Una Gran Herida Seguir história

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Un gran guerra, y una profunda herida que tarda en sanar.


De Época Todo o público.

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El Legado de la Guerra


El frío y gris suelo cubierto de cenizas, escombros y llamas era lo único que el paisaje podía ofrecer. Ciudades con una belleza y cultura sin igual que alguna vez mostraban una imagen noble de la humanidad, ahora estaban manchadas con la sangre de inocentes, producto de la ceguera del mundo frente a estos actos.

La guerra finalizó con la peor creación de la humanidad, un arma de fuego, destrucción masiva y sufrimiento. Las innumerables pérdidas materiales se quedaban muy atrás con la enorme cantidad de vidas humanas inocentes que se perdieron a lo largo de esos seis años sin sentido.


Leonard era un niño como cualquier otro, esa misma mañana se había levantado temprano para ir a la plaza a jugar con sus amigos, como hacía todos los días.

El cielo estaba soleado y hacía un clima cálido agradable, la ciudad se encontraba muy ajetreada, cientos de personas iban de un lado a otro levantando escombros y llevándolos en varios carros o camiones que depositarían estos fuera de la ciudad.

Los edificios eran un desastre, en su mayoría carecían de techo, y las ventanas habían explotado a causa de las ondas de choque de las bombas, o por la explosión directa de estas mismas. El fuego en su mayoría había sido apagado, pero las cenizas y el humo parecían haber quedado impregnados en el ambiente. Sin embargo, con esfuerzo, solidaridad y voluntad de gente noble se pudieron recuperar poco a poco.


El niño fue corriendo hasta toparse con sus amigos, Kevin y Luisa. Los tres pasaron toda la tarde juntos jugando a las canicas, un poco a las escondidas y dedicando tiempo a contarse historias. Llegada la noche y el toque de queda, cada uno volvió a su hogar. La electricidad aun no había regresado en esa zona de la ciudad, que había sido de las más afectadas, y el calor de las velas era la única compañía de Leonard en su habitación.

Leonard miró por la ventana nostálgico, casi no podía reconocer su vecindario que ahora era iluminado por unos pocos faroles y sus calles eran un montón de rocas y polvo. Tomó un libro de su repisa, el cual le había regalado su madre a los seis años, y lo leyó hasta que se quedó dormido

A la mañana siguiente Leonard fue a encontrarse con sus amigos nuevamente. Decenas de soldados patrullaban las calles con las heridas de la guerra aun en sus cuerpos y en sus mentes.

Confundido pero emocionado, el niño fue corriendo a la plaza. Su emoción se había derrumbado cuando vio a Luisa sentada en un banco llorando. Los soldados se habían llevado a Kevin.

Desesperado, empezó a gritar su nombre, con la esperanza de que su amigo hubiera logrado escapar y esconderse en alguna parte. Pero nunca apareció.

Unos soldados que patrullaban la zona los vieron, y Leonard corrió junto con Luisa, asustados. Intentaron esconderse pero fue inútil, unos soldados los detuvieron en un pequeño callejón. Ambos niños rompieron en llanto con miedo, y los soldados intentaron calmarlos inútilmente con palabras. Uno de los uniformados agarró suavemente el brazo de Luisa, la cual bruscamente se alejó de él, y abrazó a su amigo desesperadamente para no dejarlo atrás. Al final fueron separados por la fuerza y metidos en unos camiones donde otros niños se encontraban.

Fueron llevados a lugares distintos y lejos de la ciudad, a una lugar donde pudieran crecer junto a una nueva familia y vivir hasta ser adultos. Muchos seres queridos tuvieron que separarse a causa de la guerra, no solo de esta sino de otras tantas.


Como en casi todas las guerras de la humanidad, los intereses de unos pocos terminan estando por encima de la vida de la mayoría, un desequilibrio injustificado de derechos y de poder que termina afectando principalmente a los inocentes, y los que se manchan las manos de sangre con estas decisiones son los que menos terminan pagando por sus propios actos.


Los tres niños llegaron a la vejez, y por azares del destino, se re-encontraron en la misma ciudad donde tanto habían compartido. Con lágrimas en los ojos de nostalgia y felicidad se dieron un último abrazo que cerraría un largo ciclo de dolor y cicatrices que la gran guerra había dejado como legado.

Las heridas aún son visibles, principalmente en la mente y la memoria de la humanidad, es una mancha que no se podrá borrar, pero si de la cual se puede aprender, solo esperamos que tales hechos no se repitan, y que la humanidad frente al pedido de guerra de los que están en el poder, diga que no.

¿Ya hemos aprendido de los errores del pasado? ¿Que más nos falta por aprender?

Creo que aún demasiado.






24 de Maio de 2019 às 21:13 0 Denunciar Insira 4
Fim

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