La casa del abuelo Seguir história

lucadomina Luca Domina

Relato de terror, o historia real...


Horror Histórias de fantasmas Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#fantasmas #terror #historiareal #miedo #paranormal
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La casa del abuelo

Iluminó la cerradura con el celular y pudo meter la llave. Empujó lentamente la puerta, y se abrió con el típico chillido de las bisagras oxidadas; la puerta tendría unos noventa años (menos años que su abuelo, claro).

Un intenso olor a moho y polvo le abofeteó la nariz; desde hace saber cuánto tiempo que nadie se pasaba por la casa. De nuevo usó el resplandor de la pantalla del celular para echar un rápido vistazo a la sala de estar; era un cuarto relativamente pequeño. A la izquierda había un mueble de madera; estaba vacío (ya no había retratos y adornos). Pero eso no interesaba, lo que interesaba estaba junto al mueble y tapado por la puerta.

La cerró, y al finalizar el chillido de las bisagras, quedó a oscuras. Afuera había luna llena y la noche era clara, pero dentro, con la casa cerrada de par en par, no podía ver a un metro ¡bendito sea el celular!

¡Qué haya luz, por favor!

Rogó cuando la tecla de plástico brilló con la luz de la pantalla. Porque eso era lo único que importaba, sin luz, nada tenía sentido. Acercó un dedo vacilante y lo hundió en la tecla, clic.

Un leve zumbido le llegó al oído, después un tintineo, y, por último, se hizo la luz.

Genial, una cosa menos…

Dijo en aire sereno, era un logro, pero necesitaba algunos más para que todo sea perfecto. ¡Debía ser perfecto! Si todo salía bien, esa misma noche se convertiría en hombre (o usaría su hombría, mejor dicho). Por eso necesitaba un lugar para estar a solas con su novia. Y la casa del abuelo fue el único que se le ocurrió; el pobre abuelo que había fallecido un año atrás.

Caminó un par de pasos sobre el suelo de baldosa negras y blancas como un juego de ajedrez gigante, y se detuvo. Al frente estaba la habitación del viejo. La puerta estaba cerrada, y ni trató de tantearla. Dobló a la izquierda por un pasillo de unos seis metros de largo. A los lados se hallaban las puertas de las habitaciones de sus tíos (una había sido de su padre). Continuó y abrió otra puerta al final del pasillo; la piel se le crispó cuando se topó con un ambiente helado.

Encendió la luz, la cual reveló un pequeño baño. Se aproximó al inodoro; no le gustaba porque era de plástico. En realidad, lo odiaba.

Cuando tenga mi propia casa, voy a comprar el inodoro más caro que exista.

Sujetó la cadena que colgaba de la mochila (también de plástico) y tiró hacia abajo. El agua se arremolinó hasta perderse por las tuberías.

Todo en orden.

Murmuró ante el sonido único e inconfundible de cuando uno tira la cadena en cualquier parte del universo. Otro pequeño éxito; había agua. Después de hacer el amor con la chica que tanto le excitaba (y quería), vendría hasta el baño y desecharía toda evidencia (aunque le gustaría gritar que ya no era virgen, y correr con el preservativo levantado como si fuera una bandera de victoria).

Se dio la vuelta, y quedó de frente al espejo del lavamanos. Se observó por unos segundos y sonrió; estaba alegre, pero detrás de toda esa alegría (virgen), estaba aterrorizado (cagado hasta los huesos). Continuó, solo le quedaba una cosa por comprobar. Salió de nuevo al pasillo y abrió puerta por puerta.

Sin suerte….

Nada…

Bueno, la última. No, nada…

Al comprobar cada habitación, se halló con lo que esperaba; las camas no habían desparecido, pero no había rastro de colchones o sabanas. Te todas maneras no importaban. Sería algo molesto, pero traería un colchón a la rastra desde su casa a media cuadra de distancia. Para ese momento todo el mundo estaría durmiendo, y si lo veían, no importaba ¡Lo único que importaba era perder la virginidad, lo demás se podía ir a la mierda!

