eso no podía dejarse pasar por alto.
Faltaba tan solo cinco minutos, cinco minutos para capturar al sol en una imagen, a el y todo su esplendor.

Valerie tenía ruborizadas las mejillas cuando armaban el telescopio y tenía una mirada sumamente inquieta en torno a Mel, y él lo había notado.

Valerie Stonehill, la amiga de su hermano mayor Damien y Mike, también amigo de este. Él la había conocido hacía dos veranos, cuando su hermano aún seguía en la secundaria. Traía puesto en el cuello un collar plateado con un pequeño cristal verde agua, de esos que vendían en la feria del pueblo. El cabello castaño y su mirada dulce, que combinaba con el cristal del collar, le impactaron mucho a Mel.

Val, como le decían todos, había congeniado muy bien con Mel y se habían hecho buenos amigos, ese último verano que pasaron juntos en la secundaria, antes que ella se fuera con los otros dos chicos.
La penúltima semana de agosto, ella y Mel habían asistido a una fiesta con los otros chicos de la secundaria. Todos amigos de Dickson y Martins, ninguno de su clase, ninguno que conociera, todos mayores.
Con un Mel presionado, incómodo, sentado en el jardín de la casa de los Capebell, viendo la luna y escuchando de fondo, tras de él la música de la fiesta; Valerie se había visto en la necesidad de hacerle compañía. Mike y Damien seguían dentro, disfrutando de toda esa gente de último año. Una fiesta que sin duda sería un grato recuerdo juvenil. Allá ellos, pensó Valerie cuando salió de la casa para sentarse en el césped junto a Melly.

Y esa última semana. Que para ambos chicos se había iniciado con un sábado de fiesta, sería larga.

Ninguno lo recordaba bien. Quizás hubo intercambio de palabras, quizás solo se miraron, pero no lo recuerdan. Solo parecen tener el conocimiento de una voz, ella de él y él de ella, en sus cabezas. Diciéndose de manera sincera que su amistad era muy poco para ellos. Y al final de la noche, un beso había sido el detonante para alargar la noche, un poco más, solo un poco más.

—Val, ven aquí, por favor. Te necesito en esto.- Martins había alzado la voz llamando a Valerie para que le ayudara con el equipo.
Ella salió de un viejo recuerdo y levantó la mirada de donde la tenía fijada (en Melly...).—Sí, Mike. Ahí voy.

A pesar de que Mel trataba de olvidar lo que ocurrió esa noche, Valerie lo llevaba en su mente, en cada momento que compartía (si se podía llamar compartir) con Mel Dickson.
"Por qué no todo es como antes"

El beso, un impredecible beso que ambos, deseándolo dentro de cada uno, se dieron. Luego todo cambiaba. Ya no era el césped y la música viniendo de atrás, el lugar en donde se hallaban era distinto. No recordaba (y suponía que él tampoco recordaba eso) cómo habían llegado a donde en ese momento terminaron. El verde oscuro y brilloso del césped, había sido remplazado por sábanas de un tono celeste y azul, y la música que venía de atrás, ahora se escuchaba como ensordecida, como si se estuviera filtrando, y debajo de ellos. Ella encima de él. El calor de sus cuerpos abrazándose tanto como ambos. Su mirada fijada en la sonrisa de ella. Él dentro de ella y luego... luego qué.

—Bien, quedó listo.- Mike se había erguido y se mostraba triunfante ante lo que había procedido a hacer. El telescopio estaba listo y el trípode de la cámara estaba listo para sostener el peso del aparato que Damien Dickson estaba ajustando según la situación.
—¿Ya lo tienes, Dickson?- Martins estaba ansioso, porque se estaban demorando y el sol se les escapaba.
—Sí, solo un momento.-Damien seguía probando el lente de la cámara.

Listo, se escuchó luego de un minuto. El experto en fotografía lo había hecho de nuevo. Las risas y aplausos de alegría y festejo se escucharon en todo el lugar, resonando en un eco débil y confundido a la dirección.

Al cabo de otro minuto, los cuatro chicos estaban detrás de la cámara (verdaderamente detrás de Damien, quien manipulaba el artefacto con soltura y sin miedo a cagarla).

—¿Te gusta esta?- le preguntó Dickson a Martins quien extendía un brazo para alcanzar y tomar la cámara.
—Oh, sí. ¡Sí! Está genial, Holly. Te has pasado con todo esto. Un poco de edición y tendremos la mejor fotografía que haya visto Venille en su vida.- rió Mike.

Los tres chicos se abrazaron triunfantes ante lo que acababan de hacer. Cómo si le hubieran tomado la fotografía a un agujero negro.
Mel que estaba frente a ellos, observándoles alegre, pensando en qué tanto se habían esforzado por tomar esa foto, sonrió. Se lo habían tomado muy en serio y Damien se lo había contado en la cena. Eso era seguro, que la habían hecho grande, muy genial, algo asombroso.

Valerie le observó de frente, sus ojos verdes se cruzaron con los de él y ese contacto fue suficiente para que ambos recordaran qué habían hecho esa noche en casa de los Capebell.
Él dejó de sonreir y desvió la mirada a otro sitio. Eso no le gusto a ella pero comprendió cómo debía sentirse, después de todo él había perdido la virginidad con ella, ella que era mayor y ella que se veía como burla al lado de Mel Dickson, un chico de secundaria.
"Te violaron, Dick"-había dicho un compañero de clases (que se había enterado de todo luego de que el chisme corrió como la pólvora después de que una persona los descubriera en la habitación, desnudos y haciendo el amor) y eso lo había escuchado ella. Había ido a hacerle frente, pero Melly le había detenido sujetándole el brazo y luego dejándolo ir a donde este quisiera.

—Chicos, qué tal si nos tomamos una foto. ¿Sí?- Mike estaba entusiasmado y quería tener un recuerdo de la pequeña aventura que habían realizado, a pesar de las advertencias de la gente del pueblo donde se habían quedado la tarde en que llegaron.

Todos aceptaron.

La cámara había sido puesta en "detector de sonrisas". Después de un flash y haber puesto sonrisas exageradas (para malograr la foto), los cuatro chicos quedaron retratados en la fotografía. Todos felices.

—Otra, esta no.- Mike corrió de nuevo a la cámara.

El cielo estaba oscureciéndose y a lo lejos, en el horizonte de los cuatro chicos, las luces del pueblo se veían a la izquierda, al oeste de donde se ocultaba el sol. La oscuridad de la noche empezaba a controlar el cielo. Y la luna sería la dueña absoluta de su reino oscuro y escarchado... ¿La luna? Esa noche no habría luna en el cielo...

Los chicos volvían a ponerse en frente al lente y esperar a que el flash de la cámara les tomara otra fotografía. Los cuatro ignoraban que desde lo más alto de la montaña, la niebla que había en la cumbre, empezaba a descender, como acechándolos en silencio. Solo cinco minutos, para un atardecer y para que todo comenzara, con una fotografía y el silencio del bosque frente a ellos.

26 de Maio de 2019 às 18:15 0 Denunciar Insira 0
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