VACÍO Seguir história

miladonato Mila Donato

El vacío de un esposo, al ver una situación peligrosa con su esposa, lo lleva a descubrir que nada es lo que él cree que es.


Suspense/Mistério Todo o público.

#confusión #suspenso #misterio
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VACÍO

Con cuidado cerró la tapa del piano, mientras que veía más allá del horizonte, más allá de las viejas colinas de su pueblo, el vacío interminable que llenaba su alma de un oscuro pasado y un delito que lo dejaba convertirse en prófugo de la justicia.

Contemplo la vida silvestre, nuevamente pensando en su esposa y niños; ¿dónde estarían ahora? ¿Qué sería de ellos? Él huyó cuando su pequeño apenas tenía dos años de edad, ahora tenía diez. ¿Por qué el tiempo había sido injusto con él y su adorado corazón vacío?

Había matado por defensa propia, siendo perseguido por la policía.

Había ocurrido una noche, de invierno, en Texas.

Él había salido de trabajar, como todas las noches, siendo esperado por su esposa. Cómo todas las noches, la contemplaba cocinar aquellas sopas de verduras que tanto añoraba, podría esperar mil horas por aquel delicioso plato de comida. Mientras que, sus niños, corrían alrededor suyo; y su pequeño bebé, lloraba por la atención de su padre, que por supuesto, se la dio en cuanto dejó de observar a sus niños correr.

Luego de conducir hasta una avenida extensa que comunicaba todo Texas, oyó un disparo perteneciente a un callejón sin salida; sin poder creerlo, había visto a su esposa. La misma, era la misma, lo juraba con su propia alma.

Se bajó el coche, con lo que apenas tenía en manos. Y en cuánto vio a aquella persona apuntarla a la cabeza, a la que juraba ser, su esposa, corrió desesperado y soltó un grito de ayuda. Pero tanto la mujer como el hombre, no le dieron mucha atención.

—¡Suelta el arma! ¡No le haga daño! ¡Puede matarme a mí, si desea!

El hombre con el arma lo miró, mientras que soltaba a la mujer que la tenía acorralada con una mano en su cintura y la otra sobre la pared. El arma en esa mano, de un calibre 460, de plata. Él sólo la miró, y notó el bello destello que este hizo cuando una bombilla de luz, de la calle, iluminó su presencia en aquella noche fría.

—Métase en sus problemas, no en los ajenos —contestó el hombre—. Súbase a su auto de nuevo y márchese.

—¡No me iré a ninguna parte! ¡Ella es mi esposa!

El hombre lo miró nuevamente, confundido pero con una gran sonrisa en su rostro. Le apetecía, en ese momento, un buen sandwich de queso. Pero más le apetecía saber porqué llamaba «esposa» a su esposa.

—Con qué, ¿eres el amante de esta zorra? —preguntó el hombre, caminando de nuevo hacía la mujer y arrastrándola de los cabellos como si fuese una cosa horrenda—. Éste es tu amante, ¿verdad, Mary?

Ella negó, pidiendo ayuda con los ojos.

—No tengo ningún amante, Paul, suéltame —pidió ella, con la voz dulce. Cómo si aquello que ocurría, fuera algo cotidiano.

—Oh, Mary, siempre tan mentirosa —dijo Paul, con una sonrisa cínica en los labios—. El día que no mientas, dejará de llover en Texas.

Él se adelantó, y tomó a Mary de la mano.

—¿Y los niños? ¿Con quién los has dejado?

Paul volvió a reír.

—¿Hijos? Oh, Mary, Mary... Otra vez te agarré en mentiras, maldita bastarda —objetó Paul, dándole una paliza, haciendo que Mary caiga al suelo y llore de dolor.

Él tomó las fuerzas y el enojo al ver la escena, ¿cómo es que aún no había hecho nada? ¿Por qué dejaba que ese desconocido le golpeara a su esposa?

Sin dudarlo, le golpeó con la nariz en cuanto tuvo la oportunidad. Avanzando sobre Mary, pisando las baldosas flojas y quitándole el arma en un segundo. Un instante, dónde él jaló el gatillo y una bala perforó el pecho de Paul.

Mary gritó del susto.

—¡Paul!

—¡Mary, vamos! —gritó él, socorriendo a su esposa que forcejeaba por ir con el cuerpo de su querido Paul.

Ella lo empujó.

—¡No! ¡No soy tu esposa!

El corazón, su corazón, se detuvo como en ese segundo del disparo.

Soltó a Mary, y comenzó a temblarle el cuerpo.

Las manos.

Los pies.

Otra vez no...

—¿Mary? —susurró, cerrando los ojos por un instante.

Alguien apoyó una mano en su hombro, él se giró.

—Qué no me llamo Mary, señor Will —contestó una voz joven—. Tome sus pastillas y calmantes, para algo nos pagan en este psiquiátrico.

30 de Abril de 2019 às 21:21 3 Denunciar Insira 2
Fim

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Mila Donato 20 años | Diseñadora gráfica, escritora y moderadora.

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Daniel Bedoya Daniel Bedoya
Por ahí vi un porqué sustantivo que no se usó bien. Cuando haces una pregunta indirecta lo haces así: no sabía por qué lo hizo. El sustantivo es importante aclararlo usando un artículo: no sabía el porqué lo hizo. El final me gustó, pero debes mejorar las descripciones pues hay partes que me parecen innecesarias.
2 de Maio de 2019 às 00:40

  • Mila Donato Mila Donato
    Gracias, Daniel, tu comentario me sirve mucho de ayuda :) 2 de Maio de 2019 às 12:10
Ereth Khial Ereth Khial
Genial! No me esperaba ese final 👍
1 de Maio de 2019 às 02:30
~