Mejor me voy, hoy es mi noche.

Se dijo cuándo fue interrumpido por el rugir de su estómago; tenía hambre, y era normal, eran las diez de la noche, hora de cenar. Tendría que haber ido a revisar todo a la tarde cuando todavía era de día, pero como siempre, dejó todo para último momento (también perder la virginidad).

Desfiló hacia la salida, pero después de un par de pasos, se detuvo. Arqueó una ceja y miró hacia la habitación de su abuelo.

¿Por qué no?

No puedo…

¡Si puedes!

Es una mala idea…

Pero aferró el frío picaporte de la puerta y entró en la oscura habitación.

Que esté…

Pidió mientras tanteaba la pared a su izquierda para encontrar la tecla de la luz. El abuelo tenía una cama de dos plazas, que antes compartía con la abuela (diez años atrás) y había una posibilidad de que aun tuviera colchón ¿Quién se lo llevaría, y dormiría donde murió una persona? Porque el abuelo había muerto mientras dormía…

Pero una cama matrimonial podía ser la frutilla sobre la torta de la virginidad. Una cama para un rey, que tendría sexo toda la noche (ya era feliz con lograr que fuera más de un minuto)

A pesar de tener frío, un rocío de sudor le brotó en la frente. Sintió el plástico en la yema del dedo, y con un poco de duda, lo apretó ¡clic! Y se encendió la luz…

Miró tranquilamente hacia la izquierda, donde estaba la cama…

Abrió la boca y quiso gritar, pero quedó mudo.

Los ojos se le pusieron como platos, y el corazón le subió a la garganta.

Pestañeó, y permaneció quieto por apenas un segundo.

Cuando reaccionó, dio media vuelta y se estampilló contra el marco de la puerta. No le dolió, quería irse, era lo único que quería. No corrió, caminó a zancadas largas y rápidas, como alguien que aparenta estar tranquilo, pero está cagado hasta las patas. Solo miró al frente hasta que llegó a la puerta de salida. La abrió y cerró en un segundo; la vista siempre en el picaporte. Las llaves se le cayeron un par de veces de entre los temblorosos dedos (y helados, muy helados), pero al final pudo cerrar. Abandonó la acera, y al mismo ritmo, continuó hasta su casa (siempre por el medio de la calle). Llegó pálido como un cadáver, pero no dijo nada. La mesa estaba servida, se sentó junto a sus padres y cenó.

Esa noche no perdió la virginidad, y tampoco a la siguiente, ni a la otra. Hizo el amor dos meses después, cuando los padres de su novia se fueron de vacaciones y le dejaron la casa sola.

Pero esa noche decidió nunca regresar a lo de su abuelo.

¡Nunca, ni por un millón de dólares!

Y de vez en cuando, cuando se junta con amigos, cuenta una breve anécdota de cuando vio a su abuelo; un año después de su muerte:

Cuando se encendió la luz y miré a la cama, casi me da un infarto. Ahí estaba, con sus largas orejas y el rostro plagado de arrugas. Sentado en la cama, con su pijama azul, y mirándome. Pero parpadeé y despareció; solo quedaba la cama, pero sin colchón, sin sabanas, y, sobre todo, sin abuelo. Estoy seguro que fue una broma de mi mente, algo psicológico. No creo en fantasmas, pero puedo jurar que lo vi…

¿Y si no era mi imaginación?

22 de Maio de 2019 às 23:38 2 Denunciar Insira 2
Fim

Conheça o autor

Luca Domina Tengo 27 años. No miro televisión y en el tiempo libre prefiero leer novelas (las devoro). A pesar de que comencé a escribir hace poco más de un año, siempre estoy intentando mejorar y alcanzar el sueño de publicar. Reto para 2019: Leer 100 libros.

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Ayatan Mestre Ayatan Mestre
o muy bueno Luca! sin duda...
22 de Maio de 2019 às 22:30

  • Luca Domina Luca Domina
    Hola! Gracias por el comentario, de corazón! Me empuja a seguir y seguir... saludos!! 23 de Maio de 2019 às 06:07
~