Falsas caricias Seguir história

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Daniela Ballesteros


No encuentro palabras para definir esta historia sin adentrarme en ella.


Suspense/Mistério Todo o público.

#death
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Falsas caricias

La puerta se abrió de golpe. Contrastando con aquella brutalidad de la habitación salió una pequeña niña. Con cabellos largos y rizados. Su rojo normalmente intenso, se veía apagado. Quizás por la poca luz, quizás por la oscuridad que su propia alma emanaba. Con paso leve y la cabeza gacha se fue aproximando hacia el sofá.

Allí estaba su madre concentrada en su lectura. Sin apartar la vista del libro, levantó un brazo y ahuecó un almohadón. La chica se dejó caer sobre él acurrucándose lo más posible. Con las pequeñas manos apretaba sus ojos, los codos presionándole el pecho y las rodillas recogidas. Hacía fuerza, mucha fuerza, para desaparecer, para explotar, para implosionar, ni siquiera ella lo sabía. El llanto no cesaba, debido a la rapidez de sus bocanadas los pulmones no reciben aire. Se estaba mareando. Tal vez iba por el camino correcto hacia el final terrible que anhelaba.

Una mano fría se posó sobre su mejilla, el único hueco libre en su diminuto cuerpo. Ella se revolvía, tratando de taparse y a su vez descubriendo otras partes de su cuerpo. Enfriando aquellas partes que tocaba, continuó con las caricias por el cuello, luego con las manos, los antebrazos, los codos, la piel de la chica se erizaba por momentos. Un escalofrío la atravesó como un rayo congelandola más de lo que ya estaba. Su sudor era frío y abundante manchando el precioso vestido color crema que llevaba. El sollozo empezó a convertirse en un ruido de fondo y no por su bajo volumen. A parte de eso, lo único que se escuchaba era el leve sonido de las páginas pasándose.

Las falsas caricias trataban de consolarla, pero realmente solo la hacían sentir más insignificante e inútil. Los temblores de la pequeña hacían de las letras una mancha borrosa interrumpiendo la lectura de la madre. Quien no gastó ni un ápice de su tiempo en mirar a la minúscula. Su concentración extrema reanudó al cabo de pocos segundos. Ya no oía ni llantos ni quejas ni siquiera sentía la leve presencia de su hija. Aquella continuaba con sus lamentos. Lloraba como quien ha perdido al más querido ser. Desgarrándose hasta tragar mares de sangre y agua. La habitación olía a una mezcla de café y pizza del día anterior. Ella atrapó el cuello de la niña uniendo su pulgar y corazón. No precisó de mucho tiempo ni fuerza para estrangular a la que alguna vez había sido una chica feliz. Terminando un capítulo y sin apartar la vista, convirtió lo que fue un manojo de nervios en pura paz. Un silencio tranquilo, cómodo no dejaba sitio a la tristeza ni la culpa. El ambiente tomó un olor dulce mientras las páginas seguian siendo pasadas.

29 de Abril de 2019 às 20:00 0 Denunciar Insira 0
Fim

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